Miércoles, 29 de julio de 2026
NUEVO CONTRATO SOCIAL

Una humanidad magnífica frente a la IA

El escritor Andrés Ortega analiza la primera encíclica de León XIV como una actualización de la doctrina social de la Iglesia ante la inteligencia artificial. 'Magnifica Humanitas', presentada el pasado 25 de mayo, no es "un mensaje tecnófobo ni ludita", sino una advertencia sobre la dignidad humana, el poder tecnológico y la guerra. En un momento en que parte del trumpismo empieza a hablar de 'Humans First' (los humanos primero), el Vaticano entra de lleno en el debate global sobre la IA.

Andrés Ortega Andrés Ortega 26 de mayo de 2026
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El Papa León XIV durante la presentación de su primera encíclica, 'Magnifica Humanitas'. | Alessia Giuliani / Zuma Press / Europa Press
El Papa León XIV durante la presentación de su primera encíclica, 'Magnifica Humanitas'. | Alessia Giuliani / Zuma Press / Europa Press
La primera encíclica del Papa León XIV, presentada ayer en el Vaticano, versa sobre uno de los grandes desafíos actuales: los impactos de la inteligencia artificial (IA) en diversos órdenes. No es un mensaje tecnófobo ni ludita por parte de un Papa graduado en Matemáticas, sino una reflexión ante "una ayuda valiosa que requiere atención". La larga misiva papal plantea una serie de advertencias contra el peligro de una merma de la dignidad humana. Importa el contenido e importa el momento. Por ejemplo, en el seno de los partidarios de Trump y del MAGA (Make America Great Again) está naciendo un movimiento general de resistencia frente a algún aspecto de la IA, que lleva del America First al Humans First.

No por casualidad, Magnifica Humanitas va fechada el mismo día (15 de mayo) que la Rerum Novarum, que dictó 135 años atrás León XIII (por algo Robert Francis Prevost se decidió por su nombre como Papa) ante los estragos de la Revolución Industrial. Aquella sentó las bases de la llamada doctrina social de la Iglesia, que León XIV quiere actualizar en este texto para adaptarla a las res novae (cosas nuevas) de nuestro tiempo. La IA, sin duda, lo es.

"La encíclica aboga por «desarmar» esta tecnología y poner fin a «la normalización de la guerra», como la que estamos viviendo (mensaje hacia Trump y Putin)"
Para transmitir sus pensamientos, que pasan a ser doctrina de la Iglesia católica sobre la IA, "sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial", ha elegido un formato que data de hace cuatro siglos. Es significativo que para la presentación de ayer en el Vaticano hubiera invitado a participar a Christopher Olah, cofundador de Anthropic, empresa que actualmente está en el ojo del huracán, por una parte, por los peligros que comporta su último modelo de IA, Mythos, y, por otra, por haber presentado una demanda contra la Administración Trump tras la prohibición federal impuesta en febrero sobre su tecnología por negarse a permitir su uso militar sin restricciones. Justamente, la encíclica aboga por "desarmar" esta tecnología y poner fin a "la normalización de la guerra", como la que estamos viviendo (mensaje hacia Trump y Putin), y por evitar que esta tecnología "domine a la humanidad".


El texto va mucho más allá de las opiniones hasta ahora expresadas verbalmente por León XIV o por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la Cultura y la Educación, cuyo texto sobre la IA, Antiqua et Nova, analizamos en su día. Esbozaba muchas de las cuestiones abordadas en Magnifica Humanitas. Pero no es lo mismo que el Papa, cuya influencia va más allá de los católicos, apoye unas ideas a que las haga suyas. Poco dado a las definiciones, apela a evitar el equívoco de equiparar esta "inteligencia" a la humana.

Estamos en una transición, y las reflexiones de este Papa solo pueden ser transitorias. León XIV aborda las nuevas desigualdades que provoca en las sociedades y entre las sociedades (ricos contra pobres); las "nuevas esclavitudes" que "se alimentan de cadenas económicas e infraestructuras digitales"; el riesgo de "control social" con la IA, que "puede condicionar los procesos democráticos"; la "cultura del poder" ("como ocurre con todo gran avance tecnológico, la IA tiende a aumentar sobre todo el poder de quien ya dispone de recursos económicos, competencias y acceso a los datos"); el nuevo colonialismo de los datos, las "nuevas tierras raras del poder", que lleva "a seleccionar quién y qué importa"; o la citada "normalización de la guerra", en la que ha crecido el uso de la IA, junto a la "fuerza sin límites", en una crisis del multilateralismo cuya recuperación reclama.

