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"Este acuerdo, especialmente en este momento de inestabilidad global y cambio en el orden económico internacional, tiene un valor estratégico primordial para Europa"La firma se produce tras más de veinticinco años de difíciles negociaciones y ocurre, no de forma casual, en un momento de tensiones proteccionistas y comerciales crecientes. De hecho, este acuerdo, especialmente en este momento de inestabilidad global y cambio en el orden económico internacional, tiene un valor estratégico primordial para Europa y para España. Y por ello, pese a las críticas puntuales en algunos países y sectores a las que hay que prestar atención, es un paso en la dirección correcta. Explicar esto requiere introducir en el debate un punto de vista más amplio que vaya más allá de las cifras y el contenido específico del acuerdo, que también son muy importantes. Ese es el objetivo de este artículo.
"Desde entonces, durante setenta años, la apertura ha sido un pilar fundamental del éxito económico y político europeo"Precisamente sobre esta evidencia —los beneficios netos del comercio y de la interdependencia económica— se basa, desde su inicio, el proyecto de integración europeo. Hasta el punto de que la integración económica y comercial —también a día de hoy— se conciben como instrumentos para garantizar la paz, la prosperidad y la estabilidad en Europa. Ya la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) de 1951 partía de la base de eliminar las barreras comerciales entre los Estados miembros en esos dos sectores, en el entendimiento de que ello resultaría en un suministro mayor y mejor para su industria, evitaría la competencia desleal y aseguraría precios estables. La creación de Euratom (la Comunidad Europea de la Energía Atómica) en 1957 buscaba garantizar un suministro energético entre los Estados miembros, cubriendo una carencia estructural de la Unión Europea (la energética) y facilitando inversiones en el ámbito nuclear. Por último, la creación de la Comunidad Económica Europea, por el Tratado de Roma, también en 1957, creó un mercado común generalizado, ya no sectorial, configurado como una unión aduanera con un arancel exterior común y libre circulación interior, en el que el comercio intracomunitario es el motor económico de la integración y el mecanismo principal de creación de riqueza compartida.
"El comercio en Europa no responde solamente a un origen histórico. Es también una necesidad económica: los saldos comerciales muestran que la UE es muy dependiente energéticamente del exterior"Pero el comercio en Europa no responde solamente a un origen histórico o a un convencimiento profundo. Es también una necesidad económica: los saldos comerciales muestran con claridad que la Unión Europea es muy dependiente energéticamente del exterior. Según estos datos, importa en torno al 60% de la energía que consume y estas importaciones representan entre el 11 y el 22% del total de sus importaciones, en función del precio del petróleo, el nivel de actividad y las tensiones geopolíticas. Para poder importar esta energía —y, cada vez más, materias primas críticas— Europa necesita exportar bienes y servicios competitivos. Ello requiere mantener mercados exteriores abiertos y diversificar lo más posible.
"Sectores como la automoción, la maquinaria industrial, la química, la farmacia o los servicios profesionales encontrarán mejores condiciones de acceso a un mercado grande y demográficamente dinámico"Desde una óptica más específica, el acuerdo eliminará progresivamente más del 90% de los aranceles entre ambas regiones. Para las empresas europeas, algo particularmente significativo para las pymes, esto se traduce en un ahorro sustancial de costes y, por tanto, en una mejora de la competitividad en la región frente a otros socios comerciales, principalmente Estados Unidos y China.

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