Jueves, 3 de septiembre de 2026
CAMPAÑAS DE DESINFORMACIÓN

El informe que explica la vinculación de Rusia en Ceuta

'Agenda Pública' ha tenido acceso en exclusiva a un informe de EK Strategic Communications Center sobre la actividad de las redes de influencia rusas en España durante la crisis de Ceuta. El documento, que también ha circulado entre expertos y servicios de inteligencia europeos y españoles, aporta nuevos elementos sobre la capacidad de Moscú para explotar una crisis que puso a prueba a España y a la Unión Europea.

Agenda Pública Agenda Pública 3 de septiembre de 2026
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Mohammed VI (izquierda) y Vladímir Putin (derecha) en Moscú durante una visita oficial. | Presidencia de Rusia
Mohammed VI (izquierda) y Vladímir Putin (derecha) en Moscú durante una visita oficial. | Presidencia de Rusia
Pedro Sánchez ha señalado a Rusia en plena crisis de Ceuta. Lo hizo mientras la oposición exigía explicaciones por la entrada masiva de migrantes y el Gobierno intentaba recuperar el control de la frontera. La referencia directa a actores como Rusia o Israel parecía, al menos en apariencia, muy alejada del conflicto.

Quedaba por saber si aquella mención, de la que la propia Embajada rusa en España se hizo eco inmediatamente, tenía fundamento o si Rusia había entrado en el debate como una forma de desplazar la atención hacia otro terreno. Un informe elaborado el 18 de agosto por EK Strategic Communications Center, al que ha tenido acceso en exclusiva Agenda Pública, aporta elementos para responder a esa cuestión.

En línea con las informaciones manejadas por fuentes comunitarias, el documento no demuestra que Rusia provocara la crisis de Ceuta, pero prueba cierto grado de implicación. Desde el centro se sostiene que, cuando comenzó el episodio, ya existía en España una infraestructura de influencia rusa capaz de aprovecharla políticamente.

"El documento no demuestra que Rusia provocara la crisis de Ceuta, pero prueba cierto grado de implicación"
Según EK Strategic Communications Center, las redes digitales vinculadas a Rusia aprovecharon la crisis migratoria para alimentar el pánico político, desacreditar al Gobierno español y presentar a Europa como débil, dividida e incapaz de defender sus fronteras. Un modus operandi habitual en el caso ruso. En este sentido, el informe da respaldo al hecho de señalar una dimensión rusa de lo pasado en Ceuta, pero las evidencias aportadas no permiten poner en Moscú el origen de la crisis.

La nueva frontera de la guerra híbrida

A lo largo de once páginas, las informaciones recabadas describen un entramado formado por medios, canales de Telegram, organizaciones de compatriotas, asociaciones culturales, estructuras religiosas, redes políticas y actores digitales con distintos grados de autonomía. Su funcionamiento no requiere instrucciones diarias del Kremlin. Según las fuentes, es suficiente con que esos actores compartan determinadas narrativas y dispongan de canales capaces de introducirlas con rapidez en el debate público.

Muchos de los factores que se dieron en las primeras horas de la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta encajaban con las capacidades del entramado ruso. La inmigración ya era una cuestión políticamente explosiva y la llegada masiva de personas a través de una frontera exterior de la Unión Europea añadió imágenes de descontrol y preocupación por la seguridad. Asimismo —también por parte de figuras políticas marroquíes—, se introdujo una discusión sobre la soberanía española.

Las principales narrativas utilizadas durante 2026 se agrupan en tres grandes familias: el antagonismo contra la UE y la OTAN; los mensajes contra Ucrania; y la asociación entre inmigración, inseguridad e "islamización de Europa". La campaña alrededor de Ceuta se ha convertido en uno de los casos más relevantes para esta tercera narrativa.

Dentro de ese repertorio se repiten varias ideas, como que Bruselas favorece unas fronteras abiertas o que los gobiernos nacionales han perdido el control. También se habla de la debilidad europea como un elemento estructural, de los supuestos ataques de la inmigración a la identidad nacional o de la incapacidad de las élites para proteger a sus ciudadanos.

Toda una infraestructura detrás de Telegram

Como es habitual, estas redes organizativas logran una mayor amplificación a través de su actividad en Telegram. El EK Strategic Communications Center, especializado en analizar propaganda y desinformación rusas, identifica organizaciones de este país o vinculadas a la diáspora distribuidas por España que, según el informe, mantienen conexiones con instrumentos rusos de poder blando, es decir, estructuras destinadas a proyectar influencia cultural, política y social en el exterior. Entre ellas aparecen Russkiy Mir, una fundación dedicada a promover la lengua y la cultura rusas en otros países; Rossotrudnichestvo, la agencia federal rusa encargada de las relaciones con los compatriotas en el extranjero y la cooperación humanitaria internacional; y Pravfond, una fundación financiada por el Estado ruso para apoyar a los compatriotas residentes fuera del país. En ese entramado incluye organizaciones culturales, escuelas, asociaciones de compatriotas, estructuras religiosas y redes capaces de movilizar personas para determinados actos públicos.

