"Me encuentro centenares de miles de cables… y digo: esto es impresionante". Así describe Jorge Urdánoz el hallazgo fortuito que dio origen a La Transición según los espías (editorial Akal, 2024). Mientras investigaba el origen del sistema electoral, descubrió unos documentos "fechados en el día de los actos" en los que el embajador estadounidense en España, Wells Stabler, relataba conversaciones directas con los principales actores políticos de la Transición. Una fuente "muy pura, muy inmaculada" que le llevó a una conclusión clara: "muchas lecturas heredadas no se sostienen".
La conversación se produce en un momento especialmente significativo. Coincide con el cincuenta aniversario de la muerte de Franco, un aniversario que ha reactivado el debate público sobre el sentido, los límites y los mitos de la Transición, y con la publicación de una nueva National Security Strategy de Estados Unidos bajo Donald Trump, que devuelve al primer plano una lógica descarnada de poder, alianzas e intereses estratégicos. Desde ese doble contexto —memoria histórica y presente geopolítico—, la lectura de los cables adquiere una resonancia particular.
Los documentos muestran con nitidez que "la prioridad absoluta de Estados Unidos era que España no cayera en la esfera de influencia de la URSS". La democracia era deseable, incluso sinceramente celebrada por el embajador, pero siempre subordinada al objetivo estratégico: estabilidad, bases militares y alineamiento occidental. También desmontan, según el investigador, algunos de los relatos más asentados, como el de la legalización del PCE, donde aflora una lógica paradójica: "para debilitarlos, es mejor legalizar". Los cables permiten además asistir en tiempo real a la batalla por el sistema electoral. "Suárez intenta dejar a Fraga fuera con el sistema electoral", resume Urdánoz siguiendo la interpretación del embajador Stabler.
Leída hoy, en un mundo que vuelve a hablar sin ambages de esferas de influencia, la Transición aparece menos como un relato cerrado y más como un proceso profundamente humano, atravesado por afectos, estrategias y equilibrios de poder. Y afirma: "La Transición es un periodo superior política y humanamente a los demás, no creo que eso pueda dudarse"
¿Qué le llevó a lanzarse a escribir La Transición según los espías?
Estaba investigando el origen del sistema electoral, que no estaba nada claro en los libros, y me encuentro en un artículo de Charles Powell una nota a pie de página que me lleva a una página web en la que están colgados centenares de miles de cables, los que se enviaban desde todas las embajadas del planeta al equipo de Kissinger, en Washington.
Yo empiezo a buscar "proporcional" y "mayoritario" [tipos de sistema electoral], que era mi tema, y digo: esto es impresionante. Son cables en los que el embajador habla con Suárez, con sus ministros y con aquellos que realmente toman las decisiones. Fechados en el día de los actos. Me parece espectacular el nivel de información que ofrecen.
"Al final leo tanto que llego a la conclusión de que algunas lecturas heredadas, las «versiones oficiales», por así decir, no se sostienen con esa fuente de información"
Y claro, conforme empiezo a descargar cables voy leyendo y van saliendo otras cosas: los comunistas, la OTAN, el Sáhara, el rey, el PSOE… y tu interés ya no es solo el sistema electoral, vas ampliando el foco. Al final leo tanto que llego a la conclusión de que algunas lecturas heredadas, las "versiones oficiales", por así decir, no se sostienen con esa fuente de información, que es muy "pura", muy "inmaculada": grabaciones de los propios agentes que toman las decisiones. Además, son muy sinceros, porque al embajador de EE. UU. le dicen lo que quieren sin tapujos.
No soy historiador. Creo que no soy yo quien tiene que escribir un libro así, sino más bien un historiador, o varios, con tesis doctorales. Pero la casualidad ha querido que fuera yo. Uno de los objetivos del libro es avisar a los historiadores de que ahí tienen un material que, a mi juicio, es espectacular.
Ejemplo de telegrama del embajador Stabler a Henry Kissinger. Traducción en rojo. Foto: Archivos nacionales EE. UU. / Traducción propia
¿Qué actitud se desprende por parte del embajador americano en aquel momento?
Si hubiera que sintetizar, la actitud política y personal del embajador es muy clara. La prioridad absoluta es que España no caiga en la esfera de influencia de la URSS. Franco ha muerto, hay inestabilidad, y España es una pieza estratégica en el tablero geopolítico. Que siga siendo un aliado de Estados Unidos y de Occidente. Que sigan las bases americanas. Esa es la prioridad.
