Martes, 18 de agosto de 2026
MOMENTO AMÉRICA

El desastre bélico de EE. UU.: Irak, Afganistán y (ahora) Irán

Las últimas guerras que ha librado EE. UU. fuera de su territorio han dejado consecuencias económicas desastrosas, así como cientos de miles de muertes innecesarias. No son pocos los testimonios al respecto que abordan el tema, y el periodista Mauricio Hdez. Cervantes repasa algunos de ellos. "Irak y Afganistán son un espejo incomodísimo de lo que hoy puede ser Irán", escribe.

Mauricio Hernández Cervantes Mauricio Hernández Cervantes 26 de marzo de 2026
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El presidente Donald Trump a bordo del portaviones George H. W. Bush. | Casa Blanca / Daniel Torok
El presidente Donald Trump a bordo del portaviones George H. W. Bush. | Casa Blanca / Daniel Torok
Sus palabras (y su renuncia) también cayeron como una bomba. No dijeron nada nuevo, pero sí eran muy importantes. "Irán no representaba una amenaza inminente para nuestra nación, y es claro que iniciamos esta guerra debido a la presión de Israel y su poderoso lobby estadounidense". Su cargo era, nada más y nada menos que, el director del Centro Nacional de Contraterrorismo de EE. UU. Su nombre: Joe Kent

Y tras esa explosión, las preguntas salieron como disparos: ¿hasta cuándo durará la guerra de EE. UU. contra Irán?, ¿será Irán quien la termine (y cuáles serán las consecuencias)?, ¿cómo nos impactará en el bolsillo?, ¿cuál es su relación con los papeles de Epstein? Los esbozos de las respuestas a tan inquietantes interrogantes ya generan una preocupación global; lo han advertido la OMS y el FMI, entre otros organismos. Apenas estamos trazando la hoja de ruta para ver cómo resistir o salir de este nuevo frente bélico que la Administración de Donald Trump ha abierto y que ha puesto al resto del mundo en vilo. Lo cierto es que, para encontrar las respuestas, o vislumbrar un horizonte más claro, es obligatorio mirar hacia atrás para ver cuánto le han costado las guerras recientes a EE. UU. Hablamos, por supuesto y principalmente, de Irak y de Afganistán, es decir, un espejo incomodísimo de lo que puede ser, hoy, Irán.

"George W. Bush sostuvo que la guerra en Irak había terminado exitosamente y como una victoria para su país y sus aliados. ¿La realidad? Esa fue una guerra que al supuesto vencedor le costó más de 1,1 billones de dólares"
Desde luego, ceñirse a los discursos y a las cifras oficiales sería como buscar la salida de un laberinto con los ojos vendados. O darle a los discursos triunfantes de los presidentes estadounidenses el rango de verdades absolutas, sería como escuchar una verdad con los oídos tapados. Un ejemplo de ello es cuando George W. Bush profirió el discurso conocido como
Mission Accomplished (misión cumplida), en el que sostuvo que la guerra en Irak había terminado exitosamente y como una victoria para su país y sus aliados. ¿La realidad? Esa fue una guerra que al supuesto vencedor le costó más de 1,1 billones de dólares (de acuerdo con el Watson Institute de la Universidad de Brown); dejó cientos de miles de muertos en ambos bandos, así como más de un millón de desplazados; también originó saqueos y desastres en centros que estaban considerados como resguardos de los vestigios más antiguos de las primeras civilizaciones; y causó una desestabilización económica, política y militar en la región sin precedentes. Todo eso, además de haber generado la consolidación del ISIS (aunque nació en Jordania en 1999, fue en Irak donde terminó de organizarse y de tomar relevancia internacional como un grupo terrorista antioccidental). 

