Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

Harris o Trump: claves para entender quién ganará las elecciones de EE. UU. 2024

El politólogo Xavier Calafat escribe sobre las claves que decantarán el voto de los americanos el próximo 5 de noviembre. Con las encuestas en un empate estadístico, la elección dependerá de unos pocos factores demográficos y de los eventos que están marcando el fin de la campaña.

Xavier Calafat Xavier Calafat 1 de noviembre de 2024
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Kamala Harris y Donald Trump llega completamente empatados en las encuestas al 5 de noviembre. | Agenda Pública
Kamala Harris y Donald Trump llega completamente empatados en las encuestas al 5 de noviembre. | Agenda Pública
El próximo 5 de noviembre, millones de ojos estarán atentos a lo que pase en Estados Unidos. En estas líneas me gustaría ofrecer un análisis de las bases electorales que moviliza cada partido y sus estrategias de campaña para captar votantes, destacando cómo estas elecciones reflejan una tendencia global: el avance democrático o el retroceso autoritario en las sociedades.

"Estados Unidos es de las pocas democracias en que puede ganar en voto popular un candidato, pero salir escogido presidente el que haya obtenido más votos electorales"
Estados Unidos tiene un sistema mayoritario en que el ganador se lleva todo (
winner takes all) y de sufragio indirecto. Es decir, los votantes no votan directamente al presidente, sino que sus votos se convierten en votos electorales dentro de unas reglas que, favorecen a los estados pequeños rurales de tendencia conservadora y desfavorecen a los estados grandes de tendencia más progresista. En la práctica, Estados Unidos es de las pocas democracias en que puede ganar en voto popular un candidato, pero salir escogido presidente el que haya obtenido más votos electorales (recordemos el caso de Hillary Clinton en 2016). 

Esto hace que cobren una gran importancia los territorios que tienden a cambiar de orientación política, ya que a grandes rasgos las costas americanas suelen ser demócratas y el interior republicano. Este año los swing states son Arizona, Nevada, Georgia, Carolina del Norte, Michigan, Wisconsin y Pensilvania. 

En todos ellos los márgenes son muy estrechos, pero los republicanos están avanzando posiciones, según las últimas encuestas. El modelo de Nate Silver uno de los más famosos en el mundo de los analistas, elaborado mediante la agregación de diversas encuestas, pone a Trump por delante en Pensilvania, Carolina del Norte, Georgia y Arizona. Harris estaría ganando en Michigan, Wisconsin y por la mínima en Nevada. Con esta distribución, Trump estaría más cerca de la Casa Blanca. 



A nivel nacional, el modelo de Silver a día 30 de octubre, sigue poniendo a Harris por delante de Trump, pero por un margen de poco más de un punto. Con estos números no parece descabellado pensar que volvamos a vivir una situación como la del 2016. Aun así, la gran esperanza de los demócratas está sobre todo en lo que ellos han bautizado como el Blue Wall, los tres estados decisivos del Rust Belt (Cinturón del Óxido) —Pensilvania, Míchigan y Wisconsin— que concentraba antaño la potencia industrial de Estados Unidos y que han sido golpeados duramente por las deslocalizaciones. 

"La gran esperanza de los demócratas está sobre todo en lo que ellos han bautizado como el Blue Wall, los tres estados decisivos del Rust Belt (Pensilvania, Míchigan y Wisconsin)"
De hecho, solo con ganar en estos 3, e incluso perdiendo Nevada, Harris tendría asegurada la victoria por la mínima. La llave está en Pensilvania, que es el Estado bisagra que más votos electorales aporta. Son los tres estados que ganó Obama, en 2008 y 2012; Trump, en 2016, y Biden, en 2020. ¿En quién confiarán ahora los perdedores de la globalización?



La coalición arcoíris: dilemas de la movilización del voto demócrata

Consciente de la importancia de estos estados, Harris ha seleccionado como vicepresidente a Tim Walz, gobernador de Minnesota, quien puede representar un perfil más laborista dentro del Partido Demócrata y tiene un fuerte atractivo para el voto blanco. Walz, un antiguo profesor de instituto, que también fue sargento de la Guardia Nacional y entrenador de fútbol americano, ha promovido leyes de protección sindical y permisos retribuidos por maternidad y enfermedad, ganándose el respeto de los sindicatos. 

