El 16 de octubre de 2026,
el rey Mohamed VI nombró un nuevo Gobierno tras las elecciones a la Cámara de Representantes del 23 de septiembre y la posterior designación, el 29 de septiembre, de
Fatima Ezzahra El Mansouri como jefa del Gobierno. En cumplimiento de los preceptos constitucionales, El Mansouri presentó su programa gubernamental ante las dos cámaras parlamentarias en sesión conjunta el 19 de octubre y deberá recibir la confianza de la Cámara de Representantes.
Una mujer al frente del Gobierno
Por primera vez en la historia de Marruecos,
una mujer lidera el Gobierno: Fatima Ezzahra El Mansouri, coordinadora de la dirección colegiada del Partido de la Autenticidad y de la Modernidad (PAM), formación vencedora de los
comicios de septiembre.
La Constitución de 2011 establece que
el monarca nombra al jefe del Gobierno entre los miembros del partido que haya quedado en primera posición en las elecciones a la Cámara de Representantes, a la vista de sus resultados (art. 47). Esta flexibilidad alimentó especulaciones sobre la posible designación de
Fouzi Lekjaa —ministro delegado de Presupuestos en el gabinete saliente y presidente de la Real Federación Marroquí de Fútbol—, quien se había afiliado al PAM dos meses antes de los comicios y había cobrado un rol destacado durante la campaña electoral, además de ser socialmente muy popular. El hecho es que Mohamed VI —siempre asesorado por su círculo de consejeros— se decantó por la impronta modernizadora que podía ofrecer la elección de El Mansouri. Por su parte,
Fouzi Lekjaa recibiría la relevante cartera de Economía, Finanzas y Eficiencia Pública con el nombramiento del nuevo Gobierno.
"Mohamed VI —siempre asesorado por su círculo de consejeros— se decantó por la impronta modernizadora que podía ofrecer la elección de El Mansouri"
La designación de El Mansouri posee un importante componente simbólico en cuanto al acceso de mujeres a las altas esferas de decisión. No obstante,
el avance real se medirá en hitos legislativos y ejecutivos concretos; entre ellos, la prueba de fuego de esta legislatura será la aprobación pendiente de la reforma de la
Mudawana (Código de Familia), que debería suponer un avance sustancial de los derechos de las mujeres.
Una coalición de gobierno cuatripartita
Fatima El Mansouri ha conformado un
Gobierno de coalición con cuatro partidos. Las coaliciones gubernamentales son un imperativo en Marruecos debido a la alta fragmentación parlamentaria que provoca
un sistema electoral diseñado para evitar la existencia de un partido predominante y para dividir el poder entre varias fuerzas políticas.
Como vencedor de las elecciones legislativas, el
PAM ha ejercido como partido formador (
formateur party), liderando la formación de la nueva coalición gubernamental. Esta es la primera vez que el PAM encabeza el Ejecutivo, tras su participación como socio en el Gobierno saliente de Aziz Akhannouch (2021-2026) de la Agrupación Nacional de Independientes (RNI).
Creado en 2008 desde el entorno de Palacio para contrarrestar el auge del islamista Partido de la Justicia y del Desarrollo (PJD), el PAM vio frenadas sus aspiraciones como partido de gobierno por las protestas del Movimiento 20 de Febrero en el contexto de la Primavera Árabe, un clima de descontento que facilitó la victoria electoral de los islamistas en 2011.
Desde la perspectiva de la teoría de coaliciones, la fórmula actual de gobierno responde a una
coalición mínima ganadora (
minimal winning coalition), en la que la concurrencia de todos los integrantes resulta indispensable para garantizar la mayoría absoluta y no es necesario ningún otro partido. Para asegurar la estabilidad parlamentaria, el
PAM (97 escaños) ha formado Gobierno con otras tres fuerzas políticas: el nacionalista
Partido Istiqlal (PI, 65 escaños), la
Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP, 26 escaños) y el
Partido del Progreso y el Socialismo (PPS, diecinueve escaños), sumando juntos
207 de los 395 escaños de la Cámara de Representantes.
Estos tres partidos conformaron la
histórica alianza de oposición democrática, Kutla al-Dimocratiyya, que los llevó a integrar el denominado "gobierno de alternancia" del socialista Abderramán Yussufi (1998-2002), que debía facilitar la transición del reinado de Hasán II tras su muerte —producida el 23 de julio de 1999— al de su hijo Mohamed VI. La participación de estos tres partidos en el Gobierno no supone una reedición de la Kutla, ya que desde hace más de dos décadas estas formaciones desarrollan sus propias agendas. No obstante,
su inclusión en el actual Ejecutivo tiene una fuerte carga simbólica, matizando el perfil "oficialista" del Gobierno del PAM dirigido por El Mansouri.
"La participación de estos tres partidos en el Gobierno no supone una reedición de la Kutla, ya que desde hace más de dos décadas estas formaciones desarrollan sus propias agendas"
En términos ideológicos,
la nueva coalición de gobierno la conforman un partido de centroizquierda (PAM),
dos socialistas (USFP y PPS)
y uno conservador (PI). Fatima El Mansouri descartó incorporar a otras fuerzas políticas que se habían postulado para entrar en el Gobierno, como el oficialista Movimiento Popular, lo que habría derivado en una
coalición sobredimensionada (
oversized coalition) con una mayor distancia ideológica entre sus miembros. Con todo, en la praxis política marroquí,
la contigüidad ideológica no ha constituido un factor determinante en la formación del Gobierno ni en su estabilidad.
