Martes, 28 de julio de 2026
GEOPOLÍTICA TECNOLÓGICA

De Huawei a Palantir: Europa ensaya su no

Francia prepara la sustitución de Palantir en su inteligencia interior y España estudia limitar nuevos contratos con la compañía estadounidense en ámbitos críticos. Emilio García, experto en política digital, analiza cómo Europa empieza a ensayar vetos tecnológicos que recuerdan al caso Huawei. La clave, advierte, no está solo en decir no: "Es necesario disponer de soluciones alternativas a Palantir, desarrolladas por Estados miembros o socios confiables", explica.

Emilio García Emilio García 8 de julio de 2026
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Alex Karp, CEO de Palantir Technologies. | Aaron Schwartz - Pool via CNP / Zuma Press / Europa Press
Alex Karp, CEO de Palantir Technologies. | Aaron Schwartz - Pool via CNP / Zuma Press / Europa Press
En un mundo donde los datos y la infraestructura digital son el motor de la economía, el uso de la tecnología como instrumento de poder y objeto de disputa internacional ha dejado de ser un debate académico. Hace unas semanas, el Departamento de Comercio de EE. UU. ordenó a Anthropic cerrar a extranjeros el acceso a sus modelos de inteligencia artificial (IA) más avanzados. La crisis se ha resuelto y Fable 5 vuelve a estar accesible en todo el mundo, pero siguen emergiendo las tensiones de un conflicto tecnológico latente entre Estados Unidos y Europa. Ahora, en sentido inverso, varios Estados miembros se inician en el camino de limitar el uso de los productos de empresas estadounidenses como Palantir. Las herramientas utilizadas reflejan la incompletitud del marco legal de Europa ante el escenario geopolítico actual. La soberanía tecnológica se construye sobre capacidades industriales, pero también disponiendo de un marco adecuado para contrarrestar el despliegue de productos que introducen riesgos sobre los activos digitales.

La desconfianza ante la tecnología ajena

Las restricciones al uso de tecnologías digitales extranjeras por parte de un área económica no son una novedad. Desde mediados de la década de 2010, las amenazas de ciberseguridad dejaron de verse solo como originadas en el exterior. En este sentido, la complejidad creciente de los bienes digitales introdujo la duda sobre los productos usados en el interior de las organizaciones y la posible presencia en su seno de caballos de Troya. Los gobiernos respondieron con políticas de prevención de riesgos tecnológicos basadas en la confianza en las cadenas de suministro.

"La complejidad creciente de los bienes digitales introdujo la duda sobre los productos usados en el interior de las organizaciones"
Las limitaciones al uso de tecnologías extranjeras se han multiplicado en la última década a medida que crecían las tensiones geopolíticas mundiales. Entre 2018 y 2020, EE. UU. prohibió los equipos de la compañía china Huawei en las redes de la Administración y en las infraestructuras 5G y de banda ancha desplegadas con subvenciones públicas. En 2022, el Gobierno de China adoptó el Documento 79, que en su versión clasificada incluye presuntamente una política de sustitución total de la tecnología estadounidense en el seno de las empresas estatales antes de 2027. También las aduanas chinas están dilatando actualmente los permisos de importación de la tecnología de IA de Nvidia y AMD autorizada por Washington.


La UE se había mostrado hasta ahora reticente a imponer restricciones estrictas al uso de tecnologías extranjeras específicas. Por ejemplo, las limitaciones al uso de la tecnología de Huawei en las redes 5G han sido desiguales entre los Estados miembros a pesar de los esfuerzos armonizadores de la Comisión Europea. Solo cuando se apruebe la revisión de la Ley de Ciberseguridad (Cybersecurity Act, CSA) tendrá el ejecutivo de Bruselas competencias en toda la UE para identificar activos tecnológicos como críticos y designar determinados proveedores de los mismos como "proveedores de alto riesgo" por motivos de seguridad no técnicos, ya sean estructurales o geopolíticos.

La propuesta de Ley de Desarrollo de la Nube y la IA (Cloud & AI Development Act, CADA) abre otra vía para imponer limitaciones al uso de tecnología extranjera, aunque solo a la contratación de aplicaciones de IA en la nube, en particular, y de análisis de datos, en general. Los requisitos de los niveles más altos del marco de soberanía tecnológica definidos en la CADA son potencialmente aplicables a su uso en infraestructuras críticas y de alto impacto: exigencia de propiedad y control por entidades de la UE —nivel 3— e independencia de leyes extraterritoriales —nivel 4—.

Aun después de la adopción de la reforma legal de la CSA y de la CADA, cada Estado miembro tendrá la autoridad para seguir imponiendo sus propias prohibiciones por criterios de seguridad nacional. La fragmentación en las restricciones a la importación de bienes y servicios digitales no favorece tampoco una soberanía tecnológica europea compartida.

