Martes, 28 de julio de 2026
'REALPOLITIK'

Von der Leyen, a tus zapatos

La aspiración de liderar el tablero global amenaza con fracturar las instituciones europeas. Emilio Ordiz, corresponsal en Bruselas, analiza cómo el polémico discurso de Úrsula von der Leyen, acusado internamente de alimentar "a los matones", evidencia un choque de liderazgos con Kaja Kallas y António Costa y fractura la cúpula del club comunitario.

Emilio Ordiz Emilio Ordiz 13 de marzo de 2026
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Úrsula von der Leyen (izquierda) junto a António Costa (centro) y Kaja Kallas (derecha). | Unión Europea (Consejo Europeo)
Úrsula von der Leyen (izquierda) junto a António Costa (centro) y Kaja Kallas (derecha). | Unión Europea (Consejo Europeo)
¿Tiene que ser la UE la guardiana del orden internacional basado en reglas? Sí. Y Úrsula von der Leyen opina lo mismo, aunque su discurso ante la Conferencia de Embajadores embarrase un poco el posible debate que hubiera a este respecto. "Siempre defenderemos y respaldaremos el sistema basado en normas que ayudamos a construir con nuestros aliados, pero ya no podemos confiar en él como la única manera de defender nuestros intereses ni asumir que sus reglas nos protegerán de las complejas amenazas a las que nos enfrentamos", dijo, en una serie de frases que desataron la polémica en Bruselas: "El viejo mundo ya no existe", añadió.

La Unión, según la presidenta de la Comisión Europea, ya no puede ser, por sí misma, la guardiana de ese mapa global estable; ha llegado la época —o regresado, mejor dicho— de las esferas de poder, y a Europa no le queda más remedio que adaptarse a ella. Eso es tan cierto como otras dos cosas: Von der Leyen arriesgó mucho con su mensaje, y al mismo tiempo la foto que dejan los últimos días es la de una UE que sigue sin liderazgos claros, algo que ya se vio, por ejemplo, durante la guerra en Gaza.

"El paso dado por Von der Leyen para enarbolar el discurso de la 'realpolitik' no es más que una manera de acumular poder"
Casi nadie discute que la Unión se tiene que volver más autónoma y, sobre todo, más ágil en la toma de decisiones, pero al mismo tiempo parece que se ha desviado el foco de lo que realmente está ocurriendo: en las instituciones comunitarias hay ahora mismo una lucha de egos. Por cafetero que suene, el paso dado por Von der Leyen para enarbolar el discurso de la
realpolitik no es más que una manera de acumular poder frente a la alta representante, Kaja Kallas, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, e incluso por delante de los líderes de los Veintisiete.

Literalmente, el artículo 17.1 del Tratado de la UE (TUE) establece que la Comisión "promoverá el interés general de la Unión y tomará las iniciativas adecuadas con este fin. Velará por que se apliquen los Tratados y las medidas adoptadas por las instituciones en virtud de éstos. Supervisará la aplicación del Derecho de la Unión bajo el control del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Ejecutará el presupuesto y gestionará los programas. Ejercerá asimismo funciones de coordinación, ejecución y gestión, de conformidad con las condiciones establecidas en los Tratados". Y entonces llega la parte clave: "Con excepción de la política exterior y de seguridad común y de los demás casos previstos por los Tratados, asumirá la representación exterior de la Unión"

Es decir, en términos estrictos, la presidenta del Ejecutivo comunitario no puede ocuparse de un liderazgo exterior que no le compete: opaca a la alta representante, que ha optado por tener un perfil más suave, dejando hacer y deshacer a los Estados miembros —que son los que sí tienen la competencia— y que prefiere no enfrascarse en buscar un consenso entre los gobiernos que desde el principio es imposible de encontrar. 

"Teresa Ribera también se 'plantó' ante su jefa y alertó de que su mensaje fue «muy peligroso» porque alimentó «a los matones», en referencia a Putin y al presidente Trump"
Tal es el cacao en el seno de la UE que la crisis de liderazgo es evidente: Von der Leyen quiere protagonismo, Kallas no tiene margen de maniobra y Costa ha chocado con la presidenta de la Comisión casi sin quererlo. "En tiempos como estos, los valores y la confianza son más importantes que nunca. Son la base de nuestra influencia y autoridad, y es lo que hace fuerte a nuestra Unión", avisó el presidente del Consejo Europeo, quien incidió además en que la UE tiene que defender el orden internacional frente a una realidad "en la que Rusia viola la paz, China altera el comercio y Estados Unidos desafía el orden internacional basado en normas". Además, recordó la "unidad" de Europa frente al órdago de Trump sobre Groenlandia como el ejemplo a seguir. En esa línea, la vicepresidenta de la Comisión Teresa Ribera también se plantó ante su jefa y alertó de que su mensaje fue "muy peligroso" porque alimentó "a los matones", en referencia a Putin y al presidente de Estados Unidos.


En ese intercambio de mensajes, Von der Leyen tuvo que recular, porque también se llevó el rapapolvo de Francia, cuyo Gobierno le acusó de excederse en sus competencias. "Nuestro compromiso inquebrantable por la paz, los principios de la Carta de Naciones Unidas y el derecho internacional son tan centrales hoy como lo fueron en nuestra creación. Siempre defenderemos estos principios", dijo días después de su polémico discurso; ante el Parlamento Europeo retornó a las bases del Tratado de la UE, aunque desde su equipo avisaron de que nunca hubo un patinazo, sino un malentendido. "Ver cómo está el mundo no reduce nuestra determinación para luchar por el mundo que queremos. La UE se fundó como un proyecto de paz", sentenció la germana, pero quizá tarde, porque el desorden en los liderazgos ya estaba ahí. De hecho, dio pinceladas de ello en las primeras horas de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, cuando tuvo una ronda de llamadas con los líderes de los países del Golfo sin que esa fuera, de nuevo, su competencia.

"Ese «no a la guerra» de Moncloa tiene mucho de política para consumo interno, pero también una buena parte de coherencia"
Y entre los jefes de Estado y de Gobierno, por otro lado, Sánchez enarbola una bandera que, cada uno a su forma, cada vez cogen más homólogos. Ese "no a la guerra" de Moncloa tiene mucho de política para consumo interno, pero también una buena parte de coherencia. A su lado, un Emmanuel Macron y un Keir Starmer que han abogado por participar en "acciones defensivas" junto a Estados Unidos sin que quede muy claro a qué se refieren; o un Friedrich Merz que justificó que Washington y Tel Aviv trabajan "a su manera" para días después aceptar que la ofensiva es contraria al derecho internacional. En realidad, todos están de acuerdo, pero los miedos o las incapacidades son malos amigos del lenguaje claro y conciso, que es lo que se necesita ahora mismo en la UE.


A la Unión no solo le falta acción; le faltan liderazgos. O al menos un orden en ellos. Dice el dicho que "zapatero a tus zapatos", pero ya no queda claro qué zapatos son los de Úrsula von der Leyen, porque se quiere poner los mismos que Kallas. Al final, la UE ha vuelto a encontrarse consigo misma y con sus competencias. Ella y sus circunstancias, esas que ahora mismo perjudican más que ayudan; enésimo ejemplo de por qué tiene que reformarse… y de verdad.
Emilio Ordiz
Emilio Ordiz
Corresponsal en Bruselas
Corresponsal en Bruselas del diario '20 minutos'. Especializado en democracia, integración europea y el estudio de los populismos en la UE.
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