Magnifica Humanitas es mucho más que
una encíclica sobre la inteligencia artificial (IA). En su larga extensión aborda otros muchos temas, aunque el trasfondo del documento
es claramente humanista, tal y como se observa en su subtítulo,
Sobre la custodia de la vida humana en el tiempo de la inteligencia artificial.
El carácter humanista impregna también sus reflexiones sobre la geopolítica y el derecho internacional, asuntos que León XIV ha abordado en algunas de sus anteriores intervenciones.
No faltan en ella menciones a
La ciudad de Dios, de san Agustín,
una obra clásica de la filosofía de la historia. Pero este pontífice agustiniano no la convierte en una guía de gobierno. De hecho, e
n su discurso al cuerpo diplomático (10 de enero de 2026), señalaba que "La ciudad de Dios no propone un programa político. En cambio,
ofrece valiosas reflexiones sobre cuestiones fundamentales relacionadas con la vida social y política, como la búsqueda de una convivencia más justa y pacífica entre los pueblos. Agustín también advierte de los graves peligros para la vida política que entrañan las falsas representaciones de la historia, el nacionalismo excesivo y la distorsión del ideal del líder político". La obra se escribió a principios del siglo V, una época en la que León XIV encuentra paralelismos actuales:
"Nos encontramos en una era de movimientos migratorios generalizados, en una época de profundo reajuste de los equilibrios geopolíticos y los paradigmas culturales".
El párrafo 185 de
Magnifica Humanitas resalta
una situación que muchas personas, acostumbradas a largas décadas de un orden internacional basado en reglas, no terminan de comprender: el retorno de los imperios. Podemos leer: "Si observamos las dinámicas mundiales, reconocemos cada vez con mayor claridad la expansión de una cultura del poder, hecha de polarizaciones y violencias.
La Babel moderna no es solo el paradigma tecnocrático globalizado, sino también el enfrentamiento a distancia entre imperialismos contrapuestos, entre potencias que quieren conservar su primacía y potencias que aspiran a conquistarla, con una multiplicidad de conflictos locales.
Es, además, la carrera por desarrollar tecnologías cada vez más poderosas, o por asegurarse su control, según una dinámica deshumanizante que parece no conocer límites". Ni que decir tiene que
las ambiciones políticas, unidas a la obsesión por el control de la tecnología, forman una combinación explosiva. Sin embargo, esos riesgos no solo proceden
de los viejos o nuevos imperios, pues las grandes empresas tecnológicas compiten con ellos y aspiran a influir en sus actuaciones. Hoy parece cumplirse lo que escribió el filósofo ítalo-alemán Romano Guardini en
El fin de la edad moderna (1950): "El hombre moderno no está preparado para utilizar el poder con acierto". Lo cita el pontífice en el párrafo 93. Por moderno, habría que entender a todo aquel que ha puesto todas sus esperanzas en el mero progreso técnico sin límites ni responsabilidades.
"Vivimos en medio de una aplastante dinámica del poder, y los líderes, en su obsesión por conservarlo o adquirirlo, alimentan la polarización en la sociedad"
La reflexión sobre el poder, que León XIV relaciona al principio de la encíclica con el relato bíblico de la Torre de Babel, prosigue en el párrafo 188: "
En los tiempos que vivimos se está consolidando una cultura del poder, en la que la disponibilidad de medios y la capacidad de dominar tienden a dictar la agenda y los criterios de decisión, relegando el bien común de la humanidad a un segundo plano y
reduciendo el drama concreto de los pueblos en guerra a una variable secundaria respecto a los intereses estratégicos. Esta cultura del poder penetra en la sociedad, modifica las relaciones y los comportamientos, se expande
normalizando la guerra, persiguiendo un poder militar cada vez mayor, aprovechándose de la crisis del multilateralismo y alimentando un falso realismo, el cual repite que no existen alternativas". Cabe añadir que
el concepto de bien común, no solo de la humanidad, sino de los ciudadanos de un país determinado, se ha ido diluyendo en los últimos años. Unos lo han sustituido por el interés general, otros por el nacional y algunos, presumiendo de inteligentes, por el particular. Vivimos en medio de una aplastante dinámica del poder, y los líderes, en su obsesión por conservarlo o adquirirlo, alimentan la polarización en la sociedad.
Presumen a la vez de realistas, pues solo conciben un mundo de amigos o enemigos. Este comportamiento no solo está presente en las altas esferas, sino que se repite a diversas escalas en las sociedades. Se entiende así que
el bien común sea calificado como algo propio de idealistas y utópicos.
La voluntad de poder encuentra
un terreno abonado en la guerra y el uso de la fuerza, donde la IA juega un destacado papel. Así aparece en el párrafo 183: "La revolución digital está modificando la gramática de los conflictos. A la guerra visible se suman formas híbridas:
ataques cibernéticos, manipulación de la información, campañas de influencia y automatización de decisiones estratégicas. La IA entra en estos procesos como factor de aceleración, en un contexto en el que muchas tecnologías son intrínsecamente ambivalentes: lo que nace para proteger puede convertirse rápidamente en ataque, y la frontera entre protección y agresión tiende a difuminarse.
La IA puede potenciar la defensa y la protección de los civiles, pero también puede bajar el umbral del uso de la fuerza, hacer opacas las responsabilidades y alimentar una cultura en la que el enemigo queda reducido a un dato y la víctima a un «daño colateral»". Cabe añadir que
no se suele pensar que, en los conflictos actuales, al combatiente se le ha eliminado la posibilidad de rendirse. Dará igual que levante o no los brazos. Ha sido reducido a un "daño colateral" y otro tanto está sucediendo, desde hace años, con la crisis del derecho internacional humanitario, pues se ha ampliado el concepto de "objetivo legítimo" y se han justificado ataques contra infraestructuras energéticas y de comunicaciones o contra zonas densamente pobladas calificadas con el eufemismo de "entorno operativo enemigo".
Se entienden así los ataques a hospitales y convoyes de ayuda humanitaria. Lo han practicado no solo las potencias militares, sino también esos grupos armados que viven permanentemente en un escenario de guerras sin batallas.
"La crisis del multilateralismo y de un derecho internacional basado en la cooperación ha favorecido el retorno de los imperios"
La crisis del multilateralismo y de un derecho internacional basado en la cooperación
ha favorecido el retorno de los imperios. Algunas consecuencias pueden leerse en el párrafo 203: "En este contexto, la construcción de la paz ha pasado a un segundo plano: la cooperación para el desarrollo, el desarme, la prevención de conflictos y el fomento de la confianza mutua quedan relegados, en nombre de lógicas de poder.
Así se debilitan también los logros del derecho humanitario: el principio de proporcionalidad en la respuesta a las agresiones,
la protección del acceso al agua, los alimentos y los bienes esenciales, y el respeto por la vida de los civiles y de los niños son tratados como ingenuas reminiscencias del pasado".
Magnifica Humanitas es
un documento que defiende la paz auténtica, aquella que es inseparable de la justicia, y a la vez es una oportuna reflexión sobre la dignidad del ser humano.