Afganistán siguió por la misma senda. "El pueblo americano está orgulloso de ver a los afganos como ciudadanos libres… la democracia ha llegado a ese país", sostuvo Bush. ¿El resultado? Tras la invasión y los abusos militares sobre la población civil, además del desastre económico causado, nacieron células terroristas, narco-guerrillas, y solo quedó un país devastado, hundido entre el rencor y el radicalismo político y religioso. Es decir, una situación que derivó, inevitablemente, en la vuelta de los talibanes al Gobierno en 2021. ¿Cuál fue el costo? En términos económicos, fue de más de 2,3 billones de dólares, entre 2001 y 2021, siendo este el frente bélico más largo en la historia de ese país. Claro, además de 2.500 soldados estadounidenses muertos en combate y cientos de miles de heridos.  

Esta historia se escribe como el guion de una película hollywoodense, casi siempre predecible: el presidente estadounidense en turno elige en el mapa a un país con recursos (generalmente, petroleros), echa a andar a la industria bélica (una de las más rentables del mundo), sacrifica a algunos de sus soldados para matar a decenas de miles de enemigos y desplazar a millones de inocentes y, finalmente, profiere un discurso victorioso tan ambiguo como plagado de lugares comunes. Solo que, al momento de hacer cuentas, estas no cuadran, nunca cierran: son billones de dólares los que fueron gastados inútilmente, pues el país recién "democratizado" queda despedazado, y al agresor los números siempre le quedan marcados por el color rojo y con déficits inexplicables.

La biblioteca del desastre

La sombra de los escombros de las bombas lanzadas desde aviones estadounidenses se extiende como un eco interminable. Además de Irak y Afganistán, ahora también han sido agredidos Venezuela e Irán. Y, en todos ellos, aparece un ciclo que parece repetirse con la terquedad de quien no aprende. Al respecto, el gesto de Joe Kent, que, cabe destacar, renunció a su cargo como un acto de conciencia, es apenas un rayo de luz en medio de la penumbra. Su voz no es otra que la de una incomodísima verdad, no solo para los estadounidenses, sino para el resto del mundo: la de que la maquinaria bélica de su país no la echa a andar ni la razón ni la justicia, muchísimo menos la consecución de la paz, sino las inercias económicas más crudas, los intereses más oscuros y, sobre todo, la incapacidad de reconocer el fracaso. 

"El presidente de EE. UU. no sabía cuáles eran las reglas. El secretario de Defensa no sabía cuáles eran las reglas. Pero el Gobierno espera que el soldado Corsetti sepa cuáles eran las reglas"
Los libros y testimonios que narran esos fiascos militares y humanitarios son tantos que conforman una biblioteca del desastre. Uno de ellos, quizá, imprescindible para los tiempos que corren, es
El Monstruo (Libros del K.O., 2011) de Pablo Pardo (corresponsal del diario El Mundo en EE. UU.). "El presidente de EE. UU. no sabía cuáles eran las reglas. El secretario de Defensa no sabía cuáles eran las reglas. Pero el Gobierno espera que el soldado Corsetti sepa cuáles eran las reglas", es una cita que muestra el nivel de improvisación en la chapuza que fue la incursión bélica en Irak y Afganistán.  

El periodista pasó cuatro años entrevistando a Damien Corsetti, la víctima directa, no solo de aquel fracaso militar, sino de la misma sociedad estadounidense: un joven con problemas de alcoholismo y drogas, que se alistó en el ejército como última opción de vida y que, por mala suerte, terminó siendo el interrogador principal en esas dos empresas militares. "Corsetti podía haberse negado, pero prefirió obedecer unas órdenes que acabaron destruyéndole. Quizá ahí haya una enseñanza o quizá no y solo se trate de la guerra", concluyó Pardo. Corsetti, tras lo vivido en Bagdad y Kabul, intentó matarse en el año 2005 ya que estaba mental y moralmente destrozado. Claro, jamás se imaginó que terminaría convirtiéndose en camello dentro del ejército de su país, consumiendo cocaína y éxtasis en la mesa de su oficina (además de venderlas a sus compañeros) para soportar las realidades más abominables. "Hice más interrogatorios borracho que sobrio", confesó. Y su caso no fue el único. Lo cierto es que todo allí fue una improvisación que dejó resultados nefastos. "La élite del Gobierno no tenía ni idea de lo que estaba haciendo en Irak", también sostuvo Corsetti. Y, sin embargo, siguieron. Él pagó las consecuencias (pues el ejército estadounidense, tras la publicación de sus declaraciones, se puso en su contra), y, millones más, también.