Y, en segundo lugar, si además hay un Gobierno democrático, estupendo. Él personalmente desea que llegue la democracia, se ve en los cables que se alegra sinceramente. Pero siempre supeditado al objetivo primordial: el estratégico, el geopolítico. Esto sigue siendo evidente en la política exterior: a Estados Unidos le interesan las alianzas; si además el Gobierno es liberal, perfecto, pero lo primero es lo primero. Por eso, por ejemplo, Arabia Saudí es hoy un aliado.
Intentar influir en el sistema electoral es casi intentar influir en la política de un país por años. ¿Cómo lo ve?
En el sistema electoral, el embajador no influye en el sentido de que prefiera una opción u otra. No se mete en si debe ser proporcional o mayoritario. Lo que pasa es que, como todo el mundo le cuenta todo, y él es inteligentísimo y entiende perfectamente las jugadas y estrategias de los agentes con los que habla, transmite una información que es oro puro.
¿Quiénes eran los principales confidentes del embajador?
El rey, básicamente: la alianza entre Estados Unidos y la monarquía es casi estructural. Suárez y todos los ministros de Suárez, el PSOE, los agentes económicos y los militares (aunque eso no lo he profundizado tanto). Al final, todas las élites quieren hablar con el embajador de Estados Unidos. El poder es lo que tiene: no llama a tu puerta, tú le buscas.
Sobre la legalización del Partido Comunista, el libro tumba ciertos relatos. En su momento, Estados Unidos estuvo a favor de la legalización del PCE. ¿Por qué?
La cuestión del Partido Comunista es muy interesante. Estados Unidos quiere que el PCE tenga la menor presencia e influencia posible, en España y en cualquier otro país. Y, sin embargo, en 1976 llegan a la conclusión de que, para que el PCE sea más débil, lo mejor es legalizarlo. Es muy peculiar esa reflexión y muy inteligente: aprendes lo que es la política de fondo, cómo las cosas no son tan simples.
"EE. UU. quiere que el PCE tenga la menor influencia posible y en 1976 llegan a la conclusión de que, para que el PCE sea más débil, lo mejor es legalizarlo"
A lo largo de 1976, Suárez y el rey ya habían previsto la legalización. Habían diseñado una especie de temporización: primero unas elecciones sin los comunistas y luego el Parlamento los legalizaría, para hacerlo más llevadero. Pero el embajador y estos agentes políticos se dan cuenta de que es mejor legalizar cuanto antes, porque eso les debilita.
El objetivo de fondo no son lo que podemos llamar motivos democráticos puros —"todos debemos estar representados"—, eso ni se les pasa por la cabeza. Pero tampoco es un juego básico de "no queremos que estén, por tanto, los ilegalizamos": es más inteligente. Los cables transmiten todas las razones de fondo por las que concluyen que, para debilitarlos, es mejor legalizar.
El dictador Francisco Franco, entre el embajador Stabler (izquierda) y el secretario de Estado Henry Kissinger. Foto: Imagen de archivo
¿Qué cosas le chocaron más cuando buceó en esos cables y descubrió estas diferencias entre los relatos más extendidos y lo que ocurre entre bambalinas?
No iba con una preconcepción que los cables me desmonten: me los encuentro por casualidad. Voy leyendo y veo hasta qué punto muchas lecturas heredadas no se sostienen. Lo que sí me llama la atención es algo que digo en el libro: las relaciones personales, la simpatía, el caerse bien, todo eso influye muchísimo. Por ejemplo, Fraga probablemente no llega a presidente porque el rey no lo soporta. En algún cable aparece que el rey está harto de Fraga, que por lo visto se dedicaba a sermonear al monarca, y se lleva mucho mejor con Suárez, que es de su edad y con quien posee una relación mucho más cercana.
Esto ocurre también con ministros, con gente que no se soporta, y tiene consecuencias políticas. Sorprende: la política, que parece sacralizada, elevada, es muy humana. Y esas conversaciones con el embajador se producen en una mesa, con un mantel, o en un despacho, son cercanas y se crean lazos afectivos que luego influyen.
Volvamos al sistema electoral. ¿A qué asistió el embajador americano cuando este se estaba fraguando?
