Martes, 28 de julio de 2026
MOMENTO ESPAÑA

Confianza rota: un tercio de la ciudadanía señala a la política

Cuando se pregunta a los españoles por el principal problema del país, la opción más votada no es "la vivienda (13,9%) o la corrupción y el fraude (13,1%)", sino "el Gobierno y partidos o políticos concretos (14,1%)". Aportando datos propios, el catedrático de Ciencia Política Xavier Coller pone el foco en la confianza para empezar a revertir la sensación de "frustración e impotencia" hacia las "instituciones que articulan el funcionamiento de la democracia".

Xavier Coller Xavier Coller 26 de septiembre de 2025
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Un tercio de los españoles sitúa la política como el principal problema del país según el CIS. | Unsplash / Arnaud Jaeger
Un tercio de los españoles sitúa la política como el principal problema del país según el CIS. | Unsplash / Arnaud Jaeger
La política española sigue teniendo un problema grave: en 2025 se percibe como el principal problema, según el barómetro de julio del CIS. Cuando se pregunta por el problema principal en España, "el Gobierno y partidos o políticos concretos" recibe un 14,1% de menciones, por delante de la vivienda (13,9%) y la corrupción y el fraude (13,1%). Pero el asunto aparece más intenso si se tienen en cuenta los aspectos asociados a la política y que la ciudadanía percibe como problemas principales: "los problemas políticos en general" (6,9%), "el mal comportamiento de los políticos" (6,4%), y "lo que hacen los partidos políticos" (3,3%). Salvando las diferencias de matices y pintando con brocha en lugar de pincel, cerca de un tercio de la ciudadanía (30,7%) percibe la arena política como un problema. Una situación similar pero más atenuada se vivía ya en 2012. No es un problema nuevo, pero su persistencia llama a reflexionar, especialmente si se entiende que, ante problemas graves que requieren decisiones colectivas —por ejemplo, la vivienda o la prevención de incendios bajo nuevas condiciones climáticas—, o eres parte de la solución o eres parte del problema.

"El funcionamiento normal de toda sociedad descansa sobre la confianza que construyen sus miembros entre ellos y respecto de las instituciones que les gobiernan"
El funcionamiento normal de toda sociedad descansa sobre la confianza que construyen sus miembros entre ellos y respecto de las instituciones que les gobiernan. No todo en la sociedad, sugirió Durkheim, es contrato. La confianza es vital. Creo que la cuestión es si un actor político o una institución puede generar confianza si se percibe como un problema persistente. No tengo evidencias que me permitan establecer tal causalidad de manera firme y directa, pero me temo que esta percepción de la política como un problema puede estar también asociado a la confianza
en la política. Tenemos dos indicadores.

Por un lado, la visión de que "la ciudadanía está perdiendo la confianza en nuestra democracia". En una encuesta elaborada por 40dB. el pasado mes de julio, el 73% de las personas preguntadas en este estudio sobre la polarización en las élites políticas y la ciudadanía está de acuerdo o muy de acuerdo con la frase anterior (un 6% está en desacuerdo). Recuerde el principio de Thomas: si las personas definen una situación como real —independientemente de que lo sea o no—, esta situación será real en sus consecuencias. 

Por otro lado, la confianza en dos instituciones clave. La depositada en los partidos políticos sigue estando bajo mínimos. Cuando se le pide a la ciudadanía que ubique en una escala de cero a diez el grado de confianza que le confieren las acciones de los partidos políticos en la vida pública, un 52% se ubica en el polo de la desconfianza (de cero a cuatro) mientras solo un 11% se sitúa en el polo que confía (siete o más). La confianza media está en el 3,4. El Congreso de los Diputados queda solo un poco mejor parado: el 43% muestra grados intensos de desconfianza, mientras solo el 17% de la población tiende a confiar en esta institución política. La media es de 3,8. Es decir, el balance se inclina con peso hacia la desconfianza en dos instituciones indispensables en democracia: los partidos y el Congreso.