Uno de los principales nodos sería el llamado "Immortal Regiment" de Madrid. Su coordinadora, Viktoria Samoilova, fue elogiada personalmente por Vladímir Putin en 2025 y el informe la vincula con una red que conecta organizaciones de compatriotas, la Iglesia ortodoxa rusa y estructuras de diplomacia pública rusa.

Las conexiones también alcanzan al ámbito político, con una particularidad relevante: las redes descritas no se limitan a un único espacio ideológico. Es decir, pueden aprovecharse de altavoces situados tanto en la izquierda como en la derecha. En el primer caso, el informe sitúa el entorno de RED, Canal Red y determinadas figuras procedentes del espacio de Podemos. Del mismo modo, se señala la continuidad de narrativas contra la OTAN, el gasto militar occidental y la política europea respecto a Ucrania, además de la capacidad creciente de algunas de estas plataformas para llegar a audiencias españolas y latinoamericanas.

"Las redes descritas no se limitan a un único espacio ideológico: pueden aprovecharse de altavoces situados tanto en la izquierda como en la derecha"
En la derecha radical se identifica a Paladins, una red soberanista fundada en San Petersburgo con participación del empresario ruso Konstantin Malofeev, fundador del grupo mediático Tsargrad, y de Alexander Dugin, filósofo político y politólogo ruso e ideólogo del eurasianismo y del concepto de Russkiy Mir. También se documenta la presencia de organizaciones españolas de esta ideología en su entorno. Durante la crisis de Ceuta, su canal de Telegram llamó a los nacionalistas a "tomar la situación en sus propias manos" y el perfil de Democracia Nacional difundió ese mensaje. Es de esta manera como los mensajes dirigidos a públicos ideológicamente distintos pueden converger en un mismo efecto.

De los medios estatales a la fragmentación

No mucho después del inicio de la invasión de Ucrania, la Unión Europea respondió a la propaganda rusa prohibiendo RT y Sputnik. Esta decisión limitó dos de los canales más relevantes en este entramado, pero los expertos cuestionan que la influencia rusa dependa hoy de unos pocos medios estatales.

En la actualidad, los contenidos pueden circular por vías mucho menos visibles: el material procedente de esos y otros medios rusos pasa a canales de Telegram, páginas aparentemente independientes, agregadores y, finalmente, cuentas políticas con audiencias propias. Por ello, el bloqueo de una plataforma o de un medio no corta necesariamente esa cadena de distribución.

Según el informe, las versiones españolas de Pravda publicaron más de 150.000 piezas durante sus primeros seis meses. De entre todas ellas, el 40% procedía de medios estatales rusos y casi el 60%, de canales especializados de Telegram. Esta red, explican desde el centro, dispone de versiones en catalán, vasco y gallego, además de la española.

La escala y el funcionamiento descritos no encajan del todo con la idea de una propaganda destinada a "convencer a una audiencia". En el caso analizado, importa también la infraestructura de su distribución y los peligros que entraña la capacidad de acelerar reacciones a hechos como el de Ceuta o la facilidad para amplificar inseguridades y lograr que distintos grupos interpreten estos hechos desde marcos implantados por parte de un actor extranjero.

Ceuta como caso de prueba

El interés de Ceuta va más allá de España porque es un tipo de crisis extrapolable a una crisis europea. La llegada de migrantes podía utilizarse para atacar al Gobierno español y vincularse con la pérdida de control de las fronteras. Y la disputa sobre la soberanía, apoyada también desde Marruecos, alimentaba discursos nacionalistas y preocupaciones sobre la seguridad. De ahí podía pasarse a una crítica más amplia de Bruselas y a la idea de que la integración europea o la pertenencia a Occidente reducen la capacidad de España para defender sus propios intereses.

Ese proceso no exige que todas las piezas estén coordinadas desde un único centro —como Moscú, Tel Aviv u otros—. La influencia puede funcionar mediante actores distintos que comparten mensajes, fuentes y objetivos parciales y que, ante una crisis, terminan empujando el debate en una dirección similar.

Qué debería explicar ahora el Gobierno

La dimensión rusa señalada por Sánchez exige algo más que una referencia a Moscú. Si el Gobierno considera que existió una operación de influencia durante la crisis de Ceuta, debería explicar cómo funcionó, qué organizaciones estuvieron implicadas y qué parte puede vincularse con estructuras rusas.

Son cuestiones complejas de resolver, porque, por ejemplo, compartir posiciones prorrusas no constituye por sí mismo un problema de seguridad. Esto forma parte de la libertad política de una democracia. Ahora bien, la situación cambia cuando existen redes vinculadas a una potencia extranjera y capaces de aprovechar deliberadamente una crisis doméstica para debilitar las instituciones democráticas o la cohesión europea.

"Si el Gobierno considera que existió una operación de influencia durante la crisis de Ceuta, debería explicar cómo funcionó"
La crisis de Ceuta está permitiendo observar esa posibilidad sobre un caso concreto: un episodio de origen propio podía ser absorbido rápidamente por redes de influencia ya existentes y reinterpretado dentro de narrativas más amplias sobre inmigración, soberanía, Bruselas y Occidente. Rusia quizá no encendió el fuego en Ceuta, pero cuando empezó a arder, tenía preparado el combustible.
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