Martes, 28 de julio de 2026
CONVERSACIONES

Patrizia Nanz, presidenta del Instituto Universitario Europeo: "La soberanía digital es la condición previa para una Europa independiente"

'Agenda Pública' se traslada a Florencia, sede del Instituto Universitario Europeo (IUE), para conversar con su presidenta, Patrizia Nanz. El IUE es un centro de investigación de referencia en el ámbito europeo que, en palabras de Nanz, funciona como "un laboratorio para Europa". Al mismo tiempo, la presidenta lamenta que "la Unión Europea está en crisis" y que "las universidades están siendo atacadas", al tiempo que admite la necesidad de emprender "reformas en las instituciones políticas".

Agenda Pública Agenda Pública 10 de septiembre de 2025
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La presidenta del IUE, Patrizia Nanz, junto al director de 'Agenda Pública', Marc López Plana. | Imagen cedida por el IUE.
La presidenta del IUE, Patrizia Nanz, junto al director de 'Agenda Pública', Marc López Plana. | Imagen cedida por el IUE.
El European University Institute (Instituto Universitario Europeo, IUE) es, en palabras de The Economist, el Hogwarts de la Unión Europea. Y la alemana Patrizia Nanz, es su Dumbledore. El IUE, situado en Florencia, ha abierto sus puertas al editor y director de Agenda Pública, Marc López Plana, para conversar con su presidenta acerca de la labor del instituto, el rol de Europa en la actualidad y las amenazas al futuro del proyecto europeo entre otros temas. 

Durante el diálogo, Nanz se ha mostrado optimista con su labor al frente del IUE, apuntando que se sigue persiguiendo la "excelencia en la investigación y la educación" y reconoce que la labor de investigación en el instituto es "un elemento clave para que las instituciones de los Estados miembros y de Bruselas tengan un camino a seguir". Por lo tanto, su lectura, en vísperas de que Ursula von der Leyen dé el discurso sobre el Estado de la Unión Europea (SOTEU, por sus siglas en inglés), resulta fundamental para descubrir los entresijos del futuro europeo.

El papel del IUE y Nanz en el devenir de la Unión Europea es clave. Desde Florencia, la alemana advierte que "el motor de la transformación social es la soberanía digital" y alerta de que "Trump lo entiende, China lo entiende" y nosotros, los europeos, "deberíamos despertar". Por todo ello, su figura resulta clave para abordar la Europa del presente.

 

Patrizia Nanz reconoce que hay presiones contra la universidad, las ciencias sociales y las humanidades. Imagen cedida por el IUE.


¿Cree que el Instituto Universitario Europeo es el laboratorio que los Estados pedían para Europa?


Creo que es exactamente un laboratorio para Europa. Fue fundado en 1972 por los entonces seis Estados miembros de la Unión. Abrió sus puertas en 1976, precisamente con la misión de pensar en la dirección del proyecto europeo y orientar a las instituciones en general y también a las sociedades.

La cuestión es, o era entonces y sigue siendo ahora, pensar en Europa, incluso antes de tener una Unión Europea completa. Ahora que la Unión Europea está en crisis, tenemos que replantearnos cómo debería ser. 

Somos un laboratorio en el sentido más auténtico, y también una Europa en miniatura, en el sentido de que contamos con investigadores y académicos de todo el continente y también de fuera de él.

No hay entonces una cultura nacional dominante. Tampoco académica. Es entre las diferentes perspectivas culturales y académicas donde se forja esta idea de Europa.

Sé que hay muchos antiguos alumnos que ahora trabajan en la Comisión Europea y en otras instituciones europeas. ¿Cómo transfiere el Instituto Universitario Europeo sus conocimientos académicos a la elaboración de políticas en la actualidad?

La transferencia no solo se mide a través de los antiguos alumnos, sino que también se transmite a través de las personas y las ideas en sentido amplio. Por supuesto, están los antiguos alumnos. Tenemos alrededor de la mitad de estos, unos cuatro mil en la actualidad, que sabemos que no se dedicaron a la academia ni se convirtieron en profesores, sino que ingresaron en instituciones públicas o se convirtieron en funcionarios públicos. También a los que trabajan para ONG, medios de comunicación, etc.

