Hace poco el
Banco Sabadell ha celebrado la vuelta de su sede a la ciudad catalana, mostrando la confianza que los diferentes sectores económicos catalanes tienen en la estabilidad institucional de la Generalitat en esta nueva etapa con Salvador Illa como president. En la junta general de accionistas se insistió en la rentabilidad del Banco Sabadell y la apuesta de sus dirigentes de negarse a fusionarse con el BBVA. Independientemente de qué parte del accionariado (BBVA o Sabadell) gane o pierda,
lo que nos interesa a la ciudadanía es si tal fusión redundaría en una mejora para todos. Es decir, si la entidad resultante va a operar mejorando las condiciones de crédito para las empresas y familias y si van a ofrecer productos financieros con mejor rentabilidad para los ahorradores. La segunda cuestión, más técnica para la ciudadanía, pero no menos importante, es
si esa nueva entidad dará mayor estabilidad al sistema financiero.
"Los bancos españoles estén entre los que menos remuneran depósitos en la Eurozona y más repercutieron la subida de tipos en las condiciones de crédito tras el endurecimiento de condiciones del BCE"
En principio, el aumento de escala que traería la fusión puede llevar a una reducción de costes de operación, pero
esa reducción de costes solo redunda en una mejora de las condiciones para inversores y ahorradores si el grado de competencia bancaria no se viera afectado por la fusión. Es cierto que si existe competencia a la Bertrand (en precios), aunque haya pocas empresas, el equilibrio resultante es similar al de competencia perfecta. Pero ese tipo de competencia solo se da cuando no hay diferenciación del producto.
¿Operan actualmente las entidades financieras españolas compitiendo a la Bertrand? No lo parece, y menos lo harán si aumenta el grado de concentración bancaria. Idealmente,
el sector financiero debería ser un velo que intermedia entre ahorradores e inversores. El mundo ideal es uno en que las empresas son grandes (porque son muy productivas) y los intermediarios financieros compiten fieramente entre ellos. En ese mundo ideal, los
spreads son mínimos y los costes de financiación de las inversiones reflejan el coste de oportunidad de los ahorradores. Es un mundo eficiente.
En ese mundo ideal, las malas decisiones de un banco concreto no suponen riesgo sistémico porque su peso es pequeño en el total del sistema financiero. Además, las variaciones en los tipos de referencia del Banco Central se trasladan directamente a los tipos bancarios, maximizando el impacto de la política monetaria en la actividad real, ya que aumentan los costes de invertir, pero aumenta el incentivo a ahorrar. En ese mundo ideal, una política monetaria más restrictiva reduce el crédito, pero lleva a las instituciones financieras a ser más selectivas a la hora de financiar inversiones.
Un ejemplo de los efectos de la falta de competencia es el hecho de que los bancos españoles estén entre los que menos remuneran depósitos en la Eurozona y más repercutieron la subida de tipos en las condiciones de crédito a sus clientes tras el endurecimiento de condiciones del BCE. Es decir,
la concentración bancaria afecta a la transmisión de la política monetaria.
En ese mundo ideal, además, el riesgo financiero —los efectos sistémicos de que un banco haya tomado demasiados riesgos en algunos mercados— está diluido porque las empresas tienen una cartera diversificada de bancos con los que pueden trabajar. Como muestran
Bentolila, Jansen y Jiménez en su estudio,
durante la Gran Recesión la crisis bancaria en España se llevó por delante a las empresas que concentraban su gestión financiera en menos bancos, especialmente. Otro efecto de la concentración bancaria es la mayor influencia que el sector financiero adquiere sobre la actividad económica de un país y su organización industrial, especialmente en épocas de cambios sectoriales importantes.
Este efecto de la fusión entre BBVA y Banco Sabadell es uno de los que más preocupa desde un punto de vista político, a mi entender.
"Hasta la fecha, no existe un fondo europeo que integre el sistema bancario en la Eurozona. Este es el último pilar que queda para lograr la tan necesaria integración bancaria"
A pesar de todo lo dicho,
el aumento de concentración bancaria puede tener consecuencias no negativas para el bienestar y la competitividad general de la economía. Por ejemplo, cuando el aumento de tamaño implica mejoras en los procesos de innovación financiera que redundan en mayores recursos de financiación para las empresas. Esto es especialmente importante en economías emergentes. Otra razón puede ser limitaciones en la regulación bancaria.
Por ejemplo, sin un sistema de garantía de depósitos, el sistema financiero es más propenso a pánicos bancarios. En ese caso, los bancos grandes tienen más capacidad para capear las crisis financieras. Obviamente, el sistema financiero español tiene ese fondo de garantía, pero,
hasta la fecha, no existe un fondo europeo que integre el sistema bancario en la Eurozona. Este es el último pilar que queda para lograr la tan necesaria integración bancaria.
En las circunstancias actuales, con las
amenazas arancelarias de Trump y el debilitado poder de la
OTAN,
la Unión Europea haría bien en fortalecer el mercado interior. Este fortalecimiento pasa por avanzar en la integración de los mercados de capitales europeos y el sistema bancario. Esto es esencial para financiar las inversiones que tenemos que hacer en el nuevo contexto internacional, sin olvidar la transición ecológica y digital. En el caso del mercado de capitales, parece que hay un nuevo impulso basado en los informes de
E. Letta y M. Draghi. En el segundo caso, existen propuestas, como la de
I. Angeloni, miembro de la Junta Única de Resolución, para crear una jurisdicción única para los bancos europeos de tamaño medio y grande. Esto facilitaría los procesos de integración bancaria transfronteriza.
Si se consiguen eliminar las barreras que dificultan la integración, los bancos europeos podrían explotar complementariedades de más largo alcance y, al mismo tiempo, aumentar la competencia en el sector.