

Es sabido que Donald Trump exige una adhesión incondicional e inquebrantable a sus políticas para no ser objeto de sus descalificaciones: su obsesión con Pedro Sánchez y sus críticas a Keir Starmer, Emmanuel Macron o Friedrich Merz eran conocidas, pero la sorpresa ha llegado tras su ruptura con Giorgia Meloni, pese a la tradicional sintonía ideológica que compartían. Trump solo respeta a Xi Jinping y a Vladímir Putin, autócratas con cuyo estilo político se identifica y con los que aduce entenderse mejor que con sus teóricos aliados europeos. Y solo teme a Benjamín Netanyahu, que, de hecho, le ha embarcado en la insensata guerra de Irán. Trump ha llegado a afirmar que la OTAN hoy no es más que un "tigre de papel" (Mao Zedong hubiera estado de acuerdo), pese a tener al frente de la misma a un adulador servil como Mark Rutte, un político, de hecho, irrelevante para el presidente estadounidense, y su actual deriva le muestra cada vez más aislado y desconectado de la realidad.
En la entrevista de Viviana Mazza en el Corriere della Sera del 14 de abril, mediante una conversación telefónica de seis minutos, Trump carga frontalmente contra Meloni, antaño sólida y confiable aliada. Ahora afirma sentirse decepcionado; ha dejado de considerarla valiente, pues creía que iba a ayudarle en la guerra de Irán, le parece ingrata y ya no es la admirable líder conservadora que él había conocido. Cabe recordar que Meloni intentó ser la interlocutora privilegiada desde Europa con Trump precisamente por compartir en lo esencial la ideología del ultraconservadurismo de la derecha radical occidental, pero ahora resulta que ella le parece inaceptable. Él ha utilizado esta expresión porque Meloni consideró inaceptables las palabras de Trump contra el Papa León XIV y a esta crítica se ha sumado J. D. Vance, que incluso se ha permitido dar lecciones de teología a la máxima autoridad pontificia, por asombroso que pueda parecer.
Atacar al Papa ha sido probablemente uno de los mayores errores de Trump. En primer lugar, porque en los Estados Unidos de América la mayoría de los católicos no ha entendido a su presidente y, en segundo lugar, porque en Italia es impensable no cerrar filas con el pontífice en algo así, de ahí que Meloni lo haya defendido de inmediato.
"Todo esto forma parte del discurso trumpista contra la Unión Europea que, desde su punto de vista, tendría políticas migratorias nefastas"Los argumentos de Trump para criticar a Meloni son esencialmente de dos tipos: la primera objeción de Trump resulta ridícula por lo inverosímil, ya que, a su juicio, Italia no habría caído en la cuenta de que si Irán tuviera la bomba atómica, el país no duraría ni dos minutos; la segunda tiene que ver, por supuesto, con el petróleo, pues Trump anuncia que los italianos se quedarán sin este recurso por no colaborar, algo relativo por la existencia de la Unión Europea. Todas estas declaraciones son, una vez más, contradictorias: Trump anunció el año pasado que las instalaciones nucleares iraníes habían sido totalmente destruidas, a la vez que, si la OTAN no sirve para nada, no se entiende que le pida ayuda, para añadir a continuación que tampoco la necesita. Todo esto forma parte del discurso trumpista contra la Unión Europea que, desde su punto de vista, tendría políticas migratorias nefastas (¡pese al endurecimiento general, salvo en el caso español, de la acogida y la regularización!) y energéticas desastrosas (por su supuesto "fundamentalismo verde").
"Meloni ha entendido perfectamente el significado de las cruciales elecciones húngaras, el más serio revés para los ultras más reaccionarios"La cuestión es, por tanto, preguntarse por qué Meloni ha virado, algo que también se explica por la derrota de Viktor Orbán en Hungría. Meloni ha entendido perfectamente el significado de las cruciales elecciones húngaras, el más serio revés para los ultras más reaccionarios, un síntoma de que su aparentemente imparable ascenso en todas partes no está ni mucho menos escrito. Meloni ha constatado que acercarse demasiado a Trump es ahora cada vez más contraproducente y que, además, su vocación imperial hegemonista choca con las soberanías nacionales de Estados europeos como el italiano. Por ello, Meloni demuestra una vez más ser la líder más inteligente de la derecha radical, cuyo grupo en el Parlamento Europeo (Conservadores y Reformistas Europeos) es el que más pasos está dando para intentar "normalizarse" (la decisión unilateral de Santiago Abascal de abandonar este grupo para irse con Orbán ha sido un serio error estratégico, tal como el propio Espinosa de los Monteros ha señalado).

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