Lunes, 17 de agosto de 2026
'THE ECONOMIST'

Ribera explica el equilibrio de Bruselas sobre las fusiones empresariales

La vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para una Transición Limpia, Justa y Competitiva y responsable de Competencia firma este artículo en 'The Economist' que publicamos en exclusiva en español. En él, aborda el nuevo equilibrio de la política europea de competencia: ganar escala, proteger el mercado único y asumir que "las preocupaciones de seguridad influyen cada vez más en la política económica", sin renunciar a demostrar que "prosperidad y equidad siguen yendo de la mano".

Teresa Ribera Teresa Ribera 5 de mayo de 2026
Añadir AgendaPública en Google
Teresa Ribera es la vicepresidenta ejecutiva para una Transición Limpia, Justa y Competitiva de la Comisión Europea. | The Economist / Dan Williams
Teresa Ribera es la vicepresidenta ejecutiva para una Transición Limpia, Justa y Competitiva de la Comisión Europea. | The Economist / Dan Williams
En toda Europa, la ciudadanía se pregunta cómo puede el continente seguir siendo próspero sin renunciar a la equidad que durante tanto tiempo ha definido su economía social de mercado. Las empresas se hacen una pregunta relacionada: cómo pueden invertir más, crecer más rápido y competir en un mundo marcado por la escala estadounidense y la fortaleza industrial china respaldada por el Estado.

Estas dos preguntas son ya inseparables. Europa no puede defender su modelo social sin una mayor creación de riqueza, pero tampoco puede preservarlo abandonando las normas, la previsibilidad y los principios que sostienen el éxito del mercado único.

"Necesitamos una política de competencia modernizada en la UE que contribuya a nuestros objetivos más amplios de competitividad, pero también de equidad social y seguridad"
La política de competencia está en el centro de esta cuestión. Tenemos que apoyar más a las empresas para que ganen escala en los mercados globales y, al mismo tiempo, permitir que las empresas y los consumidores europeos aprovechen todos los beneficios de una competencia efectiva. En otras palabras, necesitamos una política de competencia modernizada en la UE que contribuya a nuestros objetivos más amplios de competitividad, pero también de equidad social y seguridad.

La Comisión Europea ha publicado hoy el primer borrador de las nuevas directrices sobre concentraciones para consulta pública. Estas directrices establecen cómo evaluamos las fusiones y adquisiciones que pueden afectar a la competencia y al bienestar en la UE. La idea central del nuevo borrador es clara: Europa debe tener en cuenta un mundo más complejo al evaluar las operaciones, pero manteniendo la competencia en el centro de cada decisión.

Ese equilibrio es importante. Algunos han defendido que Europa debería simplemente relajar el control de concentraciones para que las empresas europeas puedan hacerse más grandes. Otros temen que cualquier cambio pueda socavar el mercado único y la innovación. Ambas posiciones no captan el fondo de la cuestión.

El borrador de las directrices no busca flexibilizar las normas, y mucho menos extender cheques en blanco. Sí pretende, en cambio, incorporar al análisis las realidades internas y externas en las que operan las empresas de la UE. Por ejemplo, cuando sus presupuestos de investigación y desarrollo quedan empequeñecidos frente a las ayudas estatales de las que disfrutan sus competidores globales, o cuando las vulnerabilidades de las cadenas de suministro pueden ser utilizadas geopolíticamente por un tercer país. También está diseñado para ofrecer claridad a las empresas sobre cómo pueden respaldar sus argumentos acerca de los efectos positivos a largo plazo de una fusión sobre la inversión, la innovación y la resiliencia económica ante perturbaciones, desde ciberataques hasta pandemias.

Cuando las normas europeas sobre concentraciones fueron revisadas por última vez de forma integral, en 2004, la economía mundial era muy distinta. Las cadenas de suministro eran menos globales y más estables. Las tensiones geopolíticas eran menores. Los mercados de capitales y las dinámicas de innovación funcionaban de forma muy diferente. Y la digitalización aún no había transformado la velocidad a la que las industrias pueden emerger o desaparecer.

