Martes, 28 de julio de 2026
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Un puzle ucraniano para la Unión Europea: una propuesta de Merz para integrar a Kiev

El canciller alemán ha presentado un plan para ofrecer a Ucrania una integración paulatina en la UE sin derecho a voto. El corresponsal en Bruselas Nacho Alarcón sostiene que el debate incomoda en muchas capitales, pero probablemente sea inevitable.

Nacho Alarcón Nacho Alarcón 25 de mayo de 2026
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Volodímir Zelenski, Ursula von der Leyen y Friedrich Merz en la Casa Blanca, mientras Donald Trump telefoneaba al presidente ruso Vladímir Putin. | Casa Blanca / Daniel Torok
Volodímir Zelenski, Ursula von der Leyen y Friedrich Merz en la Casa Blanca, mientras Donald Trump telefoneaba al presidente ruso Vladímir Putin. | Casa Blanca / Daniel Torok
Cuando, solamente unos días después de que comenzara la invasión a gran escala por parte de Rusia, rodeado de sacos de arena, desde una Kiev que se había negado a abandonar, Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania, firmó la solicitud para ingresar en la Unión Europea, el líder ucraniano ató inevitablemente el destino de la guerra al del club comunitario. Ahora, cuando el conflicto parece encontrarse en su etapa final, el debate relativamente silenciado hasta ahora sobre cómo va a resolverse esa atadura está empezando a salir a la luz. Friedrich Merz, canciller alemán, ha planteado una propuesta para resolver la cuestión, apostando por una integración escalonada y simbólica.

La idea genera división, pero al mismo tiempo el debate parece inevitable en el momento que se está viviendo. ¿Por qué están luchando los ucranianos? Esa es la pregunta clave. Muchos de ellos luchan por el simple hecho de rechazar que Rusia les imponga cómo vivir. Pero en la raíz del conflicto está la voluntad de los ucranianos de formar parte de la familia europea. No se entiende la guerra sin el Euromaidán. La guerra estaba atada al destino de Europa mucho antes de que se disparara la primera bala.

"¿Cómo va a poder hacer esas concesiones si no hay nada a cambio por el lado europeo, que es por el lado por el que luchan muchos ucranianos, por el que resisten muchos de ellos?"
A medida que avanza el quinto año de la guerra, un conflicto estancado, en el que ninguna de las dos partes logra hacer grandes avances, hay un elefante en la habitación que está empezando a hacer ruido. El liderazgo político ucraniano tendrá que hacer muchos sacrificios para poner fin a la guerra. Tendrá que aceptar cosas que parecerán inaceptables para los ucranianos tras un lustro de bombardeos, de cortes de luz, de ataques de madrugada, de padres, hijos y maridos muertos, de millones de ucranianos viviendo fuera del país. ¿Cómo va a poder hacer esas concesiones si no hay nada a cambio por el lado europeo, que es por el lado por el que luchan muchos ucranianos, por el que resisten muchos de ellos?

De ahí la urgencia del debate sobre la adhesión de Ucrania a la Unión Europea. Posiblemente, el acto de mayor relevancia que tenga para la historia europea la presidencia de Ursula von der Leyen al frente de la Comisión Europea sea haber apostado por esa adhesión de Kiev justo después del inicio de la guerra, reaccionando efusivamente a aquella imagen de Zelenski rodeado de sacos de tierra, cuando lo que los Estados miembros querían era cautela, evitar hacer promesas y pillarse los dedos. En ese momento, Von der Leyen, yendo mucho más allá de sus competencias, apretó el nudo que une a Ucrania con el destino de Europa.

La cuestión es muy sensible, porque el mismo miedo que hacía que en algunas capitales europeas se llevaran las manos a la cabeza con las palabras de Von der Leyen en aquel febrero de 2022, dando casi por hecho políticamente la integración de Ucrania, sigue ahí. Muchos gobiernos tienen dudas. Sobre las implicaciones presupuestarias, sobre la idoneidad de integrar rápidamente a Kiev, sobre si esto les puede arrastrar a medio plazo a un choque directo con Rusia. Y hay, además de miedo, escepticismo.

