Martes, 28 de julio de 2026
MOMENTO ESPAÑA

El dilema español: estabilidad para todos o coherencia para los fieles

Los sondeos de 40dB. y Opina360 reflejan una política española marcada por el cansancio: "más de la mitad de los españoles preferiría elecciones antes que otro año de bloqueo". El PSOE resiste sorprendentemente bien, el PP pierde fuerza y Vox crece, pero, predomina la doble fatiga: por un lado, la del ciudadano medio que anhela estabilidad, diálogo y gestión; por otro, la del votante militante, que exige coherencia ideológica y ve los pactos transversales como traición.

Agenda Pública Agenda Pública 9 de octubre de 2025
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Pedro Sánchez encara su discurso en el Congreso mientras se dirige a la bancada popular de Alberto Núñez Feijóo. | Eduardo Parra / Europa Press / ContactoPhoto
Pedro Sánchez encara su discurso en el Congreso mientras se dirige a la bancada popular de Alberto Núñez Feijóo. | Eduardo Parra / Europa Press / ContactoPhoto
Después de un verano político sin descanso, los dos sondeos más destacados publicados en octubre —el Barómetro mensual de 40dB. y el Sondeo especial de Opina360— dibujan una misma escena: el PSOE se recupera, el PP pierde impulso y Vox crece a costa de su socio de bloque, al que ya le roba más de un millón de votantes. El tablero político no ha cambiado de forma radical, pero sí el estado anímico.

Los socialistas vuelven a moverse en cifras de empate técnico con los populares. En el barómetro de 40dB., el PP se sitúa en un 30,5% y el PSOE apenas un punto por debajo (29,4%), con Vox en 16,7%. En el sondeo telefónico de Opina360, realizado a finales de septiembre, el PSOE asciende al 30,4%, mientras el PP cae hasta el 27,4% y Vox sube al 20,6%, su mejor registro desde las elecciones de 2023. Son dos las encuestas que, con distintas metodologías, coinciden en la tendencia. El PSOE se recompone tras el bache del verano; el PP se desgasta; y Vox reactiva el voto emocional de la derecha.
 

 

La derecha se reordena: hegemonía en duda

El barómetro de 40dB. sitúa la fidelidad del voto popular en 73,9%, apenas tres puntos por encima de la socialista (71%). A primera vista, parece una cifra sólida, pero, en realidad, evidencia una fuga interna sostenida. Parte del electorado del PP se está desplazando hacia Vox (14,5%), debilitando su papel como fuerza vertebradora del bloque conservador. El sondeo de Opina360 confirma esta tendencia y la resume con claridad: "baja fidelidad del PP y fuertes trasvases a Vox".

"El 50,7% de los nuevos votantes opta por Vox, un hecho que confirma su momento de expansión electoral"
El bloque de la derecha —PP, Vox y pequeñas formaciones como SALF— se mantiene en torno al 48%, pero su equilibrio interno se ha transformado. Vox ya no solo redistribuye voto dentro del bloque: también lo expande. Según el barómetro de 40dB., capta un
12,8% de los antiguos abstencionistas, un dato clave que revela su capacidad para movilizar electores que no participaron en 2023. En el sondeo de Opina360, además, el 50,7% de los nuevos votantes opta por Vox, lo que confirma que atraviesa un momento de expansión electoral.

Su crecimiento, por tanto, no se explica únicamente por la fuga de votantes populares, sino por la incorporación de perfiles jóvenes y antipolíticos, más permeables al mensaje emocional y rupturista de Abascal. Es un voto menos ideológico que generacional, impulsado por el desencanto con la política convencional y por la búsqueda de una voz que traduzca el malestar social en afirmación identitaria. En este nuevo escenario, el PP no solo pierde parte de su base electoral, sino también la capacidad de monopolizar la movilización dentro de la derecha. Vox ha dejado de ser una fuerza subordinada: compite por el voto activo y por el voto latente, por los que se fueron y por los que nunca estuvieron. Esa doble conquista —reconquista del desencantado y captación del nuevo— explica por qué el partido de Abascal crece incluso en un contexto de estabilidad global del bloque conservador.



El PP, en cambio, atraviesa su momento más delicado desde las elecciones generales. No se hunde, pero ha perdido el relato de alternativa. Su problema no es solo la fuga de votantes hacia Vox, sino la incapacidad de marcar agenda. Su discurso sobre los presupuestos, la crisis institucional o los pactos territoriales se diluye entre la gestión del Gobierno y la retórica más agresiva de su socio potencial.

