Martes, 28 de julio de 2026
CONVERSACIONES

Stalin González, opositor venezolano: "Los sectores más extremos no están entendiendo el juego de esta transición"

Stalin González lo tiene claro: "Estamos en una transición". Desde Caracas, el político venezolano conversa con 'Agenda Pública' sobre el futuro inmediato del país, para el que desea un cambio que sea "responsable, estable" porque "tiene que garantizar la vida de la gente". El diputado a la Asamblea Nacional de Venezuela apunta a un correcto desempeño de la economía y a una reforma de instituciones clave como el Consejo Nacional Electoral para salvaguardar el futuro del país y emprender el camino hacia una democracia.

Jorge de Diego Hurtado Jorge de Diego Hurtado 31 de marzo de 2026
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Stalin González, diputado de la Asamblea Nacional venezolana. | Cortesía
Stalin González, diputado de la Asamblea Nacional venezolana. | Cortesía
El mundo entró en una nueva fase tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. Sin embargo, Venezuela, el centro de ese cambio, ha ido perdiendo peso en la agenda política a raíz de las nuevas intervenciones en Irán o las pretensiones de repetir un movimiento similar en Cuba. Aunque esa es solo la lectura exterior, porque en Caracas el juego no se ha detenido ni un solo instante. Stalin González, diputado del partido opositor al chavismo Un Nuevo Tiempo (UNT) es plenamente consciente de ello y lo ve con optimismo: "Estamos emprendiendo el camino de vuelta a la democracia", asegura. En ese camino, reconoce que EE. UU. tiene un peso importante y separa con claridad el perfil del presidente Trump del de su secretario de Estado, Marco Rubio, porque este último "tiene interés en el tema democrático venezolano".

Como parte de la oposición que reside en Venezuela, no tiene sintonía alguna con el chavismo, pero cree que otras oposiciones hacen un ruido poco beneficioso para el objetivo último de la democracia, porque "más que una persona, la pregunta es cuál es la política posible". Si bien está al tanto de la urgencia, ya que "también quisiera que esto cambiara mañana", no cree que la ruptura otorgue al país "la estabilidad que necesita una transformación de esta magnitud".

Podría decirse que González es un actor pragmático y, en cierto modo, privilegiado, porque participa de la política del país tanto o más que otros bloques contrarios al chavismo. Comparando lo que pueda surgir en Venezuela con los 'Pactos de Moncloa' españoles, piensa que el futuro del país pasa por una transformación económica en la que la reforma del petróleo puede ser clave. Asimismo, como no puede ser de otra forma, está al tanto de lo que sucede en el exterior, especialmente en Irán y Cuba, porque también son escenarios de mayor o menor relevancia para la República bolivariana.

 

Stalin González (camisa blanca, centro) durante un acto de su partido, UNT, en Venezuela. Foto: Redes sociales de Stalin González.


¿Cómo analiza la situación actual en Venezuela y, en particular, la relación con Estados Unidos?

La segunda parte es solo análisis, porque no tengo información directa. Recientemente, el viceministro de Relaciones para América del Norte y Europa, Oliver Blanco, ha publicado un vídeo junto a quien va a ser embajador en Estados Unidos, Plasencia, ya en Washington. Eso marca un cambio en la relación diplomática venezolana, porque desde finales de 2018 o comienzos de 2019 esas relaciones estaban rotas.

Hace más de un mes, Estados Unidos ya había nombrado a su encargada de negocios, a la jefa de misión, y eso no había sido recíproco en Washington. Me imagino que ahora empezará a fluir un poco más, porque también hay un entramado jurídico-político en torno a esas relaciones. Desde el desconocimiento que se le dio a Maduro y el reconocimiento de la Asamblea de 2015, los fondos y muchas otras cuestiones estaban congelados. Esto cambia porque le da a Delcy Rodríguez control sobre los activos de Venezuela en Estados Unidos y sobre las relaciones diplomáticas directas.

"La burocracia de Washington se está dando cuenta de toda la arquitectura de sanciones que construyó y de que necesita desmontarla"
Yo creería, aunque no lo he verificado, que es la primera vez que Estados Unidos entra en un país al que había sancionado sin que el régimen haya cambiado por completo. Y se está dando cuenta de las consecuencias administrativas de esas sanciones. Muchas de las cosas que quiere Estados Unidos por sus propios intereses —energéticos, migratorios y geopolíticos— exigen que las relaciones fluyan.


