Martes, 28 de julio de 2026
CÍBORGS

París se adelantó a Silicon Valley: la novela que predijo el transhumanismo

¿Da el transhumanismo "la espalda a la consideración del hombre como un ser social"? Rechazando que la sociedad sea un mero "agregado de individuos", el escritor y analista de política internacional Antonio R. Rubio Plo recupera la novela francesa del s. XIX 'El hombre de la oreja rota' para recordar que si se "reduce al ser humano a una máquina [...] su libertad queda disminuida".

Antonio R. Rubio Plo Antonio R. Rubio Plo 27 de marzo de 2026
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Según la RAE, el transhumanismo es un  | Unsplash / David Matos
Según la RAE, el transhumanismo es un | Unsplash / David Matos
París siempre despierta sorpresas e inspiraciones, aunque no todos sepan leerlas, sin ir más lejos, en sus imponentes edificios del siglo XIX con tejados de pizarra que son una de sus señas de identidad. Pasé hace poco por una pequeña calle que tiene más de un siglo y que lleva el nombre del escritor y periodista satírico Edmond About (1828-1885), que triunfó, sobre todo, en el París de Napoleón III. Llegó a ser miembro de la Academia Francesa, pero habría caído completamente en el olvido si no fuera porque una de sus novelas ha pasado a formar parte del repertorio de la ciencia ficción francesa.

Leí esa novela, El hombre de la oreja rota (1862), que podría considerarse como un precedente del transhumanismo contemporáneo. No esperemos la típica obra en la que un ser monstruoso escapa del control de su creador. Antes bien, enlaza a la perfección con el discurso actual de que se pueden superar los límites biológicos humanos, un discurso que combina el afán científico y las perspectivas de negocios. Es cierto que la novela tiene una estructura folletinesca en la que abundan las sorpresas y el inevitable triángulo amoroso, al gusto de aquella época. Pese a todo, plantea una serie de situaciones que los partidarios de la criogenización o de la inteligencia artificial ampliada al cuerpo no suelen plantearse. De hecho, ninguno de ellos se plantearía ninguna especulación sobre lo que se entiende por naturaleza humana. El ser humano queda reducido a un conjunto de circuitos y chips manipulables en un laboratorio. Frente al optimismo desenfrenado de esos mensajes, Edmond About despliega una ironía que nos recuerda que el cuerpo es mucho más que algo sustituible técnicamente. 

"El transhumanismo es una respuesta que busca compensar la pérdida de fe en el progreso de diversas generaciones a lo largo del siglo XX"
Conocer esta novela nos sirve para recordar que toda persona es hija de su tiempo, aunque hay apologistas que proclaman sin reparos que los avances técnicos adaptarán la mente del hombre a las circunstancias externas. Porque la mentalidad de los tecnolibertarios reduce al ser humano a una máquina "programable" en la que paradójicamente su libertad queda disminuida. Podría decirse que el transhumanismo es una respuesta que busca compensar la pérdida de fe en el progreso de diversas generaciones a lo largo del siglo XX.


Edmond About nos presenta el insólito caso del coronel Pierre Victor Fougas, un militar de la época napoleónica, un joven de veinticuatro años que en 1813 se quedó congelado en una noche glacial en una cárcel prusiana pocas horas antes de su ejecución. Un médico, el profesor Meiser, llega a la conclusión de que Fougas no ha muerto, sino que se ha quedado "disecado". Se lleva el cuerpo a su laboratorio y allí lo mantiene durante años con el propósito de hacerlo revivir. Muere antes de hacerlo, aunque, a modo de compensación, nombra a Fougas como su principal heredero. Por fin, en 1859, un joven ingeniero francés, León Renault, encuentra el cuerpo momificado y lo lleva a Francia con la intención de que cobre vida definitivamente. Con la ayuda de un médico, el doctor Martout, Fougas "despierta" el 17 de agosto de ese año, aunque Renault le causa involuntariamente una pequeña lesión en el lóbulo de su oreja. Han pasado 46 años y la cronología nos diría que tiene setenta, pero su aspecto externo es de veinticuatro. Sin embargo, será necesario poner al coronel al día sobre la historia de Francia, desde la caída de Napoleón I al Segundo Imperio de Napoleón III, pasando por la Restauración, la monarquía orleanista y la Segunda República. Pese a todo, Fougas no entiende cómo Gran Bretaña es ahora un aliado y que los franceses no hayan ocupado Viena tras derrotar a los austriacos en Magenta y Solferino en 1859.
 
