Martes, 28 de julio de 2026
OBJETIVO 2028

La IA marcará las próximas elecciones presidenciales en EE. UU.

Demócratas, republicanos y grandes tecnológicas convergen en la idea de una participación pública en la riqueza generada por la IA, apunta el editor jefe de 'Noema Magazine', Nathan Gardels. En este análisis que 'Agenda Pública' trae en exclusiva al español, Gardels explica cómo la IA ha entrado de lleno en el juego partidista y el día a día de la población.

Nathan Gardels Nathan Gardels 12 de junio de 2026
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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. | Bonnie Cash - CNP / Zuma Press / Europa Press
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. | Bonnie Cash - CNP / Zuma Press / Europa Press
Las elecciones presidenciales de 2028 en Estados Unidos se perfilan como las primeras elecciones de la IA. Estarán definidas por la forma en que los candidatos propongan afrontar la transformación provocada por la integración generalizada de la inteligencia artificial (IA) en la sociedad.
 
Este artículo ha sido creado y publicado originalmente en Noema Magazine.

Impulsado por billones de dólares en inversiones que están inflando el mercado bursátil, el avance acelerado de la IA empieza ya a mostrar la escala de las ganancias de productividad, la generación de riqueza y la destrucción de empleo que traerá el futuro. En todo el país, muchas localidades se rebelan contra los centros de datos que absorben sus suministros energéticos. Modelos de frontera potentes como Mythos, de Anthropic, se consideran tan peligrosos por su capacidad para identificar vulnerabilidades de software y facilitar potencialmente ciberataques masivos que, por ahora, están restringidos a un pequeño grupo de empresas y gobiernos de confianza.

Como consecuencia, las inquietudes despertadas entre el público general han entrado en lo que antes era el coto privilegiado de los tech bros de Silicon Valley y los inversores de capital riesgo que marcaban el rumbo de la innovación.

"El avance acelerado de la IA empieza ya a mostrar la escala de las ganancias de productividad, la generación de riqueza y la destrucción de empleo que traerá el futuro"
Incluso los discursos recientes de graduación universitaria que aludían a los beneficios de la IA han sido recibidos con sonoros abucheos por parte de graduados excluidos de empleos de entrada que la IA puede desempeñar mejor, sin contraer toda la deuda estudiantil necesaria para llegar hasta ahí. El Papa León XIV se ha sumado al debate con su encíclica Magnifica Humanitas, en la que pide el "desarme" de la IA para garantizar que siga centrada en el ser humano y bajo control humano. Gobiernos estatales de todo el espectro ideológico, desde California hasta Florida, están introduciendo sus propias regulaciones ante el enorme vacío de legislación federal.

Regulación y distribución

El debate de los próximos años se centrará en dos ámbitos: regulación y distribución.

Por cautela, la Casa Blanca de Trump ha pedido una evaluación voluntaria de modelos como Mythos antes de que sean lanzados públicamente. Esa medida sensata sigue encontrando la oposición de los aceleracionistas tecnológicos, que sostienen que dará a China una ventaja competitiva y geopolíticamente delicada si no existen restricciones similares.

Por eso, los protocolos de seguridad de la IA deben ser considerados un bien público global que las dos superpotencias de la IA acuerden y respeten. De lo contrario, ni China ni EE. UU. podrán sentirse seguros y ambos buscarán obtener ventaja. Este fue un punto planteado por científicos pioneros en el ámbito de la IA, tanto chinos como occidentales, cuando se reunieron en 2024 en la Casa dei Tre Oci del Berggruen Institute, en Venecia.

"Las innovaciones en IA están desacoplando cada vez más el crecimiento de la productividad y la creación de riqueza del empleo y los ingresos"
En cuanto a la distribución, empieza a quedar claro que las innovaciones en IA están desacoplando cada vez más el crecimiento de la productividad y la creación de riqueza del empleo y los ingresos. Analistas del Bank of America Institute han constatado que las recientes ganancias de productividad se acumulan en forma de beneficios empresariales, mientras que los ingresos laborales caen de manera sostenida como proporción del PIB estadounidense.

Como hemos escrito a menudo en Noema, el valor creado por las máquinas inteligentes fluye sobre todo hacia los magnates tecnológicos que "poseen los robots" y hacia el 10% más rico, que posee el 93% de todas las acciones. Mientras tanto, el valor del trabajo —y su capacidad de negociación para obtener una parte del pastel— disminuye rápidamente. De hecho, el público, cuyos datos se explotan para entrenar modelos de IA, no suele tener ningún derecho sobre la nueva riqueza creada a partir de la materia prima de su información.

