Lunes, 17 de agosto de 2026
ENERGÍA RENOVABLE

Andalucía, ¿está en riesgo el bastión renovable del sur?

El director general de AVAESEN, Pedro Fresco, alerta de que los nuevos discursos contra los parques renovables en la campaña electoral andaluza amenazan un consenso que parecía asentado. El experto en energía advierte de que frenar el desarrollo renovable genera un problema doble: "No solo estarás dificultando la atracción de industria, sino que estarás perjudicando a tus propias pymes", asegura.

Pedro Fresco Pedro Fresco 14 de mayo de 2026
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El consejero de Industria, Energía y Minas de la Junta de Andalucía, Jorge Paradela, inaugura un parque fotovoltaico en Sevilla. | Joaquin Corchero / Europa Press
El consejero de Industria, Energía y Minas de la Junta de Andalucía, Jorge Paradela, inaugura un parque fotovoltaico en Sevilla. | Joaquin Corchero / Europa Press
"La energía limpia a precios competitivos es una de las grandes oportunidades económicas de Andalucía. En la actualidad, contamos con más de 3.000 nuevos proyectos industriales que han elegido esta región gracias a la aportación de la fotovoltaica a nuestra comunidad".

Esta frase es de Jorge Paradela, consejero de Industria, Energía y Minas de la Junta de Andalucía, pronunciada hace dos años en un congreso del sector fotovoltaico. No era una frase cara a la galería; al contrario, lo ha dicho en otros muchos foros. A finales del año pasado, por ejemplo, le leí una declaración similar: "Queremos alcanzar los 20 GW a finales de 2026 y estar en top europeo (...) queremos esta posición por varios motivos, entre ellos está la importancia de descarbonizar la economía, luchar contra el cambio climático; pero, sobre todo, porque es un factor de localización de inversiones, pues la energía limpia en un territorio atrae el capital".

"Una de las primeras cosas que preguntan los posibles inversores industriales es si hay acceso en la región a energía renovable competitiva"
Andalucía es una de las regiones que más renovables ha desarrollado en los últimos años. Su Gobierno ha entendido que su potencial solar, el mayor de Europa, era su factor diferencial para atraer industria en una región donde el peso de la industria ha sido tradicionalmente bajo. Cualquiera con experiencia en la administración en los últimos años sabe que una de las primeras cosas que preguntan los posibles inversores industriales es si hay acceso en la región a energía renovable competitiva.


Es más, uno de los factores fundamentales de la competitividad en precio de la electricidad española es que parte de ella se puede obtener gracias a sistemas de autoconsumo solar. El autoconsumo industrial es uno de los grandes factores de competitividad de nuestras industrias, muchas veces gracias a parques solares en suelo que se conectan con línea directa a las propias factorías, por lo que deben estar cerca de estas. Para grandes consumidores que trabajan veinticuatro horas, puede suponer un 30% de su consumo eléctrico, mientras que para consumidores que no trabajan en horario nocturno puede superar el 50%. Esto es un tesoro que hay que defender, a pesar de los argumentos viejunos y miopes que han vuelto a salir en algún informe de la CNMC.

De hecho, el previsible éxito de los proyectos españoles en la subasta de descarbonización del calor industrial del Banco Europeo de Descarbonización Industrial (IDB, por sus siglas en inglés) viene precisamente de esos porcentajes de energía baratísima del sol, que reducen la factura media y nos sitúan con uno de los precios de la electricidad para industrias más competitivos de Europa. Nos estamos beneficiando de procesos competitivos europeos gracias a esto, no lo olvidemos.

Sin embargo, se comienzan a ver nubes en el horizonte. Los recientes acuerdos de gobierno en Extremadura y Aragón nos han traído un sorprendente pacto con redacción calcada en ambos casos: "El Gobierno de (Extremadura/Aragón) asume el compromiso de emplear todos los medios legales y administrativos necesarios para favorecer la no instalación de macroparques fotovoltaicos y eólicos en suelos productivos, en terrenos de uso tradicional —incluidas vías pecuarias— y en aquellos suelos en que se produzca una afección al patrimonio natural".

