Martes, 28 de julio de 2026
MOMENTO ESPAÑA

¿Hemos olvidado lo que es el diálogo político?

Xavier Coller, catedrático de Ciencia Política, analiza los límites del diálogo político en un contexto donde, como él mismo advierte, "parece que no abunda". A partir de datos de encuesta inéditos —que incluyen las respuestas de parlamentarios españoles—, el autor desvela un clima dominado por la desconfianza, la erosión de los consensos básicos y el alto coste electoral de los acercamientos entre partidos.

Xavier Coller Xavier Coller 3 de diciembre de 2025
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Pedro Sánchez recibió a Alberto Núñez Feijóo en Moncloa el pasado mes de marzo. | Eduardo Parra / Europa Press / ContactoPhoto
Pedro Sánchez recibió a Alberto Núñez Feijóo en Moncloa el pasado mes de marzo. | Eduardo Parra / Europa Press / ContactoPhoto
El 50.º aniversario de la muerte de Franco es una oportunidad para rememorar lo que vino después: una etapa titubeante e incierta, en la que muy pocas cosas estaban predeterminadas, y de la que emergió la democracia, con un entramado institucional que perdura (con cambios) hasta nuestros días, en lo que Robert Fishman e Ignacio Sánchez-Cuenca denominan "epílogos de la Transición". En buena medida, la construcción de la democracia se consiguió gracias a que los actores políticos más relevantes canalizaban demandas de distintos sectores sociales y dialogaban y acordaban para conseguir satisfacerlas: libertad, amnistía, estatutos de autonomía, elecciones, reconocimiento de derechos, etc. 

Como se sabe, la expresión de estas demandas estuvo muchas veces reprimida con violencia, lo que resalta la dimensión conflictiva de la construcción de la democracia. Como se sabe también, esta construcción se fundamentó en el olvido (de muchas víctimas del franquismo) y el temor (a volver a escenarios no democráticos). Es decir, el diálogo y el acuerdo se producían en un contexto de conflictividad social intensa. Naturalmente, ni todos los actores consiguieron su programa de máximos, ni casi nadie quedó totalmente insatisfecho con el resultado. Por eso, nuestra democracia encaja en lo que Richard Hofstadter identificó como un equilibrio armónico de frustraciones mutuas. 

"El diálogo es un elemento crucial de toda democracia, pues se basa en el reconocimiento de la pluralidad de posiciones y en la predisposición a tenerlas en cuenta"
Sin ánimo de glorificar ni santificar ningún periodo pasado, en el momento actual creo que conviene destacar un hecho de la Transición y los años inmediatamente posteriores que es poco frecuente hoy día: el diálogo político desde perspectivas y visiones diferentes del que quedaron excluidos actores con posiciones maximalistas o extremas. El diálogo es un elemento crucial de toda democracia, pues se basa en el reconocimiento de la pluralidad de posiciones y en la predisposición a tenerlas en cuenta. Este es, también, el legado de
Ernest Lluch, de cuyo asesinato se ha cumplido el 25.º aniversario. Hoy día parece que no abunda el diálogo político entre rivales. Apunto algunos elementos que lo hacen difícil en la actualidad y dos matices.

Por qué el diálogo político es hoy más difícil

Para que el diálogo entre rivales políticos tenga lugar, se requiere una condición previa: que los actores se reconozcan como interlocutores legítimos que tienen el derecho a ser escuchados. Es decir, que se vean como rivales políticos, no como enemigos. En otro artículo se indicó que la dinámica amigo-enemigo en la política erosiona la democracia, pues refuerza la deslegitimación y deshumanización del rival. ¿Cómo se consideran nuestras elites políticas? 

En una encuesta a parlamentarios cuyo trabajo de campo acabamos de finalizar, se preguntó cómo consideraban a representantes de distintos partidos: compañeros con los que colaborar para el bien común, rivales con quienes llegar a acuerdos, oponentes con los que rara vez se puede llegar a acuerdos, o enemigos con intereses opuestos a los de mi partido. Ofrezco los datos de los cuatro partidos estatales más relevantes. Los representantes del PP son vistos como enemigos por el 13% de los del PSOE y el 23% de los del espacio Sumar/Podemos. Pero nadie en Vox los considera como tales. Los de Vox son vistos como enemigos por el 4% del PP, 81% del PSOE y 97% de los representantes del espacio Sumar/Podemos. Casi de manera similar, los parlamentarios del PSOE son vistos como enemigos por el 11% de los del PP y el 43% de los de Vox. Nadie en el espacio Sumar/Podemos los percibe como enemigos. A los parlamentarios de Sumar/Podemos, los perciben como enemigos el 45% de los del PP y el 70% de los de Vox. Nadie del PSOE entiende que son sus enemigos. 

Estos datos podrían anticipar algún escenario optimista si no fuera porque el 61% de los parlamentarios del PSOE perciben a los del PP como "oponentes con los que rara vez puedo llegar a acuerdos" y el 41% de los del PP ven a los del PSOE de manera recíproca. En resumen, en los dos grandes partidos, el segmento de parlamentarios que se posiciona como poco proclive al acuerdo (y el diálogo suele ser previo) es del 60% en el PP y del 74% en el PSOE.