"Walz, un antiguo profesor de instituto, que también fue sargento de la Guardia Nacional y entrenador de fútbol americano, ha promovido leyes de protección sindical y permisos retribuidos por maternidad y enfermedad"
Este perfil de persona común contrarresta la imagen elitista que los republicanos intentan proyectar sobre los demócratas. Y como tipo normal, lanzó el que ha sido el mejor marco para encuadrar a Trump y sus aliados: son raros (
weird) no son como la gente normal. 

Con la inflación y el rumbo de la economía como los principales problemas de los norteamericanos y más todavía para los ciudadanos de los estados del Rust Belt, Harris está volcándose en estos estados clave en la recta final de su campaña. 



Los votantes blancos y sin estudios prefieren y por mucho a Donald Trump. Los demócratas todavía son poco atractivos para este segmento porque siguen acusando la herencia del "neoliberalismo progresista", que, por un lado, promovía las luchas por el reconocimiento (feminismo, antirracismo, multiculturalismo y derechos de los LGBTQ), y, por otro protegía y aupaba sectores de negocios de gama alta simbólica y sectores de servicios (Wall Street, una parte de Silicon Valley y Hollywood).

Harris lo sabe y por eso golpea a Trump con el fracaso de las promesas que hizo a los trabajadores de estos estados. Por mucho que el trumpismo se supiera postular como en el protector de la clase obrera blanca y sus tradiciones frente a las políticas librecambistas y cosmopolitas del Partido Demócrata desde los años de Bill Clinton; en la práctica, sus políticas no protegieron a esa gente. Como recordó Harris, "los fabricantes de automóviles estadounidenses anunciaron el cierre de seis plantas mientras él era presidente, incluida General Motors en Warren (Míchigan)".  

"Para combatir la inflación, uno de los grandes temas de la campaña, Harris pretende impulsar una prohibición federal de los precios abusivos de los alimentos y revitalizar la competencia en el sector"
Para combatir la inflación, uno de los grandes temas de la campaña, Harris pretende impulsar una prohibición federal de los precios abusivos de los alimentos y revitalizar la competencia en el sector, vetando fusiones y adquisiciones. Además, los demócratas apuestan por subir el salario mínimo y una reforma fiscal que eleve el tipo del impuesto de sociedades del 21% al 28%. 


Hay otros dilemas a comentar sobre la coalición de voto demócrata. No deja de resultar llamativo que desde que ganó Trump en el 2016, la participación electoral de los votantes blancos ha ido en ascenso hasta alcanzar máximos históricos en el 2020, mientras que la de los votantes afroamericanos sigue lejos de los máximos a los que llegó en el 2012 para la reelección de Barack Obama. Por ello, los demócratas se han volcado en mejorar en este nicho, con constantes apariciones de figuras públicas como el propio expresidente, la ex primera dama, el actor Samuel L. Jackson o el director Spike Lee. Especialmente en estados como Georgia —el estado bisagra con mayor proporción de población afroamericana—.



No obstante, el historial de Harris como fiscal general de California genera escepticismo entre ciertos sectores del voto negro, quienes la ven como partícipe de un sistema carcelario, que ha afectado particularmente a las comunidades afroamericanas. Unido a su posición de la guerra en Palestina, que ha movilizado a miles de jóvenes estadounidenses, puede lastrar sus expectativas. 

La escalada del conflicto bélico en Oriente Medio y la nulidad con la que actúa Estados Unidos ante el genocidio en curso pueden suponer que una parte importante del voto joven en el que Harris es muchísimo más competitiva que Trump se quede en casa. También se debe tener en cuenta que estados bisagra como Michigan tienen un contingente crucial de población árabe-estadounidense que podría decantar la balanza ante unas proyecciones tan ajustadas.

Además, debemos analizar bien el voto hispano que ha ido creciendo en los últimos años. El voto hispano ya es la primera minoría del país, por encima de los afroamericanos, con el 11% de la población registrada para votar. Es un nicho claramente demócrata, pero en el que Trump avanza posiciones (con el apoyo de figuras como el reguetonero Anuel AA, Justin Quiles o el senador Marco Rubio), pasando del 28% que obtuvo en el 2016 a una estimación entre estos sectores que roza el 40% en algunas encuestas.
 
