Martes, 28 de julio de 2026
UNIÓN EUROPEA

BBVA y Sabadell no suman sin unión bancaria

Bernardo de Miguel, corresponsal en Bruselas, incide en que "sin un auténtico mercado bancario europeo", la megafusión del BBVA y Sabadell no reporta "ningún valor" y agrava "la tendencia hacia una concentración oligopolística que sufre el mercado español".

Bernardo de Miguel Bernardo de Miguel 30 de mayo de 2025
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Para De Miguel, ni España ni Europa se verían beneficiadas de salir adelante la OPA de BBVA al Banc Sabadell. | Unsplash
Para De Miguel, ni España ni Europa se verían beneficiadas de salir adelante la OPA de BBVA al Banc Sabadell. | Unsplash
La Comisión Europea se perfila como la última baza del BBVA para intentar sacar adelante su ofensiva por hacerse con el control del Banco Sabadell. Pero Bruselas tiene una legitimidad más que dudosa para terciar a favor de la entidad vasca, porque la unión bancaria que permitiría justificar la fusión sigue en el tintero desde 2012 por la oposición del Gobierno alemán. Y el organismo comunitario presidido por la alemana Ursula von der Leyen no ha dado ni un solo paso decisivo para completar la esperada unión.

Tal vez por ello Bruselas se ha mantenido en silencio desde que hace un año la oferta hostil de BBVA se topó con las objeciones bien visibles tanto del Gobierno español como de los Gobiernos de Catalunya y Comunidad Valenciana, los dos territorios más afectados por la posible desaparición del Sabadell.

"Bruselas acepta que la realidad geoeconómica del segundo cuarto del siglo XXI es mucho más compleja que la globalización de corte occidental de finales del siglo XX"
El silencio comunitario solo se ha roto esta semana, cuando el ministro de economía, Carlos Cuerpo, elevó al Consejo de Ministros la última palabra sobre la fusión. Pero Bruselas se ha limitado a pedir, con la boca chica, que el Gobierno asuma la luz verde recomendada por el Banco Central Europeo (BCE) y por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). 

El toque de atención de Bruselas a Madrid es mucho más suave de lo previsto. En caso de que el Gobierno frustre la fusión, como parece probable, la Comisión solo contempla la apertura de un expediente contra España que, como tantos otros que se inician cada mes, tardará años en resolverse y que en ningún caso podría salvar la operación del BBVA.

La pasividad de la Comisión contrasta con su beligerancia en la defensa de operaciones en otros sectores. Basta recordar la tremenda trifulca política entre Madrid y Bruselas cuando Gas Natural intentó hacerse con Endesa y la eléctrica, entonces presidida por Manuel Pizarro, se resistió con ayuda de la alemana Eon y, después, de la italiana ENEL. El choque entre la Comisión y el Gobierno de Rodríguez Zapatero se prolongó durante meses y acabó ante el Tribunal de Justicia de la UE.

Pero la política europea de competencia y la defensa de la libre circulación de capitales se ha vuelto más complaciente a raíz de la crisis financiera (2008-2012) y, sobre todo, tras la pandemia. La carta blanca a las ayudas de estado se ha generalizado y se acepta con mucha más normalidad que antes que las fusiones empresariales pueden toparse con vetos políticos que invoquen un "interés general", como comprobó recientemente la empresa húngara que intentó adquirir el fabricante español de ferrocarriles Talgo. Bruselas acepta que la realidad geoeconómica del segundo cuarto del siglo XXI es mucho más compleja que la globalización de corte occidental de finales del siglo XX.

En el sector bancario, las barreras políticas son aún más difíciles de sortear, porque la UE no ha logrado establecer una unión bancaria como se comprometió hace más de una década. Algunos socios, con Alemania al frente, se han negado a completar el proyecto con un fondo europeo de garantía de depósitos por temor, esgrimen, a tener que cargar con la factura de posibles crisis bancarias en otros países. Italia también se resiste porque no quiere asumir la posibilidad de una quita que afecte a los tenedores de su deuda pública.