Así que es un número bastante grande en el que podemos confiar. Y realmente están formados en el sentido más auténtico de Europa, porque se convierten en europeos mientras socializan aquí. Pero también es a través de las ideas de las personas que tenemos la transferencia. Yo lo vivo cada día. Realmente tenemos contacto y conectamos con los responsables políticos, pero también con las ONG y el sector privado, con el fin de cambiar las ideas sobre la política, la transferencia también a través de las ideas y también de las personas.

"No nos imaginamos como una fábrica de funcionarios, sino de personas que tienen la capacidad de desempeñar un papel útil: ya sea en el sector público o en el privado"
Por lo tanto, nunca nos imaginamos como una fábrica de funcionarios, sino más bien como un lugar para dar un paso atrás, cuestionar las suposiciones y, de ese modo, desempeñar un papel muy útil, ya sea en el servicio público o en el sector privado.


Pero, sabe que en el mundo académico existe un gran debate sobre si la academia es capaz de transferir conocimientos y lograr que estos conocimientos se conviertan en políticas. Entonces, ¿qué significa esto para usted? ¿Cuál es su posición en este debate sobre el papel de la academia? No en la formulación de políticas, sino en la capacidad de influir en las políticas y en los responsables políticos.

Es una pregunta muy importante que me han planteado en mis funciones anteriores, ya que trabajé como nexo entre la ciencia y la política. Se trata de la famosa brecha entre el conocimiento y la acción. Y después de 20 años dedicándome a la interfaz entre la ciencia y la política, y también a cómo hacerlo, probé diferentes formatos.

Puedo decir que se debe principalmente a las instituciones políticas a las que les resulta muy difícil absorber conocimientos. No se trata solo de que la ciencia no sea capaz de comunicarse, sino que, por ejemplo, los ministerios están organizados de una determinada manera que puede ser contraproducente para este fin.

Otro problema es que, dado que de alguna manera tenemos diferentes desafíos y crisis, no es que las respuestas de ayer ya no funcionen. Tenemos que imaginar un tipo diferente de instituciones para poder dar respuesta a estas cuestiones.

En primer lugar, hay que replantearse las instituciones y luego pensar en cómo la ciencia podría interactuar con estas instituciones. Y para ello se necesitarían lugares para la cocreación. Se necesita una base empírica y basada en la investigación, fundamentos para el análisis de determinadas cuestiones. Pero luego se necesita, por supuesto, el conocimiento de otras personas de otros sectores para poder comprender el panorama por completo.

"La universidad debe dar crear un espacio que permita dar un paso atrás, analizar el panorama, y despúes dar con las soluciones"
En mi opinión, el mayor servicio que puede prestar una universidad es crear un espacio. No tanto alimentar los entresijos del ciclo político, sino pensar en cuál es el problema real, en qué contexto está relacionado con otros problemas. En otras palabras, dar un paso atrás para comprender el panorama general y luego seguir con las soluciones.


¿Cree que la investigación que se lleva a cabo en tu instituto en este momento es capaz de influir en la política, tanto en las instituciones europeas como en los Estados miembros?

No necesariamente. Quiero decir, también tenemos investigaciones muy prácticas, por ejemplo, sobre la regulación del agua o sobre la energía, la electricidad y el gas. Es obvio cómo esto se relaciona con los responsables políticos. Intuyo que intentar pensar en la competitividad, en lo que debería significar en el futuro, o en la democracia, parece abstracto.

A largo plazo creo que podría ser un elemento clave para que las instituciones de los Estados miembros y de Bruselas tengan un camino a seguir. Así que, sin duda, sí.
 

Marc López ahondó en la visión de Europa que tiene Patrizia Nanz. Imagen cedida por el IUE


Después de un año y medio como presidenta del Instituto Universitario Europeo, ¿qué opina sobre este primer mandato? 

