Martes, 28 de julio de 2026
EDITORIAL

A propósito de Francia: sin el Partido Popular español no habrá proyecto europeo

Agenda Pública, en su nueva etapa y siguiendo la mejor tradición de los medios anglosajones, se dirigirá a los lectores a través de editoriales, como el de hoy, y en los que, con transparencia y honestidad, compartiremos nuestra visión sobre cuestiones políticas y económicas que consideramos especialmente relevantes. Nuestro compromiso con la democracia liberal pasa por compartir conocimiento y contexto, así como aportar también nuestro criterio.

Agenda Pública Agenda Pública 7 de julio de 2024
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El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, durante una sesión plenaria, en el Congreso de los Diputados. | Eduardo Parra / Europa Press / ContactoPhoto
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, durante una sesión plenaria, en el Congreso de los Diputados. | Eduardo Parra / Europa Press / ContactoPhoto
Las elecciones francesas de hoy interpelan directamente a España porque el éxito de los movimientos reaccionarios advierte a los liberal-conservadores del inmenso error de asumir sus marcos, hundiendo al espacio tradicional de la derecha, y porque su éxito advierte a la izquierda de los problemas derivados de alimentar sus marcos, poniendo en riesgo nuestro paradigma de derechos y libertades. Pero, sobre todo, interpelan a España porque el PP y el PSOE se han convertido en dos actores determinantes en el futuro de una Unión Europea al ser, junto a Portugal, la excepción comunitaria donde los dos principales partidos están comprometidos con el proyecto europeo. Mientras en Italia, Alemania o Francia los reaccionarios acumulan éxitos, en España los defensores de los valores europeos cuentan con la confianza de una amplia mayoría de los ciudadanos. 

"Alimentar durante años a un partido reaccionario para dividir a la derecha —como empezara a hacer el socialista François Mitterrand—, impulsar una agenda reformista sin implicar a la sociedad francesa —como ha hecho Macron— y asumir la agenda reaccionaria —como han hecho durante años buena parte de los republicanos, igual que sus homólogos italianos— ha sido irresponsable"


El resultado de las elecciones europeas en Francia y la debilidad de los liberales, que precipitó la arriesgada maniobra del presidente, Emmanuel Macron, al convocar elecciones legislativas de forma anticipada, no ha sido suficiente para acabar con su familia europea que, todavía, resiste mejor de lo esperado tras las elecciones al Europarlamento de junio. Aunque se han introducido muchas incertidumbres, el nuevo escenario europeo ha permitido a los conservadores, socialdemócratas y liberales, las familias que impulsaron la construcción de la Unión Europea, seguir liderando nuestras instituciones comunitarias. Sin embargo, el proceso electoral francés señala, al menos, tres aprendizajes: alimentar durante años a un partido reaccionario para dividir a la derecha —como empezara a hacer el socialista François Mitterrand— ha resultado irresponsable, impulsar una agenda reformista sin implicar a la sociedad francesa —como ha hecho Macron— ha sido catastrófico y asumir la agenda reaccionaria —como han hecho durante años buena parte de los republicanos, como hicieran sus homólogos italianos— ha acabado por regalarles todo el terreno de juego. Irresponsabilidad. 

La Unión Europea fue posible gracias a la alianza entre socialdemócratas, democratacristianos y liberales. Las tres grandes familias políticas tuvieron, a pesar del comunismo soviético y en contraste con el modelo estadounidense, la capacidad de diseñar el mejor sistema político, económico y de libertades de la historia y en el mundo. Entonces, España, en plena dictadura, no tuvo ningún papel. Ahora, y en un momento crítico para la Unión, el PP y el PSOE deben asumir su responsabilidad histórica. Ante la aparición de movimientos reaccionarios de derechas en todo Europa, o el triunfo en Francia, y que suponen el principal riesgo que tiene hoy la Unión, necesitamos un centro-derecha liberal y conservador que siga comprometido con su propia identidad europeísta en el conjunto de Europa y también en España. La Unión Europea difícilmente tendrá futuro sin la implicación de los principales partidos españoles. 

