Martes, 1 de septiembre de 2026
SONDEO DE CLUSTER17

Ceuta no mueve el voto del PSOE, pero está partiendo en dos al electorado español

La crisis de Ceuta ha colocado la inmigración en el centro del curso político, aunque todavía no ha provocado un vuelco electoral. La encuesta de Cluster17 para 'Agenda Pública' muestra una brecha creciente entre los votantes de izquierda y derecha, mientras el PSOE apenas retrocede respecto a noviembre de 2025. En estos momentos, Ceuta parece estar modificando antes el mapa de la polarización que el reparto de apoyos entre partidos.

Agenda Pública Agenda Pública 1 de septiembre de 2026
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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en Ceuta el pasado 1 de agosto. | La Moncloa / Xinhua News / Europa Press
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en Ceuta el pasado 1 de agosto. | La Moncloa / Xinhua News / Europa Press
La crisis de Ceuta ha cambiado el tono de la política española más que su aritmética electoral. La entrada masiva de migrantes a finales de julio ha copado la agenda política desde entonces. La tensión posterior en las calles, las protestas, los enfrentamientos y la incapacidad de la ciudad para absorber durante semanas a miles de personas están convirtiendo la inmigración en el principal campo de batalla del inicio del nuevo curso político. El Gobierno ha tenido que acelerar ahora la identificación y tramitación de los migrantes y ha pedido el apoyo de Frontex, Europol y la Agencia de Asilo de la UE.

Sin embargo, Ceuta ha polarizado a los españoles mucho más de lo que parece haber castigado al PSOE. La encuesta de Cluster17 elaborada para Agenda Pública detecta que el electorado socialista mantiene una posición claramente diferenciada sobre la inmigración sin que eso se traduzca, al menos en esta fotografía, en una pérdida de votos significativa. Tomando como ejemplo el barómetro de noviembre de 2025 de Cluster17, los socialistas solo descienden cuatro décimas, hasta el 28,1%.

En consecuencia, es interesante moverse en registros distintos al de la intención de voto. Por ejemplo, la encuesta permite ver qué ha hecho la crisis de Ceuta con la estructura de preferencias de los españoles: en este caso, la respuesta apunta hacia una mayor polarización.

El impacto de Ceuta en las urnas

Un primer paso que permite dar la encuesta está en la inmigración, sobre la que Agenda Pública ya ha ofrecido un análisis pormenorizado. En este sentido, el 40,5% de los encuestados considera que genera más problemas que beneficios, frente a un 29,7% que sostiene lo contrario y un 27,9% que percibe un impacto equilibrado. Todo ello en un contexto donde la cuestión migratoria se ha convertido en una línea de división social y electoral, tanto a nivel español como europeo.

"El electorado socialista mantiene una posición claramente diferenciada sobre la inmigración sin que eso se traduzca, al menos en esta fotografía, en una pérdida de votos significativa"
Con todo, esa división, en lugar de centrarse en un partido —PSOE o Vox, por ejemplo—, lo que hace es aumentar la distancia entre los electorados de izquierda y derecha. Entre quienes declaran haber votado al PSOE en 2023, la percepción de la inmigración es sustancialmente más favorable que en el conjunto de la muestra. La mitad considera que genera más beneficios que problemas, mientras que apenas algo más de uno de cada diez cree que genera más problemas que beneficios. En Sumar, la distancia es todavía mayor. En cambio, entre los votantes del PP la relación se invierte con claridad y entre los de Vox prácticamente desaparece cualquier ambivalencia: la inmensa mayoría considera que la inmigración genera más problemas que beneficios.


Es decir, la crisis en Ceuta no ha convertido la inmigración en un problema transversal que penalice por igual al Gobierno. Lo que sí ha logrado es hacer más visible que los españoles están mirando el mismo acontecimiento desde posiciones políticas completamente distintas.

"Ceuta no ha conseguido convertir la inmigración en un problema transversal que penalice por igual al Gobierno"
El PSOE, además, no está compitiendo en el terreno que más favorece a Vox. Su respuesta ha combinado control fronterizo, gestión administrativa y una dimensión humanitaria. El Gobierno ha reforzado los dispositivos policiales de identificación y triaje, ha enviado personal adicional para agilizar las solicitudes de asilo y ha pedido apoyo a Frontex, Europol y la Agencia de Asilo de la UE para tramitar los expedientes y facilitar las devoluciones cuando corresponda legalmente. Además, el 25 de agosto declaró la situación de interés para la Seguridad Nacional y creó un mando único para coordinar la actuación de los distintos ministerios y administraciones.