"Kiev está haciendo enormes esfuerzos por llevar a cabo las reformas necesarias, pero de ahí a una adhesión exprés hay mucha diferencia"
El proceso de adhesión es largo. La negociación es dura porque los nuevos Estados miembros deben tener los estándares correctos. La experiencia de la Hungría de Viktor Orbán demuestra los dolores de cabeza que puede provocar al conjunto de la UE el deterioro democrático en un único país. Y Ucrania, que ha mantenido una resistencia heroica a la invasión rusa, está lejos de ser un modelo en cuestiones de estándares democráticos, lucha contra la corrupción y otras exigencias para formar parte de la UE. Kiev está haciendo enormes esfuerzos por llevar a cabo las reformas necesarias, pero de ahí a una adhesión exprés hay mucha diferencia. Hay, además, otros países terceros en los Balcanes Occidentales, que llevan mucho tiempo esperando para entrar en la Unión Europea. ¿Cómo se argumenta que Kiev los adelante?

Merz ha presentado un plan en una carta enviada la semana pasada a António Costa, presidente del Consejo Europeo, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y Nikos Christodoulides, presidente de Chipre, que ostenta la presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea. En ella plantea que Ucrania sea integrada como un miembro "asociado" a la UE, con un rol que podría considerarse como de observador. Así, Merz plantea que obtenga un asiento en el Consejo Europeo y en las reuniones del Consejo de la UE, aunque sin derecho a voto, obteniendo también representantes en la Eurocámara, de nuevo, sin derecho a voto, y un asiento en el colegio de comisarios, aunque también sin poder y sin ninguna cartera asignada. También tendría una representación simbólica en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) e iría participando poco a poco en el presupuesto común de la Unión Europea.

"El canciller enmarca esta propuesta dentro de las garantías de seguridad a Ucrania, explicando que sería una forma de reforzarlas mientras Kiev va integrándose poco a poco en el club comunitario"
La clave de la propuesta de Merz consiste en que los Veintisiete se comprometerían políticamente con Ucrania a extender a ella los beneficios del artículo 42.7 de los Tratados, la "cláusula de defensa colectiva" de la UE que sirve de hermana gemela al artículo 5 de la OTAN, aunque el mecanismo no está para nada listo para ser activado. El canciller enmarca esta propuesta dentro de las garantías de seguridad a Ucrania, explicando que sería una forma de reforzarlas mientras Kiev va integrándose poco a poco en el club comunitario. Esto, asegura Merz en su carta, no es una membresía light.

Sin embargo, si no es una membresía light, no está claro qué es. Los embajadores representantes permanentes de los Veintisiete ante la UE ya han escuchado planes similares por parte de la Comisión Europea, y Marta Kos, comisaria de Ampliación, firme defensora de la búsqueda de soluciones innovadoras para integrar a Kiev, también ha planteado alternativas similares, aunque con una lógica en la que Ucrania pasa a ser miembro de la Unión, mientras que solamente obtiene los beneficios completos progresivamente. La alternativa de Merz genera también muchas dudas. El propio Zelenski ha rechazado en el pasado cualquier membresía "simbólica".

Además, para algunos, Merz puede haber ido demasiado rápido en un momento sensible, dando muestra de su conocida impaciencia. Bruselas está concentrada en lograr un primer paso más tangible y también muy importante para el contexto general de la adhesión de Ucrania a la UE: la apertura formal de negociaciones. El cambio de Gobierno en Hungría abre la oportunidad a que, dos años después de acordar dar a Ucrania el estatus de candidato, se plantee la posibilidad del levantamiento del veto de Budapest que permita a los líderes europeos, durante la cumbre de junio, celebrar la apertura del primer capítulo de las negociaciones de adhesión. Paso a paso, piensan muchos en Bruselas. Sí, pero a paso ligero, responden desde Berlín.
Nacho Alarcón
Nacho Alarcón
Corresponsal en Bruselas y experto en política europea
Corresponsal en Bruselas de 'El Confidencial' y autor de la 'newsletter' de asuntos europeos Nexo Europa. Premio de periodismo europeo Salvador de Mariaga 2024.
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