El ensayo de los requisitos para limitar el uso de Palantir en algunos Estados miembros permite extraer lecciones para construir un marco defensivo de la soberanía tecnológica.

El caso del despliegue de Palantir en Europa

Pero ¿qué es Palantir y por qué surge la oleada de restricciones en Europa? Palantir Technologies es una empresa de software especializada en el análisis de volúmenes masivos de datos de grandes entidades públicas y privadas, generando información útil para la toma de decisiones por humanos. Su gama de productos para usos militares —Palantir Gotham— y civiles —Palantir Foundry— es un elemento estratégico para las organizaciones en la era de la información.

"El ensayo de los requisitos para limitar el uso de Palantir en algunos Estados miembros permite extraer lecciones para construir un marco defensivo de la soberanía tecnológica"
Tres factores han convertido la contratación de Palantir en el sector público e infraestructuras críticas en un elemento de controversia política en Europa. En primer lugar, su imbricación con el aparato de seguridad estadounidense, tanto presente —diversos proyectos con ICE y el Pentágono— como pasada —su origen está en el brazo de capital riesgo de la CIA—. En segundo lugar, el perfil ideológico de la compañía, comenzando por su presidente Peter Thiel —que apoya a Trump desde las elecciones de 2016— y continuando con la presencia de antiguos ejecutivos de la compañía en la Casa Blanca. En tercer lugar, el argumento estructural de soberanía sobre los datos críticos que maneja y su sometimiento a la legislación extraterritorial de EE. UU.


En este entorno, Palantir afronta dificultades de distinta naturaleza para acceder a contratos públicos en administraciones europeas. En Francia, el primer ministro anunció la no renovación del contrato que la agencia de inteligencia interior mantenía con la empresa estadounidense, sustituyéndola por una herramienta de origen nacional en nombre de la soberanía. En Alemania, las restricciones al uso de Palantir por la policía son un debate jurídico, basado en las limitaciones constitucionales al análisis de datos que pueden hacer las agencias de seguridad independientemente del producto que usen para ello. En España, existe información —sin evidencia documental ni confirmación oficial— de órdenes informales para evitar la contratación de Palantir a empresas públicas y privadas participadas por la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI).

Con la legislación vigente, el caso Palantir enfrenta a Europa a dilemas similares a los planteados por el caso Huawei, con un matiz: EE. UU. es parte del Acuerdo de Contratación Pública de la OMC, que excluye defensa y seguridad. Si bien no existe un derecho absoluto de una empresa a acceder a la contratación pública, sí existe el derecho a no ser excluida arbitrariamente. Además, el TJUE reserva a la UE la regulación general del acceso de licitadores de terceros países, debilitando los vetos nacionales generales. La exclusión de un operador de licitaciones abiertas tiene múltiples condicionantes: una norma legal con finalidad legítima que habilite la medida, evidencias para el caso concreto, un procedimiento transparente con derecho de audiencia de las partes y coherencia con obligaciones internacionales. También exige disponer de opciones tecnológicas para satisfacer las necesidades identificadas. Del mismo modo que los equipos de Huawei pueden ser sustituidos por los de fabricantes europeos, es necesario disponer de soluciones alternativas a Palantir, desarrolladas por Estados miembros o socios confiables.

"El veto a la tecnología extranjera es solo la mitad de la ecuación de la soberanía digital"
En definitiva, el veto a la tecnología extranjera es solo la mitad de la ecuación de la soberanía digital. Si en el caso de Huawei Europa pudo mitigar el riesgo apoyándose en campeones tecnológicos propios como Ericsson y Nokia, el desafío con Palantir expone una vulnerabilidad estructural mucho mayor. El ecosistema europeo de inteligencia artificial y análisis masivo de datos carece de alternativas consolidadas capaces de sustituir de inmediato el rendimiento de las plataformas estadounidenses en infraestructuras críticas. Excluir a contratistas extranjeros por motivos de seguridad nacional es una herramienta defensiva legítima y necesaria, pero debería hacerse de un modo armonizado y con una apuesta industrial decidida por desarrollar soluciones autóctonas de primer nivel. De lo contrario, la Unión Europea se enfrenta a un dilema complejo: proteger sus datos a costa de su propia parálisis tecnológica.
Emilio García
Emilio García
Exdirector de gabinete de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales (2020-2021)
Es asesor en el Instituto de Astrofísica de Canarias y funcionario del Cuerpo Superior de Tecnologías y Sistemas de la Información. También es coautor del libro 'Chips y Poder' (Ed. Libros de la Catarata, 2025) y activista por los derechos trans.
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