

"La distancia aparece antes incluso de discutir las soluciones, porque unos consideran que la situación ha mejorado y otros que ha empeorado"Esa combinación ayuda además a entender una de las aparentes paradojas de la encuesta: que el mapa electoral pueda mantenerse relativamente estable mientras existen niveles muy elevados de malestar en cuestiones concretas. Los ciudadanos pueden coincidir en que la vivienda o el poder adquisitivo han empeorado y, al mismo tiempo, hacer balances completamente distintos sobre la economía, la inmigración, las instituciones o la propia continuidad del Gobierno.
"Una parte de quienes creen que la economía española marcha mejor valora negativamente, por tanto, variables mucho más próximas a su experiencia cotidiana"Ambas respuestas son compatibles porque las preguntas miden cosas distintas. A nivel político, interesa precisamente esa distancia: reconocer una mejora de la economía en términos generales no implica considerar que esa mejora haya llegado al poder adquisitivo, al coste de la vida o a la vivienda.
"El 88,7% de los españoles considera que el acceso ha empeorado desde el inicio de la legislatura, el diagnóstico negativo más extendido de toda la batería"Así, un elector socialista puede considerar que la economía española ha mejorado —como hace una amplísima mayoría de este grupo— y compartir al mismo tiempo con un elector de Vox una valoración muy negativa de la vivienda.
"La distancia es suficiente para que los principales electorados partan de diagnósticos casi opuestos sobre una misma cuestión"Cabe señalar que el trabajo de campo se realizó, además, en plena crisis de Ceuta, con la inmigración y el control fronterizo ocupando una parte central de la conversación política.
"Una cosa es la movilidad electoral y otra, la distancia entre las percepciones de los principales electorados"Incluso el trasvase entre bloques puede convivir con esa polarización. Que una parte de quienes votaron al PSOE pase al PP no significa que las fronteras políticas hayan desaparecido, del mismo modo que la fidelidad elevada de Vox no convierte a todos sus votantes en un grupo homogéneo. La fotografía electoral muestra movimiento; las demás preguntas de la encuesta muestran que, en algunos asuntos, ese movimiento se produce sobre un terreno de percepciones extraordinariamente alejadas.
"El país no aparece dividido casi por la mitad porque la mayoría de los ciudadanos dude entre continuidad y elecciones, sino porque conviven grupos muy numerosos que ofrecen respuestas prácticamente opuestas"Algo parecido sucede al comparar esta pregunta con el balance de la legislatura. Es posible considerar que han empeorado la vivienda, el poder adquisitivo o los servicios públicos y, sin embargo, preferir que el Gobierno complete el mandato. Del mismo modo, una valoración positiva de algún ámbito no implica necesariamente respaldar su continuidad. La decisión política final no parece reducirse a una suma automática de satisfacciones y descontentos.
"Se puede preferir otra forma de Estado y considerar al mismo tiempo que el actual jefe del Estado desempeña bien sus funciones"La división izquierda-derecha explica peor estas respuestas si se mezclan dos cuestiones diferentes: la institución y la persona que actualmente la encarna. Y ahí aparece uno de los límites de cualquier lectura excesivamente ordenada de la encuesta. Los ciudadanos no responden necesariamente mediante paquetes ideológicos perfectamente coherentes en los que la valoración de una persona, una institución y el modelo de Estado avanzan siempre en la misma dirección.
"En varios asuntos, la distancia aparece antes: discrepan sobre cuál ha sido la evolución de España durante estos años"Para unos, la economía ha mejorado y para otros ha empeorado. Unos consideran que España ha ganado influencia internacional y otros observan prácticamente lo contrario. En inmigración, unos electorados destacan fundamentalmente sus beneficios y otros sus problemas. La distancia no empieza cuando toca escoger una solución, sino en el propio diagnóstico.
"El malestar compartido no desemboca automáticamente en una respuesta política compartida"La crisis de Ceuta condensa este fenómeno y es, además, un ejemplo especialmente claro de hasta qué punto se ha difuminado la frontera entre la agenda nacional y la internacional. Hasta ahora, el episodio no parece haber provocado un vuelco significativo en la intención de voto del PSOE, pero sí ha colocado en el centro del debate una cuestión —la inmigración— en la que los principales electorados parten de posiciones especialmente alejadas. Un acontecimiento puede alterar la competición política antes de modificar de manera visible el reparto de votos: puede hacerlo aumentando el peso de un asunto que separa con claridad a los bloques.
"Los ciudadanos pueden cambiar de partido sin cambiar necesariamente de marco político; también pueden compartir un problema concreto con el electorado contrario sin hacer el mismo balance general del país"España comparte algunos problemas con una amplitud que la discusión partidista puede ocultar. Lo que comparte bastante menos es la valoración del país en el que esos problemas ocurren. Y esa distancia ayuda a entender lo que hay debajo del voto: ante una misma realidad económica, una misma crisis migratoria o una misma decisión política, los ciudadanos pueden estar construyendo balances muy distintos sobre lo que le ha ocurrido a España.
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