El miércoles 21 de enero de 2026, el Parlamento Europeo votará una propuesta para solicitar un dictamen formal al Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Si una mayoría simple de los eurodiputados vota a favor de la resolución, el Parlamento Europeo no podrá dar su aprobación al acuerdo con Mercosur hasta que el Tribunal dé su respuesta, algo que puede tardar entre seis meses y dos años. Un nuevo retraso que llueve sobre mojado. El acuerdo político entre las dos regiones se firmó ya en 2019 y la previsión era que la UE lo ratificase para 2021.
En nuestro último estudio, estimamos el coste de este retraso en miles de millones de euros:
entre 2021 y 2025, la UE ha sacrificado 183.000 millones de euros en exportaciones y 291.000 millones de euros en producto interior bruto (PIB) como consecuencia de no haber ratificado el Acuerdo UE-Mercosur. Estas cifras representan
el valor actual neto de la actividad económica que se habría materializado si el acuerdo se hubiera aplicado según el calendario previsto originalmente en 2021.
"Cada mes de retraso del acuerdo UE-Mercosur durante 2026 supone 4.400 millones de euros de PIB no generado y 3.000 millones de euros en exportaciones perdidas"
Si la ratificación continúa aplazándose durante 2026, el coste acumulado seguirá creciendo. El total de exportaciones no realizadas alcanzaría los 216.000 millones de euros (ver figura 1), mientras que la pérdida de PIB ascendería a 344.000 millones de euros. Para ponerlo en perspectiva, la pérdida acumulada de exportaciones superaría el valor total del comercio anual de bienes entre la UE y Suiza, el cuarto socio comercial de la Unión. Cada mes de retraso durante 2026 supone 4.400 millones de euros de PIB no generado y 3.000 millones de euros en exportaciones perdidas.
La carga económica del retraso se concentra en los sectores en los que la UE mantiene una ventaja competitiva. La industria europea de la automoción es la más afectada, con un déficit de 94.000 millones de euros en exportaciones. Maquinaria y bienes de equipo constituyen la segunda categoría con mayores pérdidas, con 23.800 millones de euros, seguidos por la industria química, con 21.200 millones de euros; la producción de hierro y acero, con 12.600 millones; y la industria farmacéutica, con 11.500 millones de euros. Incluso la industria agroalimentaria, cuyo mayor proveedor es el sector primario europeo, ha perdido más de 10.000 millones en ventas no realizadas a los países del Mercosur porque el acuerdo todavía no se ha ratificado.
Los costes del retraso en la ratificación recaen sobre todos los Estados miembros de la UE (ver figura 2). Alemania ha registrado la mayor pérdida absoluta, con 71.000 millones de euros, equivalentes al 1,7 por ciento de su PIB, en un periodo en el que la economía se contrajo. Francia registró 38.000 millones de euros en exportaciones no realizadas (aproximadamente un año de crecimiento económico nominal), mientras que Italia perdió 29.000 millones de euros (alrededor de 1,6 años de crecimiento). España, Bélgica, Países Bajos, Suecia, Portugal y Austria también registran pérdidas significativas.
El coste de retrasar el acuerdo UE-Mercosur va más allá de la pérdida de ventas. Ante la incertidumbre normativa, las empresas europeas están desviando capital y estableciendo cadenas de suministro fuera de Mercosur, cediendo cuota de mercado a China y erosionando la influencia europea en la región. De esta manera, el retraso en la aprobación del acuerdo también socava la resiliencia económica de la UE. Además, la Comisión Europea calcula que, gracias al acuerdo, la Unión Europea podría amortiguar el impacto de la subida de
los aranceles estadounidenses reorientando las exportaciones europeas hacia el Mercosur.
Dicho cambio ascendería a cerca de 3.000 millones de euros, lo que supone un incremento del 6,2 % respecto a los beneficios base previstos en el acuerdo UE-Mercosur. Sin la ratificación del acuerdo, estos beneficios jamás llegarán a materializarse.
"El planteamiento político del retraso como una opción sin costes que permite una deliberación adicional es erróneo y contraproducente"
El coste de oportunidad de seguir retrasando el acuerdo supera con creces cualquier preocupación política pendiente. El planteamiento político del retraso como una opción sin costes que permite una deliberación adicional es erróneo y contraproducente. Los costes del aplazamiento son cuantificables y crecientes. Para los responsables políticos europeos, el imperativo es claro: la ratificación del acuerdo UE-Mercosur no es simplemente una decisión de política comercial, sino un paso esencial para reforzar el crecimiento económico, la competitividad y la resiliencia económica de Europa.
Óscar Guinea
Director en el Centro Europeo de Economía Política Internacional (ECIPE)
Especialista en comercio internacional, mercados digitales y política industrial, colabora habitualmente en debates sobre la política comercial de la UE y escribe una columna en 'El País' sobre economía y comercio. Antes de unirse a ECIPE en 2018, trabajó como asesor económico en el Gobierno de Escocia y en la Comisión Europea. Se formó en la Universidad Autónoma de Madrid, el Colegio de Europa y la Universidad de Sussex.