El potencial giro a la derecha puede afectar a Harris y a los demócratas en los estados de Nevada (donde hay un empate técnico) y Arizona (que en estos momentos parece decantarse por los republicanos a una distancia de más de 2 puntos de los demócratas), donde los latinos fueron claves para que Biden conquistara la presidencia en 2020. 

En definitiva, los demócratas se enfrentan al reto de articular y movilizar una coalición de voto muy diversa y de la que no tiene garantizado su voto al 100%. La demografía no escapa a la política. 

"El problema [para los demócratas] está en tratar a las minorías como bloques estancos, como si la pertenencia a esas supusiera siempre el hecho diferencial que decanta el comportamiento político"
El problema está en tratar a las minorías como bloques estancos, como si la pertenencia a esas supusiera siempre el hecho diferencial que decanta el comportamiento político. Se equivocaba el asesor demócrata James Carville, quien en su libro 40 More Years: How the Democrats Will Rule the Next Generation predecía una hegemonía demócrata debido a cómo incrementarían los grupos demográficos que había aupado a Obama al poder. Los blancos sin estudios suponen un 44,3% del electorado (según las estimaciones de Cook Political) y si los demócratas no mejoran sus cifras, la victoria de Trump podría estar asegurada. 

Los demócratas deben fraguar una coalición arcoíris, que agrupe a estos diferentes sectores de los Estados Unidos bajo una dirección de transformación y justicia social del país. Se trata de volver a unir las luchas por el reconocimiento con las luchas por la redistribución frente al neoliberalismo progresista. Una interseccionalidad que los nuevos movimientos sindicales ya están poniendo en marcha. 

La coalición entre blancos pobres y Silicon Valley: el trumpismo en el Partido Republicano

Por su parte, Donald Trump y el Partido Republicano mantienen los mismos mitos y ejes discursivos que los llevaron al triunfo en 2016. La base de Trump es sólida; aunque perdió en 2020, obtuvo 74 millones de votos, incrementando su respaldo respecto a 2016. Trump obtuvo más votos que Obama en el 2008 y 2012 en esas elecciones. Esa base social y electoral se ha construido principalmente (porque se construye sobre las bases electorales del Partido Republicano) sobre los grandes intereses del capital financiero y el capital industrial del país, sobre el eje rural-urbano (porque la base social del trumpismo está en la América rural) y sobre la variable racial, apoyándose sobre la América blanca. Sin olvidar el componente religioso de algunos de esos grupos, vertebrados en torno al evangelismo. 

"La base de Trump es sólida; aunque perdió en 2020, obtuvo 74 millones de votos, incrementando su respaldo respecto a 2016"
A eso se le añade además un componente que Trump supo explotar muy bien en los territorios del Rust Belt que tiene que ver con la crítica de la globalización. Este bloque se presenta entonces como una alianza entre el conservadurismo clásico norteamericano y una serie de diferentes sujetos que incorpora Trump, que van desde los red-necks a ciertos multimillonarios de Silicon Valley como Elon Musk o el fundador de Pay-Pal, Peter Thiel. 

La dupla de escuderos de Trump encabezada por J.D. Vance y Elon Musk representa bien esta alianza. Vance, nacido en el seno de una familia de clase trabajadora de Ohio, se alistó en la Marina, fue destinado a Irak y luego se graduó como abogado en la prestigiosa Universidad de Yale. Todo este primer capítulo de su vida está narrado en Hillbilly Elegy, la autobiografía que lo hizo famoso, donde Vance describe la pobreza de su familia, su infancia marcada por la adicción a las drogas de su madre, la ausencia de su padre y la vida en una zona rural de Kentucky.  El relato apunta el desprecio y la desconexión de las clases dirigentes hacia el interior trabajador de Estados Unidos. Mientras que Musk aporta la figura de un poderoso hombre de negocios que encandila a los grupos libertarians que desean la extinción del Estado al estilo de Javier Milei. Pero, sobre todo, aporta sus recursos financieros y el algoritmo de X. 

Thomas Frank, en ¿Qué pasa con Kansas?, explicaba a propósito del surgimiento de los primeros grupos ultraconservadores que "se unieron dos facciones políticas muy diferentes, los republicanos de los negocios tradicionales con su fe en el libre mercado; y la clase media estadounidense en declive, que se apuntó para preservar los valores familiares". La proyección de la imagen de los demócratas como "unos esnobs, unos pijos e ignorantes que han perdido el contacto con la vida real de la gente" ha ayudado a atraer un contingente importante de estos votantes blancos, sin estudios y empobrecidos. 