Esa actuación, sin embargo, también ha recibido críticas por su tardanza y por la coordinación durante las primeras semanas. Alberto Bueno señalaba en Agenda Pública que el Gobierno tardó casi un mes en activar los mecanismos de la Ley de Seguridad Nacional y cuestionaba que, si el mando único era necesario a finales de agosto, no se hubiera creado al comienzo de la crisis. En este contexto, la situación electoral es peculiar: el PSOE puede sufrir desgaste por la gestión de Ceuta sin que eso implique necesariamente perder votos por no endurecer su posición sobre la inmigración. Su electorado no parece estar pidiéndole que se convierta en Vox: la mitad de los votantes socialistas destaca sus beneficios, un 37,4% señala un impacto equilibrado y solo un 10,9% hace una valoración negativa.

En la oposición, el PP ocupa una posición distinta. La crisis es una oportunidad para disputar al PSOE la idea de control, pero también aproxima a los populares al marco político que durante años ha pertenecido casi en exclusiva a Vox. La competición entre ambos partidos se desplaza así hacia una cuestión en la que los partidos de derecha radical suelen partir con ventaja: cuanto más se presenta la inmigración como una amenaza, más fácil resulta para estos partidos defender que las soluciones convencionales han fracasado.

La propia respuesta política a Ceuta da respaldo a esta hipótesis. Vox ha utilizado la crisis para insistir en un discurso de máxima dureza, mientras que el PP ha endurecido también su posición y ha convertido la gestión gubernamental de la emergencia en uno de los principales argumentos contra Sánchez. En otras palabras, la inmigración ha pasado de ser un asunto de política pública a funcionar como un proxy de identidad política.

Esta es la principal distinción entre un caso de polarización y un realineamiento electoral. No hay, en estos momentos, evidencia suficiente para afirmar que un votante socialista haya abandonado al PSOE como consecuencia de Ceuta y se haya desplazado hacia el PP, Vox o la abstención. Pero no hay dudas de que los distintos electorados han interpretado la misma crisis a través de sus identidades políticas preexistentes.

"Los distintos electorados han interpretado la misma crisis a través de sus identidades políticas preexistentes"
Todo ello tiene consecuencias para 2027. En escenarios como el actual, una elección no necesita que un asunto provoque grandes trasvases electorales para resultar decisivo. Es suficiente con que consiga ordenar la competición alrededor de una dimensión que favorezca a uno de los bloques. Por ello, si la inmigración se convierte en una de las principales preocupaciones de los ciudadanos, Vox parte con una ventaja narrativa porque lleva años construyendo su identidad alrededor de esa cuestión.


En este caso, esa posibilidad supone importantes riesgos para los populares. Si los de Feijóo compiten con Vox en términos de dureza, pueden reforzar la centralidad del asunto sin necesariamente absorber todo el voto crítico con la inmigración. Y el riesgo para el PSOE es diferente: puede conservar su electorado, pero encontrarse cada vez más aislado en una cuestión que moviliza intensamente a una parte del país.

Europa y la crisis de Ceuta desde Catalunya

La crisis de Ceuta introduce además una dimensión territorial. En Catalunya, el malestar migratorio puede encontrar una traducción política propia. Aliança Catalana, la formación de derecha radical e independentista liderada por Silvia Orriols, aparece en la encuesta con una presencia mucho más significativa en Catalunya, pero con la posibilidad de entrar en el Congreso si se presentara a las elecciones generales. Esto es importante porque demuestra que la polarización migratoria no se limita al eje izquierda-derecha español, sino que puede combinarse con conflictos territoriales, culturales e identitarios y producir nuevas ofertas electorales.

La experiencia europea muestra que los partidos antiinmigración prosperan especialmente cuando consiguen transformar una cuestión concreta de gestión pública en una amenaza percibida contra la seguridad, la identidad o el Estado. Ese es, por distintos motivos, el caldo de cultivo que ofrece la crisis de Ceuta. La diferencia es que, de momento, España sigue teniendo una estructura electoral en la que el PSOE parece conservar un electorado muy estable en sus posiciones sobre inmigración.

Ceuta no ha cambiado todavía el mapa electoral, pero sí ha causado cambios en el mapa de la polarización.

La encuestadora paneuropea Cluster17 se ha consolidado como una de las más precisas de España. Su sondeo de las elecciones generales de 2023 fue el segundo más certero en votos y el tercero en escaños, según Electomanía. En 2024, con el sondeo publicado en Agenda Pública, logró la estimación más precisa de las elecciones catalanas y, también de la mano de este medio, la tercera más acertada en el ranking global de escaños y votos en las europeas.
 
Encuesta CAWI realizada por Cluster17 del 22 al 25 de agosto de 2026 sobre una muestra representativa de la población española, con 1.637 entrevistas y cobertura de todas las comunidades autónomas. Los resultados se ponderan por edad, sexo, comunidad autónoma, situación socioprofesional y recuerdo de voto en las elecciones generales de 2023 y europeas de 2024.

Para una muestra de este tamaño, la referencia convencional de precisión al 95% sitúa el margen máximo en ±2,4 puntos porcentuales.
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