Martes, 28 de julio de 2026
MOMENTO AMÉRICA

La cara oculta de la migración en América del Norte: "Es de una crueldad injustificable"

En su nueva columna 'Momento América', el periodista y escritor Mauricio Hernández Cervantes cuenta, analiza y desmenuza en 'Agenda Pública' la fervorosa actualidad de y desde las Américas. Su visión híbrida, construida desde lo español y lo mexicano, ofrece una particular perspectiva sobre el devenir político, económico y social de un continente que no siempre se comprende con facilidad desde los ojos de Europa.

Mauricio Hernández Cervantes Mauricio Hernández Cervantes 24 de septiembre de 2025
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Cruces apiladas sobre el muro en la frontera entre Estados Unidos y México. | Unsplash / Dave Parizek
Cruces apiladas sobre el muro en la frontera entre Estados Unidos y México. | Unsplash / Dave Parizek
Quizá, la frase que mejor define a lo anacrónico de la vida en muchas de las localidades limítrofes del mundo es aquella de Sergio del Molino que dice: "Las fronteras no son líneas, son heridas". Muchos trazos en el mapa geopolítico, literalmente, duelen. A simple vista, uno cree que el devenir de la vida en los pueblos divididos por patrias y banderas es una constante contradicción, pero lo cierto es que ese híbrido entre la herida y la frontera es lo que define esas identidades.
 
No son pocos los puntos fronterizos que ponen en serio cuestionamiento conceptos tan vapuleados hoy en día como la cooperación, el papel del Estado hacia la protección de los derechos más elementales, o, incluso, la democracia misma. Una de las fronteras más bucólicas y punzantes, sin duda alguna, es la que secciona a Estados Unidos de México. Y es que a lo largo de los más de 3.000 kilómetros de la frontera que divide a esos dos mundos tan dispares como dependientes, la vida puede alcanzar el grado de lo indigerible.
 
"En los últimos cuarenta años, la política migratoria ha definido la agenda bilateral de Estados Unidos y México, llegando esta a ser utilizada como herramienta política"
A lo largo de los últimos cuarenta años, en no pocas ocasiones, la migración ha definido la agenda bilateral de ambos países. Ha sido, incluso, utilizada como una herramienta política. Y las cifras —de cruces legales e ilegales, de muertos, de deportaciones, de desaparecidas— siempre resultan demenciales. Sin embargo, como lo decía el reconocido periodista argentino, Tomás Eloy Martínez: "las cifras impactan, pero no conmueven", es decir, lo primordial no radica en los números, sino en las desgarradoras historias transfronterizas que dibujan el mapa más allá de la geopolítica.

 
Al respecto, Agenda Pública charla con Ángel Kuri, un antiguo director del antiguo Programa de Repatriación Humana de la máxima institución de México encargada de las cuestiones migratorias. Además de su dilatada experiencia profesional, él, la migración, la lleva en la sangre: por el lado paterno —cuyo antiguo apellido era Abdelnour—, desciende de libaneses católicos, y por el materno, de asturianos que también se lanzaron al mar en busca del sueño americano. Hay vueltas en la vida que son imposibles de sortear.

El programa que dirigió llevaba lo humano en el título, no porque trataran con personas, sino porque su objetivo era darle un trato digno a los recién deportados desde Estados Unidos. "Lo de los viajes carrusel era, y sigue siendo, indignante. Si detenían a una persona en situación irregular, digamos, en Chicago, lo subían a un autobús y lo llevaban por todas las ciudades posibles recorriendo el país y recogiendo a otros detenidos para finalmente soltarlos en la frontera. La gente llega a los puntos migratorios hiperdeshidratada, muchos están lesionados, agotados o deprimidos. Algunos, ni siquiera sabe en dónde están", cuenta.