"La proyección de la imagen de los demócratas como "unos esnobs, unos pijos e ignorantes que han perdido el contacto con la vida real de la gente" ha ayudado [a los republicanos] a atraer un contingente importante de estos votantes blancos, sin estudios y empobrecidos"

Con el foco en la guerra cultural contra el feminismo, el aborto o la inmigración ilegal, estos grupos han construido una división entre "los honrados trabajadores cristianos y buenos americanos, por un lado, y los progresistas decadentes que beben café a la europea y conducen coches extranjeros, defienden el aborto y la homosexualidad, se burlan del sacrificio patriótico y del estilo de vida sencillo y provinciano", como describió Žižek en el epílogo de ¿Qué pasa con Kansas?

El equipo de Trump también es consciente de dónde se juegan las elecciones. Este miércoles Trump estaba en Green Bay (Wisconsin) mientras que J.D. Vance se dirigía a Pensilvania. Saben que cuentan con una de las mejores bases electorales, como es el voto blanco, pero que necesitan mejorar en otros ámbitos. Al estilo de otras extremas derechas, Trump se ha lanzado a por el voto de los hombres jóvenes. La última encuesta de Ipsos observó una clara mejora entre los varones de entre 18 y 39 años, donde ya superaría a Harris (46% vs. 51%) mientras que las mujeres jóvenes se inclinarían por la candidata demócrata (66% vs. 32%).



En el programa de los republicanos destaca el arancel del 60% que quieren poner a todos los productos importados de China. En un mitin de la pasada semana en Detroit (Míchigan), capital de la industria del automóvil, Trump afirmaba: "Algunos dicen que mi defensa de los empleos estadounidenses me convierte en proteccionista, y sí, protegeré lo que es nuestro. Protegeré a nuestros trabajadores. Protegeré nuestros empleos y protegeré nuestras fronteras. Protegeré a nuestras familias."

En Nevada, Trump ha prometido eliminar los gravámenes de impuestos a las propinas que cobran los trabajadores. En un nuevo guiño hacia el electorado hispano, en Las Vegas, explicó su propuesta junto a un cartel que ponía en español "No impuestos en propinas". Trump busca cotejar a este electorado que representa uno de cada cinco votantes de Nevada y son mayoría en el sector de la hostelería. Ahora bien, las recientes declaraciones de algunos republicanos en el mitin de Trump en Nueva York contra los puertorriqueños podrían ayudar a Harris a hacerse con Pensilvania, donde viven, según datos del censo, más de 470.000 puertorriqueños. 

"Las encuestas estiman que hasta un 9% de republicanos estarían en contra de Trump"
Además, el trumpismo se enfrenta a una potencial división por el flanco del electorado más moderado de los republicanos. El conocido halcón de la época de Bush, Dick Cheney, encabeza un grupo llamado Republicans for Harris con otros miembros de la administración Bush. Las encuestas estiman que hasta un 9% de republicanos estarían en contra de Trump. Son pocos, pero ante unas elecciones tan ajustadas pueden ser decisivos.

A favor de Trump juega el estado de la economía norteamericana y la inflación después de 4 años de mandato de Biden, cuya figura y administración están muy mal valoradas, incluso peor que la propia figura de Trump. De hecho, la encuesta de Ipsos que antes comentaba apunta a que Trump es el candidato en el que más se confía para enderezar la economía y controlar la inflación, los dos principales problemas del país. Harris está mejor valorada en proteger la democracia, defender el derecho al aborto o mejorar el sistema de salud.  Estamos otra vez delante de una campaña que gira sobre la economía y los demócratas representan el oficialismo saliente que la ha gestionado los últimos años. It’s the economy stupid!



Pronto sabremos cuál de estas coaliciones prevalecerá y marcará el rumbo del país, pero una cosa está clara: si estas previsiones se mantienen y el trumpismo se afianza en lugares como Pensilvania, Trump será el próximo presidente de Estados Unidos. 
Xavier Calafat
Xavier Calafat
Politólogo por la Universidad de València. Actualmente trabaja como analista político y se dedica al análisis de datos.
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