Al final, la venta de petróleo llega a una cuenta del Estado. PDVSA está sancionada: tienes que liberar esa sanción. Parte de los fondos son del Banco Central de Venezuela, y el Banco Central también está sancionado. La burocracia de Washington se está dando cuenta de toda la arquitectura de sanciones que construyó y de que necesita desmontarla con rapidez para garantizar sus intereses.

¿Hacia dónde cree que va Venezuela en términos democráticos? ¿Ve posible unas elecciones libres y justas?

Estamos emprendiendo el camino de vuelta a la democracia tal y como la conocemos en la Constitución. Ahora bien, pensar que vamos a ser una democracia totalmente occidental, como dicen los libros, todavía está lejos. Estamos en una transición.

Las transiciones solo se entienden de verdad con el paso de los años. Entre 1978 y 1982, quienes estaban construyendo la Transición española no sabían exactamente cuáles iban a ser sus consecuencias ni cómo iba a cerrarse todo. Hoy es fácil analizarla, pero vivirla no debió de ser tan sencillo.

"Estamos en ese proceso de construir una elección libre, una elección en la que todos reconozcamos los resultados, pero para eso hacen falta instituciones"
Aquí hay, primero, una transición dentro del chavismo, dentro del PSUV. También hay una transición dentro de la oposición. Durante mucho tiempo, la oposición había centrado sus decisiones fuera de Caracas, y hoy las decisiones políticas están en Caracas. Las decisiones diplomáticas y económicas del PSUV se vieron condicionadas por las sanciones y por los intereses de Estados Unidos, pero las decisiones políticas están en Caracas.


Estamos en ese proceso de construir una elección libre, una elección en la que todos reconozcamos los resultados, pero para eso hacen falta instituciones que nos den garantías a todos. Ese proceso necesita tiempo: no puede ser inmediato. Ahora hay una oportunidad con la Fiscalía y la Defensoría del Pueblo. Veremos cómo termina, pero es una oportunidad real. Ojalá el cambio comience con el menor trauma posible.

¿El menor trauma?

Han sido veintisiete años muy difíciles, y la última década ha sido la más dura por la situación económica y por la polarización política. Hay quienes creen que esto tiene que cambiar ya, y yo entiendo esa necesidad porque también quisiera que esto cambiara mañana. Sin embargo, cambiar mañana no garantiza la estabilidad que necesita una transformación de esta magnitud.

El cambio tiene que ser responsable, estable y tiene que garantizar la vida de la gente. No puede ser solo política. Una de las cosas que marca el 3 de enero, más allá de la opinión que uno pueda tener sobre la operación militar, es que la prioridad de la gente es mejorar su situación económica.

"Esa fricción permanente dejó en segundo plano otra cuestión central: este país tiene un problema económico serio"
Durante veintisiete años la discusión fue el cambio político: desde que Chávez llegó, la oposición ha intentado sacar al chavismo del poder y el chavismo ha intentado borrar a la oposición del mapa. Esa fricción permanente dejó en segundo plano otra cuestión central: este país tiene un problema económico serio. Hay que estabilizarlo, mejorar los ingresos, levantar la producción, decidir qué se va a hacer con esos ingresos, cómo se va a asegurar su transparencia, cómo van a mejorar los servicios públicos... Y, al mismo tiempo, ir construyendo la arquitectura institucional que permita un proceso electoral estable y confiable.

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La líder de referencia opositora al chavismo, María Corina Machado. | Juan Carlos Hernandez / Zuma Press / ContactoPhoto
¿Qué reformas concretas harían falta para avanzar hacia una democracia plena?

Es un cambio difícil porque el chavismo no creía en la democracia tal y como la dice nuestra Constitución. Intentó mutar hacia algo más autoritario, pero se encontró con un gran problema en el camino. El chavismo tiene hoy una discusión interna y está mutando. Esa discusión también le hace falta a la oposición: hacia dónde va y cómo va a construir esto.

A veces en el chavismo hay quienes creen que aquí no pasó nada y que pueden seguir haciendo las cosas igual, pero ese análisis también se da desde la oposición cuando actúan como si el 3 de enero no hubiese ocurrido. Este país cambió y está cambiando.