Hoy, la resiliencia importa más. Los ciclos de innovación son más rápidos. Las tecnologías limpias requieren inversiones mayores y más sostenidas en el tiempo. Las preocupaciones de seguridad influyen cada vez más en la política económica. Una fusión que antes habría sido juzgada principalmente por sus efectos a corto plazo sobre los precios debe evaluarse ahora también por su impacto a largo plazo en la innovación, la inversión y la seguridad de suministro europeas, así como por la forma en que todo ello afecta a los clientes.

El borrador de las directrices responde a esta realidad ampliando el foco del análisis. Deja más claro que la Comisión Europea debe tener en cuenta los incentivos a la inversión, la capacidad de innovación, la resiliencia y la evolución de los mercados a largo plazo al evaluar una operación, porque todos estos elementos afectan a los intereses de los clientes. Esto no significa aceptar promesas vagas de las empresas que se fusionan. Al contrario, las compañías tendrán que aportar pruebas creíbles de que una fusión que genera preocupaciones en algunos aspectos también puede producir beneficios que lleguen a los consumidores y al conjunto de la economía.

"Estaremos abiertas a autorizar una operación cuando los beneficios a largo plazo para los consumidores superen los perjuicios a corto plazo"
Cuando las empresas tengan buenos argumentos para demostrar que sus operaciones de fusión y adquisición pueden beneficiar al bienestar general, las escucharemos. Estaremos abiertas a autorizar una operación cuando los beneficios a largo plazo para los consumidores superen los perjuicios a corto plazo, por ejemplo, al aumentar la innovación en Europa.

Queremos que las empresas impulsen operaciones que puedan ayudar a profundizar la integración del mercado interior europeo. Cuando las empresas se unen para crear un nuevo operador que reduce la dependencia de la UE respecto de otros actores globales, esto beneficia al mercado interior y a los consumidores europeos.

Conviene dejarlo claro: esto no es desregulación. Es modernización. Los mercados fuertes no son mercados sin reglas. Son mercados gobernados por normas claras y previsibles que premian la eficiencia sin permitir una acumulación de poder que pueda ser objeto de abuso.

La competencia efectiva sigue siendo la base del control europeo de concentraciones. Proteger la competencia en la economía moderna significa mirar no solo al mercado tal como existe hoy, sino también al mercado que puede surgir mañana. Esto es especialmente importante para las empresas jóvenes.

Europa quiere que más startups se conviertan en empresas en expansión, y que más empresas en expansión sigan siendo europeas. Nuestro enfoque revisado puede dar mayor certeza a los innovadores cuyo valor quizá no se refleje por completo en las cuotas de mercado actuales. También puede ayudar a identificar casos en los que una gran empresa adquiere a un competidor más pequeño no para desarrollar sus ideas, sino para neutralizar a un futuro rival.

"Europa no creará empresas competitivas a escala global únicamente cambiando la forma en que revisa las operaciones empresariales"
Sin embargo, la política de concentraciones por sí sola no puede resolver el problema de competitividad de Europa. Europa no creará empresas competitivas a escala global únicamente cambiando la forma en que revisa las operaciones empresariales. Si a las empresas europeas les cuesta a veces igualar la escala de sus rivales extranjeros, a menudo es porque tienen que expandirse en veintisiete mercados parcialmente conectados, en lugar de hacerlo en un mercado verdaderamente unificado. El capital sigue fragmentado. El ahorro es abundante, pero con demasiada frecuencia no se canaliza hacia la inversión productiva dentro de Europa. Las telecomunicaciones siguen divididas por fronteras nacionales. Los sistemas energéticos están demasiado desconectados. Ninguna directriz sobre concentraciones puede sustituir toda esa integración que falta.

Los fundadores del proyecto europeo de posguerra entendieron que los mercados necesitaban apertura y normas. Esa intuición sigue siendo válida. En un mundo más incierto, la fortaleza de Europa sigue residiendo en un mercado de 450 millones de personas gobernado por el derecho, no por la discrecionalidad ni por decisiones arbitrarias. La tarea ahora no es debilitar ese modelo, sino actualizarlo. Al modernizar el control de concentraciones y preservar la competencia, Europa puede demostrar que prosperidad y equidad siguen yendo de la mano, y que nuestro mercado único continúa siendo nuestra base más sólida en una etapa global más difícil.
Teresa Ribera
Teresa Ribera
Vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para una Transición Limpia, Justa y Competitiva
Anteriormente, fue vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico del gobierno de España.
Participación