Cuando llegue aquí intenté comprender la situación. Incluso antes de ser presidenta, porque aquí donde hice mi doctorado hace veinticinco años, así que no es algo totalmente nuevo para mí este instituto. Por supuesto, hace más de dos décadas el debate sobre Europa era muy animado porque era un momento constitucional. Ahora, el interés por Europa es mucho menos vivo en los Estados miembros, pero también en la sociedad en general.

"Las universidades están siendo atacadas y Europa no ocupa un lugar preponderante en la agenda internacional"
Es un momento más difícil para ser una universidad, que, como saben, está orientada hacia Europa. Por un lado, las universidades están siendo atacadas, pero, por otro, Europa a menudo no ocupa un lugar prioritario en la agenda. Ese es mi primer punto. Traté de comprender la evolución de los departamentos: estos se hicieron mucho más grandes.


Tenemos el Centro Robert Schuman, tenemos la Escuela de Gobernanza Transnacional… trato de hacer balance de lo que hay, pero también pensar, junto con el profesorado y los investigadores en particular, en cuál debería ser el papel de las universidades. Tenemos un grupo de trabajo, e incluso hemos conseguido una subvención para investigar la cuestión de la libertad académica, que también es la responsabilidad que conlleva esta libertad hacia la sociedad, porque se trata de dinero público.

Ese fue mi primer punto. Por otro lado, destacar que esta es una organización internacional y no solo una universidad. Por lo tanto, su misión es la de una universidad, pero la organización es intergubernamental, no solo internacional. Es decir, que puede acoger a organizaciones gubernamentales. Así lo creo, y está escrito en el documento fundacional que se debería haber establecido una conexión con las sociedades y las instituciones en general.

Entonces, ¿cómo se hace eso? En primer lugar, dijimos que debíamos replantearnos cuál es "la misión". Una vez resuelto, debíamos preguntarnos: ¿cuál es la visión a largo plazo que nos marca el rumbo? Por ello, volví al documento fundacional y me dije: ¿qué significa que hoy en día tengamos tres dimensiones? Una es, obviamente, la excelencia en la investigación y la educación.

La otra es la comunicación más allá del ámbito académico. Y la he reforzado mucho. Por tanto, realmente se trata de construir la comunicación desde el principio de la investigación, hacia las sociedades y las instituciones. La última dimensión es la colaboración con los actores sociales y económicos. Entonces, ¿cómo podemos crear lugares donde el conocimiento interactúe con el conocimiento de otros actores, para compartir ideas y perfeccionar el conocimiento que producimos?

Para ello, ahora estamos creando infraestructuras. Es decir, no solo proyectos, sino infraestructuras para acoger a otros actores. Le daré un par de ejemplos.

En primer lugar, tendremos una iniciativa de seguridad en la que, en lugar de limitarnos a establecer contactos, como creo que se ha hecho en cierta medida en la conferencia de Múnich, podremos mantener diálogos políticos en profundidad con los Estados miembros sobre cuestiones de seguridad de la UE. No solo en materia de defensa, sino también en lo que se refiere a la seguridad en ese sentido, la energía, la alimentación, la democracia, la desinformación, etc.

La segunda es que podría darles tres ejemplos: un centro tecnológico, entendiendo que hoy en día, sin tecnología, no podemos comprender las sociedades. No sé si ahora lo entienden, pero hay un papel preciso para las ciencias sociales y las humanidades sobre las que nos basamos. En este momento, ambas son muy importantes para orientar a la sociedad.

"Necesitamos la soberanía digital como paso previo para otras soberanías: democrática, de prosperidad, alimentaria, etc."
También hay que entender que no se trata de tecnología, sino del motor de la transformación social. Hablaré de eso, quizás con más profundidad, porque es un punto crucial para mí. Hoy en día, si Europa quiere ser independiente, en un triángulo geopolítico en el que nuestro mundo era China y Estados Unidos, necesitamos la soberanía digital como condición previa para cualquier otro tipo de soberanía, democracia, prosperidad, alimentación, energía, etc.


