Este año cumplirá veintidós años como diputado en el Parlamento Europeo. Y en 2022 alcanzó dos décadas como secretario general del Partido Popular Europeo. Antonio López-Istúriz White es, por tanto, uno de los políticos españoles con más experiencia en la escena europea, pero también un profundo conocedor de la cultura estadounidense. En particular, le resultan familiares las
"lógicas" de
"los negocios en Nueva York", precisamente las tácticas que, a su juicio, emplea el presidente Donald Trump al negociar, entre otros, con la Unión Europea.
Desde el respeto, porque ha sido
"elegido democráticamente por el pueblo estadounidense", considera que Europa haría bien en evitar
"entrar al trapo de cada declaración amenazadora" de Trump. En este sentido, lamenta la posición adoptada por el Gobierno de España, que
"dice una cosa en Madrid, otra en Bruselas y otra en Washington". Aunque comparte cierta preocupación por el contexto internacional, cree que el Ejecutivo no debería
"lanzar mensajes desde Madrid" sin consensuarlos con sus socios.
En su repaso de la agenda política, defiende la puesta en marcha del acuerdo con Mercosur, pero asegura comprender las preocupaciones del sector agrícola. En materia de seguridad, celebra que
"Europa está avanzando hacia una mayor organización defensiva dentro de la OTAN", aunque insiste en que convendría explorar fórmulas distintas a la unanimidad. Y, por último, al ser preguntado por un mensaje optimista sobre Europa, sostiene que
"hemos pasado muchas crisis y esta también pasará".
La relación atlántica ha cambiado mucho en los últimos meses. Ahora, el Parlamento Europeo parece dispuesto a ratificar el acuerdo comercial con Estados Unidos, mientras que algunos países, entre ellos España, se desmarcan en cuestiones como Irán. ¿Cómo interpreta esta dualidad en Europa?
Es lógico. No hay que alarmarse porque los países europeos reaccionen de maneras distintas ante circunstancias internacionales. No es la primera vez. Algunos llevamos tiempo reclamando que en política exterior y de defensa se avance hacia fórmulas más ágiles que la unanimidad, porque los tiempos exigen mayor rapidez en la toma de decisiones.
"Yo preferiría que se hicieran menos declaraciones antes de tiempo y que las posiciones se defendieran donde corresponde: en el Consejo Europeo"
La Unión Europea siempre ha progresado a base de crisis, y esta vuelve a demostrar la necesidad de una mayor coordinación en política exterior y defensa. Mientras tanto, los Estados miembros reaccionan de forma diversa. Yo preferiría que se hicieran menos declaraciones antes de tiempo y que las posiciones se defendieran donde corresponde: en el Consejo Europeo, con todos sentados, intentando convencer a los socios.
En vez de eso, a veces vemos declaraciones altisonantes, con un componente de protagonismo o de cálculo electoral, que no aportan nada a una solución europea coordinada. La realidad es que la Unión sigue siendo una construcción económica y financiera muy exitosa, pero no política. Por eso los Estados miembros continúan tirando, cuando pueden, de sus propios rumbos. No es la misma prioridad la de los países del norte respecto a Ucrania que la nuestra, más orientada hacia el sur. Precisamente por eso nos sentamos todos en Bruselas: para coordinar esos esfuerzos.
Siguiendo con Washington, ¿ha variado la percepción sobre Donald Trump y la posición de los partidos desde su llegada?
Lo primero es asumir el carácter del personaje. Ha sido elegido democráticamente por el pueblo estadounidense, no por una minoría blanca y tonta del Medio Oeste, sino por una mayoría. Y también hay que afrontar que la oferta del Partido Demócrata no resultó atractiva para mucha gente. Tengo incluso familiares que cambiaron el voto por esa razón: no porque Trump les entusiasmara, sino por ausencia de una alternativa convincente.