"No podemos compartir las afirmaciones de dirigentes del PSOE que señalan que el PP en España es un partido de extrema derecha. Por eso pactarán con ellos en Bruselas la próxima Comisión. Por eso han pactado con ellos el CGPJ a instancias comunitarias. Sin el PP no hay proyecto europeo"


No podemos compartir las afirmaciones de dirigentes del PSOE que señalan que el PP en España es un partido de extrema derecha. No lo es. Si lo fuera, los socialdemócratas europeos estarían pactando con la extrema derecha señalada por sus socios españoles. Si lo fuera, el orden liberal europeo no es que estuviera en riesgo, que lo está, sino que viviríamos en un sistema ausente de derechos y libertades. No es ninguna broma. Tampoco podemos compartir las afirmaciones de dirigentes del PP cuestionando al Tribunal Constitucional o la legitimidad del Gobierno de España. Así se erosionan las instituciones y se asume un marco que construye una pista de aterrizaje para los reaccionarios en Europa. Los movimientos reaccionarios son una amenaza existencial para el proyecto europeo y el PP, en particular el PP español, no es parte del principal problema que tiene hoy la Unión Europea, sino que de él depende en gran medida la solución. Sin el PP español no hay proyecto europeo. Sin el PSOE no hay proyecto europeo. Es sencillo y por eso sus socios europeos pactarán en Bruselas juntos la próxima Comisión. Y por eso el PSOE acaba de pactar con el PP en España la renovación del CGPJ a instancias comunitarias. 

Hay quien ante algunas de estas afirmaciones podría recordar que el PP ha fijado parte de su acceso al poder a las alianzas con los movimientos reaccionarios. Juan Manuel Moreno Bonilla, que hoy gobierna con mayoría absoluta en Andalucía y que representa al ala más tolerante y contemporizadora del partido, fue investido presidente con sus apoyos. Fue así. Conviene recordar también que nadie hizo nada por impedirlo. El PP es dueño de sus decisiones. Mientras, los demás actores son responsables también de advertir del riesgo existencial que suponen los pactos con la extrema derecha sin hacer nada por evitarlo. No debería costar tanto asumir el espíritu cívico que, en Francia, lleva a Dominique de Villepin, un reconocido conservador, a apoyar a la izquierda frente a la formación de Marine Le Pen, a quien considera una amenaza existencial. De lo contrario, las advertencias existencialistas parecen que forman parte de un juego. Y no lo es. Para Daniel Sirera, del PP, que la ciudad de Barcelona estuviera gobernada por el independentismo era un escenario muy poco deseable. Pudo evitarlo, lo hizo e invistió a un alcalde socialista. En la misma línea, hace unas semanas, la socialista Francina Armengol ofreció su apoyo al PP en Baleares para no depender de Vox. Nadie recogió el guante. Son dos caminos que marcan, por motivos distintos, la ruta europeísta. Tienen todo nuestro apoyo. 

La llegada de Alberto Núñez Feijóo a la política nacional generó una elevada expectativa. Sus declaraciones señalando que no había venido a insultar, en contraste con sus antecesores, sino a ganar, marcaban un buen inicio. Sin embargo, tanto entre sus propios votantes, como en el de los otros partidos, su valoración ha evolucionado negativamente en los últimos meses y, especialmente, tras no ser investido presidente el pasado otoño. El principal reproche que se le puede hacer a Feijóo no es otro que no haya seguido un camino identificable, una línea recta, en su propuesta e identidad política y la incertidumbre, razonable, que ha generado con algunas de sus decisiones o con las decisiones que sus dirigentes han tomado ante la ausencia de un criterio público por su parte. El último ejemplo, ante la condecoración al presidente de la República de Argentina por parte de la Comunidad de Madrid en plena crisis diplomática con España. Milei, el participante estrella de la convención reaccionaria que congregó a sus principales referentes mundiales en Madrid hace unas semanas. 

