La séptima edición del Foro La Toja–Vínculo Atlántico se celebrará del 2 al 4 de octubre. En un momento determinante para las relaciones atlánticas, explorará el nuevo orden mundial. Entre los ponentes confirmados se encuentra el académico y escritor Michel Ignatieff, que atiende a
Agenda Pública desde el centro de Europa. El ganador del Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2024 lamenta que se está produciendo "una revolución de la derecha contra el Estado liberal y sus logros desde la década de 1960", particularmente el de "la inclusión". Según sostiene, "el Estado liberal ya estaba en crisis por el abismo entre las expectativas sociales" y "la capacidad recaudatoria del Estado liberal", pero no ha sido "capaz de resolverla". "La contrarrevolución conservadora ha decidido resolver el problema recortando el Estado liberal hasta el hueso y esperando que el crecimiento solucione la necesidad de cumplir las obligaciones del Estado", advierte.
Como liberal canadiense que "cree en un Estado del bienestar, en la compasión social combinada con el conservadurismo fiscal", y rechaza el nacionalismo, confía en que la gente se dé cuenta de que no quiere "poner en peligro los logros" conseguidos en "el período más largo e ininterrumpido de paz" que jamás ha conocido Europa. Para ello también hará falta "voluntad política" y, aunque no pide "a nuestros líderes lo que no nos pedimos a nosotros mismos", imagina dirigentes capaces de "tomar un camino impopular y mantenerse en él hasta que resulte ser el camino correcto".
Profesor Ignatieff, va a intervenir en el Foro La Toja, que trabaja para reforzar el vínculo atlántico. Como canadiense y alguien que vive en Europa, con su experiencia al frente de la Universidad Centroeuropea, ¿cómo ve las relaciones atlánticas actuales?
Estamos en un momento revolucionario. Tiene dos dimensiones principales. La primera es una revolución de la derecha contra el Estado liberal y sus logros desde la década de 1960. El principal logro desde los años sesenta fue la revolución de la inclusión: los derechos civiles, los derechos de las personas homosexuales, el feminismo… Y todo ello sostenido por tasas impositivas moderadamente altas. Se trata de un ataque al Estado liberal y a sus logros, despojándolo, atacando la política migratoria de la que dependía el Estado liberal, atacando la diversidad, la equidad y la inclusión.
Esto no es solo un fenómeno estadounidense, es cada vez más un fenómeno global. En España tenéis a Vox y Hungría tiene a Orbán, pero hay otros ejemplos como el régimen eslovaco o Geert Wilders en Países Bajos. La derecha radical en Europa ataca esencialmente al Estado liberal inclusivo y su promoción de la igualdad social mediante el uso del poder estatal. Ese es el primer elemento de la revolución.
"La potencia hegemónica considera que sus aliados son ahora competidores. Decide que la provisión de bienes públicos gratuitos es demasiado costosa o va en contra del interés de Estados Unidos. Esto ayuda a explicar el debate sobre los aranceles"
El segundo elemento, más específico de Estados Unidos, es que se trata de una revolución de una potencia hegemónica que considera que sus aliados son ahora competidores estratégicos. El
hegemón decide que la provisión de bienes públicos gratuitos —seguridad, rutas marítimas, acuerdos internacionales o liderazgo estadounidense— es demasiado costosa o va en contra del interés de Estados Unidos. Esto ayuda a explicar el debate sobre los aranceles y también la insistencia en Europa en que países como España asuman el peso de su propia defensa. Y, por el momento, España se ha negado.
Esta es una revolución de derechas. Es ideológica, está convencida de su rectitud. Por tanto, viene acompañada de todo el entusiasmo emocional y psicológico de los revolucionarios y los verdaderos creyentes. Esto es a lo que nos enfrentamos. Es un momento de ruptura real en la historia.
Hace unos días publicamos un artículo sobre la falta de oposición dentro del Partido Republicano contra Trump. ¿Cree que el problema no solo es Trump, sino también lo que dejará tras de sí?
Creo que se trata de una revolución y no solo de un golpe, porque ya ha asegurado el control de todo el centro-derecha y de la extrema derecha de la política estadounidense, y la extrema derecha ahora lo empuja a ser aún más radical. Es decir, "no ayudemos a Ucrania", "no hagamos público todo el material sobre Epstein"... La derecha radical lo está empujando aún más y, por lo tanto, tendrá dificultades. Al ser una revolución y no un golpe, tendrá efectos permanentes. Pero también está llena de contradicciones. El Estado liberal ya estaba en crisis por el abismo entre las expectativas sociales de los europeos —en educación, sanidad, bienes públicos, ocio— y la capacidad recaudatoria del Estado liberal. Por todas partes vemos que el Estado liberal tiene enormes dificultades para resolver esa contradicción. Se ve en Francia en este momento.