Estados Unidos sigue siendo una democracia, guste o no, y me rechina mucho cuando se lo compara con Rusia, China o Irán. Hay que tener cuidado con eso. Su gobernante ha sido elegido democráticamente y actúa como alguien que ha pasado la vida negociando desde una posición de fuerza. Viene del mundo de los negocios de Nueva York y aplica esas lógicas.
"Lo mejor es guardar la compostura, mantener la paciencia y pensar estratégicamente en qué puede aportar Europa después"
Lo que Europa debe hacer es no entrar al trapo de cada declaración amenazadora. Muchas veces son técnicas negociadoras para llegar a la mesa desde una posición dominante, ya sea con Venezuela, con Irán o con los europeos. Frente a eso, nosotros debemos mantener la paciencia y actuar a nuestro ritmo, al ritmo europeo, que a veces es cansino y difícil, pero incluye todas las sensibilidades de la Unión y eso también forma parte de la defensa de nuestros valores.
Intentar responderle en Trump en su propio terreno es perder, porque siempre va a ir un paso más allá, con una declaración más dura. Lo mejor es guardar la compostura, mantener la paciencia y pensar estratégicamente en qué puede aportar Europa después, por ejemplo, en la reconstrucción de Gaza, en la estabilidad de Oriente Medio o en cuestiones energéticas como el estrecho de Ormuz. Ahí Europa sí tiene capacidad, aunque no sea una potencia militar en primera fila.
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Antonio López-Istúriz White is an MEP for the Partido Popular and former secretary general of the European People’s Party. | European Parliament, 2025
Los dos líderes se encuentran durante una visita del húngaro a Roma el pasado verano. | Roberto Monaldo / Zuma Press / ContactoPhoto
Usted ha hablado otras veces del perfil negociador de Trump. ¿Cree que el ejemplo de Groenlandia ayuda a entender su forma de actuar?
Sí, porque ahí se ve muy bien. En un momento determinado se tomó en serio la amenaza sobre Groenlandia, los mercados reaccionaron y se desplomaron, y Trump dio marcha atrás. Cuatro o cinco meses después, ya nadie habla de eso.
Por eso pido paciencia y no entrar en las primeras declaraciones de alguien que cada mañana puede levantarse con una idea distinta. Hay que mantener el máximo respeto, por supuesto, pero también actuar a nuestra manera y no dejarnos arrastrar por cada gesto inicial.
La llegada de Trump ha reforzado en Europa la idea de buscar nuevos socios. En ese debate aparece con fuerza el Mercosur. Su partido, el Partido Popular Europeo, ha estado durante años a favor del acuerdo, pero en los últimos meses ha habido discusión sobre su entrada en vigor. ¿Qué ha pasado?
La Comisión Europea, de la mano de Úrsula von der Leyen, ha impulsado una política de acuerdos comerciales con socios potenciales de nuestro entorno. Ahí están India, Australia, México y, por supuesto, Mercosur. Es un acuerdo fundamental.
La experiencia demuestra que estos acuerdos acaban funcionando. Recuerdo los problemas que hubo hace años con el acuerdo con Canadá [el CETA], incluso con parlamentos regionales que se negaban a ratificarlo. Sin embargo, cuando se aplicó provisionalmente y empezó a generar prosperidad y empleo, desaparecieron las protestas. Eso suele pasar.
Con Mercosur ocurre algo parecido. Se ha intentado presentar como una amenaza, pero en realidad introduce reglas donde antes no las había. Ese es un punto clave. Antes entraban productos agrícolas en la Unión Europea sin apenas control. Mercosur, en cambio, incorpora garantías y cláusulas de salvaguarda que permiten suspender el acuerdo si no se cumplen las normas en frontera.
"Entiendo el enfado de los agricultores, porque sufren competencia desleal de productos que no cumplen las mismas normas sanitarias, pero precisamente Mercosur introduce garantías que antes no existían"
Por eso digo que el problema no es Mercosur. El problema es el desorden previo y la falta de control sobre productos que ya estaban entrando desde distintos lugares. Entiendo el enfado de los agricultores, porque sufren competencia desleal de productos que no cumplen las mismas normas sanitarias, pero precisamente Mercosur introduce garantías que antes no existían. Lo que hace falta es más información y menos desinformación. El acuerdo puede ser muy beneficioso para Europa y, en particular, para España.
