'Agenda Pública' en el Europarlamento: el análisis crítico de dos eurodiputados sobre la incertidumbre global
Los eurodiputados Antonio López-Istúriz (EPP) y Jonás Fernández (S&D) protagonizan la última conversación de 'Agenda Pública' desde Bruselas. El 2025 finaliza en un contexto comunitario marcado por una Comisión cuestionada, un Parlamento con mayorías de alianzas cambiantes y en un contexto geopolítico global más inestable. Ambos, pese a las diferencias, defienden la urgencia de mejorar nuestra competitividad y autonomía en materia de defensa, y analizan la reacción de las instituciones europeas a la presidencia de Donald Trump.
De izquierda a derecha: Antonio López-Istúriz (EPP), Marc López Plana ('Agenda Pública') y Jonás Fernández (S&D). | Agenda Pública / Bernal Revert
El Parlamento Europeo volvió a abrir sus puertas a Agenda Pública. Una conversación de Marc López Plana, director y editor de Agenda Pública, conAntonio López-Istúriz, del Partido Popular Europeo (EPP) y Jonás Fernández, de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (S&D). López-Istúriz alerta: "Von der Leyen y la Comisión se enfrentan a un Parlamento donde los extremos crecen". Mientras Jonás Fernández expresa su decepción con la Comisión en relación a los presupuestos europeos. "Genera poca ambición y refuerza mi sensación de un año decepcionante", reconoció.
Me gustaría que hicieran una primera valoración política de este año y, más concretamente, desde que se puso en marcha la segunda comisión Von der Leyen.
Jonás Fernández (J. F.): Esta legislatura comenzó con una promesa muy ambiciosa vinculada a los informes Draghi y Letta, que de alguna manera estructuraban una agenda de gobierno clara: la necesidad de relanzar la productividad europea situando el Mercado Único en el centro de esa promesa. En esos informes, casi todos los grupos políticos proeuropeos encontraban algo con lo que identificarse, aunque con distintos acentos en la necesidad de sacar adelante esa agenda para reanimar el crecimiento, mejorar la integración y fortalecer políticas sociales.
Sin embargo, los ámbitos que ambos informes señalaron sobre los que la Unión Europea debía acelerar la integración —económicos, defensa, política industrial y otros— hemos visto muy pocos avances y, en algunos casos, retrocesos claros, vinculados a una agenda de desregulación normativa que probablemente tendrá poco impacto en la mejora de la competitividad de la economía europea.
Antonio López-Istúriz (A. L. I.): Von der Leyen y la Comisión se enfrentan a un Parlamento donde los extremos crecen, y eso influye en el debate.
"Ahora queremos ponernos al día, pagar nuestra defensa y construir nuestra industria de defensa en pocos años, pero hace falta tiempo"
Jonás mencionaba que los avances en defensa han sido decepcionantes. Hay que recordar que en la legislatura anterior ni siquiera existía una comisión de defensa propiamente dicha. Hablar de defensa era, digamos, poco fashion. Ahora queremos ponernos al día, pagar nuestra defensa y construir nuestra industria de defensa en pocos años. Hace falta tiempo. Los planes estratégicos marcados por la Comisión se están empezando a realizar. Son cinco años para cambiar un modelo anterior basado en políticas climáticas hacia algo llamado competitividad.
Sin renunciar a los objetivos previos, hay que adaptar nuestra industria y crear puestos de trabajo.
Visto desde España, el PSOE y el PP son parte central de sus respectivos grupos parlamentarios europeos. ¿Qué pueden hacer estos dos grandes partidos españoles para que, a pesar de ese crecimiento de los extremos, siga habiendo una mayoría como la que había hasta ahora a nivel europeo?
J. F.: Me gustaría comentar algo sobre competitividad. Este mandato la ha situado como objetivo clave. Probablemente en España no se perciba del todo la necesidad de acelerar el crecimiento de la Unión Europea, porque los datos económicos son buenos. Pero si miramos a Alemania, Francia o Italia, Europa necesita crecer más.
Para eso, debemos identificar los cuellos de botella que impiden el crecimiento. Se considera que la normativa comunitaria es un obstáculo. Hemos recibido y seguiremos recibiendo propuestas ómnibus de la Comisión para racionalizar, simplificar y desregular la normativa comunitaria.