"La democracia no se defiende con actos antidemocráticos. La democracia se defiende aprovechando cualquier ventanita que haya para mantenerla abierta"
Por eso nosotros reivindicamos haber ido a la elección de la Asamblea en 2025. La democracia no se defiende con actos antidemocráticos. La democracia se defiende aprovechando cualquier ventanita que haya para mantenerla abierta. Para nosotros está claro lo que pasó el 28 de julio: el Consejo Nacional Electoral no anunció los resultados que salieron de las urnas, y la voluntad popular no quedó expresada en el resultado del CNE.


Había que denunciarlo, y lo denunciamos. Pero, cuando se abrió la oportunidad de la Asamblea, salirnos de ese escenario no tenía sentido. Nadie sabía lo que iba a pasar el 3 de enero. Yo veía muy difícil que Maduro llegara tranquilamente hasta el final del mandato porque había un problema de legitimidad real. El 3 de enero aceleró todo el proceso.

Hoy tenemos una bancada opositora pequeña, aunque está incidiendo en los cambios y tratando de empujar las instituciones hacia una democracia con separación de poderes, contrapesos y equilibrio. Aquí la oposición abandonó al Estado e intentó luchar contra él, pero el Estado, por más deslegitimado que esté el gobierno, sigue siendo el Estado. Y su poder es mucho mayor que el nuestro.

En un eventual proceso de apertura, ¿qué nombres ve para liderar el país? ¿Delcy Rodríguez, María Corina Machado, usted mismo?

Este es un proceso en construcción. No sé quién va a ser el liderazgo en el chavismo, aunque evidentemente Delcy Rodríguez tiene una ventaja porque hoy ocupa el puesto. Pero más que hablar de personas, hay que hablar de cuál es la política viable en la Venezuela de hoy.

Las aperturas las dirige quien está en el poder. Nuestro margen de incidencia consiste en hacer que esa apertura sea cada vez mayor e incluya a más gente. Da la impresión de que hoy están en el centro del juego quienes están en el medio, tanto dentro del chavismo como dentro de la oposición. Los extremos no están exactamente fuera, pero no están participando de forma plena porque sus posiciones no caben en el consenso que hace falta construir.

Más que una persona, la pregunta es cuál es la política posible. Lo que ocurrió cambió la política de este país. Se acortó el camino institucional y aparecieron actores que quizá no son los herederos naturales del chavismo, pero sí son los que hoy resultan políticamente viables. Y en la oposición ocurre algo parecido: empieza a abrirse paso la oposición que puede construir dentro de la Venezuela actual. Los dos sectores más extremos, de un lado y del otro, no están entendiendo el juego de esta transición. Y por eso están fuera.
 

Stalin González pasea con simpatizantes de su partido. Foto: Redes sociales de Stalin González.


Ha comparado el momento venezolano con otras transiciones, como la española. ¿Está planteando una transición "de la ley a la ley", sin ruptura total con el chavismo?

Las transiciones son procesos. En esos procesos, quienes están en el poder tienen que ser parte. Van abriendo poco a poco el camino hasta que se llega al cambio definitivo, con instituciones suficientes para elegir libremente.

Yo siempre digo que hay una parte de la oposición que esconde una ruptura detrás de la palabra transición. Lo que plantea en realidad es que el chavismo se vaya del poder y se lo entregue a la oposición. Eso no es una transición: eso es una ruptura. Y están en su derecho de defenderlo. La pregunta es si es viable.

Si uno mira otros casos, ve lo mismo. En Chile hubo acuerdos. En Sudáfrica, el acuerdo fue previo a la elección: antes se decidió cuál iba a ser el espacio político de quien perdiera. Eso mantuvo una continuidad institucional.

"Siempre que se necesita una transición, quienes detentan el poder tienen que ser parte. Pero parte es quien cree en el proceso"
Incluso en Venezuela, tras la caída de Pérez Jiménez en 1958, ¿quién dirigió el país durante un año? Los mismos militares de Pérez Jiménez. Ellos condujeron las instituciones, convocaron elecciones y permitieron el regreso de Betancourt, Caldera y Jóvito Villalba. No tumbaron a Pérez Jiménez para entregarle el poder directamente a Betancourt. Construyeron un proceso en el que participaron. 
Siempre que se necesita una transición, quienes detentan el poder tienen que ser parte. Pero parte es quien cree en el proceso. El que no cree en el proceso no forma parte de él.