López-Istúriz durante un pleno en la Eurocámara. Foto: Parlamento Europeo, 2026.
Y quienes defienden el acuerdo, ¿han explicado suficientemente bien por qué es positivo?
Sin duda, se puede comunicar mejor. Pero hoy los partidos más razonables compiten contra una desinformación muy agresiva, especialmente desde los extremos, que en redes sociales funciona con enorme facilidad. Esa es la gran desventaja comunicativa actual.
Yo no quiero que los partidos en los que milito se conviertan en eso. No quiero defender posiciones a base de medias verdades o de mensajes diseñados para manipular a la opinión pública. Prefiero mantener una línea serena y estable, aunque sea menos atractiva que los grandes titulares que lanzan los extremos y que se viralizan con facilidad.
No diría que todo sea un problema de comunicación, aunque puede haber algo de eso. También la propia Unión Europea debería hacer un mayor esfuerzo pedagógico con estos acuerdos. Pero la competencia informativa hoy es muy dura.
Solo en las últimas semanas, Donald Trump, Marco Rubio o Scott Bessent han apuntado directamente a España. ¿Estamos ante el riesgo de una ruptura real entre Washington y España (o Europa) o, más bien, ante una cuestión de relato político?
Tenemos un Gobierno que dice una cosa en Madrid, otra en Bruselas y otra en Washington. Habla de "no a la guerra", pero luego hay hechos que apuntan en otra dirección, como la utilización de bases o los cientos de vuelos militares registrados que han aterrizado en Rota. Eso genera una gran incoherencia.
Se está entendiendo esto como un periodo preelectoral y se están usando argumentos del pasado que ya no llaman tanto la atención. El problema es que esos deseos nacionales o electorales pueden acabar perjudicando al país, porque mientras tanto la negociación real se produce entre la Unión Europea y Estados Unidos, en materia comercial, en la OTAN y en otras instituciones internacionales.
Si un Gobierno tiene una determinada posición, debe defenderla en la OTAN o en la Unión Europea, no lanzar mensajes desde Madrid sin consensuarlos con los socios. Eso no funciona y crea malestar, no solo con Trump, sino también entre otros gobiernos europeos que observan con preocupación cómo España va por libre. Puede haber primeros ministros de acuerdo con esa línea y otros, sin duda, no lo están, pero el malestar existe por la actitud de anunciar posiciones fuera de los canales de consenso europeo.
Cuando hablamos de Irán o de otros conflictos, se dice a menudo que la Unión Europea no tiene una voz clara en política exterior. ¿Comparte ese diagnóstico?
Tenemos una alta representante, Kaja Kallas, que está haciendo su trabajo, y también una presidenta de la Comisión, Úrsula von der Leyen, muy visible en estos asuntos. El problema no es tanto la ausencia absoluta de voces como la propia naturaleza de la Unión Europea.
Como dijo Jean Monnet, Europa avanza a base de crisis. Ya pasó en materia monetaria y financiera tras la crisis de 2008, que reforzó la cohesión europea y el papel del Banco Central Europeo. En política exterior y defensa estamos ahora en una fase parecida: las crisis están demostrando la necesidad de avanzar, pero las soluciones no llegan de un día para otro.
"Veintisiete Estados miembros tienen su opinión y, a partir del equilibrio entre norte, sur, este y oeste, se construye una política exterior común"
Yo prefiero este sistema, que puede ser más lento, pero también más seguro y más democrático. Veintisiete Estados miembros tienen su opinión y, a partir del equilibrio entre norte, sur, este y oeste, se construye una política exterior común. Si pudiera hacerse más deprisa con fórmulas como la mayoría cualificada, mejor, pero eso deben decidirlo los Estados miembros.