En España nos enfrentamos el mismo problema…
Sí. El Estado liberal se enfrentó a esta contradicción y no fue capaz de resolverla. La contrarrevolución conservadora ha decidido resolver el problema recortando el Estado liberal hasta el hueso y esperando que el crecimiento solucione la necesidad de cumplir las obligaciones del Estado.
No estoy seguro de que Estados Unidos pueda seguir, indefinidamente, pagando cada vez más para financiar su deuda. Los pagos de intereses de EE. UU. son mayores que el presupuesto de defensa del país. Esto parece algo propio de la Roma imperial tardía. Los imperios no pueden sostener indefinidamente niveles de deuda superiores a su mayor partida de gasto.
En resumen, el Estado liberal afronta una crisis que no puede resolver. La contrarrevolución tampoco la resolverá. Y creo que, tarde o temprano, nos dirigimos hacia un gran desplome del mercado. Es la única forma en la que se puede resolver dentro del sistema capitalista. Una corrección permanente del mercado puede empujar la contrarrevolución aún más a la derecha, pero también podría forzar una corrección del rumbo hacia el centro. Aunque, incluso en ese caso, el Estado liberal seguiría en crisis. Solo se puede afrontar podando el Estado liberal para hacerlo más eficiente y aumentando la carga fiscal sobre la clase media. Es la única forma. Todas las sociedades —Canadá, Francia, España— se enfrentan a este problema. No pueden resolverlo porque requiere voluntad política.
El anteriormente político durante la entrevista con Rodrigo Pinedo. Foto: Agenda Pública
¿Qué respuesta debería dar la Unión Europea? Usted también ha estudiado el nacionalismo y lo ha vivido de primera mano en Hungría. ¿Cómo ve este fenómeno?
El nacionalismo no es una salida, basta mirar a Orbán. Orbán intenta responder a la situación económica cada vez más sombría con ataques nacionalistas crecientes contra Europa, contra todos. Pero esa no es una solución. Depende desesperadamente de los fondos estructurales de Europa, así que atacar la fuente de su supervivencia no parece muy inteligente. Las soluciones ideológicas de este tipo no van a funcionar. Y el problema es que nuestros sistemas políticos están muy mal configurados para afrontarlo.
En Reino Unido, los laboristas dependen de los sindicatos y no pueden enfrentarse a ellos, por lo que carecen de margen de maniobra. España es un caso extremo donde no solo existe la crisis fiscal del Estado liberal, sino que también hay presiones autonómicas y nacionalistas, la relación de chantaje que el movimiento catalán mantiene con el Gobierno socialista... En Francia, el Gobierno probablemente caiga en otoño porque no tiene una base política lo suficientemente fuerte para aprobar su propio presupuesto. Y la crisis del Estado liberal no es un problema nuevo: en Francia no se equilibra el presupuesto desde la década de 1970.
"La izquierda cree que todo se trata de solidaridad y de controlar el capitalismo, y no afronta el problema de la deuda. La derecha cree que la solución es eliminar todas las protecciones sociales y bajar los impuestos esperando el crecimiento"
No quiero ser pesimista. Puedo citar un ejemplo positivo. Perdóneme: es canadiense. En los años 90, el Gobierno liberal llegó al poder bajo Chrétien y nuestras finanzas públicas estaban hechas un desastre. El Gobierno liberal redujo drásticamente el tamaño del Gobierno federal, subió los impuestos y saneó las cuentas. Pero lo hizo gracias a una mayoría parlamentaria fuerte. Tenía el poder político para hacerlo. Mi partido gobernó de 1993 a 2006 porque resolvió el problema. No es que sea irresoluble, pero hoy tenemos ideologías que no ayudan.
La izquierda cree que todo se trata de solidaridad y de controlar el capitalismo, que no se puede recortar el gasto social por la injusticia que supondría… y no afronta el problema de la deuda. La derecha cree que la solución es eliminar todas las protecciones sociales que la gente necesita y bajar los impuestos esperando que el crecimiento lo arregle. Y eso tampoco es solución. Tenemos ideologías que no resuelven el problema. Es un asunto muy serio para Europa.
Está comparando derecha e izquierda… ¿Qué significa ser liberal hoy en día? ¿Quedan liberales?
Me he vuelto más liberal con los años, no menos. Es una palabra curiosa en Europa…
Sí, tiene distintos significados…
Aquí se asocia al capitalismo duro, defensivo, agresivo… Yo simplemente no reconozco eso. Un liberal canadiense cree en un Estado del bienestar, en la compasión social combinada con el conservadurismo fiscal. Equilibramos alternativas en conflicto. Y otra cosa en la que creemos los liberales canadienses es en la unidad nacional. Somos antiescisión por convicción. Por eso a menudo tenemos algo que decir en España, porque sabemos que la unidad nacional de España es la primera obligación de cualquier político responsable. Eso no significa que no se puedan encontrar soluciones constitucionales creativas para reconocer las legítimas preocupaciones de las naciones que conforman el pueblo español. Pero no se juega con la unidad nacional del país.
