La asociación cívica
+Democracia otorgó en Valencia su
premio "+Demo 2026 al compromiso cívico y democrático" al profesor Daniel Innerarity. Se trata de un reconocimiento a la reflexión sobre la democracia y los elementos diferentes que la afectan. En su (por ahora) último libro,
El futuro de la democracia, Innerarity hace un análisis de sus fortalezas y debilidades, de la crisis que la erosiona, la polarización, la identidad, la tecnología, la derecha radical y, sobre todo,
nos habla del futuro de la democracia en un texto preñado de ideas relevantes.
Creo que es conveniente centrarse en algunos aspectos de este análisis para poder mirar de frente a este tiempo turbulento (me disculpa el eufemismo) en el que se observa desde hace tiempo
una erosión progresiva del funcionamiento de las democracias en el contexto de una oleada de crispación creciente en la que han quedado pulverizadas algunas normas implícitas, algunos sobreentendidos compartidos acerca de los comportamientos aceptables en una democracia. En su
Cómo mueren las democracias, Levitsky y Ziblatt se centran en tres de estas normas implícitas:
tolerancia mutua, contención en la instrumentalización de las instituciones y aceptación de la legitimidad del rival. En su
Fuego y cenizas,
Michael Ignatieff apunta al derecho a ser escuchado.
En
El futuro de la democracia, Innerarity nos dice con acierto que
el análisis debe diferenciar entre los "malos" y los "males" de la democracia. Los malos, según a quién se pregunte, son los populismos, fascismos, iliberalismos, conspiranoicos, incluso las redes sociales que dan pábulo a bulos sin fin y que se encuentran en la base de lo que
Sánchez-Cuenca identificó como el fenómeno de la
desintermediación.
Los males son cruciales, son "más relevantes y más dañinos" (p. 27) porque dependen del diseño de las instituciones. Un diseño defectuoso abre huecos para el comportamiento oportunista de los actores políticos, por lo que Innerarity diferencia entre patologías de diseño y patologías de uso. La combinación de ambas es nefasta, como se ha visto en el bloqueo de la renovación del Consejo General del Poder Judicial o la atenuada o inexistente función de representación territorial del Senado. Se sigue de aquí que
una democracia robusta está asentada en instituciones reforzadas capaces de anticipar sus propios fallos y protegerse ante ellos en lugar de depender de la buena voluntad o criterio de los actores que las ocupan.
"Un diseño defectuoso abre huecos para el comportamiento oportunista de los actores políticos, por lo que Innerarity diferencia entre patologías de diseño y patologías de uso"
Pero por mucho diseño mejorado, nos dice Innerarity,
la democracia nunca hace feliz a todo el mundo, ya que es un sistema de gobierno que genera una decepción continua cuyo éxito consiste en "repartir esa decepción con la mayor equidad posible" (p. 34). Estas decepciones (o frustraciones en la terminología de Hofstadter) se generan porque ningún actor político alcanza la totalidad de sus objetivos. Esta es la sustancia de la democracia. Democracia implica pluralidad y
el gobierno de mayorías no exime de la cooperación institucional con las minorías. Y cooperar supone cesiones por todas las partes.
Se coopera con los rivales, los adversarios, pero no con los enemigos, a quienes se les aniquila (simbólicamente en democracia) y no se les confiere legitimidad como actores políticos. Por ello es preocupante la percepción abundante entre las élites políticas de que
quienes no piensan políticamente como yo son mis enemigos.
Este es uno de los elementos de erosión de las democracias que tiene su punta de lanza inversa en la idea del
"consentimiento de los perdedores" (pp. 47, 351). Nos dice Innerarity que la democracia requiere de la lealtad asentada en que las minorías (quienes no gobiernan) consideren vinculantes y legítimas las decisiones de las mayorías. Pero para ello
se requiere un cierto grado de inclusión de los planteamientos de las minorías (la oposición) en las decisiones de las mayorías que respaldan la acción de gobierno.
Y aquí puede que tengamos un problema. En la política institucional española
se diluye con el tiempo la tradición de cooperar con los rivales, de hacer un esfuerzo por incorporar algunos de los planteamientos de los adversarios de manera que todos salgan un poco igualmente decepcionados, no necesaria y estrictamente victoriosos. Aun así, como se muestra en varios trabajos, la capacidad de los actores que dan apoyo a los gobiernos para incorporar a la oposición (
incluso en los escenarios más desfavorables) es elevada, aunque
disminuye a lo largo de las legislaturas y especialmente en la última. Por ello, ante un futuro incierto, conviene pensar sobre la defensa de la democracia: "Defender la democracia exige que nadie sea excluido, requiere formas de conversación y deliberación que presupongan la disposición del oponente a confrontar puntos de vista alternativos" (p. 43). Pero, sobre todo, ante algunos de los "malos" con predicamento electoral, Innerarity propone la
"recuperación de aquellos que votan a esas opciones tan inquietantes" que entran en el juego político democrático rompiendo las normas implícitas, sin creer en la democracia y buscando soluciones simples a problemas complejos. Urge recuperar para la democracia a aquellos que ya han descreído de ella o le prestan un apoyo débil. Y estos
están concentrados en algunas formaciones políticas.
"Urge recuperar para la democracia a aquellos que ya han descreído de ella o le prestan un apoyo débil"
Una de las estrategias que se coligen del texto de Innerarity es
la generación de un liderazgo que tenga presente la amabilidad. Nos dice Innerarity (p. 115) que la amabilidad no niega el conflicto, sino que lo acepta y lo reconduce para construir cooperativamente, modulando también la duración e intensidad de las consecuencias negativas del mismo. Y ahí desempeñan un papel crucial tanto
la capacidad para reconocer los errores (¿cuántas veces vemos a un responsable político reconocer que se ha equivocado?) como
el sentido del humor que resta dramatismo y, por inteligente, ayuda a combatir el fanatismo y los extremismos, nos sugiere Innerarity. La cooperación es un mecanismo de supervivencia en las especies exitosas que hacen frente a conflictos diversos y entran en dinámicas competitivas. La cooperación antagónica requiere de la confianza mutua que se deriva de interacciones frecuentes y, también, del establecimiento de relaciones personales previo reconocimiento de la legitimidad del otro. Cuando ni una ni otras están presentes,
construir confianza es difícil y la cooperación se resiente.
El clima de la política visible en España parece tan deteriorado que
va a ser difícil que, a partir de las siguientes elecciones, se mantenga un mínimo de la confianza necesaria para que se construya esa cooperación antagónica que es pilar de una democracia robusta. Nos perjudica a todos.