"El éxito de Feijóo como líder de su partido tendrá mucho que ver con la suerte del proyecto europeo"


Milei en su reciente visita a España cuestionó los fundamentos básicos del pacto europeo, y del pacto constitucional español, señalando que la justicia social es "un monstruo horrible". La justicia social es el principal elemento de estabilidad para la Unión Europea y el precepto básico que permite que el crecimiento económico no genere elevadas cuotas de desigualdad, como pasa en América Latina o en buena parte del mundo. La desigualdad ha sido el desencadenante de los peores momentos de la historia del último siglo. La Unión Europea se construyó, precisamente, para evitar repetir esos momentos. No hay equidistancia posible. Sin embargo, pareciera que el aplauso a Milei pudiera haber marcado algún punto de inflexión y, con el primer pacto de Estado entre PP y PSOE de los últimos años, con la renovación del CGPJ, Feijóo ha decidido empoderarse y actuar como el líder de un partido liberal-conservador europeísta que asume su liderazgo. A nosotros nos gusta pensar que es así porque la suerte y éxito de Feijóo en su partido tiene mucho que ver con la suerte del proyecto europeo. 

Alberto Núñez Feijóo debe acabar de decidir si dejarse llevar por los mismos que en su partido hubieran defendido la estrategia de Forza Italia, que llevó a Silvio Berlusconi a asumir una agenda impropia de la derecha liberal-conservadora, fundiéndose y confundiéndose con movimientos populistas que han acabado por hundir al espacio tradicional de la derecha italiana y han llevado al Gobierno de Italia a una derecha reaccionaria. Debe acabar de decidir si dejarse llevar por los mismos que en su partido hubieran defendido la estrategia de Los Republicanos, que asumieron una agenda impropia de la derecha liberal-conservadora, fundiéndose y confundiéndose con movimientos populistas que han acabado por hundir al espacio tradicional de la derecha francesa, incluso con su propio presidente pidiendo pactar, en nombre de la identidad del partido del general Charles de Gaulle, con quienes critican lo que significó la Resistencia francesa a la Alemania de Hitler en la Segunda Guerra mundial. 

Alberto Núñez Feijóo debe acabar de decidir si dejarse llevar por los mismos que en su partido defienden el modelo de la derecha latinoamericana, continente donde todavía no se ha encontrado un modelo bueno, que desde tesis libertarias, y en complicidad con los movimientos reaccionarios europeos, enmiendan las bases del orden social que desde la Segunda Guerra Mundial han convertido a nuestro continente en el principal espacio de bienestar, libertad e igualdad de todo el mundo. En definitiva, Alberto Núñez Feijóo debe acabar de decidir si dejarse llevar por los mismos que en su partido miran con más entusiasmo a Donald Trump, quien puede acabar siendo la principal amenaza del orden político y económico liberal global, o por quienes ven en el primer ministro Donald Tusk, cuyo partido ha sido el que más apoyo tuvo en las elecciones europeas de junio (37,5%) en todos los países de la Unión, el símbolo del compromiso europeo de los liberal-conservadores frente a nuestras amenazas existenciales.

"Sin el Partido Popular español no habrá proyecto europeo. Sin el PSOE no habrá proyecto europeo. Y sin la complicidad entre ambos, en España, y en el conjunto de la Unión, tampoco habrá proyecto europeo. España, y sus dos principales partidos, son y van a ser determinantes en el futuro de la Unión"


Sin el Partido Popular español no habrá proyecto europeo y sin el éxito de Alberto Núñez Feijóo en el Partido Popular español ese escenario será más complicado. Sin la complicidad del PP y el PSOE en España, y en el conjunto de la Unión, tampoco habrá proyecto europeo. España y sus dos principales partidos son y van a ser determinantes en el futuro de la Unión. La política internacional nos anticipa los movimientos de fondo, los errores tácticos y estratégicos cometidos anteriormente en otros lugares y por otros y nos señalan cómo la política nacional no es ni puede ser ajena a lo que ocurre a nuestro alrededor. La política europea es también una expresión de nuestra política interna y viceversa. 

En un momento en el que Francia podría abandonar su vocación estructural en el liderazgo de la Unión, Italia está presidida por una política que participa y aplaude las visitas de Milei a Europa, mientras enmienda todos nuestros fundamentos básicos, y en Alemania un partido más a la derecha que nuestros extremistas, aumenta sus expectativas ante la desmemoria del porqué de la construcción comunitaria, el futuro de la Unión Europea depende cada vez más de la capacidad del PP español y del PSOE y sus actuales líderes de asumir su compromiso histórico. Nuestros mejores deseos y aciertos para Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo y hacia su compromiso con el proyecto europeo. 
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