Miércoles, 5 de agosto de 2026
ANÁLISIS

Las elecciones de Reino Unido y Francia explican el futuro político de Europa

La ultraderecha se nutre de la corrosión de las instituciones que ellas mismas realizan. Esta se materializa principalmente en la degradación del discurso político, normalmente adoptando formas simplistas y agresivas llenas de falsedades contrastables. Posteriormente, la ultraderecha trata de paralizar el funcionamiento institucional para crear la sensación de fracaso de la política democrática-liberal.

Matthew McLaughlan Merelo Matthew McLaughlan Merelo 4 de julio de 2024
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Reunión en París de Emmanuel Macron y Rishi Sunak.  | Rit Heize / Xinhua News / ContactoPhoto
Reunión en París de Emmanuel Macron y Rishi Sunak. | Rit Heize / Xinhua News / ContactoPhoto
Entre el 4 y el 7 de julio se podrá observar la alineación de dos astros que raramente coinciden en el firmamento: las elecciones generales en Reino Unido y la segunda vuelta de las elecciones legislativas en Francia. Supondrán dos grandes estudios de caso para entender la nueva etapa política en Europa, que se abrió tras las elecciones europeas. Por supuesto, este cambio lleva fraguándose más de una década, sin embargo, merece la pena entender el contexto de estas dos elecciones para apreciar las señales que nos envían sobre nuestro propio futuro.

En el caso del Reino Unido, las elecciones no solo suponen el fin de 14 años de mandato de los conservadores, sino un descalabro completo del partido. La principal lección que se puede sacar de este ciclo es que las espirales populistas son profundamente corrosivas. Los tories han sido capaces de mantener durante tanto tiempo el poder no por la virtud de sus políticas, sino porque han sabido crear un bucle político a la vez que se presentaban a sí mismos como los únicos capaces de controlarlo, lo que les ha permitido ganar sucesivos mandatos.

"Los partidos o políticos populistas sobredimensionan un problema nicho o inexistente hasta convertirlo en un debate protagonista, para luego presentarse a sí mismos como la única posible solución al problema".


Tras la experiencia del referéndum escocés, el primer ministro Cameron creyó posible replicar la táctica para acallar al flanco de derecha dura de su propio partido y a la oposición de ultraderecha mediante un referéndum sobre la salida del país de la Unión Europea (UE). En vez de conseguir legitimar a Cameron en el poder, el resultado consiguió empoderar al populismo de ultraderecha. Los grupos más extremos de los conservadores defendían el Brexit como la solución a las políticas de austeridad impuestas por su propio partido (las políticas de austeridad conservadoras fueron diseñadas para afectar a las zonas más pobres del país, normalmente con altas tasas de votantes laboristas, provocando graves problemas en el largo plazo como la disminución constante de la altura media de los niños y las niñas del Reino Unido desde el 2013). Simultáneamente, el ala dura del partido se mostraba como la única fuerza capaz de llevar el Brexit a cabo, de ahí la sucesión May, Johnson, Truss y Sunak. Este es un modus operandi habitual de la política polarizada: los partidos o políticos populistas sobredimensionan un problema nicho o inexistente hasta convertirlo en un debate protagonista, para luego presentarse a sí mismos como la única posible solución al problema. Habitualmente, las medidas propuestas se basan en políticas ineficaces que buscan eternizar este ciclo a través del secuestro de la opinión pública, impidiendo debates políticos en profundidad que propongan caminos políticos distintos.

Otro ejemplo notorio de estos ciclos de polarización son las políticas migratorias de los tories. El Brexit suponía un control para frenar la inmigración indeseada y poder admitir solo a los migrantes deseados. Mientras que en el periodo de 2015 a 2019 la migración neta al Reino Unido oscilaba entre 200.000 y 300.000 personas, en 2022 fueron más de 700.000 personas. Sin embargo, la mayor parte de la migración actual proviene de países de los cuales los proponentes del Brexit prometían detener implícitamente. A su vez, la inmigración proveniente de la UE ha caído un 70% desde el 2016, provocando, entre otras cosas, un colapso de sectores como el sanitario al no poder contar con el suficiente personal médico. Ante esta realidad, los conservadores han respondido con más medidas populistas, como el programa de deportación forzada de solicitantes de asilo a Ruanda o la construcción de centros de internamiento con condiciones deplorables. Ambas en clara violación de los Derechos Humanos en el país de la Bill of Rights.

"Starmer con su estilo reformista pausado puede aportar al país la estabilidad necesaria y las reformas posibles que comiencen a sacar al país del estancamiento".


Starmer llegará al poder con un programa de mínimos, ya que su estrategia ha sido aprovechar la autodestrucción del Partido Conservador para ganar las elecciones, aunque también viene impuesto por el ahogamiento fiscal que heredará. La mayoría de británicos creen que no ganará las elecciones por mérito propio y le ven como un candidato demasiado insípido. No obstante, Starmer puede ser precisamente lo que necesite el Reino Unido en estos momentos. El ejercicio del poder de forma patrimonial de los conservadores ha provocado problemas irresolubles en el medio plazo. El Brexit ha creado un agujero de 100.000 millones de libras anuales en comercio perdido y grandes deficiencias en el mercado laboral que no son posibles de resolver sin un acercamiento a la UE. Además, el país se recupera más lentamente de la pandemia y la crisis energética en comparación con los miembros de la UE, debido a que su salida impidió obtener financiación comunitaria. En 2022, el breve mandato de Truss empeoró aún más la economía con recortes fiscales neoliberales, de los que el consenso económico se ha alejado durante más de una década. En contraste, Starmer con su estilo reformista pausado puede aportar al país la estabilidad necesaria y las reformas posibles que comiencen a sacar al país del estancamiento. En estas elecciones, el partido laborista será la mejor opción para el Reino Unido.

