Martes, 28 de julio de 2026
ENTREVISTA

Chema Vera (UNICEF España): "Hay una permisividad cada vez mayor frente a violaciones sistemáticas del derecho humanitario"

La guerra en Oriente Medio tiene muchas más lecturas que la geopolítica o la militar. Chema Vera, director ejecutivo de UNICEF España, muestra la otra cara de un conflicto que sacude a una región en la que "casi 46 millones de personas requieren asistencia humanitaria". En un momento en el que "la agenda política olvida que hay civiles", Vera recuerda que la "atención pública puede ejercer presión sobre las partes para que negocien" el comienzo del fin de las hostilidades.

Agenda Pública Agenda Pública 19 de marzo de 2026
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Los restos de un centro de salud en Líbano, que, según informa el Ministerio de Salud del país, fue bombardeado por Israel resultando en la muerte de doce médicos. | Sally Hayden / Zuma Press / ContactoPhoto
Los restos de un centro de salud en Líbano, que, según informa el Ministerio de Salud del país, fue bombardeado por Israel resultando en la muerte de doce médicos. | Sally Hayden / Zuma Press / ContactoPhoto
Mientras en Oriente Medio continúa la escalada de violencia tras los ataques coordinados entre Estados Unidos e Israel y la respuesta iraní, la red de ayuda humanitaria queda paralizada y obligada a tomar "decisiones muy duras". Ante la escasez de recursos y el peligro extremo para sus trabajadores, el director ejecutivo de UNICEF España y experto en cooperación internacional, Chema Vera, ilustra la magnitud de la crisis humanitaria: esta es una región con 30 millones de menores sin escolarizar y más de 12 millones de personas afectadas de forma directa por la reciente violencia.

En un debate político y militar que se centra en la disuasión militar y la geopolítica, Vera lamenta que la Convención de Ginebra sea sistemáticamente ignorada por los actores implicados. Como explica, "en las guerras muere gente, pero cuando no se protege a la población civil y la agenda política olvida que hay civiles, se mata a más civiles". Dado este contexto poco optimista, cabe preguntarse qué puede hacer Europa para evitar que el desastre humanitario avance y acarree consecuencias aún más graves de las que ya existen.
 

Chema Vera, director de UNICEF España. Foto: © UNICEF España


Sabiendo que la trayectoria no es nada buena, ¿cuál es la situación humanitaria de Irán en particular y de esta región en general?

Es una región que ha estado sometida a fuerte violencia, a muchas guerras en estas últimas décadas, y a muchas guerras que además han sido duraderas. Y que han dejado a los países en una situación de fuerte inestabilidad. Véase Siria, véase Irak, véase Yemen, Palestina o, en este caso, Irán. Son conflictos distintos, pero con una repercusión regional muy clara.

En UNICEF tratamos el Magreb y Oriente Medio como una única región. Según nuestros datos, hablamos de una región con aproximadamente 200 millones de niños y niñas, en la cual 110 millones están viviendo en países que ya estaban afectados por algún tipo de conflicto antes. 77 millones viven en zonas impactadas por esta escalada, que es regional también, porque al final acaba desestabilizando —de una forma directa o indirecta— a otros países.

Luego hay casi 46 millones que requieren asistencia humanitaria. Es una cifra altísima. También hay 30 millones de niños sin escolarizar y, desde septiembre de 2023, 12,2 millones de personas han sido víctimas de la violencia, en forma de ataques a su integridad física y desplazamiento de sus hogares, hablamos de más de 1.100 niños y niñas muertos o heridos en países como Irán, Líbano o Israel.

Esto da una idea, visto desde el impacto humanitario —que es desde donde una organización de acción humanitaria por los derechos de la infancia como UNICEF mira esta realidad—, de la magnitud de la guerra, de la violencia, de la inestabilidad y de una fragilidad que además es recurrente.

"Nosotros, como agencia de Naciones Unidas, solo podemos funcionar en una respuesta humanitaria cuando hay un llamado desde el Gobierno. Todavía no se ha producido"
En Irán tenemos equipo. No es un equipo muy grande y todavía no está en modo de respuesta humanitaria, aunque sí se está preparando para ello. Se están haciendo valoraciones para ver si el Gobierno pide asistencia a las agencias de Naciones Unidas. Nosotros, como agencia de Naciones Unidas, solo podemos funcionar en una respuesta humanitaria cuando hay un llamado desde el Gobierno. Todavía no se ha producido. Aun así, estamos en preparación, especialmente en el terreno de refugio, protección frente a la violencia y apoyo psicosocial. Los últimos reportes que nos llegan desde el país indican que se han atacado 120 escuelas y 152 instalaciones médicas.


De acuerdo con estos indicadores, y también basado quizá en experiencias previas, ¿se piensa que esta crisis humanitaria puede englobarse en algo todavía aún más grave, que derive en grandes desplazamientos externos?

Es perfectamente posible. Un ejemplo importante es el de los refugiados afganos que estaban en Irán y que ya estaban retornando a Afganistán, un país donde 11 millones de niños necesitan asistencia humanitaria. Es decir, hay desplazamientos transfronterizos forzados hacia contextos que ya eran extremadamente frágiles y se están acentuando tras la escalada del 28 de febrero.

Ahora bien, no parece que en el corto plazo —y esto es mi opinión personal— vayamos a ver un movimiento masivo como el de Siria, salvo que se produjera una escalada terrestre de gran envergadura. Entonces fueron 7 millones de desplazados. No es descartable, pero a título propio no me parece el escenario más probable ahora mismo. Sin embargo, sí pienso que va a haber más desplazamientos internos forzosos y Líbano es el ejemplo más claro.
 