"Cuando se disputan los resultados electorales o no se aceptan, como ha ocurrido recientemente, se pone a la democracia en una senda de declive"
Además, para el diálogo político se requiere lo que Sartori denominaba un "consenso procedimental"; es decir, estar de acuerdo con las reglas del juego y, por tanto, con los resultados de su aplicación. Cuando se disputan los resultados electorales o no se aceptan (algo que ha ocurrido en el pasado reciente), se pone a la democracia en una senda de declive. De la misma manera, cuando ciertos valores básicos compartidos en toda democracia (tolerancia mutua, inclusión, respeto, autocontención en la gestión de las instituciones, lealtad institucional) dejan de operar como orientadores de las conductas políticas, el espacio para el diálogo político se achica y las democracias suelen resentirse y adentrarse en caminos desconocidos que pueden tener un mal final.


El ecosistema mediático no favorece mucho el intercambio razonado de ideas que contribuyan a mejorar el bien común. Por el contrario, la exposición permanente del político y el énfasis en el zasca, el corte, la declaración altisonante, el minuto de gloria viral, el golpe bajo al rival, el "y tú más" se convierten en un ruido permanente que dificulta el diálogo político. A ojos de la ciudadanía, parece que solo existe la bronca permanente. La estructura de incentivos se transforma: se premia más el exabrupto y la confrontación que las aproximaciones para buscar puntos comunes aceptables. Los líderes de los partidos perciben costes elevados para dialogar y acordar y, parece, no están dispuestos a asumirlos como ocurrió, por ejemplo, con Suárez apostando por la legalización del PCE o con Fraga presentando a Carrillo en el Club Siglo XXI en 1977. No ayuda la desconfianza mutua. Hágase esta pregunta: ¿cómo reaccionarían los militantes de sus partidos o los ciudadanos más fanáticos si Feijóo llamara a Sánchez (o viceversa) para dialogar sobre asuntos candentes e importantes de la gobernanza de nuestro país? 

La competición política intrabloques (jalonada por períodos electorales largos como el que se inicia el 21 de diciembre en Extremadura) fomenta posiciones cada vez más distantes entre los actores más relevantes de los bloques ideológicos (PP y PSOE). Casi todo entra ya en la competencia electoral y cualquier elemento vale para desgastar al rival, aunque pueda generar desafección o desconfianza ciudadana en partidos e instituciones. En estas circunstancias, el diálogo, el acuerdo o el pacto no aportan réditos electorales tan sustanciosos como la confrontación directa y continua, insultos incluidos. El diálogo con el rival se penaliza, lo que termina generando una cierta orfandad del votante mediano, generalmente moderado.

"La competición política intrabloques fomenta posiciones cada vez más distantes entre los actores más relevantes de los bloques ideológicos"
Pero hay un par de elementos que matizan este escenario que no augura nada bueno para el funcionamiento de nuestra democracia. A pesar de todo, sin embargo, parece que sí que hay diálogo y acuerdo en la política invisible sobre algunos temas, como se muestra en
este otro artículo donde se aportan evidencias que siguen sustentando la paradoja de la teatralización: hay bronca, pero también acuerdos amplios a la hora de legislar. Es cierto, no obstante, que esta legislatura presenta un índice de acuerdo que está entre los tres más bajos del periodo democrático.

Es también destacable que una buena parte de nuestros parlamentarios entienden que "en política es deseable llegar a acuerdos con los rivales políticos, aunque estén alejados ideológicamente". Y, por término medio, lo están con más intensidad que sus votantes declarados. Me centro en los cuatro partidos más grandes —agrupando a Sumar y Podemos—. 



Por término medio, los parlamentarios suelen ser más proclives al acuerdo que sus votantes, aunque los votantes de partidos de izquierda se muestran más en la línea del diálogo que los que votan al PP y Vox. Esto nos pone en la pista de la idea del coste elevado del diálogo y el acuerdo entre rivales para ciertos líderes. Entre nuestros parlamentarios hay diferencias notables. El representante medio del PSOE es quien más considera deseable el diálogo y el acuerdo (7,4), seguido a cierta distancia del PP (6,8) y el de Sumar/Podemos (6,4). Vox presenta la media más baja con un 4,8, resultando el partido estatal en el que sus parlamentarios, por término medio, están más en desacuerdo con la idea del diálogo y el acuerdo con los rivales. Casi dos tercios (63%) de los parlamentarios se ubican en el polo más de acuerdo con la frase indicada (posiciones de siete a diez), pero mientras en el PSOE el 76% están en ese espacio de diálogo y acuerdo, en el PP son el 62%, casi la mitad en Sumar/Podemos (49%) y a distancia se encuentra Vox (28%), que tiene el segmento de parlamentarios menos proclives al diálogo y al acuerdo.

Vienen tiempos duros para aquellas personas que creen que, desde la discrepancia natural en una sociedad moderna, la tolerancia, el contraste de ideas y posiciones, el diálogo respetuoso, la inclusión en el marco de la ley, son los ejes del funcionamiento de la democracia. Comienza un ciclo electoral largo donde el ruido hará difícil en entendimiento. Paciencia. 
Xavier Coller
Xavier Coller
Catedrático del Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la UNED
Catedrático del Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED, España). Es PhD por la Yale University (EE. UU.) y doctor por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha enseñado en varias universidades en España y Estados Unidos y ha sido 'visiting fellow' en las de Warwick, Berkeley, Harvard, Princeton, Université de Montpellier-1 y Luiss. Es el séptimo catedrático Príncipe de Asturias (Georgetown University) y corresponsal en España de la 'Comparative Candidates Survey'.
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