"Feijóo se ve obligado a sostener un equilibrio cada vez más frágil entre la moderación institucional y la presión de su flanco más duro"
El resultado es una derecha menos cohesionada según aumenta la pugna por el mismo espacio electoral. El PP conserva la primera posición, pero ya no ejerce la hegemonía. Vox, por su parte, impone el tono del debate y condiciona la agenda, mientras Feijóo se ve obligado a sostener un equilibrio cada vez más frágil entre la moderación institucional y la presión de su flanco más duro. La derecha, en suma, suma lo mismo, pero ya no
suma alrededor del PP.

El PSOE recupera oxígeno

En la izquierda ocurre justo lo contrario. La crisis de confianza de verano, agravada por el caso Santos Cerdán, parece ya amortiguada. La percepción de descenso electoral que sobrevoló el entorno socialista en pleno verano ha dado paso a una sensación de resistencia. El PSOE recupera votantes de Sumar —alrededor del 8%, según 40dB.— y refuerza su fidelidad por encima del 70%.



"El otro lado de esa moneda es el declive de Sumar, que se desangra lentamente. Su base se reduce con fugas significativas hacia Podemos y PSOE"
No hay entusiasmo, pero sí un
repliegue táctico y defensivo: el voto progresista vuelve a concentrarse en el principal partido del Gobierno de coalición ante la sensación de riesgo. El otro lado de esa moneda es el declive de Sumar, que se desangra lentamente. Su base se reduce con fugas significativas hacia Podemos y PSOE. Además, entre los jóvenes —el espacio donde aspiraba a crecer— la desmovilización se impone.

La política como fatiga

En el sondeo de Opina360, un 56,9% de los españoles considera que si el Congreso volviera a rechazar los presupuestos por segundo año consecutivo, habría que convocar elecciones, frente a apenas un 20% que optaría por prorrogar las cuentas. La respuesta es reveladora: incluso sabiendo que una nueva cita electoral puede agravar la polarización, una mayoría prefiere el riesgo de las urnas antes que la sensación de bloqueo. Es el reflejo de un electorado más impaciente y menos dispuesto a aceptar la parálisis institucional.

La lectura ideológica acentúa esa fractura: nueve de cada diez votantes de PP y Vox creen que, ante un segundo fracaso presupuestario, lo correcto sería convocar elecciones, mientras que la mitad de los socialistas defiende mantener la legislatura prorrogando los presupuestos. En los márgenes de la izquierda (Sumar y Podemos) las opiniones se dispersan.

"Dentro del electorado conservador, el 54% de los votantes del PP y el 94% de los de Vox apuestan por un entendimiento entre ambos"
Ese mismo cansancio se refleja en la percepción de los pactos. Cuatro de cada diez ciudadanos (40,5%) creen que, si el PP ganara sin mayoría absoluta, debería buscar un acuerdo con el PSOE antes que con Vox (34,7%). Sin embargo, entre los votantes de la derecha ocurre lo contrario: el 54% de los votantes del PP y el 94% de los de Vox prefieren un entendimiento entre ambos. La mayoría social pide acuerdos amplios, pero las bases electorales siguen ancladas en la lógica de bloques.



El sondeo sugiere así una doble fatiga: por un lado, la del ciudadano medio que anhela estabilidad, diálogo y gestión; por otro, la del votante militante, que exige coherencia ideológica y ve los pactos transversales como traición. La democracia española se mueve entre esos dos polos contradictorios: una ciudadanía cansada de la confrontación y unos electorados polarizados que la alimentan.

Una izquierda que resiste, una derecha que se radicaliza

Si algo revelan las encuestas de octubre es que los bloques siguen donde estaban, pero con jerarquías invertidas. La suma de la derecha se mantiene por encima del 48%, y la de la izquierda ronda el 39%. La derecha crece en radicalidad, no en volumen. La izquierda se estabiliza, aunque no amplía su espacio. El empate, que parecía un equilibrio, es en realidad una forma de desgaste: ningún bloque logra romper el techo del otro, y las fugas son mayoritariamente internas.
 
Los sondeos de octubre no anuncian un cambio de ciclo, pero sí una tendencia que se invierte. Si el preludio del verano fue el tiempo del desconcierto socialista, el otoño trae un reequilibrio político: la recuperación del PSOE, la crisis de centralidad del PP y el crecimiento electoral de Vox. Este leve desplazamiento puede ser, de nuevo, lo que cambie los rumbos trazados de antemano.
 
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