Pero, en otoño de 2024, el FMI estimaba que dentro de la propia UE existían unos aranceles implícitos del 40% para bienes y del 110% para servicios por el mero hecho de no haber completado nuestro Mercado Único. Son tan altos que me sorprende que no generen una insatisfacción general que motive a la Comisión a eliminarlos. En cambio, centramos el esfuerzo político en simplificar la normativa, lo cual es razonable, pero no enfrentamos el verdadero problema: el coste administrativo que frena el crecimiento europeo lo representan esos aranceles implícitos. Por eso este año ha sido decepcionante.
J. F.: En cuanto a los extremos en el Parlamento Europeo, representan un obstáculo para integrar mercados y acelerar la integración. La derecha más conservadora y la extrema, por ejemplo, representa en conjunto entre el 26 y 28% del Parlamento. A nuestra izquierda, los grupos radicales tienen un peso mucho menor. El problema es que un 30% del poder institucional está en manos de formaciones poco europeístas, lo que dificulta la creación de mayorías que resuelvan los problemas fundamentales.
A. L. I.: El aumento de los extremos no es solo a la derecha, sino también a la izquierda. Ambos se oponen sistemáticamente a todo. La estrategia no es aislarlos mediante cordones sanitarios, sino obligarlos a trabajar y consensuar. Cuando se les obliga, terminan diluyéndose. Este es un esfuerzo titánico que los partidos tradicionales debemos asumir.
La crisis de la Covid-19 y otras circunstancias han favorecido la aparición de partidos que prometen soluciones mágicas. Hay que respetar al votante, analizarlo y ofrecer políticas atractivas sin caer en los extremos.
Jonás Fernández (S&D) ve que los extremos en el Parlamento Europeo suponen un problema de mayorías. Foto: Agenda Pública / Bernal Revert
Hablemos de Trump. ¿Cómo han vivido su llegada en los ámbitos de la economía y la defensa?
J. F.: La transformación del subcomité a comisión de defensa no se debe principalmente a Trump, sino a la invasión de Putin en Ucrania. La amenaza sobre la seguridad europea impulsó la reflexión sobre políticas de defensa y defensa industrial. Pero es cierto que Trump fue un paso más, ya que su compromiso con la OTAN es tambaleante y sus declaraciones sobre Groenlandia generaron incertidumbre.
Estamos viendo incrementos de presupuestos en defensa que, aunque necesarios, no mejorarán la seguridad si no se hacen de manera conjunta. La europeización de la defensa avanza en el debate, pero no tanto en acción conjunta.
A. L. I.: En política internacional, lo mejor es ponerse en el lugar del otro. Si pensamos solo como europeos, nos equivocamos sobre Estados Unidos. Trump es anglosajón en su manera de negociar: llega a la mesa, pide mucho y se lleva la mitad de lo proyectado. Puede gustar o no, pero es efectivo. Europa, con Ursula von der Leyen, ha gestionado bien los aranceles a medio-largo plazo y ha ganado estabilidad.
Trump también ha logrado acuerdos históricos, como el reconocimiento de Israel por países árabes. Hay que estudiar bien al personaje: es más efectivo de lo que parece.
El Parlamento se queja de que la Comisión no lo tiene suficientemente en cuenta y tiende a un modelo más nacional que europeo. ¿En qué momento estamos de la negociación y cómo puede evolucionar?
J. F.: Veo una deseuropeización del presupuesto comunitario. La Comisión ha cedido bastante a los Estados y ha entregado cheques nacionales en vez de mantener criterios comunitarios claros. Esto genera poca ambición y refuerza mi sensación de un año decepcionante.
A. L. I.: El marco financiero de siete años da estabilidad, aunque la Comisión ha cedido bastante a los Estados. La discusión sobre quién tiene más poder, Bruselas o los países, continuará siempre.
Antonio López-Istúriz opta por ponerse en la piel del otro cuando se habla de política internacional. Foto: Agenda Pública / Bernal Revert
En este repaso del último año no podemos olvidarnos de Ucrania. ¿Cómo ven la situación?
J. F.:Trump prometió arreglar Ucrania en 72 horas y no lo logró. Europa debe incrementar su apoyo a Ucrania, porque no solo está en juego su integridad territorial, sino también la libertad de la Unión Europea. La amenaza de Putin requiere mantener el apoyo europeo, aunque echo de menos la presencia de Borrell en la acción exterior.
