Una anécdota apócrifa de la Conferencia de Potsdam de 1945 cuenta que
Josef Stalin le preguntó a Winston Churchill: "¿Cuántas divisiones tiene el Papa?". Al parecer, el Papa Pío XII replicó: "Mi hijo José lo descubrirá cuando intente ir al cielo".
Después de haber caído en el olvido, esta historia resurgió en la década de 1980, cuando
un Papa de origen polaco, Juan Pablo II, se convirtió en una de las amenazas más significativas para la ideología que sustentaba a la Unión Soviética y su imperio satélite en Europa Central y del Este. Un régimen que se autodenominaba "democracia popular" no era tal y, cuando millones de personas acudieron a las visitas del Papa a la Polonia gobernada por los comunistas,
pareció una refutación de la gran mentira del Kremlin.
"Existen paralelismos sorprendentes, entre los que se destaca la necesidad de reformas radicales o de una reconsideración fundamental de la dirección política del país"
Entonces se propagaron los rumores de que los servicios secretos soviéticos estaban detrás de
un intento de asesinato perpetrado en 1981 contra el Papa en la plaza de San Pedro. A finales de la década, el imperio satélite se había desintegrado y, dos años más tarde, hacía lo propio la Unión Soviética. El último líder de la URSS, Mijaíl Gorbachov,
no pudo llevar a cabo las reformas con la celeridad suficiente.
Aunque los desafíos a los que hoy se enfrenta EE. UU. son muy diferentes, existen paralelismos sorprendentes, entre los que se destaca la necesidad de reformas radicales o de una reconsideración fundamental de la dirección política del país.
Después de todo,
el liderazgo estadounidense actual está claramente desorientado en materia de asuntos internacionales. En febrero de 2025, el presidente Donald Trump aprovechó una reunión en el despacho oval para reprender al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, burlándose de él diciéndole que no tenía las cartas necesarias para vencer a Rusia. Sin embargo, exactamente un año después, EE. UU.
inició una guerra con Irán que no pudo terminar, y Ucrania es quien tiene las cartas que EE. UU. necesita: un profundo conocimiento de las tecnologías de drones y las tácticas contra los drones.
Al igual que la Unión Soviética en la década de 1980,
EE. UU. teme que lo estén superando económica y tecnológicamente. Trump habla constantemente de decadencia y de una "carnicería" interna, y le gusta citar la "famosa frase" del príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, de que EE. UU. era un "país muerto" antes de que él llegara a la Casa Blanca. El movimiento MAGA de Trump promete un renacimiento nacional, pero a su Administración se le ha recordado repetidamente
lo mucho que la economía estadounidense depende de los suministros chinos.
"Se han sembrado las semillas de un conflicto épico entre una religión universal y un Estado agresivamente asertivo"
Luego está la crisis espiritual. En la Unión Soviética, esta se manifestó como un vacío espiritual —el vacío que el mensaje de Juan Pablo II pudo llenar—, mientras que en EE. UU.
abunda la "religión", pero de un tipo que se ha
instrumentalizado para un nacionalismo agresivo. Se han sembrado las semillas de un conflicto épico entre una religión universal y un Estado agresivamente asertivo. El predecesor del Papa León XIV, el Papa Francisco, utilizó su último mensaje de Pascua para advertir contra el nacionalismo étnico, y
ese mismo mensaje sigue resonando con claridad desde el Vaticano en 2026.
Recordemos el Domingo de Pascua de este año, cuando Trump le exigió a Irán que abriera el estrecho de Ormuz,
"o vivirán en el infierno —¡YA VERÁN! Alabado sea Alá—". Luego redobló la apuesta amenazando con que "esta noche morirá toda una civilización, para no volver jamás". Una semana después,
Trump publicó una imagen generada por inteligencia artificial (IA) en la que aparecía él mismo con aspecto de Jesús, de pie frente a escenas militares y un extraño demonio con cuernos. Más tarde afirmó que pensaba que la imagen lo representaba como médico, y luego compartió otra imagen de sí mismo siendo abrazado por Jesús.
La consiguiente tormenta en las redes sociales era tan predecible como inevitable. Al igual que Juan Pablo II,
el Papa León XIV evitó cualquier denuncia directa, aunque dejó pocas dudas sobre su postura: "Ay de aquellos que manipulan la religión y el nombre mismo de Dios para su propio beneficio militar, económico y político, arrastrando lo sagrado a la oscuridad y la inmundicia". En respuesta a esta clara condena papal de las terribles amenazas de la Administración Trump,
el vicepresidente J. D. Vance, recién convertido al catolicismo, instó a León a "tener cuidado" al hablar de asuntos teológicos.
Por supuesto, el nacionalismo cristiano —rezar por el propio bando en una "guerra justa" o creer que el propio pueblo es el pueblo de Dios— fue muy común durante largos períodos de la historia. Siempre se ha basado en
una visión errónea del conflicto internacional como un "choque de civilizaciones", y Trump simplemente ha ofrecido una caricatura extrema de esta perspectiva.
"León sintió el deber de criticar la glorificación de la violencia y la guerra por parte del nacionalismo cristiano"
Pero eso no cambia el hecho de que
su Administración está fundamentalmente reñida con la doctrina cristiana. Cuando León intervino, expresó una versión del globalismo con fundamentos éticos, distinta del enfoque amoral que ofrecen la mayoría de los defensores modernos del globalismo. Su visión se remonta al menos a 1945, al momento del supuesto comentario cínico de Stalin sobre el poder religioso. Y así como su predecesor polaco criticó el vacío espiritual del comunismo, León sintió el deber de criticar la glorificación de la violencia y la guerra por parte del nacionalismo cristiano.
En enero de 2004,
tras la invasión de Irak liderada por EE. UU.,
Juan Pablo II subrayó que la paz no solo era posible, sino necesaria para cumplir con la obligación cristiana fundamental hacia el prójimo. Si bien no abogaba por el pacifismo, sí nos instó a trabajar por un mundo regido por instituciones multilaterales, en el que la fuerza solo pudiera aplicarse con el amparo del derecho internacional. Ese era el objetivo en 1945, cuando la humanidad se embarcó en
una "profunda renovación del orden jurídico internacional".
¿Es providencial que
un Papa de Europa del Este corrigiera un abuso de Europa del Este y que un Papa estadounidense ahora esté denunciando un abuso estadounidense? Por ahora, solo Dios lo sabe.
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