Martes, 28 de julio de 2026
PRESUPUESTO EUROPEO

Sin inversión no hay soberanía digital: la asignatura pendiente de Europa

El nuevo presupuesto europeo puede no ser suficiente para alcanzar la autonomía tecnológica que la Unión persigue. Emilio García, exdirector de gabinete de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones, subraya que "la tecnología está hoy en el centro de la geopolítica" y reclama un mayor alineamiento de los presupuestos nacionales con las políticas digitales comunes.

Emilio García Emilio García 13 de noviembre de 2025
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Las instituciones europeas elaboran un marco presupuestario para ser ejecutado en siete años. | Unsplash / Bruno Neurtah Wilson
Las instituciones europeas elaboran un marco presupuestario para ser ejecutado en siete años. | Unsplash / Bruno Neurtah Wilson
Cada siete años, la Comisión Europea realiza una propuesta de Marco Financiero Plurianual (MFP) que, tras ser aprobada por el Consejo y el Parlamento, sirve de guía presupuestaria —y, consecuentemente, política— de la UE. En el mes de julio, el Ejecutivo de Bruselas presentó la propuesta de Marco Financiero Plurianual (MFP) para el periodo 2028-2034, que debería dar una respuesta suficiente a las necesidades de transformación y autonomía digital de la Unión. La tecnología está hoy en el centro de la geopolítica y Europa ha ido acumulando retraso en esta área respecto de EE. UU. y, más recientemente, en relación con China. Parafraseando a Mario Draghi, "es hora de un cambio radical".

"Para ser competitiva frente a China y Estados Unidos, la UE necesita invertir al menos 157.000 millones de euros en el ámbito digital"
Los
servicios de investigación del Parlamento Europeo han estimado que los fondos que necesita emplear anualmente la Unión para lograr un posicionamiento competitivo a nivel global en el ámbito digital oscilan entre 157.000 y 227.000 millones de euros, a lo que se añadirían entre 55.000 y 154.000 millones destinados a I+D+i en tecnología. Los analistas del propio Parlamento estiman que, para movilizar este nivel de inversión, se necesitan entre 34.000 y 114.000 millones anuales, que saldrían de los presupuestos públicos europeos.

El MFP propuesto alcanza los 2 billones de euros; tan solo 1,35 billones reales una vez descontadas las cantidades destinadas a hacer frente a las obligaciones de deuda contraídas —entre otras, para establecer el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR). El presupuesto se distribuye en torno a tres rúbricas o capítulos: Cohesión económica, territorial, social, agricultura y pesca; Competitividad, prosperidad y seguridad; y Global Europe. A ellas hay que añadir un cuarto capítulo presupuestario destinado a los gastos de administración. 

El nuevo Marco Financiero Plurianual, insuficiente ante las ambiciones digitales de la UE

El proyecto presupuestario para el nuevo septenio de la UE —por sí solo— queda lejos de satisfacer sus ambiciones tecnológicas. Solo dentro de la segunda de las rúbricas —Competitividad, prosperidad y seguridad— se encuentran de modo explícito mecanismos de financiación para políticas tecnológicas. Por un lado, en el nuevo Fondo Europeo de Competitividad figura una aportación presupuestaria de la Unión de 51.493 millones de euros para alcanzar el liderazgo digital. Por otra parte, la dimensión de I+D en tecnologías digitales del programa Horizon Europe ha sido dotada con 16.854 millones de euros. En total, apenas 10.000 millones de euros anuales de fondos de la Unión se destinan explícitamente para impulsar la transformación y autonomía digital europea entre 2028 y 2034.

La UE debe buscar medios para cubrir la brecha de financiación pública para la digitalización hasta alcanzar los márgenes previstos por el Parlamento Europeo. De nada servirían otras iniciativas necesarias para movilizar la inversión privada en tecnología —por ejemplo, el mercado único de capitales— si no se cuenta con una base de palanca de recursos públicos. Tal como apuntaban Mario Draghi y Enrico Letta en los informes que elaboraron en 2024, esto solo es posible alineando las inversiones públicas de los presupuestos nacionales con las políticas tecnológicas comunes, tanto en los fondos propios de los Estados miembros como, especialmente, en los provenientes del presupuesto de la Unión.

