Paraguay acogerá hoy un momento histórico en todos los sentidos. Tras más de veinticinco años de negociaciones intermitentes, la Unión Europea firmará su acuerdo de libre comercio con el bloque del Mercosur, compuesto por Uruguay, Paraguay, Argentina, Brasil y, próximamente, Bolivia.
El exministro de Exteriores de Uruguay e investigador principal del Real Instituto Elcano Ernesto Talvi celebra que el acuerdo UE-Mercosur vaya a llegar: "Este acuerdo ha costado bodas de plata y, sin embargo, tiene un potencial tan extraordinario que habrá valido la pena", sostiene en una entrevista con Agenda Pública.
Talvi repasa los pasos finales de la puesta en marcha del tratado, para la cual queda una votación clave en el Parlamento Europeo, pero "lo previsible es que el acuerdo salga", aunque advierte que tocará "vivir otra etapa delicada del proceso".
Tras explicar que comprende las razones por las cuales hay sectores rurales muy preocupados por firmar acuerdos comerciales con Mercosur, considera que "cuando el acuerdo esté vigente nos vamos a dar cuenta de que los temores en buena medida estaban injustificados". En este sentido, el investigador uruguayo recuerda que "se han tomado todos los recaudos, incluyendo medidas sanitarias y fitosanitarias con estándares europeos". Si los productos agrícolas importados a Europa no cumplen con ellos "no van a poder entrar", asegura.
Finalmente, en una valoración geopolítica analiza los tres modelos económicos ofrecidos a América Latina: el estadounidense, el chino y el de la Unión Europea, y concluye que "no hay ningún socio en el mundo más afín, más complementario y más confiable que América Latina para la Unión Europea".
Ernesto Talvi fue canciller uruguayo en el año 2020. Foto: Foro Económico Mundial / Benedikt von Loebell
¿Qué gana España con este acuerdo? ¿Qué incentivos ve y cómo de importante es?
Para España este acuerdo representa un extraordinario reposicionamiento, diría estratégico. Siendo el principal inversor en América Latina y con los lazos extraordinariamente cercanos que tiene y las redes de conexión y de conocimiento de la región, esto le abre la puerta a un rol de liderazgo muy grande en lo que puede ser una nueva ola de inversiones, ahora en sectores quizás distintos, que es la primera ola de los noventa, inversiones europeas en América Latina, en cadenas de producción limpias, vehículos eléctricos, baterías eléctricas renovables, procesamiento y extracción de minerales estratégicos para la transición verde y digital, infraestructura de inteligencia artificial, en fin.
Se abren extraordinarias oportunidades para las empresas españolas, sin perjuicio de las oportunidades que se abren en el comercio para toda la cadena agroalimentaria, para la industria de maquinaria industrial sofisticada, para la industria farmacéutica, en fin. Hay grandes oportunidades que se abren.
Tras la firma queda un último paso, el Parlamento Europeo. ¿Ve posibilidad de bloqueo? ¿Cómo se van a repartir los equilibrios allí?
Si uno lo mira estrictamente por partidos, el Partido Popular Europeo, las socialdemócratas y los liberales están todos a favor del acuerdo. El tema es que va a haber algunas deserciones en esa disciplina, llamémosle partidaria, que puede tener un origen geográfico.
"Cuando se terminen por hacer y deshacer todas las cuentas, lo previsible es que el acuerdo salga, si bien vamos a vivir otra etapa delicada del proceso"
Dicho de otra manera, es probable que eurodiputados de los partidos que apoyan el acuerdo, pero que sean franceses, acaben oponiéndose. Y algunos que puedan desertar por razones que tienen que ver con sus distritos electorales, en donde quizás los intereses agropecuarios juegan un rol importante y es donde hay focos de resistencia bastante relevantes al acuerdo. Entonces, eso genera una dinámica un poquito más compleja que la mera suma de votos por partidos que apoyan o no apoyan el acuerdo. Pero cuando se terminen por hacer y deshacer todas las cuentas, lo previsible es que el acuerdo salga, si bien vamos a vivir otra etapa delicada del proceso.
Esto parece que no acaba nunca…
Bueno, todo lo que cuesta vale, y este acuerdo ha costado bodas de plata y, sin embargo, tiene un potencial tan extraordinario que habrá valido la pena.
En Europa el sector agrícola y ganadero es el más crítico. ¿Hasta qué punto tienen su parte de razón? ¿Tienen motivos para estar preocupados?
El derecho a estar preocupados y la defensa de sus intereses es algo perfectamente legítimo. Más aún cuando, en el caso de productores más pequeños, hay una dimensión que tiene que ver con el tejido social y no hablamos solo de economía. La población de base rural y la que se organiza alrededor de esa ruralidad, que son los pueblos pequeños, es una base social muy importante para países como Francia o España. Entonces, por supuesto que es legítimo.