Últimamente, esta constatación ha favorecido una proliferación de propuestas de demócratas, republicanos y grandes tecnológicas para compartir de forma más amplia los enormes beneficios generados por la IA. En lo que difieren es en los medios para hacerlo.

Estas propuestas se agrupan en dos grandes bloques: redistribución de ingresos y predistribución de riqueza. La primera implica una mayor fiscalidad sobre las empresas de IA y los multimillonarios tecnológicos para redistribuir sus ingresos exorbitantes hacia servicios sanitarios y sociales, o hacia una renta básica universal que compense la destrucción generalizada de empleo.

La "predistribución" implica políticas que garanticen que el conjunto de la ciudadanía participe desde el principio en la propiedad de la economía de la IA, en lugar de tratar de corregir la desigualdad redistribuyendo ingresos a posteriori. Hemos llamado a esto "capital básico universal". La idea no es solo reducir la concentración de riqueza en la cúspide, sino construirla desde abajo.

Cambio de vientos políticos

Un cambio masivo en el sentimiento público, que lleva meses emergiendo, parece estar consolidándose.

Al escribir esto en el verano de 2026, la coalición MAGA que Donald Trump reunió para ganar las últimas elecciones y hacerse con el Congreso parece encaminada a una derrota en las elecciones de medio mandato.

"Los jóvenes alienados, los ciudadanos latinos, los agricultores y los independientes blancos de clase trabajadora que le permitieron [a Trump] alcanzar el umbral de la victoria están desertando en masa"
La popularidad del presidente en las encuestas ha caído hasta abarcar principalmente a su núcleo más ferviente, alrededor del 34% del electorado. Los jóvenes alienados, los ciudadanos latinos, los agricultores y los independientes blancos de clase trabajadora que se sentían abandonados y que le permitieron alcanzar el umbral de la victoria están desertando en masa. Lo hacen ante el aumento del coste de vida, el fracaso de aventuras exteriores como la guerra de Irán y gestos erráticos de autopromoción como el arco de Trump o el intento de poner la imagen del presidente en un billete de 250 dólares. Con el extremismo woke y la inmigración descontrolada ya moderados, si no dominados, buscan en otro lugar una respuesta a sus preocupaciones inmediatas.

Esta situación anticipa la posibilidad real de que los demócratas tomen el control del Congreso de EE. UU. y limiten el margen de maniobra de Trump como presidente saliente. Esa mayoría legislativa se centrará probablemente en contener o desmantelar daños, más que en construir de forma positiva para el futuro.

Una vez despejado el terreno, la oportunidad llegará en la carrera presidencial de 2028. En la medida en que el declive de Trump continúe y arrastre a su sucesor, el Partido Demócrata será el espacio donde se concentre la acción.

Redistribución frente a predistribución

El errático deambular del Partido Demócrata por el desierto político desde el ascenso de MAGA ha encontrado un nuevo punto de apoyo en los desafíos planteados por la IA.

Entre los demócratas y sus aliados está emergiendo un conjunto heterogéneo de propuestas redistributivas. El impuesto a los multimillonarios planteado en una iniciativa electoral en California respaldada por sindicatos aplicaría una tasa única del 5% sobre la riqueza de, sobre todo, multimillonarios tecnológicos, con el fin de compensar los recortes federales en la cobertura sanitaria del estado. La defensora de los consumidores y senadora por Massachusetts Elizabeth Warren ha presentado un plan para reformar el código fiscal de modo que las grandes tecnológicas y los multimillonarios "paguen la parte que les corresponde" y financien educación, sanidad universal y seguro de desempleo para quienes sean desplazados por la IA.

"Gravar la IA es una forma de asegurarnos de que las ganancias de la IA beneficien a todos los estadounidenses, en lugar de canalizarse solo hacia unos pocos ricos", escribió Warren recientemente en la revista Time. "Si millones de personas pierden su empleo por la IA, necesitaremos fondos para ofrecer sanidad universal, de modo que esos trabajadores no quiebren por una visita al médico. Si la IA transforma el futuro del trabajo, tendremos que invertir en educación gratuita, aprendizaje y una nueva garantía de empleo para que todos los estadounidenses tengan trabajos bien remunerados. Y mientras los trabajadores vuelven a ponerse en pie, necesitaremos ingresos para reforzar el seguro de desempleo y mantener a flote a las familias. La única forma de llegar ahí es reformar nuestro código fiscal".

