Hace tres años, Giorgia Meloni asumió la presidencia del Consejo de Ministros de Italia, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar el cargo y en la primera dirigente con raíces posfascistas en gobernar una gran economía europea. En aquel momento, muchos temían que su ascenso desatara un choque con Bruselas y desestabilizara el sistema político italiano. Tres años después, Meloni ha consolidado su poder con discreción: Fratelli d'Italia sigue siendo la fuerza política principal, sus socios de coalición están controlados sin fracturas, y los mercados continúan financiando a Italia a costes razonables.
"Giorgia Meloni ha demostrado que es posible ocupar simultáneamente el espacio del centroderecha y de la derecha radical sin desencadenar crisis institucionales"
Según Bill Emmott, su éxito radica en un equilibrio inusual: un nacionalismo identitario compatible con el pragmatismo europeo y la gestión técnica del Gobierno. Ha centralizado el poder
sin recurrir al clientelismo extremo,
ha mantenido el respeto por las instituciones y ha normalizado un proyecto político que parecía radical. Ha demostrado que es posible ocupar simultáneamente el espacio del centroderecha y de la derecha radical sin desencadenar crisis institucionales
ni aislar al país. Este equilibrio entre ideología y pragmatismo convierte a Italia en un laboratorio para analizar la derecha europea: mientras Meloni ha logrado
armonizar liderazgo, identidad nacional y gestión técnica,
otros países deben navegar por dilemas más complejos.
La derecha moderada en los diferentes países
En Europa occidental, los partidos conservadores se mueven en una "geometría variable" definida por tres factores: la existencia de un centro político viable, la fuerza del liderazgo radical y el grado de moderación de la izquierda. La combinación de estas condiciones determina si la derecha se radicaliza, mantiene el centro o queda atrapada en un vacío intermedio.
Francia ilustra la volatilidad del centro,
donde el liderazgo radical es fuerte. Emmanuel Macron ha oscilado entre el centro y la derecha con la agilidad de un equilibrista. Cuando Marine Le Pen amenazaba con la victoria, endureció su agenda sobre inmigración y seguridad para atraer votantes conservadores. Una vez que Le Pen perdió fuerza, regresó a la tecnocracia y al europeísmo moderado. Francia demuestra que
el centro político no es un punto estable, sino un equilibrio temporal condicionado por la fuerza de los extremos:
cuanto más fuerte es el populismo, más se retrae la moderación. Basta leer
Ne rien céder, del líder de Les Républicains, Bruno Retailleau, que describe el islam radical como un acelerador de la inestabilidad social y política.
Pasan cosas en Francia.
Alemania ofrece un ejemplo de contención institucional. Tras la crisis del FDP y el debilitamiento de los socialdemócratas, la Unión (CDU/CSU) domina un centro sin competencia. Sin embargo, la AfD se ha consolidado como segunda fuerza nacional y primera en varios Länder orientales, con liderazgos locales sólidos y una base social cada vez más transversal. Aunque la memoria histórica y el papel europeo de Alemania todavía restringen un giro radical, el ascenso sostenido de esta derecha exaltada introduce tensiones inéditas en el sistema federal. La presión de un electorado joven y conservador podría empujar a la Unión hacia una mayor competición en la derecha, alterando el equilibrio que ha garantizado la estabilidad política alemana desde la reunificación.
El debate sobre pactar o no con AfD ya forma parte, de una forma muy intensa, del debate interno en la Unión.
"Vox carece de un liderazgo fuerte para consolidar una alternativa estable, mientras Pedro Sánchez ha perdido capacidad de atraer a los moderados"
España representa un escenario intermedio dentro de estos dos polos. Vox carece de un liderazgo fuerte para consolidar una alternativa estable, mientras Pedro Sánchez ha perdido capacidad de seducción entre los moderados, aunque retiene parte de la izquierda. Feijóo intenta equilibrar su apuesta por la moderación con la presión de un espacio político cada vez más polarizado. El factor liderazgo es determinante en la derecha española. No comparto lo que Francesco Giubilei, uno de los ideólogos de Giorgia Meloni,
me dijo hace unos meses sobre que "el Partido Popular y Vox
deberían fijarse en el modelo italiano de unidad de la derecha". Vox está con Orbán y esta es una línea roja. Feijóo tiene que resolver, y rápido, su dilema entre ser percibido como el próximo
presidente del Gobierno o como el líder popular que, con su oposición polarizadora,
favorece la subida de Vox y da alas a Díaz Ayuso. No es solo Sánchez el que mueve el tablero hacia los extremos.
Los caminos que se abren
Así pues, el espacio de la derecha europea se define por condiciones estructurales. Italia demuestra que, con un liderazgo hábil, es posible absorber tanto el centro como los votantes radicales, consolidar poder y mantener credibilidad internacional. Francia evidencia cómo el centro puede retraerse ante la amenaza populista y luego recomponerse; Alemania refleja la resistencia del centro ante la presión radical, condicionada por la historia; España expone las tensiones de un sistema sin un centro establecido.
En definitiva, la derecha europea ya no se debate entre moderación y radicalización de manera abstracta: se trata de calibrar estrategias según el entorno político, los competidores y la posición de la izquierda. La experiencia italiana ofrece un referente: Meloni ha mostrado que un liderazgo fuerte y pragmático puede reconfigurar el mapa político y redefinir la competencia de la derecha. Para los partidos conservadores en otros países, la pregunta sigue siendo cómo replicar ese equilibrio sin perder la legitimidad ni el control del espacio político.
En este contexto, Manfred Weber enfrenta el desafío de mantener cohesionada a una familia política europea cada vez más heterogénea. Como presidente del Partido Popular Europeo, debe equilibrar el impulso de los sectores que buscan acercamientos tácticos a las derechas radicales con la necesidad de preservar la credibilidad democrática y el papel central del PPE en las instituciones europeas. Weber ha intentado proyectar una estrategia de "contención flexible": competir con la extrema derecha en el terreno de la seguridad, la migración o la identidad, sin asumir su lógica iliberal. Pero esa línea es cada vez más difusa. Y aquí, no olvidemos, Feijóo es clave por el peso que tiene el PP en el grupo parlamentario del PPE en Bruselas. Otro ámbito en el que Feijóo puede ser determinante para el centroderecha europeo.