Por otra parte, está el Costs of War Project de la Universidad de Brown. Este proyecto, no partidista, fundado en 2010, reúne a más de setenta académicos, médicos, expertos en derechos humanos, y antropólogos, precisamente, para, como lo indica su nombre, calcular los costos de las guerras de EE. UU. desde el 11 de septiembre de 2001. De acuerdo con sus datos, el costo total de las guerras de ese país, desde la fecha antes señalada, asciende a ocho billones de dólares. Pero esa no es la única cifra estratosférica: las muertes de civiles en Irak, fueron de 200.000; y en Afganistán, de 47.000. Eso, además de los millones que fueron desplazados. ¿Y sobre los soldados estadounidenses? Esa cifra es de 7.000.   

También, en esta lista debemos incluir a los Afghanistan Papers: una serie de documentos, publicada por el Washington Post, que reveló que los altos funcionarios estadounidenses sabían que la guerra en Kabul era inviable. En pocas palabras, ese trabajo que vio la luz en 2019, muestra la lógica del absurdo: reconocer la inviabilidad y, aún así, insistir. En pocas palabras, una suerte de capricho militar para reforzar un discurso (el de la democratización global) como un argumento irrebatible para invadir a cualquier territorio, para derrocar a cualquier gobierno. 

Otros títulos que completan el repertorio son The Forever War, y, No Good Men Among the Living. El primero, de Dexter Filkins, reportero estadounidense, conocido por sus coberturas en Medio Oriente durante la primera década de este siglo, muestra la vida cotidiana, entre combatientes y civiles atrapados en la violencia durante las invasiones de Afganistán e Irak. Si algo se puede concluir después de leer sus páginas, es que ambas guerras están vertebradas sobre lo mismo, es decir, la absurdidad política y la inviabilidad económica. El segundo, del reconocido periodista y académico, Anand Gopal, que ha sido colaborador de la revista The New Yorker, y sus trabajos han sido finalistas para el premio Pulitzer, cuenta la guerra de Afganistán desde la mirada de tres afganos: un comandante talibán; un caudillo aliado de EE. UU.; y una mujer atrapada en el conflicto. En pocas palabras, esta crónica muestra cómo esa intervención terminó fortaleciendo al régimen talibán y destruyendo la vida de millones de personas. "Ganar una guerra como esta no consistía en plantar banderas o defender territorios… Se trataba de resistir las categorías que otros elegían para ti; de la terquedad frente a los grandes diseños y esquemas", escribió Gopal en su obra. 

"Cada testimonio es una pieza más de un rompecabezas que dibuja siempre la misma imagen: la obstinación de un imperio que se niega a reconocer sus errores, sus límites"
Cada libro, cada testimonio, es una pieza más de un rompecabezas que dibuja siempre la misma imagen: la obstinación de un imperio que se niega a reconocer sus errores, sus límites. Y, ahora, Irán ya no está en el horizonte sino en el día a día, formando, involuntariamente, parte de una guerra que ya golpea los bolsillos del resto del mundo. Entonces, la pregunta obligada aquí no es cuánto le costará esta guerra a EE. UU., sino cuántos muertos más habrá, y, sobre todo, cuántos libros y reportajes más se escribirán al respecto, contando, valga la expresión, la crónica de un desastre (económico y humanitario) anunciado. 

