¿Cómo observa la derecha italiana a la española? Francesco Giubilei lo aborda en profundidad en esta conversación con Marc López Plana, editor y director de 'Agenda Pública'. Giubilei (1992) es uno de los intelectuales de referencia de la derecha en Italia y afirma que busca "una Europa que se centre en unos pocos grandes temas en común: la defensa, la energía y la inmigración. Pero que, a su vez, deje plena autonomía a los estados en los asuntos que atañen a cada nación. Hoy, en cambio, tenemos lo contrario: una Unión Europea ausente en los grandes asuntos, pero con una enorme omnipresencia en los asuntos locales".
Para Giubilei "se explota al inmigrante y se rebaja el mercado, por lo que el trabajador local dice: «no puedo aceptar este trabajo»", afirma que el "verdadero problema" es que "las redes sociales han jugado el papel de editores sin serlo" y concluye, en medio del Congreso del Partido Popular en España, que la principal lección que se puede dar desde Italia a la derecha española "es la unidad. Desde 1994, la coalición de centroderecha en Italia ha gobernado, a pesar de que dentro de ella hay varias almas y diferencias. Al final, consigue unirse en torno a temas comunes. No es el caso de España, donde la derecha está dividida y a veces sus partidos se atacan entre sí. Si tuviera que dar un consejo al Partido Popular y a Vox, es que se fijen en el modelo italiano e intenten replicarlo en España".
Francesco Giubilei es un editor, columnista y escritor conservador italiano. Foto: Giacomo Longo / Zuma Press / ContactoPhoto
Usted acaba de publicar un libro sobre el conservadurismo. ¿Qué significa ser conservador en Italia?
Normalmente, cuando hablamos de conservadurismo, pensamos en el modelo anglosajón. Pero en Italia, y también en España o Francia, existe una tradición de conservadurismo mediterráneo que hunde sus raíces en la Antigua Roma y en el catolicismo. La influencia de la doctrina social de la Iglesia, con una mayor atención a las clases más débiles, y el peso del pensamiento católico en cuestiones éticas han moldeado un conservadurismo con características propias, que lo hacen diferente.
¿Qué busca un conservador italiano en el proyecto europeo?
Busca una Europa que se centre en unos pocos grandes temas en común: la defensa, la energía y la inmigración. Pero que, a su vez, deje plena autonomía a los estados en los asuntos que atañen a cada nación. Hoy, en cambio, tenemos lo contrario: una Unión Europea ausente en los grandes asuntos, pero con una enorme omnipresencia en los asuntos locales. Nos dice cómo debemos hablar, cómo movernos, qué debemos hacer. Esto es claramente un problema que deberíamos intentar superar.
¿Qué piensa un conservador italoeuropeo de la manera en que Trump entiende el conservadurismo?
Es normal que Trump abandere el "America First" para proteger el interés americano. El problema es si nosotros, los europeos, hemos defendido nuestros propios intereses. Dos grandes shocks, la guerra de Ucrania y la pandemia, deberían habernos hecho ver que un modelo de globalización sin límites y de fuerte deslocalización industrial es un modelo equivocado, que no funciona.
"Es normal que Trump abandere el "America First" para proteger el interés americano. El problema es si nosotros, los europeos, hemos defendido nuestros propios intereses"
Sin embargo, llegamos a hoy, cinco años después de la COVID y tres desde el inicio de la guerra, con el riesgo de saltar de la sartén al fuego: nos estamos entregando en manos de los chinos. El error es pensar: "ya no queremos depender de Estados Unidos porque está Trump, así que miramos a Pekín". Europa debe tener su propia autonomía estratégica.
Europa enfrenta un grave problema demográfico. ¿Cuál es la perspectiva conservadora?
Es un doble problema: económico y también cultural. En lo económico, es inaceptable que en países como Italia o España se fuerce a una mujer joven a elegir entre desarrollar su carrera o tener un hijo. Se deben poner en marcha políticas para que tanto madres como padres puedan tener la oportunidad de crecer profesionalmente y, al mismo tiempo, sentir satisfacción en su vida personal y tener hijos. Por otro lado, hay una cuestión cultural. Si nos fijamos en otros continentes que están económicamente peor que nosotros, pero tienen más hijos, entendemos que la economía no basta. Hay que volver a explicar la importancia de tener una familia.
Entonces, ¿la inmigración no es la solución?
No como se plantea. Es cierto que las empresas dicen que hay escasez de mano de obra, pero ese dato se contradice con el hecho de que en Italia y España tenemos un desempleo juvenil del 20% o 30%, con millones de jóvenes inactivos que ni estudian ni trabajan. En ese contexto, la solución no puede ser acoger a más inmigrantes, porque muy a menudo se acaba por devaluar el mercado laboral. Se explota a los inmigrantes como mano de obra barata: por un trabajo por el que a un español se le habrían pagado 1.500 euros, al inmigrante se le pagan 800.