Composición del Gobierno
La composición del Gobierno en Marruecos es amplia. El
Consejo de Gobierno consta de 32 miembros: la jefa del Gobierno, el secretario general del Gobierno,
diecinueve ministros y once ministros delegados.
La repartición de carteras refleja el peso parlamentario de cada socio de la coalición: el PAM asume, además de la jefatura del Gobierno, siete ministerios y tres ministerios delegados; el PI, tres ministerios y tres ministerios delegados; la USFP, dos ministerios y tres ministerios delegados; y el PPS, dos ministerios y un ministerio delegado. A los ministros partidistas se suman
siete miembros independientes. Cuatro de ellos ocupan los estratégicos "ministerios de soberanía" (Interior, Asuntos Exteriores, Defensa y Asuntos Religiosos), cuya designación es prerrogativa del monarca, al ser esferas de su competencia directa. Los tres restantes corresponden a la
Secretaría General del Gobierno y a las carteras de Inteligencia Artificial y Transformación Digital y Turismo, Artesanía y Economía Solidaria.
"La repartición de carteras refleja el peso parlamentario de cada socio de la coalición: el PAM asume, además de la jefatura del Gobierno, siete ministerios"
Pese al hito que representa la jefatura de Fatima El Mansouri,
la presencia de mujeres en el Ejecutivo continúa siendo reducida. Además de la jefa del Gobierno, solo seis de los treintaiún cargos restantes están ocupados por mujeres: dos ministras y cuatro ministras delegadas. En conjunto,
son siete de los 32 miembros (21,9%). En concreto, por el PAM, la ministra delegada de Formación Profesional y Cualificación, la ministra delegada encargada de las Relaciones con el Parlamento y la Sociedad Civil y la ministra delegada encargada del Hábitat y de la Política Urbana; por el PI, la ministra de Familia, Desarrollo Social e Igualdad; por la USFP y procedente de la sociedad civil, la ministra delegada de la Reforma de la Administración; y por el PPS, la ministra de Energía, Minas y Desarrollo Sostenible.
Reconfiguración de la oposición al Gobierno
Tras cinco años liderando el Gobierno, la
Agrupación Nacional de Independientes (RNI) se sitúa al frente de la oposición con 66 escaños, desde donde ejercerá una "oposición moderada" en consonancia con su perfil de partido oficialista. Su cambio de rol puede interpretarse como
una estrategia de Palacio para evitar que el islamista PJD (54 escaños) asuma el liderazgo del bloque opositor. Durante la legislatura 2021-2026, la alianza gubernamental entre las tres principales fuerzas parlamentarias (RNI, PAM y PI) dejó a la oposición con una mínima representación parlamentaria. Esto permitió que el PJD, aun contando con solo trece representantes, se erigiera en la principal voz crítica de la Cámara de Representantes. Por otro lado, el paso del RNI a la oposición sienta las bases para futuras alternancias gubernamentales controladas entre este partido, el PAM o incluso el PI.
En el nuevo escenario parlamentario, es previsible que
el PJD y la Alianza de Izquierda (ocho escaños) articulen la oposición más beligerante contra el Ejecutivo.
Retos del nuevo Gobierno
En Marruecos,
el poder ejecutivo se comparte entre la Corona y el Gobierno. El rey preside el Consejo de Ministros, órgano encargado de deliberar sobre proyectos legislativos y asuntos de especial relevancia. Asimismo, corresponde a la monarquía fijar las grandes orientaciones de la acción gubernamental y parlamentaria, tal como escenificó Mohamed VI el pasado 9 de octubre en su discurso de apertura del año legislativo. De forma menos visible,
la labor de coordinación continua con el Ejecutivo se canaliza a través de los miembros del Gabinete Real.
"Corresponde a la monarquía fijar las grandes orientaciones de la acción gubernamental y parlamentaria"
Los medios de comunicación suelen destacar que la
coorganización del Mundial de Fútbol de 2030 constituye el principal reto inmediato del nuevo gabinete. Para ello, se prevé
un programa de inversiones en infraestructuras de 20.000 millones de euros, que se sumará a las obras ya concluidas o actualmente en marcha. Además, el Gobierno prevé la creación de
alrededor de 360.000 empleos, aunque no se ha especificado su carácter ni su duración.
No obstante, el nuevo Gobierno busca ir más allá, consciente del
profundo malestar social provocado por los reducidos retornos del Mundial, la acentuación de las desigualdades sociales asociadas al crecimiento económico y la situación crítica de la sanidad y la educación públicas. Así, el programa gubernamental 2026-2031, presentado por Fatima El Mansouri ante el Parlamento, articula sus
prioridades en torno a tres grandes ejes. El primero es el
fortalecimiento de la protección social, canalizado mediante ayudas directas a familias vulnerables, facilidades de acceso a la vivienda y el refuerzo de los servicios públicos básicos. El segundo busca la
regeneración institucional a través de la lucha contra la corrupción, el combate al enriquecimiento ilícito y la promoción de la transparencia en la contratación pública. El tercero persigue la
reactivación económica, fijando como metas un crecimiento del 5%, una inflación del 2% y la contención del déficit fiscal cerca del 3%. En este marco, reciben especial atención los
programas de formación y empleo para la juventud —protagonista del
movimiento de protesta GenZ212 en 2025—, en un país donde
2,9 millones de jóvenes de entre quince y veintinuve años no estudian ni trabajan.