"Ahora mismo, las empresas pagan impuestos sobre las nóminas de sus trabajadores, pero reciben deducciones fiscales por invertir en tecnología: en la práctica, una penalización fiscal por contratar seres humanos y una desgravación por comprar equipos. En un mundo de IA, eso significa que nuestro código fiscal incentiva a las corporaciones a despedir personas y reemplazarlas por IA. Eso está mal. Tenemos que equilibrar el terreno elevando los impuestos a las corporaciones y a las ganancias de capital y cerrando lagunas fiscales corporativas. ¿Una forma de abordar esas lagunas? Reforzar el impuesto mínimo para las corporaciones multimillonarias".

El punto de partida, sostiene, es un impuesto especial sobre los grandes centros de datos para amortiguar el aumento de los costes energéticos para los consumidores.

En el lado de la predistribución, el senador por Vermont Bernie Sanders, figura del populismo de izquierda, está redactando legislación para crear un fondo soberano de riqueza de IA "mediante un impuesto único del 50%", no sobre los beneficios de OpenAI, Anthropic, xAI y otras compañías, sino pagado con algo mucho más valioso: sus acciones", escribió en un artículo de opinión en The New York Times.

"En un mundo de IA, nuestro código fiscal incentiva a las corporaciones a despedir personas y reemplazarlas por IA. Eso está mal"
"Si se aprueba", dice Sanders, "esta legislación haría dos cosas cruciales. Primero, daría al público un papel directo en la determinación del futuro de esta tecnología. El futuro de la IA y la transformación de la vida humana que traerá dejarían de estar dictados por un puñado de oligarcas de las grandes tecnológicas. El Gobierno federal tendría poder, a través de sus acciones con derecho a voto y de una representación igualitaria en el consejo de cada empresa, para bloquear decisiones que perjudiquen a nuestros ciudadanos e impulsar políticas que los ayuden".

"Segundo, esta legislación garantizaría que los billones de dólares potencialmente generados por la IA se utilicen para mejorar la vida de todos nosotros, no simplemente para hacer aún más ricos a los más ricos del mundo. Si las grandes empresas de IA siguen creciendo tan rápidamente como prevén muchos analistas, también crecerá el valor del fondo soberano de riqueza, y los beneficios para el pueblo estadounidense crecerán con él".

En la visión de Sanders, "los miles de millones, si no billones, de dólares generados por este fondo proporcionarían pagos directos al pueblo estadounidense. Y, a medida que el fondo genere cada vez más riqueza, los rendimientos se utilizarían para garantizar que cada hombre, mujer y niño de nuestro país tenga un nivel de vida digno, incluidas la sanidad, la educación y la vivienda".

Como señala el senador, incluso las mayores compañías tecnológicas, como OpenAI, han propuesto ellas mismas un "fondo público de riqueza que proporcione a cada ciudadano" —incluidas las personas que no invierten en los mercados financieros— una participación en el crecimiento económico impulsado por la IA. Anthropic también ha pedido la creación de un "fondo soberano nacional con participaciones en IA".

El consejero delegado de OpenAI, Sam Altman, ha propuesto dotar el fondo con un impuesto del 2,5% sobre empresas que superen un determinado umbral de capitalización bursátil, pagadero mediante la transferencia de acciones.

El magnate tecnológico considera que ese impuesto no obstaculizará la innovación tecnológica ni la creación de riqueza más de lo que lo hace el impuesto sobre las nóminas que pagan actualmente todas las empresas como coste de hacer negocios. Es la vía para capturar para el conjunto de la sociedad el valor del crecimiento de la productividad que procede cada vez más de las máquinas inteligentes y no del trabajo. Altman promovió de forma proactiva una reunión con Sanders sobre la propuesta del senador, coincidiendo con su orientación general, pero argumentando que una participación del 50% era demasiado extrema.

"Altman promovió de forma proactiva una reunión con Sanders sobre la propuesta del senador, coincidiendo con su orientación general"
También en respuesta a Sanders, el propio presidente Trump, que ya había planteado anteriormente la idea de un fondo soberano nacional, valoró abierta y positivamente la posibilidad de que el público posea participaciones en empresas de IA. "Hay algo muy interesante en ello", dijo el pasado viernes a periodistas, "donde casi se convierte en una alianza con el público estadounidense". Añadió además que las bases que lo apoyan a él y a Sanders "no están tan alejadas".

