Martes, 28 de julio de 2026
LA BRÚJULA EUROPEA DE LÓPEZ PLANA

El pulso español: ¿apostará Pedro Sánchez por una moción de censura contra Von der Leyen?

La Unión Europea atraviesa una profunda crisis de identidad al ver amenazado el "orden global basado en reglas" por sus propios aliados. El director y editor de 'Agenda Pública', Marc López Plana, advierte de que la sumisión a Washington debilita al continente como "potencia normativa". Ante el discurso pronunciado ayer por Úrsula von der Leyen, en el que se renuncia a parte de ese mundo basado en reglas, el peso de los veinte eurodiputados socialdemócratas españoles emerge como un contrapeso a la Comisión Europea.

Marc López Plana Marc López Plana 10 de marzo de 2026
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La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, durante su discurso en la Conferencia de Embajadores del día 9 de marzo. | Servicio audiovisual de la Comisión Europea / Aurore Martignoni
La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, durante su discurso en la Conferencia de Embajadores del día 9 de marzo. | Servicio audiovisual de la Comisión Europea / Aurore Martignoni
Prácticamente desde su fundación, la Unión Europea se definió a sí misma como una potencia normativa. Su influencia internacional no se apoya tanto en divisiones militares o capacidad coercitiva. Se sostiene a través de la defensa del derecho internacional, el multilateralismo y un orden global basado en reglas. Ese relato ha sido durante mucho tiempo una fuente de legitimidad y también una forma de poder.

Hoy, esa visión atraviesa una crisis muy importante.

"La actual intervención militar de Estados Unidos contra Irán, impulsada por la Administración de Donald Trump, ha reabierto el debate sobre los límites del derecho internacional"
El discurso de Úrsula von der Leyen ante los embajadores de la Unión Europea el pasado lunes pretendía transmitir firmeza estratégica en un momento de turbulencia internacional. El mensaje central era claro: el mundo está entrando en una nueva fase de rivalidad geopolítica y el sistema basado en reglas se encuentra bajo presión. La invasión rusa de Ucrania, la escalada en Oriente Medio y la competencia creciente entre potencias ilustrarían, según esta narrativa, el debilitamiento del orden internacional.


La tesis es correcta, pero incompleta. Porque el problema va más allá de que otros estén erosionando ese orden. Ahora, sus propios aliados contribuyen a hacerlo.

La actual intervención militar de Estados Unidos contra Irán, impulsada por la Administración de Donald Trump, ha reabierto el debate sobre los límites del derecho internacional. La cuestión es jurídica, pero también política: ¿puede Europa seguir defendiendo un sistema de reglas mientras su principal garante histórico las interpreta según intereses inmediatos?

Para la UE, este dilema es particularmente agudo. Su identidad internacional se ha construido precisamente sobre la defensa de esas normas. Pero cuando Washington actúa fuera de ese marco, Europa se enfrenta a un problema estratégico que no puede resolver únicamente con declaraciones.

Autonomía estratégica: discurso y realidad

El discurso de Von der Leyen sugiere que Europa está reaccionando, reforzando su autonomía estratégica: más defensa europea, apuesta por la seguridad económica y una política exterior más asertiva. Sin embargo, la lectura de los insiders de la burbuja bruselense apunta al temor a perder la relación con Estados Unidos, especialmente en Berlín.

"La imprevisibilidad de Washington refuerza la presión alemana para mantener el alineamiento, incluso mientras Europa habla de autonomía estratégica"
Alemania ha basado su modelo económico y estratégico en una doble dependencia: acceso a mercados globales abiertos y protección militar estadounidense a través de la OTAN. La guerra en Ucrania y la crisis energética con Rusia demostraron la fragilidad de ese modelo. Ahora, la imprevisibilidad de Washington refuerza la presión alemana para mantener el alineamiento, incluso mientras Europa habla de autonomía estratégica.


La postura del líder conservador alemán Friedrich Merz refleja bien esa tensión: apoya un mayor protagonismo europeo en defensa y política exterior, pero insiste en que la relación transatlántica sigue siendo el pilar central de la seguridad europea.

En la práctica, la autonomía estratégica se está convirtiendo en algo más modesto; se trata de una especie de estrategia para reducir riesgos sin desafiar la primacía estadounidense.

El problema es que esa ambivalencia puede acabar siendo insostenible. La lógica de la política de poder no deja mucho espacio para equilibrios ambiguos. Si Washington actúa cada vez más según intereses nacionales inmediatos, la presión sobre Europa para alinearse será creciente. Y cuanto más dependa Europa del paraguas estadounidense, menor será su capacidad para defender de forma creíble el orden internacional basado en reglas.

España desalineada… pero clave

En este contexto, la posición de España aparece particularmente desalineada. El Gobierno de Pedro Sánchez ha insistido en la importancia del derecho internacional y ha mostrado su opinión contraria ante la intervención en Irán. Esta postura choca en parte con la línea más alineada con Washington que parece adoptar la Comisión bajo el liderazgo de Von der Leyen.

Pero esta desalineación también abre una posibilidad estratégica. España puede desempeñar un papel decisivo, no tanto en el plano geopolítico como en el equilibrio institucional dentro de la propia Unión Europea.

La Comisión presidida por Von der Leyen es apoyada en el Parlamento Europeo por una mayoría formada por socialistas, populares, liberales y verdes. Esa mayoría constituye el núcleo político del proyecto europeo en esta legislatura.