"Se explota al inmigrante y se rebaja el mercado, por lo que el trabajador local dice: «no puedo aceptar este trabajo»"
De esta manera, se explota al inmigrante y se rebaja el mercado, por lo que el trabajador local dice: "no puedo aceptar este trabajo". Lo lógico es tener un número justo de inmigrantes que entren legalmente, ajustando la oferta a la demanda, con contratos adecuados y un pago justo. Así se reconoce su valor social y no se crean desequilibrios. De lo contrario, acaban en manos del crimen organizado, explotados en el campo o vendiendo droga en las grandes ciudades. Nadie tiene una oposición ideológica a la inmigración, pero debe ser una inmigración regulada.
Giubilei conversó con Marc López Plana, director de Agenda Pública.
¿Le preocupa la intervención de figuras como Elon Musk en la política de otros países?
Cualquier ciudadano-empresario es libre de expresar sus opiniones. Me parece mucho más grave lo que reveló Mark Zuckerberg: que el Gobierno de Biden, durante la pandemia, diera indicaciones a las redes sociales sobre qué contenidos censurar.
"El verdadero problema: las redes sociales han jugado el papel de editores sin serlo"
Ese es el verdadero problema: que las redes sociales han jugado el papel de editores sin serlo. Si eres un editor, respondes ante la ley por lo que publicas. Ellas, en cambio, han dicho: "somos plataformas, no somos responsables", pero al mismo tiempo han actuado con criterios editoriales, decidiendo qué se puede publicar y qué no.
Esto choca con principios constitucionales como la libertad de expresión. Defiendo la libertad total: que cualquiera pueda escribir lo que quiera. Si es ofensivo o constitutivo de delito, ya existen las herramientas democráticas para que responda ante la ley. La censura preventiva es el principio del fin de una democracia liberal.
¿Puede un Gobierno usar a sus servicios secretos para vigilar a un partido, como en Alemania?
No estoy de acuerdo. Utilizar los tribunales o los servicios secretos para oponerse a partidos políticos incómodos es, en cierto modo, antidemocrático. Si no estás de acuerdo con un partido, te opones a él en las urnas, no lo ilegalizas mientras millones de personas lo votan. Además, se produce un efecto bumerán, porque cada vez más gente votará a esos partidos.
Una cosa es que un tribunal condene a un político por un delito, y otra muy distinta es impedirle presentarse a las elecciones durante cinco años, como se ha planteado en Francia con Marine Le Pen. Eso es intervenir directamente en la dinámica democrática.
Parece que en Italia nunca habrá un único gran partido de derechas. ¿Cómo funciona su coalición?
Exacto, no creo que haya un solo partido. Hoy conviven tres almas: un partido liberal (Forza Italia), un partido soberanista (la Liga) y un partido conservador (Fratelli d'Italia). Es una coalición que, con sus cambios, se remonta a 1994. Lleva más de treinta años siendo un modelo de gobierno ganador a nivel nacional y local. Creo que este modelo debe ser preservado porque funciona, y de hecho, naciones como Francia o España podrían mirarlo como un ejemplo.
Este fin de semana se celebra el congreso del Partido Popular en España. ¿Qué lección puede aprender la derecha española de la italiana?
La principal lección es la unidad. Desde 1994, la coalición de centroderecha en Italia ha gobernado, a pesar de que dentro de ella hay varias almas y diferencias. Al final, consigue unirse en torno a temas comunes. No es el caso de España, donde la derecha está dividida y a veces sus partidos se atacan entre sí.
"Si tuviera que dar un consejo al Partido Popular y a Vox, es que se fijen en el modelo italiano e intenten replicarlo en España"
Esto es un error, porque al hacerlo favoreces una victoria de la izquierda y debilitas tu propio proyecto. Si tuviera que dar un consejo al Partido Popular y a Vox, es que se fijen en el modelo italiano e intenten replicarlo en España.
¿Cree que España e Italia deberían colaborar más?
Sin duda. Es importante que Italia y España trabajen juntas para sacar adelante las reivindicaciones comunes del sur de Europa frente a las del norte.
"En energía, las renovables nos dan la oportunidad de tener un peso específico importante y de desplazar el baricentro de Europa hacia el Mediterráneo"
Hay muchos temas que nos unen; por ejemplo, la inmigración irregular debe dejar de ser un problema solo para los países de primera llegada, como los nuestros, y abordarse como un asunto europeo.
En energía, las renovables nos dan la oportunidad de tener un peso específico importante y de desplazar el baricentro de Europa hacia el Mediterráneo, para que no esté desequilibrado hacia el norte. Que nuestros gobiernos tengan posiciones ideológicas diferentes no impide que exista una comunidad de políticas e intereses.