Todo ello, claro, dentro de una concepción religiosa. Con ella o sin ella, toca las cuestiones clave. Su apelación al "humanismo", incluso al "humanismo cristiano", es comedida, aunque tenga siempre como objetivo la persona humana y su libertad, y exprese un rechazo abierto de los planteamientos del transhumanismo y del poshumanismo. Otra cuestión son las soluciones propuestas, que, reconoce, chocan a menudo con las posibilidades reales. Incluida la cuestión de la "transparencia" de estos modelos, que tiene pocos visos de lograrse cuando crecientemente se desconoce lo que pasa en su seno. Para León XIV, en lo que coincide con lo que reclaman muchos otros, "es esencial que las responsabilidades estén claras en todas las etapas: desde quienes diseñan y programan los sistemas hasta quienes los utilizan y quienes resuelven confiarles las decisiones concretas".

Denuncia que en los últimos años, también como efecto de la difusión de la IA, las ciencias cognitivas, la nanotecnología, la robótica y la biotecnología, aunque pueden resultar positivas, han acelerado el paradigma tecnocrático y, por ello, se necesita un nuevo marco espiritual, ético y político. "Evitemos", pide, "el síndrome de Babel: la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único —incluso digital— capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos". Este es "el riesgo de la deshumanización", que define como construir el futuro excluyendo a Dios y reduciendo al otro a un medio. No hay por qué coincidir en esto para concordar con muchos de sus planteamientos en esta encíclica.

"Las preocupaciones ante los efectos, sobre todo sociales, pero también geopolíticos, de esta IA han empezado a penetrar también entre los trumpistas"
Que los arquitectos de Silicon Valley, del área de la Bahía de San Francisco y, en general, de la IA se comparen con Dios o se muestren convencidos de que están construyendo a Dios es algo que no escapa ni a la Iglesia católica ni a otras. No obstante, las preocupaciones ante los efectos, sobre todo sociales, pero también geopolíticos, de esta IA, que está en sus inicios, han empezado a penetrar también entre los trumpistas. En la citada carta abierta, Humans First, Steve Bannon (uno de los grandes inspiradores del presidente de EE. UU.) y sus cofirmantes hacen un llamamiento explícito al liderazgo de Donald Trump para que embride la IA.


Algún impacto está teniendo ante las dudas del presidente sobre si exigir a las IA que se sometan a un control previo antes de comercializarlas, al estilo de lo que se hace con los medicamentos, o que sigan desreguladas para asegurar su innovación y competitividad en todos los campos. Piden controlar a los señores del aire que las dominan (y que apoyaron el regreso desregulador de Trump): "Estados Unidos no se ha convertido en la mayor nación del mundo para permitir que unas élites no elegidas realicen experimentos con la población sin garantías ni obligación de rendir cuentas". Bannon (y probablemente Trump) ha comprendido que las posiciones contra la IA pueden determinar la política, sobre todo si otros se apoderan de la bandera ludita.

Este Papa, nacido estadounidense, está teniendo importantes diferencias con Trump y algunas cosas de las que dice en esta encíclica van en contra de los mensajes que salen de Washington, sobre todo en lo que se refiere al uso de la fuerza y el multilateralismo. Tanto por contenido y credibilidad como por oportunidad —el momento—, la encíclica de León XIV resulta acertada. Aunque un texto de 58 páginas resulte excesivamente largo para los hábitos lectores de su poderoso compatriota.
Andrés Ortega
Andrés Ortega
Analista, escritor y periodista
Escritor galardonado con el Premio Jovellanos de Ensayo (2025) por 'Soledad sin solitud', y autor de la novela de anticipación 'Sé agua' (2025). Es experto en diversos campos y cuenta con experiencias como corresponsal internacional, editorialista y columnista, asesor gubernamental e investigador del Real Instituto Elcano.
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