"El trabajo de este exfuncionario comenzó por regular los horarios de entrega en los puntos fronterizos para que los recién llegados no terminaran durmiendo en las calles, o debajo de algún puente"
Pero, y ¿qué hace una persona que se fue, por decir algo, hace diez años de México, y resulta que ahora es deportada? Al respecto, Kuri es lapidario: "son mexicanos deportados que no quieren estar en México". El complejo trabajo de este exfuncionario comenzó por regular los horarios de entrega en los puntos fronterizos para que los recién llegados no terminaran durmiendo en las calles, o debajo de algún puente, y en condiciones infrahumanas. También, coordinó al equipo encargado de proporcionarle a los recién llegados una revisión médica, además de tramitarles algún tipo de documento de identidad. "Pero, ¿cómo sabes quiénes son, en realidad, si no llevan papel alguno encima?", revela, y añade que el programa de reinserción laboral nunca terminó de funcionar, pues, lo dicho, "son mexicanos que no quieren estar en su país. Son capaces de trabajar temporalmente en lo que sea para juntar dinero y volver a emprender su viaje hacia el norte".

 

La clave de la complejidad: México es un país de expulsión, tránsito, y recepción.

Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, y la instauración de su feroz política de expulsiones masivas, en lo que va del año han sido deportadas 107.000 personas (de todas las nacionalidades). Son números cortos para su ambicioso objetivo: deportar a un millón de personas en sólo un año —durante su gestión pasada, en los cuatro años expulsó a un millón y medio—.
 
De todas esas personas que han sido deportadas desde enero, casi el 50% son mexicanas. Pero a los puntos fronterizos también llegan venezolanos, hondureños, salvadoreños y guatemaltecos; la mayoría de ellos, sin identificación. Muchos, por supuesto, han sido separados de sus familias. 

"A pesar de las peticiones para mantener los núcleos familiares, hasta cuatro millones de estas familias podrían deshacerse si los planes de la Administración siguen esta línea"
De acuerdo con la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), pese a las peticiones de que no se separen núcleos familiares, los ICE (los agentes del servicio de inmigración encargados de la detención y deportación de personas en situación irregular) sigue haciéndolo, y, según datos del Consejo Estadounidense de Inmigración (The American Inmigration Council), hasta cuatro millones de familias podrían quedar rotas bajo esta Administración.


"Es una realidad muy cruda. Y el hecho de que los niños se tengan que quedar en Estados Unidos sin sus padres, bajo la custodia de los servicios sociales, solo porque nacieron en ese país, es de una crueldad injustificable", sentencia Kuri. No obstante, el tema migratorio y el fronterizo, visto desde México, es particularmente espinoso, ya que como lo señala el exfuncionario, "México es un país de expulsión, de tránsito y de recepción de migrantes. Eso cambia mucho las narrativas y lo hace sumamente complejo".

Si eso es así, desde el punto de vista local, entonces ¿cómo es desde Estados Unidos? Para él, que recorrió no solo la frontera, sino que también fue testigo de las condiciones en los centros de detención estadounidenses, la política migratoria en el país vecino del norte aún tiene muchas áreas mejorables. Y no le tiembla la voz al sentenciar que "son auténticas perreras a lo que ellos llaman centros de detención". Según Kuri, en esos lugares "tienen a los detenidos en condiciones inaceptables y les dan un trato indigno".

"La frontera sur de México también es complicada: migrantes centroamericanas toman pastillas anticonceptivas desde meses antes de iniciar su viaje hacia Estados Unidos porque saben que serán violadas"
En cuanto a la frontera sur, advierte que "eso es mucho peor". Allí, relata, "en la frontera con Guatemala, rescatamos a una niña de once años a la que recién habían violado". Explica que muchas migrantes centroamericanas, en su mayoría menores de edad, toman pastillas anticonceptivas desde meses antes de emprender su viaje hacia Estados Unidos porque saben que serán violadas o que sus cuerpos terminarán como moneda de cambio para que el resto del grupo continúe su camino.


México se desangra tanto por el norte como por el sur. Y en esas historias, las palabras de Tomás Eloy Martínez cobran tanta vida y tanta vigencia. En esas dos "grietas" punzantes de América del Norte, la realidad no la definen solo los números, sino las lacerantes historias de la gente que se mueve, se queda, se muere y se va.
Mauricio Hernández Cervantes
Mauricio Hernández Cervantes
Periodista y escritor
Es autor del libro 'El silencio del diente que quiso ser una flor. Textos de un periodista mexicano en España: un país donde el pasado (siempre) es un tema de actualidad'. Actualmente, escribe en la sección internacional de 'El Confidencial' y en la revista 'ETHIC'. Ha colaborado en medios como 'El Mundo', 'La Vanguardia', 'La Voz de Asturias' o el diario mexicano 'Reforma'.
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