El MRR ofrece lecciones para convertir el MFP en un instrumento de impulso del desarrollo tecnológico de Europa. La arquitectura diseñada por la Comisión para ejecutar la rúbrica de cohesión del MFP en forma de Planes de Asociación Nacionales y Regionales (PANR) facilita la transposición de estas herramientas. La condicionalidad de emplear el 20% de los fondos de los planes de recuperación nacionales en componentes digitales aplicada a los PANR permitiría asegurar hasta 189.000 millones públicos para reforzar la competitividad y soberanía tecnológica de la Unión entre 2028 y 2034; es decir, otros 27.000 millones de euros anuales.

El concepto de los PANR han estado en el centro de las críticas del Parlamento Europeo al MFP. La dedicación de recursos financieros a la transformación digital en los planes no contradice las iniciativas de los grupos parlamentarios para mejorar la propuesta presupuestaria. Establecer un objetivo de gasto presupuestario en proyectos tecnológicos no implica un debilitamiento de la Política Agraria Común (PAC) sino apostar por su modernización. Tampoco ha de significar un debilitamiento de las regiones obligar a que empleen fondos en el desarrollo tecnológico, sino impulsar su competitividad y, en muchos casos, diversificación económica.

"Con este planteamiento, hablamos de emplear anualmente más de 40.000 millones de euros al desarrollo tecnológico de Europa durante los próximos siete años"
De modo similar, una
dedicación del 20% de la tercera rúbrica —Global Europe— al componente digital tendría un efecto tractor sobre el sector tecnológico continental. Supondría facilitar que en el septenio del próximo MFP la industria digital europea pudiera exportar hasta 34.000 millones de euros en bienes y servicios. Adicionalmente, dotaría de músculo financiero a la Estrategia Digital Internacional de la UE, sumamente necesaria en el complejo escenario geopolítico. Esto se añadiría a las cantidades de las otras rúbricas ya señaladas. Estaríamos hablando ya de emplear anualmente más de 40.000 millones de euros al desarrollo tecnológico de Europa durante el periodo de vigencia del próximo MFP. 

Alinear presupuestos nacionales y europeos: la clave para una verdadera autonomía tecnológica

Las enmiendas al MFP descritas podrían ser reforzadas con instrumentos que fuercen el alineamiento de los presupuestos nacionales con los objetivos comunes de la política digital de la UE. Se hace necesario, para ello, introducir mecanismos que fomenten competencia entre los Estados miembro para la dedicación de recursos financieros que contribuyan a avanzar hacia un Mercado Único Digital. La revisión de medio plazo de sus objetivos facilita una oportunidad para ello.

El Programa Estratégico de la Década Digital, aprobado en 2022, define las metas tecnológicas de la UE para 2030, incluyendo un mecanismo de evaluación y seguimiento del desempeño de los Estados miembros. El instrumento político tiene previsto el balance de sus objetivos en 2026; su reforma debe ser ambiciosa, abarcando medidas que potencien su dimensión europea y estimulen la dedicación de recursos económicos propios por los Gobiernos nacionales. Por ejemplo, introduciendo mecanismos de incentivo económico al cumplimiento de los objetivos, como premiar la evolución de un Estado miembro hacia los mismos con un mayor acceso a los fondos europeos o cofinanciando su participación en los IPCEI (proyectos europeos de interés común).

La transición digital de Europa ha dejado de ser la suma de la transformación en cada Estado miembro. Son necesarias fórmulas que renueven el arsenal de instrumentos actuales europeos en el ámbito digital para poder movilizar las inversiones públicas y privadas, de lo contrario se perpetuará la fragmentación de la política tecnológica y su estancamiento digital. El debate del nuevo marco presupuestario y la verificación periódica de los objetivos conjuntos hacia el Mercado Único Digital no pueden ser un mero ejercicio burocrático si la Unión no quiere caer de modo definitivo en la irrelevancia tecnológica. Europa necesita seguir profundizando en una coordinación efectiva de políticas, proyectos y recursos de financiación de la política tecnológica. 
Emilio García
Emilio García
Exdirector de gabinete de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales (2020-2021)
Es asesor en el Instituto de Astrofísica de Canarias y funcionario del Cuerpo Superior de Tecnologías y Sistemas de la Información. También es coautor del libro 'Chips y Poder' (Ed. Libros de la Catarata, 2025) y activista por los derechos trans.
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