¿Qué quiere decir esto? En principio, no lo sabemos. Podría ser desde palabrería vacía hasta un intento de prohibición generalizada de proyectos renovables, al más puro estilo Donald Trump. En todo caso, este párrafo es una amenaza en toda regla al desarrollo renovable y, por tanto, a los propios desarrollos industriales que buscan precisamente esta energía. Sus redactores seguramente pensarán que no les va a afectar en nada, ya que, quizá, a los proyectos estratégicos no les quieran aplicar estas restricciones, pero para que lleguen proyectos estratégicos interesados en tu región, debes proyectar compromiso y garantías con el desarrollo renovable, precisamente lo contrario de lo que proyecta este pacto.

"La demagogia y la incomprensión de lo que exige un modelo industrial, lamentablemente, no parece patrimonio exclusivo de un sector político"
En el mismo sentido, hace unos días el candidato de Por Andalucía hizo unas sorprendentes declaraciones indicando que no iba a permitir desarrollos renovables en tierras fértiles, solo en tierras baldías. "Ni una sola hectárea", dijo literalmente. La declaración de intenciones era calcada a la que podía haber hecho cualquier político de derecha radical. La demagogia y la incomprensión de lo que exige un modelo industrial, lamentablemente, no parece patrimonio exclusivo de un sector político.


Los desarrollos renovables no siempre se han hecho bien, pero eso no justifica semejantes planteamientos. El suelo agrícola es un suelo transformado, adecuado para el desarrollo renovable y, en la inmensísima mayoría de casos (en todos los casos en muchas comunidades autónomas), su cambio de uso se hace de acuerdo con sus propietarios. Considerar el suelo agrícola en producción como algo sagrado no solo es ridículo en un país fuertemente exportador de alimentos, sino que proyecta la voluntad de mantener una sociedad agraria y agrarista. Recordemos que Andalucía es la comunidad autónoma con menor porcentaje de PIB industrial de España, solo por detrás de las islas (concentradas en el turismo) y Madrid (por ser capital administrativa y económica).

"Si restringes el desarrollo renovable, ¿cómo demonios vas a electrificar el país? Estarás ayudando a mantener la dependencia de los combustibles fósiles"
Y ahora mismo aparecen oportunidades en el horizonte que recomiendan ser ambicioso. Ya no son solo esos grandes parques renovables conectados con línea directa a industrias electrointensivas; después del RDL 7/2026, ya se permite hacer autoconsumos colectivos en suelo rústico siempre que su tamaño no supere los cinco MW (algo menos de diez hectáreas). Estos parques podrían estar cerca de polígonos industriales y ofrecer electricidad muy barata a pymes industriales que no pueden permitirse sistemas de autoconsumo propios. Si prohíbes que se puedan usar suelos productivos para estos desarrollos, no solo estarás dificultando la atracción de industria, sino que estarás perjudicando a tus propias pymes. Si restringes el desarrollo renovable, ¿cómo demonios vas a electrificar el país? Estarás ayudando a mantener la dependencia de los combustibles fósiles que te venden Trump, Putin y los países situados en el polvorín de Oriente Medio.


Andalucía fue el ejemplo que estableció la confianza en que el desarrollo renovable ya era un consenso político amplio en España y que no iba a estar condicionado a los cambios políticos. Ahora, a la vista de los precedentes, esta convicción está en duda. Esperemos que las dinámicas de batalla cultural de esta época no resquebrajen este consenso. Sería malo para España, muy malo para Andalucía y nos deslizaría por un camino muy oscuro, donde algo que apoya alrededor del 80% de la población española y que es objetivamente bueno para el país podría acabar aparcado por dinámicas de batalla cultural, demagogia política e intransigencia ideológica.
Pedro Fresco
Pedro Fresco
Especialista en regulación y transición energética. Ex director general de Transició Ecològica de la Generalitat Valenciana (España).
Licenciado en Química por la Universidad de València. Profesor-colaborador en el máster en Energías Renovables de la Universidad Internacional de València (VIU). Autor de 'El futuro de la Energía en 100 preguntas' (2018), 'El Nuevo Orden Verde' (2020) y 'Energy Fakes' (2024). Director general de la Asociación Valenciana de Empresas del Sector de la Energía (AVAESEN).
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