Por si sirve como comparación, la media de confianza en las fuerzas y cuerpos de seguridad es de 6,1, la del Poder Judicial es de 4,8 y el de la Corona española es de 4,6.

"Explicar la desconfianza en las instituciones es complejo, hay que fijarse en muchas variables como el papel de los medios, la corrupción o la rendición de cuentas"
Explicar la construcción de la desconfianza en las instituciones que articulan el funcionamiento de la democracia es complejo. Varios estudiosos se han dedicado a ello. Hay que prestar atención a las acciones gubernamentales, el papel de los medios, la corrupción, la rendición de cuentas, las expectativas sobre la política, los comportamientos individuales, la transparencia, y a varios otros factores que seguro ayudan a construir explicaciones sólidas. 


Pero hay uno que puede servir de ejemplo ilustrativo: la frustración política. Ha ocurrido en un grupo de alumnos. Da igual que se circunscriba a un territorio limitado o a un grupo pequeño de personas. Este caso no es toda la realidad, pero es parte de la realidad y bien merece una reflexión. 

En 2023, un grupo de estudiantes preocupados e implicados idearon un código ético para las personas que se dedican a la política. También para la ciudadanía. Aquí tienen la génesis. En su versión última se presentó como una especie de contrato en el que el/la representante que se adhería se comprometía, sorpréndase, a decir la verdad, no incumplir lo prometido, renunciar al insulto y al ataque ad hominem en el debate político, buscar puntos de encuentro con los rivales como estrategia para reducir la polarización. El alumnado implicado y su profesor, Eduardo Ortiz, fueron recibidos con parabienes en instituciones diversas y algunos políticos significados —todos ellos en activo— firmaron su adhesión a este código. Otros lo rechazaron.

Un año después, los alumnos se sentían frustrados, decepcionados, engañados, pues veían cómo estos mismos firmantes ignoraban reiteradamente su compromiso público. Lo tiene aquí y aquí. Se rearmaron de valor y volvieron a presentar una versión de tal código ético ante la deriva de la política actual. Lo relanzaron hace unos días. Tiene la noticia aquí o aquí. Probablemente, lo que han experimentado estos alumnos es extensible a cualquiera que lea esto o esté interesado por la política en España. No es relevante cuántos alumnos son, ni en qué instituto o colegio estudian, pero, por si sirve de algo, provienen de Navarra, que tiene la cámara de representación con mayor grado de inclusión a la hora de aprobar las leyes que regulan la vida de su ciudadanía. Es decir, donde hay más acuerdos entre rivales políticos. 

"Estos alumnos han tenido el coraje de poner encima de la mesa unas líneas rojas que si se respetaran la política cambiaría a mejor"
Llámeles ingenuos, inexpertos, soñadores, idealistas, utópicos, ilusos o lo que desee en esta línea despreciativa. Pero estos alumnos, con su profesor a la cabeza, han tenido la valentía y el coraje de poner encima de la mesa unas líneas rojas que si se respetaran mínimamente cambiaría sustancialmente la manera de manejar la política en España. No se dirigen a nadie en concreto. Nos interpelan a todos.


Creo, no obstante, que van a seguir frustrados, como probablemente muchos votantes. Como se señala en esta pieza, las elecciones de Castilla y León anticipan un ciclo electoral que prolonga otro subrepticio que se diría que empezó tras los últimos comicios. Cuando se aproximan las elecciones, el clima político se tensa y se hace imposible el debate sustantivo o la construcción de acuerdos. Quizá cuando la manera en que se conduce la política se module un poco, la frustración e impotencia de estos alumnos, y por extensión de muchos votantes como ellos, se reduzcan.
Xavier Coller
Xavier Coller
Catedrático del Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la UNED
Catedrático del Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED, España). Es PhD por la Yale University (EE. UU.) y doctor por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha enseñado en varias universidades en España y Estados Unidos y ha sido 'visiting fellow' en las de Warwick, Berkeley, Harvard, Princeton, Université de Montpellier-1 y Luiss. Es el séptimo catedrático Príncipe de Asturias (Georgetown University) y corresponsal en España de la 'Comparative Candidates Survey'.
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