A finales de julio, el Banco Central Europeo (BCE)
anunció una de sus reformas más significativas en los últimos años: la introducción de un "factor climático" en su política monetaria. Si bien este cambio técnico ha pasado bastante desapercibido entre el calor del verano, merece la pena prestarle atención, ya que
es una decisión que abre un nuevo capítulo en la batalla por incorporar el riesgo climático a la estabilidad financiera de la eurozona.
Para entender el alcance de la medida primero debemos detenernos en
qué es el marco de colateral. En pocas palabras: es
el conjunto de normas que define qué activos financieros aceptará el BCE como garantía cuando presta liquidez a los bancos comerciales. En la práctica, asegura que las operaciones de refinanciación se respalden con valores suficientemente seguros. El colateral, por tanto, viene ser algo parecido a una "red de seguridad" del sistema bancario europeo:
si un banco quiebra, el BCE se queda con los activos que ese banco había dejado como garantía.
"Si el BCE considera que uno de los activos aportados como garantía podría verse especialmente afectado por la transición climática, se le podrá producir un recorte adicional a su valor como garantía"
¿Y qué cambiado exactamente ahora?
Pues a partir del 2026, el BCE ajustará el valor de determinados actos —concretamente los emitidos por sociedades no financieras y sus filiales—
en función de su exposición a los riesgos derivados de la transición climática. Dicho de otra forma: si el BCE considera que uno de los activos aportados como garantía podría verse especialmente afectado por la transición climática, se le podrá producir un recorte adicional a su valor como garantía. El objetivo de esta reforma es proteger al Eurosistema frente a la posible —y probable— disminución del valor de los activos de garantía causados por perturbaciones adversas asociadas a la transición climática.
La calibración de este factor tendrá en cuenta tres elementos: i)
los datos sectoriales relativos a los bonos de las sociedades no financieras de la prueba de resistencia climática del balance del Eurosistema de 2024, ii)
la puntuación climática del emisor basada en la metodología desarrollada por el programa de compras de bonos corporativos (CSPP, por sus siglas en inglés) y iii)
la vulnerabilidad específica del activo, teniendo en cuenta su vencimiento residual. El BCE ha avisado también que
revisará periódicamente el sistema a medida que se vayan conociendo nuevos datos y desarrollando nuevas metodologías.
"Es la primera vez que un banco central decide introducir de forma sistemática el riesgo climático en su política bancaria"
Para hacernos una idea de la trascendencia de la decisión: es la primera vez que un banco central decide introducir de forma sistemática el riesgo climático en su política bancaria. A diferencia de las medidas anteriores centradas en la divulgación o en compromisos voluntarios,
en este caso el riesgo climático se incorpora directamente al sistema financiero europeo. Dicho de otra forma,
pasa de ser un problema únicamente reputacional para las empresas a ser también un problema financiero. Esta medida da respuesta a una reclamación histórica de las ONG verdes europeas como
Finance Watch,
que llevaban años reivindicando que la única forma de obligar al sector financiero a tomarse en serio el impacto medioambiental de sus decisiones es traducir el riesgo climático en riesgo financiero.
Para suavizar la medida,
el propio Banco Central Europeo admite en un texto de preguntas y respuestas publicado en su página web que el impacto inicial será limitado, por el bajo uso actual de bonos corporativos como colateral. No obstante, esta decisión
es el primer paso serio que se da para ligar las condiciones de acceso a liquidez en el Eurosistema a la huella de carbono de los activos, y a medida que la transición climática avance podemos esperar más movimientos en esa dirección. A la luz de este nuevo criterio, es previsible que las instituciones financieras se vean empujadas a revaluar sus carteras de bonos corporativos, sobre todo aquellas con fuerte exposición a sectores intensivos en carbono, lo que podría generar efectos en cadena en el sistema bancario.