Y el tercero, solo para daros un ejemplo, cómo llegar a los ciudadanos, que es una de las cuestiones más difíciles. Claro que nos gustaría financiar un laboratorio abierto con un formato más orientado al público, en el que nos centremos más en la creatividad para pensar en el futuro y aprovechar también el potencial, la imaginación social, junto con los artistas.

Así podríamos crear un museo del futuro con exposiciones más tangibles para los ciudadanos, tanto en formato digital como real, y también conectar con Florencia, lo cual es muy importante para mí y para Italia.
 

La presidenta del IUE, Patrizia Nanz, junto al director de 'Agenda Pública', Marc López Plana. Imagen cedida por el IUE.

 

¿Qué hay de la relación con los medios de comunicación? 

Empecé a reflexionar con la comunidad que tenemos aquí. ¿Cuál es el papel de las universidades hoy en día? Creo que no es buena idea ponerse a la defensiva y decir: "Somos excelentes". Y esto se desprende del artículo de The Economist, es decir, no basta con que seamos excelentes.

Hay presiones por parte de muchas fuerzas, no solo en Estados Unidos, sino también en Europa, contra la universidad y, en particular, contra las ciencias sociales y las humanidades.

Es una buena idea mostrar la necesidad de las ciencias sociales y las humanidades. Y creo que es importante que los investigadores, los académicos y los profesores comprendan esto y lo incorporen en sus responsabilidades, porque sabemos que es un privilegio estar aquí, pero también es una responsabilidad hacia las sociedades.
Hay profesores, académicos e investigadores que son comunicadores natos y no necesitan formación. A menudo impartimos formación y ahora contamos con una unidad de comunicación muy buena para ayudarles. Pero, como has dicho, es importante que incorporen esta comunicación desde el inicio de su investigación.

Y, por supuesto, podemos ofrecer infraestructura. Podemos ofrecer podcasts y, ya sabes, vídeos y todo lo que hay en la página web. Pero también tiene que venir de ellos mismos. Curiosamente, creo que los jóvenes investigadores están muy abiertos y muy interesados en eso también. Considero que es un buen momento para replanteárselo. 

El papel de la ciencia se sitúa en tiempos en los que hay mucha polarización y en los que quizá la política se reduce a menudo a pequeños ajustes en lugar de a ideas. Necesitamos, más que nunca, no solo pruebas o una base para cualquier tipo de política, sino también poder interactuar con las fuerzas políticas, ampliar la comprensión común de un problema y quizás también ver cuáles son las diferencias como denominador común para poder emprender acciones audaces. Si no tenemos eso, nunca actuaremos. Por eso es tan importante.

¿Cree que es necesario que los científicos sociales comprendan mejor cómo funcionan la política y la elaboración de políticas?

Bueno, en mi vida he estado en diferentes sectores. He cambiado de funciones, por lo que puedo servir de puente. Pero sé lo agotador que es esto. No creo que todos los científicos deban saber cómo funciona la política. 

Sí pienso que hay un espacio, y trabajaremos en ello, para una nueva figura que es un asesor científico y político. Una especie de traductor. No solo para obtener revisiones por pares, claro está. Los artículos no hay que traducirlos a fragmentos que sean legibles para los responsables políticos, sino para salvar realmente la brecha entre el conocimiento y la acción.

"Los parlamentos y los gobiernos también tienen un papel importante a la hora de acercar la política y la ciencia"
Pienso que tenemos que formarlos, quizá a través de un máster, aún no lo sé, pero realmente opino que los parlamentos y también los gobiernos tienen un papel que desempeñar en este sentido. Y así, una vez que trabajemos para un gobierno, podremos hacerlo, ofrecerlo a todos los Gobiernos de la Unión Europea y también a las instituciones de la UE.


Y considero que es un papel importante porque necesitamos más pruebas científicas y porque es necesario para nosotros tener un terreno común y luego intentar ver hasta qué punto se pueden ampliar las fuerzas políticas que hay detrás del origen común que tenemos.

Hace unos días, el secretario de Salud de los Estados Unidos dijo que no necesitamos expertos. ¿Qué opina al respecto?

