

"Una parte amplia de la sociedad comparte ya el diagnóstico defendido desde Bruselas: depender de tecnología ajena no representa únicamente un problema para las empresas"El conocimiento del concepto y el respaldo a las alternativas europeas, sin embargo, no evolucionan de forma paralela. El 35% de los menores de 35 años había oído hablar de soberanía digital, frente al 24% de quienes tienen entre 50 y 64 años. No obstante, son estos últimos los que apoyan en mayor medida que Europa disponga de plataformas y tecnologías propias: un 93%, frente al 72% de los jóvenes. La disposición a priorizar una plataforma europea con prestaciones equivalentes también aumenta con la edad, desde el 63% entre los menores de 35 años hasta el 77% entre los mayores de 65.
"Ya en la pandemia comenzó a resquebrajarse ese esquema al convertir las cadenas de suministro en una preocupación geopolítica"La Comisión Europea ha colocado por ello la autonomía tecnológica junto a la defensa, la energía y el acceso a materias primas críticas. Es decir, la denominada autonomía estratégica abierta ha dejado de ser una doctrina exclusivamente económica. Parte de la premisa de que la capacidad para desarrollar o controlar tecnologías esenciales condiciona la soberanía de los Estados.
"La capacidad para desarrollar o controlar tecnologías esenciales condiciona la soberanía de los Estados"En línea con este punto, la encuesta recoge un alto grado de desconfianza hacia las grandes plataformas tecnológicas. El 78% considera probable que compañías como Google, Meta, Amazon, Apple o Microsoft vendan o cedan datos personales sin autorización. E incluso el 80% afirma sentirse inquieto por el acceso de estas empresas a su información. Casi dos tercios de los españoles reconocen, además, que no se sienten suficientemente protegidos frente al uso indebido de sus datos cuando utilizan servicios digitales. La mayoría depende de esas plataformas, pero no confía plenamente en el tratamiento que hacen de su información.
"El continente sigue utilizando de manera mayoritaria infraestructuras, plataformas y servicios desarrollados fuera de sus fronteras"Es decir, la dependencia continúa creciendo y, con ella, la preocupación por quién controla las infraestructuras y los servicios digitales. La globalización tecnológica había restado importancia a la nacionalidad de las empresas: lo decisivo era que ofrecieran prestaciones mejores o más baratas. Las tensiones entre Washington y Pekín, las restricciones a la exportación de chips, la disputa sobre TikTok, las sanciones tecnológicas y el uso de los datos como instrumento de poder han alterado esa percepción.
"La política europea se despliega ahora en dos frentes: limitar el poder de las grandes plataformas y desarrollar capacidades propias"En este sentido, ciudadanos y empresas coinciden en buena parte del diagnóstico y de la respuesta. En ambos grupos, más de ocho de cada diez perciben que Europa depende de compañías tecnológicas extranjeras, cerca de siete de cada diez priorizarían una alternativa europea con prestaciones equivalentes y una amplia mayoría reclama que los gobiernos impulsen tecnología propia. También comparten el escepticismo: solo el 47% de los ciudadanos y el 46% de los responsables empresariales confían en que Europa pueda competir tecnológicamente con Estados Unidos o China. La mayor distancia aparece al valorar las consecuencias para la seguridad: el 62% de la ciudadanía considera que la dependencia puede representar una amenaza, frente al 49% en el ámbito empresarial.
"La soberanía digital abarca la fabricación de semiconductores y la construcción de centros de datos, pero no se agota en ellas"La soberanía digital abarca la fabricación de semiconductores y la construcción de centros de datos, pero no se agota en ellas. También exige que Europa conserve margen para decidir sobre las tecnologías que sostienen su economía, sus instituciones democráticas y su seguridad. Dentro de la ecuación, España, una variable más, cuenta con activos para participar en el proceso.
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