También son legítimas las preocupaciones que se han contemplado de manera decisiva en los acuerdos, no solo porque para los productos sensibles hay periodos muy largos de desgravación arancelaria —de liberalización—, sino que además durante ese proceso hay cuotas de importación. Es decir, que solamente van a poder entrar cuotas muy limitadas de productos y el resto va a tener que entrar sin preferencias arancelarias.
"Se han tomado todos los recaudos, incluyendo medidas sanitarias y fitosanitarias con estándares europeos: si los productos no van a poder entrar si no las cumplen"
Se han incorporado en el acuerdo y complementado por parte de la Comisión y el Parlamento Europeo cláusulas de salvaguarda en el caso de que se produzcan caídas precipitadas de precios o aumentos traumáticos de importaciones. Y por supuesto, a instancia de lo que fue la oposición italiana a fin de año, se procuró adelantar fondos que correspondían al presupuesto de la política agropecuaria común (PAC) para el presente. En otras palabras, se han tomado todos los recaudos, incluyendo medidas sanitarias y fitosanitarias con estándares europeos: si los productos no van a poder entrar si no las cumplen.
Con todo, estas precauciones para quien eventualmente le va la vida nunca pueden ser suficientes para despejar el 100% de sus temores. Sin embargo, cuando el acuerdo esté vigente nos vamos a dar cuenta de que los temores en buena medida estaban injustificados.
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Desde Europa se mira mucho quién está a favor y quién en contra, pero en los países del Mercosur no se han visto esas diferencias. ¿Cuál es su visión de la perspectiva que tienen los países del Mercosur sobre este acuerdo?
Este acuerdo puso en el mismo bando nada más y nada menos que al presidente Lula y al presidente Milei, que están en las antípodas ideológicas y que tienen una muy mala relación personal. Así que está claro que aquí hay un interés estratégico.
Por supuesto que en el caso del Mercosur también ha habido sectores sensibles, pero se han contemplado con herramientas similares a las del lado europeo: periodos largos de desgravación para ciertos sectores industriales, como por ejemplo el automotriz, y cuotas, entre otras.
Además, el Mercosur aceptó cláusulas muy exigentes en materia de sostenibilidad ambiental y laboral. Eso implica un apoyo y una cooperación europea que se va a materializar con financiamiento y con apoyo técnico en el marco del Global Gateway para facilitar una transición que, en América Latina en general, pero en el Mercosur en particular, entendemos como un upgrading institucional y regulatorio que va a contribuir a sofisticar y diversificar nuestra matriz productiva y, por ende, a nuestro desarrollo. Así que es una apuesta a un modelo de desarrollo tipo europeo que la firma de este acuerdo implica. A veces no se le da suficiente relevancia a esta dimensión latinoamericana desde la perspectiva estratégica.
En una lectura más geopolítica, ¿cómo encaja este acuerdo de la Unión Europea con países sudamericanos justo ahora, cuando vemos lo que puede ser un auge del ímpetu intervencionista de Estados Unidos en la región?
Llega en un momento casi que crucial, porque aquí hay tres grandes bloques económicos, China, Estados Unidos y la Unión Europea. Son tres modelos en oferta para América Latina. El modelo norteamericano nos visualiza como un perímetro de seguridad a través del prisma de la inmigración irregular, la expansión china y el tráfico de drogas. El modelo chino que nos ve como una fuente de recursos estratégicos, como un nodo de infraestructuras y de logística, y como un eslabón en las cadenas de valor centradas en las empresas chinas.
Después está el modelo europeo, que es un modelo con vocación normativa. Básicamente, nos trata como socios estratégicos a través de acuerdos de asociación como este de la Unión Europea y Mercosur, en el que fijamos las reglas de común acuerdo con las que vamos a comerciar, que vamos a invertir, que vamos a cooperar, que vamos a resolver nuestras diferencias. Todo en el marco de estándares muy exigentes en materia ambiental, laboral, digital, social, y de manera consistente con el orden multilateral que estamos dejando atrás.
"El tratado nos recuerda que ese mundo basado en la cooperación, las instituciones y las reglas que nos habilitan para entendernos en muchas dimensiones no está perdido"
Estamos creando un espacio entre el Mercosur y la Unión Europea que nos recuerda que ese mundo basado en la cooperación, las instituciones y las reglas que nos habilitan para entendernos en muchas dimensiones no está perdido. También nos recuerda que hay un bloque, en este caso con vocación normativa que es la Unión Europea, que está dispuesto a través de estos acuerdos a seguir predicando y defendiendo su modelo, para el que encuentra socios del otro lado que también quieren comprar ese producto.
Con esta idea en mente, no hay ningún socio en el mundo más afín, más complementario y más confiable que América Latina para la Unión Europea.
Muchas gracias.