Asistió en vivo y en directo a la lucha entre los aperturistas, Suárez y los suyos, y los más conservadores, el núcleo duro del franquismo sociológico liderado por Fraga, por imponer un sistema electoral u otro. Fraga quería un sistema mayoritario: era número uno en las encuestas y le beneficiaba. Y Suárez, y sobre todo Torcuato [Fernández-Miranda], se dan cuenta de que si se van a mayoritario, lo normal es que se consoliden dos bloques: Fraga a la derecha y el PSOE a la izquierda. Suárez sabe que ahí no tiene hueco: ellos mismos saben que si hacen la Transición así, desaparecen del mapa.
Estoy simplificando, pero eso es lo que dice Stabler [el embajador estadounidense] en sus cables: Suárez intenta dejar a Fraga fuera con el sistema electoral. Y esa interpretación no estaba en la literatura y encaja cabos sueltos. Porque las hipótesis previas eran: o Suárez era maquiavélico y diseñó un sistema a su medida, o era angelical y lo hizo por el bien común. Ninguna encajaba del todo. La de Stabler encaja las piezas.
Viéndolo en perspectiva, ¿a dónde nos ha llevado esto?
En 1976, por primera vez en la historia de España, se pone sobre la mesa un sistema más o menos proporcional de representación. Hasta entonces, siempre habíamos tenido sistemas mayoritarios, que favorecen la polarización. La Transición ha sido un éxito y estos cuarenta y tantos años de democracia han sido un éxito. Soy crítico con la Transición y con muchas de sus leyendas, pero es un periodo superior política y humanamente a los demás, no creo que eso pueda dudarse.
"Uno de los grandes factores que lo explica es un sistema proporcional que deja espacio a todos: nacionalistas periféricos, nacionalistas españoles, izquierdas, derechas"
Y uno de los grandes factores que lo explica es un sistema proporcional que deja espacio a todos: nacionalistas periféricos, nacionalistas españoles, izquierdas, derechas. De modo imperfecto, desigualitario y sesgado. Soy muy crítico con el sistema actual, pero nada que ver con lo que hubiera sido un mayoritario, que habría provocado dos bloques. No se puede saber, claro, pero estoy convencido de que habría sido una receta considerablemente peor para la textura real del país.
Más allá del sistema electoral, ¿qué veían los estadounidenses como lo más relevante en España?
La estabilidad y que el país no acabe bajo la esfera de influencia de la URSS. Estamos en plena Guerra Fría: dos bandos. Junto con las bases, aparece la OTAN: les interesa que el ejército español acabe deseando entrar en la OTAN. Les interesa que la economía sea estable, dentro de la economía de mercado, aliada. El resto —sistema electoral, etc.—, mientras lo otro no se vea afectado, les interesa, transmiten información, pero no tienen una preferencia marcada.
A la derecha, Stabler observa la conversación entre Henry Kissinger y el rey Juan Carlos I. Foto: Imagen de archivo
Aceptando que la influencia estadounidense no se centró en la ley electoral, ¿dónde se vio una influencia real?
Estados Unidos influye cuando quiere aminorar la presencia de los comunistas: potencian al PSOE. Mientras unos están ilegalizados, a los socialistas les dejan hacer congresos, les dan presencia mediática, los tratan de manera diferente. Con el mundo sindical hacen lo mismo: Comisiones Obreras, alineada con el comunismo, la aminoran, es lo que más miedo les da; y lo que hacen es subvencionar a UGT a espuertas.
En los cables aparece el propio rey hablando con un representante de los sindicatos estadounidenses para dar dinero a UGT. Y tiene todo el sentido del mundo cuando entiendes cuál es el objetivo. Para disminuir la fuerza de CC. OO., financiamos a UGT.
A la luz de la nueva National Security Strategy, ¿hay un salto cualitativo? ¿Cree que si fuéramos a los wasaps entre el embajador actual y Marco Rubio serían parecidos a esos cables?
Serían iguales. Hablamos de Estados Unidos porque sigue siendo la potencia hegemónica y más para nosotros, pero cualquier país tiene intereses. Es una cuestión de poder. La diferencia es que Estados Unidos tiene un poder internacional que le da influencia: ataduras comerciales, políticas, económicas, geoestratégicas. Eso lo estamos viendo en Ucrania: si Estados Unidos se retira, cambia el juego.
La diferencia con Trump, a mi juicio, es externa, comunicativa: hace lo mismo que hacen todos, pero lo hace sin tapujos, como un parroquiano en una taberna. Da la impresión de que influye más, pero creo que influye lo mismo. Otra cosa es que no gusten sus políticas hacia Europa o que haya cambiado la estrategia: eso es otra cuestión.
Muchas gracias.