"La Comisión Europea parece ser consciente de la contradicción que supondría defender a capa y espada una operación puramente nacional, al tiempo que se mantiene el sector bancario fragmentado en veintisiete mercados"
En una unión bancaria de la zona euro, como la anunciada en 2012, la unión de BBVA y Sabadell daría una entidad de una talla respetable pero con muchos otros bancos similares en posición para competir con ella. El análisis de la fusión y las condiciones para aprobarla se haría calibrando su impacto en un mercado enorme con decenas de operadores, lo que garantizaría una competencia en beneficio de los potenciales clientes.

Pero sin un auténtico mercado bancario europeo, la megafusión del BBVA y Sabadell no reporta ningún valor añadido a efectos de consolidación del sector a nivel continental y tan solo sirve para agravar la tendencia hacia una concentración oligopolista que sufre el mercado español. En España, los cinco mayores bancos han pasado de una cuota de mercado del 40% en 2007 al 70% en 2023, según el Banco de España. En el caso de Catalunya, si la fusión de BBVA y Sabadell se culminara, "dos entidades podrían concentrar más del 70% del mercado financiero en la región", según ha advertido Oriol Amat, presidente del Observatori de la Pime de la patronal Pimec, en Agenda Pública.

La Comisión Europea parece ser consciente de la contradicción que supondría defender a capa y espada una operación puramente nacional, al tiempo que se mantiene el sector bancario fragmentado en veintisiete mercados, tantos como países miembros de la Unión. La consolidación transfronteriza se puso en marcha con el nacimiento del euro en 1999. Pero se interrumpió con la gran crisis financiera (2008-2012) que reventó los experimentos más avanzados, como el banco franco-belga Fortis o la adquisición de ABN Amro por parte de una alianza internacional de la que formó parte, en un primer momento, el Santander.

Tras la hecatombe financiera en la zona euro, los bancos europeos se replegaron a sus respectivos feudos nacionales, donde han permanecido atrincherados en gran parte por el endurecimiento de las normas prudenciales. La consolidación transfronteriza no ha avanzado en veinticinco años de unión monetaria y el sector sigue dividido en mercados nacionales sin ningún actor verdaderamente paneuropeo. "La banca está menos integrada a nivel europeo que hace quince años", ha reconocido este jueves en Madrid el presidente de la Autoridad Bancaria Europea, José Manuel Campa, durante un foro organizado por Cinco Días.

"El propio sector parece haber arrojado la toalla y se resigna a languidecer en una unión bancaria incompleta formada por mercados nacionales"
El Banco Central Europeo, que asumió la supervisión de las grandes entidades tras la crisis, ha intentado revertir la tendencia renacionalizadora, pero sin apenas éxito. El BCE publicó en 2021 una guía destinada a facilitar las operaciones de consolidación, en la que prometía allanar ciertas exigencias regulatorias. Pero el mercado apenas se ha movido y cuando lo ha hecho se ha topado con obstáculos políticos como el amago del italiano UniCredit por hacerse con el alemán Commerzbank. En la península ibérica, también Portugal acaba de pedir que los bancos españoles no aumenten su posición en el mercado luso "por una cuestión de concentración y de dependencia", según el ministro de finanzas, Joaquim Miranda Sarmento.

El propio sector parece haber arrojado la toalla y se resigna a languidecer en una unión bancaria incompleta formada por mercados nacionales. Gonzalo Gortázar, consejero delegado de CaixaBank, aseguraba este miércoles en el mismo foro de Cinco Días que, a su juicio, con las fusiones transfronterizas "no se genera valor" e "introducen complejidad" porque la Unión Europea, a diferencia de EE. UU., "no tiene un mercado único de verdad". Por desgracia para el BBVA.
Bernardo de Miguel
Bernardo de Miguel
Corresponsal para asuntos europeos
Es conocido por su labor en distintos países, como México, Tailandia o Reino Unido, y, sobre todo, por la corresponsalía que ejercía en Bruselas para el diario económico Cinco Días y para El País.
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