"El poder de España no radica en su capacidad militar ni en su peso económico relativo, sino en su posición parlamentaria dentro de la Unión"
Sin embargo, esa arquitectura no es tan sólida como a menudo se supone. Los socialistas españoles representan uno de los bloques más importantes dentro del grupo socialdemócrata europeo con veinte asientos. Sin su respaldo, la estabilidad de esa mayoría se debilita considerablemente. En ese sentido, el poder de España no radica en su capacidad militar ni en su peso económico relativo, sino en su posición parlamentaria dentro de la Unión.


Esto convierte a Sánchez en algo así como un bróker político en Bruselas: un actor capaz de condicionar la estabilidad de la Comisión y el funcionamiento de la mayoría proeuropea tradicional.

El bróker europeo

El concepto de bróker implica la capacidad de hacer posibles o imposibles determinadas mayorías. En la práctica, eso significa que la Comisión no puede ignorar las posiciones españolas sin asumir un riesgo político importante.

Si el apoyo de los socialistas españoles se debilitara, Von der Leyen tendría que buscar apoyos alternativos para consolidar determinadas iniciativas. Y en el actual Parlamento Europeo estos apoyos solo podrían encontrarse, principalmente, en las fuerzas de la derecha radical.

Ese escenario alteraría enormemente el equilibrio político de la Unión.

No solo desplazaría el centro de gravedad de la Comisión hacia posiciones más radicales, sino que también erosionaría la legitimidad de la mayoría proeuropea que ha hecho posible el funcionamiento de la UE en los últimos años.

Por eso el papel de España es tan relevante. Su capacidad de influir en la estabilidad parlamentaria de la Comisión hace que Madrid gane un peso a nivel institucional que muchas veces se pasa por alto.

¿Moción de censura?

La consecuencia lógica de este equilibrio parlamentario plantea una pregunta clara: ¿hasta qué punto puede mantenerse la actual mayoría si la Comisión se aleja de una parte relevante de quienes la sustentan?

El Parlamento Europeo dispone de un instrumento pensado para responder a esa situación: la moción de censura contra la Comisión.

Es un mecanismo excepcional. De hecho, en la historia de la integración europea solo ha tenido un precedente efectivo, cuando la Comisión presidida por Jacques Santer dimitió en 1999 ante la perspectiva de una censura parlamentaria.

"Si la Comisión de Von der Leyen se aleja de la mayoría que la apoya —por ejemplo, en cuestiones sensibles como el derecho internacional o la política exterior— esa mayoría podría replantearse qué hacer"
Pero su existencia recuerda una realidad institucional fundamental: la Comisión depende políticamente del Parlamento. En el contexto actual, esa dependencia adquiere una dimensión especial. Si la Comisión de Von der Leyen se aleja de la mayoría que la apoya —por ejemplo, en cuestiones sensibles como el derecho internacional o la política exterior— esa mayoría podría replantearse qué hacer.


La alternativa para la alemana sería buscar respaldos en fuerzas situadas fuera de la coalición proeuropea tradicional. Pero ese movimiento transformaría por completo la naturaleza política de la Comisión.

En ese escenario, el poder de negociación de Sánchez se transforma. Ya no se trataría simplemente de influir en determinadas decisiones, sino de recordar que la estabilidad de la Comisión depende de la mayoría parlamentaria que la defiende. Plantear una moción de censura no implicaría necesariamente derribar la Comisión. En la política parlamentaria europea, la mera posibilidad de utilizar ese instrumento suele ser suficiente para reequilibrar las relaciones de poder.

Asimismo, enviaría un mensaje claro: si la Comisión quiere seguir gobernando con la mayoría proeuropea tradicional —socialistas, populares, liberales y verdes—, deberá tener en cuenta que esa mayoría no es automática ni gratuita.

Europa se encuentra hoy atrapada entre dos fuerzas. Por un lado, la política de poder internacional, donde las grandes potencias priorizan la seguridad y los intereses estratégicos inmediatos. Por otro, la defensa del orden internacional basado en reglas que ha definido durante décadas la identidad europea.

"Su margen de maniobra depende también del equilibrio político dentro del Parlamento Europeo. Y en ese equilibrio, España ocupa una posición singular"
La Comisión de Von der Leyen intenta navegar entre ambas lógicas. Pero su margen de maniobra depende también del equilibrio político dentro del Parlamento Europeo. 
Y en ese equilibrio, España ocupa una posición singular. El apoyo de los socialistas españoles puede determinar si la Comisión continúa gobernando apoyada en la mayoría proeuropea tradicional o si, por el contrario, se ve obligada a buscar apoyos alternativos que alterarían profundamente el equilibrio político de la Unión.

En un mundo donde el derecho internacional se debilita y la política de poder vuelve a dominar la escena global, ese poder parlamentario puede parecer discreto. Pero en Bruselas, donde las mayorías son frágiles y los equilibrios delicados, puede resultar decisivo.

Porque, llegado el momento, quienes sostienen una mayoría también pueden retirarla. Y recordar así que el poder europeo no se ejerce solo desde el Berlaymont, sede de la Comisión, sino también desde el Parlamento que la legitima.
Marc López Plana
Marc López Plana
Editor y director de 'Agenda Pública'
Participación