Necesitamos expertos. Por supuesto que los necesitamos.

Sí, pero sabe que estamos en un momento en el que algunos actores políticos, algunos partidos políticos, están tratando de convencer a la sociedad de que no necesitamos expertos. Usted es la presidenta de una institución que forma expertos. ¿Cómo abordar este discurso contrario a los expertos? 

Creo que tiene que ver con la autorreflexión y también con la autocrítica. Pienso que este rechazo a la expertise tiene, ¿cómo decirlo?, algunas razones que debemos tener en cuenta cuando hay una especie de conciencia de sí mismos por parte de los expertos de que no necesitan comunicarse con el público en general.
 
Pero si demostramos que somos capaces de comunicarnos, y quizás también de escuchar, eso es muy importante, ¿no? Y tenemos que ser capaces de mostrarnos como un componente específico forma parte de un panorama más amplio. Eso sería el comienzo de ser visiblemente útiles de forma legítima.
 

La presidenta del IUE cree que los Gobiernos y los políticos también han de cumplir una labor en la divulgación científica. Imagen cedida por el IUE.


¿Qué hay del Instituto Universitario Europeo como actor global? Porque, como dijo al principio de la entrevista, tienen aquí a muchos investigadores de Europa, pero también a mucha gente del resto del mundo.

En primer lugar, cuando llegué aquí, me propuse como prioridad reorientar el enfoque hacia Europa. Pero, por supuesto, no es una visión introvertida. Al contrario, creo que a menudo los extranjeros tienen más esperanza y también más ambición respecto a Europa que los europeos. Por eso es muy importante contar con sus opiniones, desde fuera. Me refiero a la experiencia que también tengo en el G8, donde hay muchos responsables políticos, pero también estudiantes procedentes de todos los continentes, que realmente quieren inspirarse en la integración europea, en el Estado de derecho, en la democracia.

Quieren estudiar Europa, pero también pueden aportar perspectivas importantes. Diría que tenemos una perspectiva global, pero nuestra misión es ayudar y apoyar el proyecto europeo.

¿Cree que es el momento de intentar atraer a científicos sociales de Estados Unidos? 

En primer lugar, yo intentaría recuperar a los europeos que se fueron. Quiero decir, en términos generales, a nivel de diplomacia, diría que es una buena idea que las personas que se encuentran bajo amenaza puedan venir a Europa.

Cierto. Pero si tuviéramos una fuga de cerebros de Estados Unidos de las fuerzas más liberales, tampoco sería bueno a largo plazo para Europa. Creo que deberíamos fortalecer las fuerzas liberales en la sociedad civil y en las ciencias en Estados Unidos. Pero, si alguien está amenazado, debería poder venir.

¿Piensa que es posible construir una esfera pública europea?  

Esa es la misión del instituto. Para eso estamos aquí. Creamos una especie de mini Europa para tener todas las perspectivas nacionales en la construcción. Y la pregunta es: ¿cómo se puede ampliar?. Ese fue el tema de mi tesis doctoral.

Como saben, las escuelas públicas suelen estar organizadas de forma natural como medios de comunicación a nivel nacional, lo que dificulta mucho abordar cuestiones europeas. Por eso, creo que, una vez más, las dimensiones más allá de la división y de la excelencia, son la comunicación fuera del ámbito académico y la colaboración con actores sociales y privados de todos los Estados miembros. El objetivo final sería, por tanto, construir una esfera pública europea.

En mi opinión es difícil construir una esfera pública europea si no votamos por un presidente de la Unión Europea. 

Esa es una pregunta muy difícil. Ya sabes, es una respuesta normativa y pragmática. En primer lugar, diría que hay muchas cuestiones que son simbólicas. Por ejemplo, si hay un duelo entre los dos candidatos principales, sería muy bueno poder votar de forma diferente para el Parlamento Europeo, eso ya supondría un pequeño cambio.