En defensa, además, el salto ha sido enorme en muy pocos años. Antes ni siquiera existía una comisión de defensa en el Parlamento Europeo ni un comisario dedicado a esta materia. Hoy existen ambas cosas. Europa está avanzando hacia una mayor organización defensiva dentro de la OTAN y en línea con la llamada autonomía estratégica. No por la voluntad de una sola persona, sino porque los Estados han ido entendiendo que esa es la dirección necesaria.
Usted presidió la delegación para las relaciones con Israel en el Parlamento Europeo. Hoy continúa en ella como miembro. Le pregunto por la ley aprobada en la Knéset israelí que convierte la pena de muerte por ahorcamiento en la pena por defecto para palestinos condenados por "actos terroristas" que tengan la intención de "negar la existencia del Estado de Israel". ¿Qué posición cree que debería adoptar la Unión Europea? ¿Y qué piensa usted a título propio?
Yo conozco bien Israel y conviene recordar algo básico: Israel es un Estado democrático. Puede gustar o no gustar su primer ministro, igual que ocurre en otros países democráticos, pero hay que partir de ese hecho.
Dicho eso, si hablamos de pena de muerte, sea cual sea su modalidad, la posición europea está clara: nosotros no la compartimos. La Unión Europea no puede interferir directamente en la política interior de un país democrático, pero sí puede hacer resoluciones o declaraciones, y es lógico que lo haga si considera que corresponde.
"Si la Unión Europea se pronuncia sobre la pena de muerte en Israel, será coherente con su posición general. Lo importante es que lo haga con un criterio universal y no selectivo"
Mi única objeción es que esa sensibilidad se aplique con la misma intensidad en todos los casos. Me gustaría ver el mismo nivel de denuncia ante ejecuciones en China, Irán, Rusia o Venezuela. En estas cuestiones hay que ser ecuánimes y hablar con el mismo criterio de todos los países. Por tanto, si la Unión Europea se pronuncia sobre la pena de muerte en Israel, será coherente con su posición general. Lo importante es que lo haga con un criterio universal y no selectivo.
Para terminar: hasta ahora hemos tocado temas muy negativos, que desde luego no invitan al optimismo en casi ningún frente. ¿Ve algún motivo para un mensaje más esperanzador?
Es difícil competir con el ruido y con los titulares cada vez más absurdos que circulan por redes sociales. Sin embargo, desde la experiencia de alguien que lleva más de veinte años en política internacional, yo diría una cosa: no estamos ante el final del mundo.
Hace poco celebrábamos el 50 aniversario del Partido Popular Europeo y pensaba en todo lo que Europa ha atravesado desde los años setenta: crisis energéticas mucho más graves, inestabilidad social enorme, conflictos raciales, la Guerra Fría. Hemos pasado muchas crisis y esta también pasará.
"La UE tiene un sistema de bienestar extraordinario y debe aprender también a defenderlo frente a potencias que no admiten la democracia ni las libertades"
La Unión Europea ha demostrado que sabe fortalecerse en los momentos difíciles. Tiene un sistema de bienestar extraordinario y debe aprender también a defenderlo frente a potencias que no admiten la democracia ni las libertades. A este respecto, me preocupa mucho que la pregunta que más me hicieron en campaña del 2024 fuera si iba a haber una Tercera Guerra Mundial. Eso revela un problema serio de comunicación pública.
Yo no doy falsas esperanzas: claro que habrá crisis, como las ha habido siempre. Pero no va a haber una Tercera Guerra Mundial. No la hubo durante la Guerra Fría y no la habrá ahora. Al final se impone la razón humana.
Las crisis no siempre se cierran del todo y a veces reabren heridas. Hay un ejemplo claro y reciente en Irlanda del Norte, donde, tras el Brexit, han reflotado las tensiones históricas entre católicos y protestantes. Pero también ahí la Unión Europea ha jugado un papel decisivo con programas de acercamiento y estabilidad. Ese es un rol que Europa no debe abandonar. Ese sería mi mensaje más positivo: pese a todo, seguimos avanzando y Europa sigue siendo parte de la solución.
Muchas gracias.