Se han podido detectar movimientos de fondo importantes en la política española las últimas semanas y en medio del sobreexceso de información. El primero fue el nuevo enfoque del PSOE en su política de igualdad, desligándose de las teorías queer importadas al debate político local por los partidos a su izquierda. Sobre las reivindicaciones del feminismo hablaba ayer Carmen Calvo en Agenda Pública. Hace unas semanas, el veterano diputado Carlos Aragonés anticipaba también en Agenda Pública que una reorientación de la política de los socialistas en materia feminista podría poner en problemas y achicar el espacio a la derecha tradicional. El feminismo, señalaba, es la fuerza política contemporánea más relevante y con más fuerza. Parece un movimiento estratégico notable y coherente con las lecciones aprendidas tras la
derrota del Partido Demócrata estadounidense. Sobre esta cuestión también
conversaron Nuria Varela y Argelia Queralt con el exministro Jordi Sevilla hace unas semanas.
Es un debate de fondo en Occidente.
El otro movimiento significativo se ha producido en los últimos días en el Congreso de los Diputados. El diputado del Partido Popular Guillermo Mariscal logró sumar en una misma ecuación la posición de PP, Junts, PNV, ERC e incluso VOX a cuenta de la suspensión del impuesto a la generación eléctrica. El debate sobre esta cuestión evolucionará, pero ha ocurrido algo relevante con ello.
"El diputado del Partido Popular Guillermo Mariscal logró sumar en una misma ecuación la posición de PP, Junts, PNV, ERC e incluso VOX a cuenta de la suspensión del impuesto a la generación eléctrica"
Primero, se ha demostrado que la enmienda Mariscal es más efectiva a la hora de generar problemas al Gobierno que las intermitentes sobreactuaciones en la crítica gubernamental de una parte de la oposición. Que la política parlamentaria y legislativa es más útil para hacer oposición que la comunicación política del siglo XXI es un déjà vu del mundo de ayer que debería marcar un camino para muchos. No todo lo nuevo es siempre bueno. La
enmienda Mariscal fue posible porque los sistemas políticos necesitan tener políticos profesionales para que funcionen eficazmente: pese a su juventud, el diputado acumula dos décadas de experiencia parlamentaria y se han demostrado fundamentales en los últimos días.
Segundo, se ha producido un destello que ya acumula otras experiencias. Pese al peso informativo que se le ha dado a este hecho, no ha sido la primera vez que ha ocurrido algo similar esta legislatura. PP y Junts comparten una visión económica, que ha generado un debate sobre sus posibles complicidades, normalizando esa posibilidad para el futuro. Esto es algo que genera debate dentro de la derecha. Por ejemplo, el exdiputado del PP catalán Joan López Alegre
no lo veía con buenos ojos en su análisis de esta semana.
"Es una rareza que los partidos de derechas no pacten entre sí siempre que la aritmética lo permita"
Sin embargo, todavía hoy existe una rareza en España que hace que un señor o señora de derechas, arquetípico de una ciudad como Girona, y sus homólogos de una ciudad como Madrid, no voten a diputados que estructuralmente pacten siempre que puedan para que su modelo de sociedad sea hegemónico. Traducido: es una rareza que los partidos de derechas no pacten entre sí siempre que la aritmética lo permita. Y eso se explica en España por la alteración de las coordenadas del debate consecuencia de nuestro modelo territorial en general, pero, sobre todo, por la grave crisis institucional del año 2017 provocada por el independentismo.
Restablecer esas coordenadas no es fácil y hay muchas visiones distintas sobre cómo hacerlo y pese a que exista también un consenso amplio en que eso deba ocurrir. El Gobierno de Pedro Sánchez optó, desde que aprobó los primeros indultos a los líderes del procés, por una línea de reseteo de la situación. Si bien ha sido fuertemente criticada, en medio de un debate controvertido sobre la convicción u oportunismo de la aprobación de la Ley de Amnistía que, en cualquier caso, ha logrado, o no ha impedido, según se quiera ver, que hoy en Catalunya haya los niveles más bajos de apoyo al independentismo en su Parlamento desde los años 80. Los agravios sobre los que el independentismo sustentó su proyecto político, desestabilizando a España, han desaparecido. La presidencia de Salvador Illa es el mejor síntoma de un cambio de etapa imprescindible para restablecer las otras coordenadas.
"Cuesta poco deslizar como conclusión que una parte del legado de la política de reseteo de Pedro Sánchez con Catalunya será un PP en la Moncloa y un Puigdemont en Girona"
Desde esa perspectiva, y para quienes defienden esta hipótesis como la vía imprescindible para España, cuesta poco deslizar como conclusión que una parte de su legado, antes o después, será un PP en la Moncloa y un Puigdemont en Girona. Ambas cosas son síntoma de lo mismo: el restablecimiento de unas coordenadas del mundo de ayer que conectan con las bases fundamentales de nuestro pacto constitucional. La enmienda Mariscal apunta también en esa misma dirección, a la par que señala otra aparente obviedad: ese escenario todavía requiere tiempo.
Por eso, en opinión de Victor Guillot hace unas semanas en Agenda Pública, los amagos del partido de Puigdemont de acabar con la legislatura, son sobreactuaciones incompatibles con el tiempo todavía necesario para la aplicación de la Ley de Amnistía y la resolución de los recursos pendientes.
Podría parecer paradójico, pero es posible que con Puigdemont en Girona, para el PP sea más fácil estar en la Moncloa. Para eso probablemente hace falta tiempo, quizá calma, menos comunicación política importada, otros marcos menos hiperbólicos que favorecen a otras ecuaciones y más política parlamentaria inteligente.