El senador republicano por Texas, Ted Cruz, también ha intervenido. Coincide con la idea de un fondo público de riqueza, pero advierte contra la propiedad directa de empresas de IA por parte del Gobierno y sugiere que las cuentas individuales que pueda tener la ciudadanía adopten la forma de fondos indexados o fondos de inversión. Otros republicanos influyentes sostienen que cualquier transferencia de acciones de empresas de IA a un fondo público debería ser "voluntaria".

En California, el gobernador Gavin Newsom, a quien muchos consideran el favorito para la nominación presidencial demócrata en esta fase tan temprana, lleva tiempo defendiendo la idea de un "dividendo de datos" y de "capital básico universal" a través de un fondo de riqueza en el que individuos y familias —no el Gobierno— posean acciones en la creciente economía de la IA. Su programa CalKids es una forma embrionaria de CBU. Proporciona un depósito público de hasta 1.500 dólares en una cuenta de ahorro para cada alumno de primero de primaria de renta baja en escuelas públicas, que es invertido de manera independiente por profesionales para generar rendimientos compuestos hasta que pueda cobrarse al llegar a la edad universitaria.

"La distinción entre redistribución y predistribución es decisiva y determinará si la riqueza se comparte de forma más amplia entre todos"
Newsom, que también promulgó en California la primera regulación del país sobre modelos de frontera de grandes modelos de lenguaje y se opone al impuesto a los multimillonarios, sostuvo en un foro reciente del Center for American Progress que "los demócratas deben ir más allá de los retoques" y promover ideas como el capital básico universal. Incluso si el consejero delegado de Anthropic, Dario Amodei, está solo medio equivocado al afirmar que la IA sustituirá el 50% de los empleos de cuello blanco, dice Newsom, vamos camino de la precariedad para los trabajadores.

Como Warren, sostiene que el impuesto sobre las nóminas propio de la era industrial incentiva reemplazar trabajo por máquinas, mientras que el capital está subvencionado mediante desgravaciones fiscales. "El rápido avance de la IA", advirtió, "hará detonar el orden vigente".

"Ahora el trabajador de cuello azul se parece mucho a los trabajadores de cuello blanco de veinticinco años que veo en San Francisco, preguntándose por qué no los llaman después de una entrevista de trabajo: empiezan a sonar igual", dijo Newsom. "Esa es una nueva coalición".

La distinción entre redistribución y predistribución es decisiva y determinará si la riqueza se comparte de forma más amplia entre todos o si solo se redistribuyen los ingresos de quienes están en la cúspide, dejando intacta la dinámica estructural de la desigualdad.

Trump ha sentado las bases

Es de esperar que las mentes más lúcidas de la coalición demócrata forjen un compromiso que mantenga elementos de redistribución para ayudar a corregir desigualdades existentes, al tiempo que reconozca que un futuro justo en la economía de la IA debe implicar una distribución predistributiva de la propiedad de la riqueza. Los activos deberían mantenerse directamente a través de cuentas individuales y familiares, no por parte del Gobierno.

Para alcanzar ese compromiso, los demócratas deberían apoyarse en lo que la Administración Trump y el Congreso MAGA ya han impulsado.

Las cuentas Money Accounts for Growth and Advancement iniciadas por Trump —que proporcionan un depósito de 1.000 dólares en una cuenta personal para cada ciudadano menor de ocho años, que crecerá con rendimientos compuestos a lo largo del tiempo mediante inversiones en el mercado— pueden servir como plataforma fundacional para una forma más amplia de capital básico universal como pilar clave del contrato social en la era de la IA.

"Ha llegado el momento de una reestructuración completa de la economía política que esté a la altura de la escala y el alcance de la disrupción de la IA"
Como sostiene Newsom, la IA está cambiando de manera tan profunda la forma en que funciona el mundo que los "retoques" ya no son eficaces. Ha llegado el momento de una reestructuración completa de la economía política que esté a la altura de la escala y el alcance de la disrupción de la IA y oriente su trayectoria hacia el bien común. A medida que se acercan las próximas elecciones presidenciales, la ciudadanía estadounidense parece claramente preparada para esta idea; ha llegado su momento.
 
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Nathan Gardels
Nathan Gardels
Editor jefe de 'Noema Magazine'
Es editor jefe de Noema Magazine, además de cofundador y asesor sénior del Berggruen Institute. Antes dirigió 'The WorldPost', 'New Perspectives Quarterly' y servicios editoriales vinculados al 'Los Angeles Times'. Ha publicado en medios internacionales como 'The New York Times', 'The Guardian' y 'El País'. Autor y coautor de varios libros sobre democracia, gobernanza global y capitalismo digital, se formó en política comparada, arquitectura y urbanismo en UCLA.
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