Un edificio tras los bombardeos en el sur de Beirut (Líbano). Foto: © UNICEF / UNI954893 / Haidar


¿Ha aprendido algo la comunidad internacional —así como los países más cercanos al conflicto— a la hora de gestionar este tipo de crisis?

Desde la perspectiva del Derecho Internacional Humanitario, lo que estamos viendo no es una mejora ni un aprendizaje, sino más bien lo contrario. Hay un deterioro del respeto a ese marco jurídico, una impunidad creciente ante sus vulneraciones y una permisividad cada vez mayor frente a violaciones sistemáticas.

"La Cuarta Convención de Ginebra exige proporcionalidad, distinguir a la población civil de los combatientes y una protección reforzada de la infancia"
Y conviene concretarlo. La Cuarta Convención de Ginebra exige proporcionalidad, exige distinguir a la población civil de los combatientes, exige una protección reforzada de la infancia, exige no bombardear infraestructuras esenciales para la vida, como los sistemas de agua y energía, y, por supuesto, escuelas y hospitales. También exige respetar el derecho a la asistencia humanitaria.


Por tanto, los corredores de entrada de ayuda, la salida de población civil de las zonas de combate y la protección de los trabajadores humanitarios son elementos centrales. Y en ese terreno no hemos aprendido. Más bien al contrario.

En un caso como el actual, ¿de qué maneras se puede ayudar a la población? ¿Cuáles son las herramientas de las que dispone UNICEF?

El caso de Líbano permite entender bastante bien cómo funciona una respuesta humanitaria. Allí, desde el 28 de febrero, 107 niños y niñas han muerto y más de 331 han resultado heridos. Hay 833.400 personas desplazadas, de las cuales 290.650 son niños. Más de 112.000 personas están en refugios colectivos, la mayoría instalados en escuelas públicas, y hay escasez de agua, colchones, mantas y combustible.

En un país como Líbano, donde UNICEF y otras organizaciones tienen una presencia fuerte, se puede trabajar con rapidez cuando hay capacidad logística y financiación suficiente. El problema es que ahora ambas cosas están bajo presión. La logística se complica, los suministros se encarecen y los tiempos se alargan. Y, además, la financiación ha caído.

"En Oriente Medio tenemos 245 millones de euros menos para respuesta monetaria de los que teníamos en 2025"
En una situación así, UNICEF trabaja con herramientas muy concretas: suministro de agua, saneamiento e higiene, refugio, apoyo psicosocial, protección frente a la violencia, kits educativos para situaciones de emergencia y apoyo a los servicios sanitarios. Y eso exige capacidad de reacción inmediata. A veces la decisión es muy básica y muy dura: decidir si el sistema de agua llega hasta 30.000 personas con una cobertura suficiente o si se intenta llegar a 120.000 con una cobertura más limitada. Es un ejemplo ilustrativo, pero las decisiones van en esta línea.


Eso es especialmente grave porque la acción humanitaria necesita capacidad de reacción inmediata. En Oriente Medio tenemos 245 millones de euros menos para respuesta monetaria de los que teníamos en 2025. Y eso obliga a tomar decisiones muy duras sobre hasta dónde puede llegar la ayuda y con qué intensidad.
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¿Cree que es posible que en este caso se esté dando mucha más atención a lo que es el interés geopolítico, institucional, de materias primas, etcétera, y se esté dejando en segundo plano la repercusión directa en la vida de las personas?

Llevamos una racha muy mala. Venimos de guerras olvidadas, como Sudán, y de una vulneración constante del Derecho Internacional Humanitario, como ha ocurrido en Gaza. Pero yo no recuerdo, en 33 años de trabajo en esto, un caso comparable en el que el impacto sobre la población civil, y en particular sobre los niños, haya quedado tan desplazado del centro del debate.

Es verdad que la geopolítica pesa enormemente en esta guerra. La implicación de EE. UU., la dimensión regional, el impacto sobre los países del Golfo o las consecuencias económicas hacen que el foco se desplace ahí. Pero, al mismo tiempo, están muriendo cientos de niños. Y esa realidad no puede quedar en segundo plano.

En las guerras muere gente, pero cuando no se protege a la población civil y la agenda política olvida que hay civiles, se mata a más civiles. Eso es así de simple.

¿Qué hay que hacer para que cambie esto? ¿Qué mecanismos se pueden implementar desde la Unión Europea, desde el tercer sector, para una mayor implicación?

En el plano político y diplomático, lo que exigimos es una desescalada, una negociación que conduzca a un alto el fuego urgente y que abra el camino hacia la paz. Mientras exista violencia, todas las partes deben cumplir con el Derecho Internacional Humanitario, al que están obligadas como firmantes de las Convenciones de Ginebra.

"Esta crisis tiene que volver a ocupar la primera plana: esa atención pública puede ejercer presión sobre las partes para que negocie"
También hace falta financiación pública. Hay que cubrir la brecha que se ha abierto en la respuesta humanitaria. Y, más allá de eso, al resto de actores nos corresponde seguir exigiendo que esto ocurra, informarnos, exigir información y apoyar a las organizaciones que están en primera línea.


Además, esta crisis tiene que volver a ocupar la primera plana. No solo porque lo merece desde el punto de vista humano, sino porque también creemos que esa atención pública puede ejercer presión sobre las partes para que negocien.

Muchas gracias.
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