Reflexión del autor

Estimado lector, estimada lectora, usted, como yo también lo hice en su momento, se habrá cuestionado más de una vez sobre la inutilidad de las guerras. Sobre las muertes innecesarias, sobre cuánto se podría hacer con las ingentes cantidades monetarias que se destinan a la industria de la muerte sistematizada y planificada. Y habrá llegado a incontables respuestas en las que, seguramente, la idea común entre ellas es el sinsentido, la corrosión personal y moral que generan el poder y las armas cuando encuentran formas de hacer negocios. 

Si ha sido así, le recomiendo ampliamente la obra del periodista catalán Plàcid García-Planas, considerado por varios periodistas (yo entre ellos) como el mejor reportero de habla hispana. Particularmente, dos títulos son los que le sugiero: Como un ángel sin permiso (Carena, 2012); y La guerra es una piscina (Comanegra, 2017). En el primero de ellos, encontrará la pieza No solution, una crónica exquisita y original sobre Eurosatory, la feria de armamento terrestre más grande del mundo —celebrada bianualmente en París—. Allí encontrará la que para mí es una de las explicaciones más sencillas (pero más profundas, a la vez) sobre la inquietante pregunta de qué es la guerra.

Plàcid, en su paseo por distintos stands, encuentra uno en el que la línea que divide a la ficción de la realidad, la crudeza del cinismo, se torna indistinguible. "Los noruegos sienten un profundo respeto por la naturaleza. Un respeto nítido y certero. Nammo es una gran fábrica de proyectiles con sede en Raufoss y su publicidad muestra una brillante bala eco-friendly que atraviesa el aire de un bucólico campo: el árbol y las flores se reflejan en la bala… Non Toxic Ammunition", escribe el reportero. 

"Los grupos humanos siempre tuvieron tres opciones, al encontrarse frente a otro grupo de personas: interactuar y colaborar; pasar y ser indiferentes; o, finalmente, conquistar y dominar"
En el segundo libro, esa misma línea se difumina aún más, pero lo hace entre la poesía y la realidad. ¿Cuál es realmente la diferencia entre ambas?, ¿cuál es la diferencia entre la guerra y la humanidad? Ryszard Kapuściński, aquel reportero polaco, reconocido como "el mejor reportero del siglo XX", publicó hace tiempo un libro llamado
El encuentro con el otro (Anagrama, 2007). En él, mencionó que, desde los tiempos seminómadas, los grupos humanos siempre tuvieron tres opciones, al encontrarse frente a otro grupo de personas: interactuar y colaborar; pasar y ser indiferentes; o, finalmente, conquistar y dominar. Desafortunadamente, la mayoría de las veces la humanidad ha elegido la tercera opción, y el mundo es testigo de las ruinas (de sus ruinas) de esa elección. 

Eso demuestra que la guerra es algo tan humano, algo que está tan arraigado en nuestro ADN y quizá nos resulte imposible renunciar a ella. Si es así (ojalá que no lo sea), solo habría algo bueno de un fenómeno tan aborrecible: La guerra es una piscina (Comanegra, 2017), de Plàcid García-Planas y de su amigo y fotógrafo Guillermo Cervera. En esa metáfora, en esas páginas, quizá, podamos entender que la guerra es algo mucho más complejo que las órdenes que se dictan desde despachos elegantes, y que ejecutan personas rotas y vulnerables como Corsetti. Quizá, tras esa lectura, podamos entender que hasta en la guerra misma, la línea que divide a la poesía de la más cruda realidad sea solo una frontera dibujada por la imaginación y la buena voluntad.
Mauricio Hernández Cervantes
Mauricio Hernández Cervantes
Periodista y escritor
Es autor del libro 'El silencio del diente que quiso ser una flor. Textos de un periodista mexicano en España: un país donde el pasado (siempre) es un tema de actualidad'. Actualmente, escribe en la sección internacional de 'El Confidencial' y en la revista 'ETHIC'. Ha colaborado en medios como 'El Mundo', 'La Vanguardia', 'La Voz de Asturias' o el diario mexicano 'Reforma'.
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