Martes, 28 de julio de 2026
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España y el 'pelotón' de fugados de la UE: cómo las 'dos velocidades' empiezan a tomar forma

El grupo 'E6' está tratando de romper una resistencia histórica a la Europa de las dos velocidades en un momento crítico. El corresponsal en Bruselas Nacho Alarcón explica que España está siendo activa en ese grupo de 'fugados' y repasa los movimientos a favor y en contra de la Europa a 'dos velocidades'.

Nacho Alarcón Nacho Alarcón 8 de junio de 2026
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Los ministros de Economía del 'E6' se reunieron el pasado mes de mayo en Berlín. | Redes sociales de Carlos Cuerpo
Los ministros de Economía del 'E6' se reunieron el pasado mes de mayo en Berlín. | Redes sociales de Carlos Cuerpo
La Europa de las dos velocidades es una idea vieja. Y de alguna manera es tan natural y está tan asumida que es más vieja en la práctica que en la teoría. Mucho antes de que Wolfgang Schäuble, acompañado de Karl Lamers, teorizara sobre la Kerneuropa, la Europa nuclear del Benelux y el eje franco-alemán que debía avanzar rápidamente hacia la federalización, el club funcionaba ya a varias velocidades. La zona Schengen era una traducción práctica de la idea, y el euro fue su confirmación. Cada vez que los ministros del Eurogrupo, un grupo extraño y sin ninguna base formal en los Tratados, se reúnen un día antes del Consejo formal de ministros de Finanzas de la UE, los Estados miembros están reafirmando la idea de la Europa a dos velocidades.

Es una realidad que, sin embargo, sigue siendo polémica. En 2017 volvió a estar claramente sobre la mesa tras haberse votado el Brexit en el referéndum celebrado en el Reino Unido. Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea entre 2014 y 2019, lo incluyó en su Libro Blanco como una de las opciones de cara al futuro. Francia la impulsó activamente. François Hollande, presidente francés, reunió en Versalles a los líderes de Alemania, entonces Angela Merkel; Italia, por entonces con el socialdemócrata Paolo Gentiloni al frente; y España, que estaba gobernada por Mariano Rajoy, precisamente para impulsar esa agenda, señalando que "la unidad no es uniformidad".

"A partir de 2020, en plena gestión de crisis permanente, la UE solamente ha tenido una idea en mente: preservar la unidad a cualquier precio"
La idea no sobrevivió a la declaración que marcaba las seis décadas del Tratado de Roma, y el debate alrededor de la propuesta generó mucha tensión. Juncker llegó a señalar que algunos veían en este impulso un nuevo "telón de acero" que iba a dividir Europa, una muestra de lo emocional y corrosiva que era la discusión. A partir de 2020, en plena gestión de crisis permanente, la UE solamente ha tenido una idea en mente: preservar la unidad a cualquier precio. Y eso implica ralentizar el paso de todos, pero mantener la cohesión.

Ante la sensación de creciente euroesclerosis que ha ido infiltrándose en el debate político europeo desde hace unos dos años, el tabú se ha vuelto a romper. Hace falta avanzar en las reformas del mercado interior, pero al intentar hacerlo en las formaciones habituales del Consejo de la UE, todo progreso es extremadamente lento, tedioso y, en ocasiones, condenado a quedarse estancado. Eso fue lo que llevó a las seis grandes economías de la Unión Europea, es decir, Alemania, Francia, Italia, España, Países Bajos y Polonia, a formar un grupo de coordinación más estrecho, el llamado E6.

Recientemente, tras un encuentro en Berlín, los ministros de Finanzas del grupo anunciaron un importante acuerdo para una supervisión centralizada de los mercados de capitales en el ámbito europeo, un paso clave para avanzar en la Unión de Ahorro e Inversiones (SIU, por sus siglas en inglés). Los otros objetivos de este grupo de cooperación son el fortalecimiento del euro, la defensa y las materias primas críticas.

España siempre ha querido estar en el grupo de la avanzadilla, pero de manera más o menos discreta. No se trataba de promocionar activamente la idea, sino de asegurarse de formar parte de ella. En esta ocasión se está desmarcando más, jugando un papel más activo. No solamente en el marco del E6. Esta misma semana ha circulado un non-paper, que en el argot comunitario equivale a una especie de documento de reflexión, junto con Francia e Italia, con propuestas para hacer más competitivo el sector bancario que incluyen, entre otras medidas, facilitar las operaciones de los grandes bancos europeos entre distintos Estados miembros.

¿Qué hacer con este progreso?

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ha respaldado que se avance en este sentido y ha abierto la puerta a una cooperación reforzada entre Estados miembros en ciertos ámbitos económicos si no se logra avanzar de manera conjunta. "A menudo avanzamos al ritmo del más lento, y la cooperación reforzada evita que eso ocurra", aseguró en febrero. Los avances que se puedan hacer de aquí a finales de año van a ser fundamentales para determinar si este nuevo impulso a una Europa de dos velocidades logra dar un acelerón a todo el grupo de los Veintisiete, que es el escenario preferido por Bruselas, o si requiere que, efectivamente, haya una "fuga".

"Los procesos de decisión de la UE dan a los países pequeños más poder de negociación del que tendrían en cualquier otro formato"
La idea sigue generando mucha división dentro de la UE. En una entrevista reciente con el portal POLITICO, Makis Keravnos, ministro de Finanzas chipriota, advertía de los riesgos de que las seis grandes economías de la Unión Europea avancen de forma separada al resto del club. Especialmente los países más pequeños ven con mucho recelo estos movimientos. Porque la realidad es que los procesos de decisión de la UE dan a los países pequeños más poder de negociación del que tendrían en cualquier otro formato. Al mismo tiempo, la visión desde algunos de los grandes Estados miembros es que algunos de los países más pequeños frenan los avances para proteger intereses que, en ocasiones, son injustos para el resto de la UE, como ocurre en el ámbito de la integración de los mercados financieros. No es casualidad, de hecho, que Irlanda se haya posicionado abiertamente en contra de la iniciativa del E6.

La cuestión de fondo es qué ocurre con el progreso tangible que el E6 está queriendo poner sobre la mesa. Si logra que un gran grupo de Estados miembros se unan a su agenda de reformas, ¿cómo conseguirá el E6 mantener el nivel de ambición que está intentando imprimir? ¿Cómo evitar que estas medidas se vean lastradas por las mismas dinámicas y lógicas del proceso comunitario habitual?
Nacho Alarcón
Nacho Alarcón
Corresponsal en Bruselas y experto en política europea
Corresponsal en Bruselas de 'El Confidencial' y autor de la 'newsletter' de asuntos europeos Nexo Europa. Premio de periodismo europeo Salvador de Mariaga 2024.
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