Corren ríos de tinta analizando la victoria de Rassemblement National en las legislativas francesas del pasado domingo 30 de junio; cómo ha podido pasar, cómo hemos llegado a este punto, cómo es posible que la extrema derecha muestre una tendencia tan alcista, etc. Lo primero que deberíamos tener en cuenta a la hora de responder a estas cuestiones es que esto no sucede de la noche a la mañana; Marine Le Pen y su partido han sabido ser pacientes durante más de una década, intentando establecer un suelo electoral sólido y leal en la mayoría de los départements de la Francia metropolitana, ciudad por ciudad, pueblo por pueblo, en muchas ocasiones poniendo a París frente al espejo como ejemplo del camino que no debe tomarse: cosmopolitismo, multiculturalidad, aperturismo, etc. Por otro lado, dos factores fundamentales que en Francia tienen una relevancia crucial: el creciente miedo al islam y a la no-integración de la población musulmana, y la sensación de orfandad política actual. El primer punto, muy en línea con el resto de las extremas derechas europeas, responde a la búsqueda de un chivo expiatorio al que asignar los males de la nación, lo cual ha sido amplificado desde el mismo Estado al potenciar la creación de guetos y comunidades aisladas unas de otras desde el inicio de las grandes migraciones de los años 70 del siglo pasado. El segundo, sobre el que se escribió precisamente aquí hace ya dos años, está más relacionado con la convergencia de diversos factores económicos, como la desindustrialización y la integración de Francia en un contexto globalizado, lo que sumado a la crisis de la izquierda poscomunista ha sumido a esas zonas en el pesimismo y el escepticismo hacia la política convencional.
Sea como fuere, lo cierto es que el partido de Marine Le Pen está a las puertas de una victoria inédita que podría catapultarla a la presidencia de la República en 2027. Están fagocitando a sus competidores directos (Reconquête, de Zemmour, ha implosionado) y absorbiendo gran parte del electorado de la vieja UMP gaullista, los actuales
Républicains. Mientras tanto, el partido de Macron, que ha sufrido una derrota aplastante en la primera vuelta, se encuentra dividido (si no en contra) acerca de retirar su candidatura de cara a la segunda vuelta en aquellos lugares donde ha quedado en tercer lugar, detrás de RN y la alianza de izquierdas
Nouveau Front Populaire, para favorecer a estos últimos. Si bien quedan muchos sitios por disputarse en segunda vuelta,
los diversos escenarios posibles que se plantean otorgan o bien mayoría absoluta o relativa holgada para las fuerzas de RN+Ciotti (la facción de
Républicains favorable al pacto con el partido de Le Pen).
"En caso de formarse un gobierno con un primer ministro de RN y una asamblea favorable, este se mostraría altamente crítico con el proceso de integración europea, algo que la opinión pública francesa no vería con malos ojos, ya que es uno de los países donde el euroescepticismo ha calado más profundamente".
Considerando lo anterior, cabe preguntarse ¿qué pasaría si RN obtiene la mayoría necesaria para un gobierno de cohabitación? ¿Y si Marine Le Pen gana las elecciones presidenciales de 2027? Es importante tener en cuenta que, si bien este partido puede ubicarse en el espectro de la extrema derecha, sus postulados han ido mutando a lo largo del tiempo. Es decir, hoy por hoy están a años luz del viejo FN de Jean Marie Le Pen, e incluso su programa difiere sustancialmente hoy día de aquel que presentaron en 2017. Marine, y sobre todo su joven candidato Jordan Bardella, han ido lavándole la cara al partido de forma obstinada para hacerlo madurar y prepararlo para las responsabilidades de gobierno. Si en 2017 defendían un “Frexit” duro, hoy por hoy abogan por un incremento de las tensiones en diversas áreas, tales como inmigración, transición energética y competitividad. Por tanto, es previsible que, en caso de formarse un gobierno con un primer ministro de RN y una asamblea favorable, este se muestre altamente crítico con el proceso de integración europea, algo que la opinión pública francesa no vería con malos ojos, ya que es uno de los países donde el euroescepticismo ha calado más profundamente. Asuntos actuales como la Unión de Mercados de Capitales o el debate sobre la Autonomía Estratégica Europea podrían no solo ser boicoteados por un eventual gobierno de RN, sino que también existe la posibilidad de que sean archivados de nuevo. En particular, el partido de Le Pen ha destacado en su crítica al envío de armamento y apoyo económico, militar y logístico a Ucrania en su conflicto con Rusia, aprovechando un creciente malestar de la población respecto al papel de la UE y de cada uno de sus Estados en dicho conflicto.
"Las consecuencias políticas y económicas serían significativas y marcarían un punto de inflexión para la extrema derecha europea, legitimando su posición a nivel continental al conquistar el poder en el país donde nació el proyecto europeo".
Uno podría argumentar que la llegada de Bardella al gobierno moderaría al partido y lo haría más 'sistémico', similar a lo que parece haber ocurrido con Meloni en Italia. Sin embargo, hay que tener varios factores en cuenta. En primer lugar, Marine Le Pen es plenamente consciente de los riesgos que implica ese alineamiento con el sistema, ya que podría llevar a la desmovilización de su electorado y perjudicarles en el futuro, como ocurrió con la derecha italiana en las municipales. Rassemblement National busca acceder al gobierno para, entre otras cosas, utilizarlo como plataforma que les catapulte a la presidencia de la República en 2027, su gran objetivo. Por tanto, renunciar a su programa implicaría un coste altísimo que seguramente no estén dispuestos a asumir, por lo que cabe esperar ciertos gestos a nivel económico de cara a la galería (apuesta por el proteccionismo, hostilidad hacia la firma de nuevos tratados comerciales, etc.) y un mayor inmovilismo europeo. Además, Francia no es Italia, Hungría o Polonia. Hablamos del país más importante de Europa Occidental en términos económicos, geopolíticos y militares. Durante la presidencia de Macron, Francia ha apostado claramente por una mayor integración europea (a pesar de las críticas recibidas) y se ha posicionado como líder en seguridad y estrategia dentro de la UE. La llegada de Marine Le Pen a la presidencia cambiaría radicalmente esta dinámica. Las consecuencias políticas y económicas serían significativas y marcarían un punto de inflexión para la extrema derecha europea, legitimando su posición a nivel continental al conquistar el poder en el país donde nació el proyecto europeo.