He comenzado la conversación pidiéndoles una valoración del horizonte de la comisión Von der Leyen 2.0. Para concluirla, les doy una pregunta parecida en este sentido: ¿Creen que ha disminuido el poder y la influencia de la alemana?
A. L. I.: El sistema se cargó un procedimiento que se llamaba Spitzenkandidaten, un mecanismo que introducimos los partidos políticos, los moderados, socialistas y populares, que era un intento de aproximar más la presidencia de la Comisión Europea a los ciudadanos, con la aspiración de que el día de mañana fuera un voto directo. Se trataba de que, por lo menos, el partido que ganará las elecciones decidiera la persona que ocuparía la presidencia de la Comisión. Entre diplomáticos, funcionarios y demás, de estos que no se presentan a elecciones, decidieron que no, que había que acabar con ese sistema, porque daba demasiada independencia y demasiado protagonismo al presidente de la Comisión. Esto es en parte lo que pasó con Jean-Claude Juncker, desde entonces les entró el miedo y cambiaron el sistema. Por lo tanto, no es una cuestión de Ursula von der Leyen —exclusivamente—.
¿No la ve usted, Antonio, menos visible políticamente hablando?
A. L. I.: No, yo la veo muy visible. Preguntas por la calle, todo el mundo sabe quién es, para bien o para mal. El problema es de efectividad, los poderes que se le han dado, que no tiene los mismos que tuvieron en su día Juncker. Eso fue una batalla que yo siempre he criticado públicamente, que el sistema esté tan mal valorado por la población europea, de los señores de negro, funcionarios aquí escondidos, que deciden las cosas en los pasillos en el Consejo Europeo a las seis de la mañana, ante el cansancio de políticos, hayan decidido ese cambio.
J. F.: Antonio tiene una gran parte de razón. Otro de los problemas que contribuye a una cierta desfiguración de la presidenta son los resultados electorales —tanto a nivel europeo como a nivel nacional—, donde en los últimos años estamos viendo cómo aquellas fuerzas que no creen en el proceso de construcción europea tienen el 20, el 25, el 30% de los votos.
"Los partidos radicales son una cuña lo suficientemente relevante como para dificultar una agenda de la Comisión más ambiciosa"
Por lo tanto, aunque obviamente no sean mayoritarios y estén lejos de serlo, son una cuña lo suficientemente relevante como para dificultar una agenda de la Comisión más ambiciosa y, en cambio, tenernos entretenidos en cosas, como decía al inicio, que yo creo que no resuelven los problemas en el ámbito económico. Lejos de ello, se impulsa una propuesta de presupuesto con poca ambición y con una deseuropeización de las políticas. Espero que el próximo año pueda tener una opinión distinta.
A. L. I.: Estamos en el inicio de la legislatura. Indudablemente, ahora empieza la presentación de proyectos, y veremos cuáles se cumplen. Esto es Europa, señoras y señores. Son veintisiete miembros y hay que respetar tanto la opinión de Malta como la de Alemania. Es un proceso lento, tedios —que nos exaspera incluso a los propios protagonistas—, pero indudablemente buscamos la seguridad para todos. 500 millones de ciudadanos europeos que no son todos iguales. Somos muy distintos en nuestras culturas, nuestras lenguas o nuestras políticas. En fin, y hay que tenerlos en cuenta todos. Si queremos que los finlandeses escuchen a los españoles, más vale que también nosotros los escuchemos. Dejémonos ya de estos vendedores de elixires milagrosos y profetas del Apocalipsis, que aparecen casualmente siempre en épocas de zozobra.
Capearemos la situación, la tenemos que capear, porque en otras ocasiones acabó con una guerra mundial. Esperemos que esta vez cada vez se impongan la lógica, la razón y el recuerdo histórico para acabar esto con negociaciones, así como con un deseo racional de la sociedad europea de tener gobiernos efectivos. Hay que cambiar el sistema, indudablemente. Después de la crisis económica, todos concordamos en que hace falta también revisar todo el sistema político actual, europeo, español y de todos los países. Pero no a costa de crear al final regímenes de una sola persona. Lo digo para los que se van con los chinos.
Muy bien, muchas gracias a los dos.
Marc López Plana hizo un repaso sideral de los principales puntos de la agenda europea. Foto: Agenda Pública / Bernal Revert