En este proceso hay un factor diferencial: el peso de un actor externo, Estados Unidos. ¿Cree que Washington tiene verdadero interés en que Venezuela llegue a ser una democracia liberal?

El secretario de Estado, Marco Rubio, tiene interés en el tema democrático venezolano. Trump lo debe de tener también, pero Rubio lo tiene más. Es un hombre mucho más formado políticamente.

"El último paso institucional será la renovación del CNE, acompañada de una ley electoral. En cuanto eso ocurra, todo el mundo sabrá que viene una elección"
Trump es un empresario que usa la economía para cambiar la política. Rubio es un político formado en la política y que cree en la democracia como la entienden los estadounidenses. Nosotros no somos europeos, pero hablamos español y nuestras instituciones tienen mucho de España.


Considero que el secretario de Estado ve con más claridad la necesidad de avanzar hacia una democracia. Mi intuición es que eso está en la agenda, pero que saben que hablar públicamente de ello no ayuda, porque también necesitan estabilidad interna en Venezuela. El último paso institucional será la renovación del CNE, acompañada de una ley electoral. En cuanto eso ocurra, todo el mundo sabrá que viene una elección. Pero antes hace falta estabilidad, porque sin seguridad jurídica la economía no funciona. Y ese es uno de los grandes problemas de Venezuela.

Incluso países no democráticos, como China, ofrecen seguridad jurídica para los negocios. En Venezuela, el problema es precisamente ese: cómo construir seguridad jurídica. La justicia sirvió para perseguir a la disidencia, pero también se corrompió y dejó de poder ofrecer garantías a la inversión. El sistema judicial será clave tanto para el cambio político como para fortalecer las instituciones de cara a las inversiones.

A pesar de la situación inestable, se siguen aprobando normas y reformas en el país, como la de la Ley de Hidrocarburos. ¿Qué valoración hace? ¿La habría hecho de otro modo?

Siguiendo con la comparación, los pactos de la Moncloa tuvieron un gran capítulo económico. Una España muy deprimida necesitaba un gran acuerdo para salir adelante, y aquí pasa algo parecido.

El chavismo hizo reformas y cambios que alejaron totalmente la inversión. Primero, desmontó un paradigma económico que ya era muy problemático. La ley de hidrocarburos de 2006, que acabamos de reformar, creó parte del entramado que ha producido esta situación. PDVSA se convirtió en una estructura opaca, y Chávez la utilizó, junto con Rafael Ramírez, como un paraestado y como instrumento de un plan político, no para el desarrollo del país.

Yo sí habría querido que en la ley de hidrocarburos hubiese habido tiempo para discutir más cosas. Lo que hicimos fueron reformas puntuales para dar garantías a la participación privada. Sobre todo en el tema de las regalías, porque se dejó un margen de discrecionalidad muy grande: pueden ser de hasta el 30%, pero pueden ser menos. Y ahí la pregunta es quién decide cuándo se aplica una cifra y cuándo otra. ¿Por qué a uno le toca menos y a otro el 30%? Ese margen discrecional es un problema serio.

"Se ha abierto un espacio para dar un debate más profundo sobre la industria petrolera y sobre cómo aprovechar un recurso que quizá dentro de treinta o cuarenta años ya no será la fuente primaria de energía"
También hay una cuestión importante en relación con el arbitraje internacional. Parte de los problemas que tiene hoy Venezuela con activos, acreedores o controversias fuera del país viene de que nunca acudió al arbitraje internacional para resolver las expropiaciones hechas por Chávez entre 2008 y 2009. Hoy estamos pagando las consecuencias de aquello.


Dicho eso, se ha abierto un espacio para dar un debate más profundo sobre la industria petrolera y sobre cómo aprovechar un recurso que quizá dentro de treinta o cuarenta años ya no será la fuente primaria de energía. Seguiremos teniendo las reservas probadas más grandes del mundo, y la pregunta es qué vamos a hacer con ellas.

¿Cómo aprovechamos ese recurso? ¿Cómo aceleramos la explotación del gas? ¿Cómo hacemos que Venezuela dependa menos del petróleo? Esa discusión no se dio en medio de la reforma, pero hay que abrirla y mirar experiencias vecinas, no para copiarlas, sino para aprender.