La fama de Fougas, difundida por la prensa y los vecinos de su ciudad, llega hasta París y el coronel cree vivir aún en los tiempos heroicos del Primer Imperio. Su extravagante vestimenta es una demostración de ello, dando lugar a algún que otro alboroto público. En este sentido, el "resucitado" Fougas guarda semejanza con don Quijote con su armadura medieval y es un anacronismo andante. Después, cree llegada la hora de ser readmitido en su antiguo regimiento con el grado de general de brigada, que merecería por su conducta en la campaña de 1813 y por la antigüedad. Conseguirá incluso una audiencia con Napoleón III de la que saldrá entusiasmado. Pero, poco a poco, le van llegando las decepciones, pues la fisonomía urbana de París ha cambiado y prácticamente todas las personas que conocía han muerto. Lo cierto es que los tiempos heroicos han sido sustituidos por los tiempos burgueses y el coronel es objeto de toda clase de burlas, que consisten, sobre todo, en seguirle la corriente como a don Quijote.

"Los tecnolibertarios que pretenden construir un hombre más competitivo y poderoso están afirmando que el ser humano vive en un medio hostil y tiene que defenderse"
Fougas intenta olvidar su tristeza y viaja a Alemania para reclamar su herencia a la familia del profesor Meiser, aunque no encontrará una buena acogida, pues todos se escudan en los trámites burocráticos para darle largas. Aunque consigue una indemnización del gobierno de Berlín por su prolongada cautividad, vuelve enseguida a Francia para conseguir el ansiado reconocimiento como general de brigada. No lo logra porque la ley no permite conceder ese grado a un militar de setenta años que sobrepasa la edad del pase a la reserva. Un mes después de su "resurrección", el coronel Fougas será encontrado muerto en su cama.


Habrá quien argumente que todo esto es una exageración y que surgirán leyes y avances técnicos que eviten el destino del coronel Fougas. Sin embargo, nada de eso hubiera podido evitar la soledad, el desarraigo y la sensación de fracaso que siente el "resucitado" en la novela. A pesar de ello, estas consideraciones no repercutirán en el ánimo de los nuevos gnósticos que creen haber liberado el espíritu de la materia. Los tecnolibertarios que pretenden construir un hombre más competitivo y poderoso están afirmando que el ser humano vive en un medio hostil y tiene que defenderse. En la práctica, esto supone la aparición de una especie de cíborg sobreprotegido, pero a la vez inmaduro e inseguro porque ha dado la espalda a la consideración del hombre como un ser social y solo entiende la sociedad como un agregado de individuos. La diferencia de ese cíborg con el coronel Fougas es que la gente no reirá de él ni le mirará con lástima. Simplemente le tendrán miedo y, desde luego, la capacidad de infundir miedo no estará al alcance de todas las fortunas. 
Antonio R. Rubio Plo
Antonio R. Rubio Plo
Escritor y analista de política internacional
Doctor en Derecho y Relaciones Internacionales (UCM) y licenciado en Geografía e Historia (Universidad de Zaragoza), ha sido profesor de Ciencia Política y de Geografía e Historia en la UCM, la UFV y la UNIR y ha colaborado con entidades como el Real Instituto Elcano o CESEDEN. También es autor de varios libros en los que aborda temas de historia, religión y cultura, además de columnista en medios como 'Alfa y Omega'.
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