"La unidad nacional de España es la primera obligación de cualquier político responsable. Eso no significa que no se puedan encontrar soluciones constitucionales creativas para reconocer las legítimas preocupaciones de las naciones del pueblo español"
Los liberales deben entender que estamos en medio de una contrarrevolución contra todo lo que el liberalismo logró desde los años sesenta. Soy hijo de esa revolución. Creo en esa revolución y la apoyo. No quiero volver a un mundo en el que las personas homosexuales no podían expresar su sexualidad, donde las mujeres no eran tenidas en cuenta de la misma manera en la construcción de una sociedad justa. No quiero volver a una sociedad en la que los negros no tenían plenos derechos civiles. No quiero volver a una sociedad que excluía la migración no blanca. Todas esas cosas han sido difíciles. Han supuesto ajustes duros. Han causado problemas en nuestras familias y en nuestro orden social, pero han sido cosas muy buenas para nuestros países, y los liberales deben defenderlas con orgullo y no disculparse por ellas.
Escribió En busca de consuelo (On Consolation). ¿Dónde ve la esperanza en estos tiempos?
Soy lo suficientemente conservador como para creer que la única esperanza en la que se puede confiar es el ejemplo del pasado: el ejemplo del buen liderazgo, del coraje, de la sabiduría. Todos estamos aquí quejándonos del mundo tal y como es, pero este es el mejor mundo que Europa ha conocido jamás, el período más largo e ininterrumpido de paz, con la reconciliación entre Francia y Alemania y una revolución de igualdad e inclusión que ha sido buena para millones de personas. ¿Cuál es mi esperanza? Que cuando la gente piense por un momento si quiere poner en peligro esos logros, diga: "No, no quiero ponerlos en peligro. Quiero legárselos a mis hijos". Eso es todo lo que se puede hacer.
Hablando de buenos ejemplos, ¿tiene algún líder en mente?
Mi propia experiencia en el liderazgo fue un fracaso, así que no estoy en posición de dar lecciones.
Ignatieff lega al Hotel Reconquista en Oviedo con motivo de los Premios Princesa de Asturias. Foto: © FPA
Recuerdo haber leído Fuego y cenizas (Fire and Ashes). Habla de asumir responsabilidades y tenemos líderes que no asumen ninguna…
Uno asume la responsabilidad por el éxito, pero también por el fracaso. La opinión pública debe revisar sus expectativas de liderazgo. No quiero excusar a nadie, pero todos somos seres humanos. Cualquiera que haya estado, como yo, en posiciones de liderazgo sabe que nunca dejas de ser humano. Somos presa de las emociones, de información errónea, de malos juicios. Somos actores históricos y la historia se mueve a una velocidad increíble y entendemos muy poco hacia dónde va.
"Cualquiera que haya estado en posiciones de liderazgo sabe que nunca dejas de ser humano. Somos presa de las emociones, de información errónea, de malos juicios. Somos actores históricos y la historia se mueve a una velocidad increíble"
Asegurémonos de que nuestras expectativas sobre el liderazgo sean muy humanas y no pidamos a nuestros líderes lo que no nos pedimos a nosotros mismos. No pidamos una sabiduría a nuestros líderes que nosotros mismos no tenemos. Pero el liderazgo existe. Y la gran virtud del liderazgo, lo que atrae a todos hacia él, es el coraje. Esa es la virtud cardinal del liderazgo: el valor de tomar un camino impopular y mantenerse en él hasta que resulte ser el camino correcto. La capacidad de decir no, de enfrentarse a una ciudadanía enfadada y decirle cosas que no quiere oír. Son cosas muy difíciles, pero esenciales para el liderazgo.
Mi esposa es húngara y señala un pequeño ejemplo de liderazgo que creo que Europa debería observar muy de cerca. Durante quince años, Viktor Orbán ha controlado Hungría. Pero desde hace unos seis meses, está por detrás en las encuestas frente a un joven llamado Péter Magyar. Magyar es un político de centro-derecha, no es liberal, no es de mi familia política. Pero va a cada pequeño pueblo y aldea de Hungría diciendo: "¿Han tenido suficiente? ¿Han tenido suficiente corrupción, incompetencia…?". Cada vez más húngaros responden: "Sí, hemos tenido suficiente". Y si logra derrotar a Orbán la próxima primavera, no será una historia menor. Orbán es el político de centro-derecha más influyente de Europa y, si es derrotado, será una pequeña pero significativa victoria que afectará a la política en España, Países Bajos, Eslovaquia, Polonia… Ese es un ejemplo de un joven haciendo lo que hay que hacer. Nadie sabe si podrá lograrlo, pero esa es la naturaleza del coraje político: hacer cosas sin saber si van a funcionar.
Gracias, profesor. Nos vemos en La Toja.