

"Las normas importan. Mucho. Funcionan mejor, además, cuando detrás hay poder suficiente para respaldarlas y hacer pagar su violación"Conviene empezar por una idea sencilla que en Europa a menudo se olvida. Los órdenes internacionales están lejos de ser catálogos de principios o sistemas que perviven por la mera fuerza de la legalidad. Son, antes que nada, órdenes: arreglos políticos relativamente estables apoyados en una determinada distribución de poder, en instituciones que cristalizan esa correlación de fuerzas y en actores capaces de arbitrar disputas, imponer costes y contener revisiones violentas del statu quo. Las normas importan. Mucho. Funcionan mejor, además, cuando detrás hay poder suficiente para respaldarlas y hacer pagar su violación. El derecho internacional resulta más persuasivo cuando no depende solo de las palabras.
"La UE puede financiar, coordinar e incentivar la consolidación de un mercado común. No puede decidir quién combate, quién manda ni quién asume el coste político y estratégico del uso de la fuerza"Por eso conviene no dejarse impresionar por la retórica bruselense. ReArm Europe/Readiness 2030 no convierten a la UE en una potencia militar. Pueden movilizar recursos, flexibilizar la inversión, impulsar compras conjuntas, reforzar la movilidad o apuntalar la base tecnológico-industrial de la defensa europea. Todo eso importa, aunque no resuelve la cuestión central. La defensa sigue siendo un ámbito intergubernamental y, por tanto, continúa en manos de los Estados. La UE puede financiar, coordinar e incentivar la consolidación de un mercado común. No puede decidir quién combate, quién manda ni quién asume el coste político y estratégico del uso de la fuerza.
"El verdadero problema europeo es que quiere seguir hablando como una potencia normativa en un mundo en el que las normas sobreviven mejor cuando están respaldadas por fuerza. Y esa fuerza la UE no la tiene"Aquí reaparece la discusión entre Costa y Von der Leyen bajo otra perspectiva. Costa acierta al recordar que, sin normas, sin Carta de las Naciones Unidas y sin derecho internacional, no hay orden, sino pura competencia. Von der Leyen también acierta al sugerir que ese lenguaje ya no basta para proteger a Europa en un entorno más hostil. El error consiste en presentar ambas intuiciones como si fueran incompatibles. No tienen por qué serlo. El verdadero problema europeo es que quiere seguir hablando como una potencia normativa en un mundo en el que las normas sobreviven mejor cuando están respaldadas por fuerza. Y esa fuerza la UE no la tiene. Todavía no. Quizá ni siquiera haya decidido de verdad si quiere tenerla.
.png)
Recibe nuestro análisis diario en tu correo
Recibe una alerta diaria en tu teléfono