"En Francia, el dique de contención tecnócrata de Macron ha demostrado que la ultraderecha no se puede frenar sin un proyecto transformador".


Tres días después, los franceses decidirán la distribución final de su parlamento. La primera vuelta ha visto al partido de ultraderecha Rassemblement National (RN) ganar un 33% del voto, mientras que la coalición de izquierdas de Nouveau Front Populaire (NFP) ha obtenido un 28%, con el Reinassance de Macron en un distante 20%. El sistema a dos vueltas y la retirada táctica de terceros candidatos complica predecir aun las fuerzas de los partidos en la próxima legislatura. Pero, si en el Reino Unido los conservadores, consumidos por el efectismo populista, han destruido el futuro a medio plazo de su país; en Francia, el dique de contención tecnócrata de Macron ha demostrado que la ultraderecha no se puede frenar sin un proyecto transformador. Las políticas neoliberales de recortes y privatización han dejado grandes huecos en la sociedad francesa. La ultraderecha se alimenta precisamente de estos vacíos dejados por los partidos mainstream. Cuando estos demuestran que no son capaces de mejorar la calidad de vida, el discurso simplista y acusatorio de los post-fascismos llena los huecos que la política institucional deja expuestos. Por ello, un 54% de los obreros franceses han votado al RN.

Las políticas propuestas por Le Pen, líder del RN, son de especial relevancia para entender la nueva ola de la ultraderecha europea. Su objetivo primordial es la creación de un etnoestado del bienestar donde solo aquellos que los ultraderechistas decidan como nacionales puedan acceder a servicios públicos de alta calidad y derechos plenos. Su proyecto de país se servirá de inmigrantes que participen en la economía, pero sin acceso completo a servicios públicos ni a derechos básicos y sin la posibilidad de un acceso real para convertirse en ciudadanos. Para conseguirlo, el RN propone acabar con el derecho a nacionalidad por nacimiento en territorio francés o un elevado gasto social. Estas políticas siguen el modelo de Meloni, quien con una mano permite que se detenga por 18 meses a una persona inmigrante sin papeles mientras que con la otra aumenta la cuota de trabajadores extranjeros.

Incluso si RN no consigue formar gobierno, su previsible subida sigue suponiendo un profundo peligro para la democracia europea. La ultraderecha se nutre de la corrosión de las instituciones que ellas mismas realizan. Esta se materializa principalmente en la degradación del discurso político, normalmente adoptando formas simplistas y agresivas llenas de falsedades contrastables. Posteriormente, la ultraderecha trata de paralizar el funcionamiento institucional para crear la sensación de fracaso de la política democrática-liberal. Estos dos patrones se reproducen por toda Europa y llegará esta legislatura al Europarlamento. Su meta final es la imposición de los marcos de ultraderecha para que la política opere dentro de su propia lógica. Esta táctica ya ha conseguido arrastrar a partidos como el Reinassance de Macron o los socialdemócratas daneses hacia marcos de ultraderecha en temas como la inmigración o el crimen, hasta el punto de hacer sus propuestas indistinguibles de los propios ultras, lo que, a su vez, favorece la normalización de estas políticas que van en contra de las bases de nuestros sistemas democráticos.

Tomadas en su conjunto, estas lecciones advierten de los peligros que las ultraderechas suponen para el funcionamiento de las democracias europeas. Hasta ahora, se han servido de imponer sus marcos a la derecha tradicional y al centro liberal en Reino Unido y Francia para ser efectivas. Estas experiencias muestran que, para degradar las instituciones, no necesitan ejercer el poder en primera persona. Sin embargo, hoy, la ultraderecha es un peligro que ya vive en el corazón de las instituciones y en las mentes de muchos votantes. En respuesta, la izquierda está llamada a crear un proyecto profundo, coherente y amplio, pero sobre todo europeo.

"Es fundamental que la izquierda deje de usar a la ultraderecha para reclamar el voto del miedo".


Para lograrlo, debemos rechazar a la extrema derecha no solo en sus ideas y esencia, sino también en sus formas. Es fundamental que la izquierda deje de usar a la ultraderecha para reclamar el voto del miedo. La política real es compleja y profunda, y no existen soluciones rápidas para realizar las transformaciones necesarias. Por tanto, para huir del simplismo estupidizante de la extrema derecha, la izquierda debe refundar la confianza con los votantes ejerciendo el poder como un servicio público. Esto pasa por una transparencia radical que traslade los procesos deliberativos de las decisiones políticas, deslegitimizando así los discursos falsos y acusatorios.

La experiencia del NFP francés demuestra que un proyecto unitario de fuerzas progresistas puede desplazar los marcos de la ultraderecha. En el Reino Unido, el Partido Laborista parece haber comprendido que la izquierda contemporánea no está destinada a la protesta ni a la subversión, roles ahora adoptados por la ultraderecha. Hace un año, Starmer escribió: “[El partido laborista] debe dejar de ser un partido de protesta para convertirse en un partido capaz de ganar poder y entregarlo a la clase trabajadora”. La izquierda de hoy debe ser gestora, estable, y, sobre todo, transformadora de las condiciones materiales de las personas, utilizando toda la fuerza de nuestras instituciones democráticas.
Matthew McLaughlan Merelo
Matthew McLaughlan Merelo
Investigador visitante júnior en el CIDOB
Forma parte del equipo de investigación del 'think tank' catalán CIDOB. Ha sido redactor en 'Agenda Pública'. Anteriormente, fue investigador en el Centro de Economía Global y Geopolítica de Esade (EsadeGeo), donde apoyaba a Javier Solana en discursos y escritos, y preparaba sesiones informativas sobre política nacional e internacional.
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