Por ejemplo, Brasil: hace cinco años nadie hablaba de Brasil como gran productor de petróleo y hoy es el primero de América Latina, con 5,3 millones de barriles. Hay que entender el mercado, entender también el contexto geopolítico, y abrir ese debate con calma en las próximas semanas para decidir qué reformas hacen falta y cómo convertir ese recurso en calidad de vida para los venezolanos.

¿Cómo se ve desde Caracas el actual momento de Cuba, con más presión de Estados Unidos y con una relación distinta a la que tuvo históricamente con el chavismo?

Lo primero que hay que decir es que la relación de Venezuela con Cuba no empezó con Chávez. El chavismo la profundizó y la llevó a una lógica de hermandad mucho más fuerte, sí, pero Venezuela siempre ha tenido relación con Cuba. Fidel Castro estuvo, por ejemplo, en la toma de posesión de Carlos Andrés Pérez. Esa relación no es nueva.

En mi caso personal, siempre ha habido una cercanía con el pueblo cubano y una diferencia con el régimen cubano, por una cuestión democrática. Si usted cree que el socialismo es el mejor sistema del mundo, deje que la gente lo elija y lo decida. Convénzala con hechos y con su gobierno. El problema es que se instauró un régimen que coartó la libertad y que contó durante mucho tiempo con una solidaridad automática de sectores de izquierda que debieron haber ayudado a una evolución democrática.

"No puedo estar de acuerdo con la injerencia de otro país ni con que sea la gente la que pague las consecuencias. Igual que en Venezuela nunca estuvimos de acuerdo con las sanciones"
Ahora bien, yo no puedo estar de acuerdo con la injerencia de otro país ni con que sea la gente la que pague las consecuencias. Igual que en Venezuela nunca estuvimos de acuerdo con las sanciones, porque las sanciones no tumbaron al régimen, ni sacaron a Maduro del poder, y sí las pagaron los venezolanos. La situación económica venezolana se explica sobre todo por la gran corrupción de Chávez y Maduro, pero las sanciones tampoco ayudaron a salir del hoyo.


Con Cuba hay que pensar cómo ayudar a que el pueblo cubano no pague las consecuencias ni de su régimen ni de las decisiones de otros países, y cómo acompañar una transición democrática en la que la gente pueda decidir su destino. Ese debería ser el papel de la comunidad internacional.

En Caracas, sinceramente, no creo que la gente esté muy pendiente de Cuba. Estamos demasiado absorbidos por nuestra propia realidad: el oriente del país sin agua, Cumaná con treinta días sin agua por tubería, el sur y el occidente con cortes eléctricos diarios de cuatro y seis horas, una inflación que sigue avanzando y un diferencial cambiario enorme entre el dólar oficial y el mercado negro. Cualquier venezolano con el que usted hable va a empezar por la economía, porque todos esos anuncios sobre petróleo, oro o empresas petroleras no se traducen en dinero en el bolsillo.

Por eso, para el venezolano común, Cuba no está en el centro de la agenda. Probablemente está más pendiente de lo que pasa en Irán por su impacto en el precio del petróleo. Pero, como dirigentes y como personas, sí debemos estar pendientes de Cuba y de que los cubanos no paguen las consecuencias de las decisiones políticas, ni de las propias ni de las ajenas.

¿Ese escenario que plantea sería distinto con Chávez?

Sí, claro. Al chavismo se le olvidó que es chavista. Se le olvidó buena parte de esa lógica. Incluso si uno ve su postura sobre Irán, fue una postura muy centrada. En otros tiempos habría sido mucho más beligerante en su condena.

Las limitaciones actuales del ejercicio del poder hacen que ya ni siquiera puedan ayudar a Cuba como habrían intentado hacerlo en otros tiempos. México está tratando de cubrir más ese espacio.

Además, aquí se ha abierto incluso el debate sobre la amnistía y el gobierno empezó a presentarlo como si fuera un perdón. Y no, la amnistía no es eso. La amnistía implica que el Estado decida olvidar lo ocurrido y empezar de cero. Pero da la impresión de que el Gobierno sufre cierta amnesia selectiva con algunos temas.

Muchas gracias.
Jorge de Diego Hurtado
Jorge de Diego Hurtado
Redactor en 'Agenda Pública'
Politólogo y analista electoral. Cuenta con experiencia en consultoría en Bruselas y actualmente es redactor en 'Agenda Pública'. También es cofundador de 'El Tablero Político'.
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