La conexión simbólica yo diría que no es más que eso. Pero tenemos un problema fundamental que es mucho mayor. Existe una desconexión entre los políticos y los ciudadanos en todas partes. No es solo a nivel de la UE sino también en el plano nacional. Quizás sea mucho menor a nivel local. Dejándolo a un lado, tenemos el problema de la democracia.

"Desde una visión pragmática, no sería bueno tener ahora mismo el debate de si queremos más o menos federalismo europeo"
Diría que no es tanto una cuestión —y esta es una respuesta pragmática— de si optaríamos por más federalismo o menos federalismo, dado que tenemos Estados miembros que son más antieuropeos y más nacionalistas. En consecuencia, no sería una buena idea tener este debate ahora mismo, desde un punto de vista pragmático, sino que deberíamos replantearnos las instituciones, porque creo que tenemos un problema con las instituciones políticas para poder cumplir y los ciudadanos que garantizan que se puedan resolver los problemas correctamente.


Creo que la complejidad entre la legislación europea, por ejemplo, que es el 80% de la implementación nacional y luego desciende, se filtra hasta llegar al ámbito local.
 

Marc López preguntó a Patrizia Nanz acerca de su valoración del estado actual de la Unión Europea y cómo buscar una mayor legitimidad. Imagen cedida por el IUE.


Pero nosotros no votamos por esto.

Exactamente. También es un problema de legitimidad. Si se quisiera, y no es tan complicado, replantearse estas instituciones sería posible. Y creo que el debate entre la regulación excesiva y la desregulación es falso. Se trata de una mejor regulación, no solo más simple, sino mejor.

Mejor y legítima. Esa es la regla.

Ahora estamos inmersos en un gran proyecto para garantizar que, verticalmente hablando, estas instituciones puedan funcionar mucho mejor atendiendo, por ejemplo, las necesidades de los Estados miembros y del ámbito local. Por lo tanto, no es casualidad que haya que implementarlo, sino que ahora, con la IA y otras tecnologías, también se podría abrir horizontalmente para hacerlo más democrático.

Si llevamos a cabo este tipo de reforma de las instituciones políticas, se resolverá mucho más el problema, no solo para que las instituciones europeas corrijan la desconexión entre los ciudadanos, los problemas reales y las instituciones políticas, sino quizás también la observación de las pruebas científicas.

¿Puede profundizar, antes de terminar la entrevista, en el problema que viven nuestras democracias? 

Te pondré un ejemplo. Creo que ahora los ciudadanos, y probablemente también cada vez más los políticos y los funcionarios, sienten que nos encontramos en una encrucijada. "O lo conseguimos o lo perdemos". Si nos quedamos inactivos y no somos proactivos, perderemos nuestra independencia.

Perdemos nuestra soberanía, convertida hoy en palabra de moda por tantos gobiernos nacionalistas que reclaman la suya propia. Ahora bien, si se observa el panorama general y la soberanía en muchas de sus dimensiones —desde los mercados hasta la energía—, se llega rápidamente a la conclusión de que la condición previa para poder ser soberanos, es decir, para decidir por nosotros mismos hacia dónde queremos ir como sociedad y qué queremos hacer, es la soberanía digital, porque la tecnología —y esto nos devuelve al artículo de The Economist— constituye su fundamento. 

Incluso en ejemplos históricos, como la producción de seda en Cataluña a finales de la Edad Media, vemos cómo la producción, el comercio y la tecnología fueron motores de la integración regional y la transformación social.

Entonces, avanzando rápidamente hasta los años cincuenta, el padre intelectual de la Unión Europea —Jean Monnet— trató de comprender cuál era el punto a partir del cual todo se derivaba. Y descubrió, acertadamente, que el carbón y el acero eran el punto que conduciría, que a la unidad y la prosperidad después de la guerra. 

¿Cuál es ese punto hoy en día?

El punto de partida hoy en día, porque es el motor de la transformación social, es la soberanía digital. No se trata de tecnología. No se trata de innovación. Ni siquiera se trata de la economía. Draghi tiene mucha razón al decir que se trata de ser capaz de dar forma a las sociedades y los mercados. Trump lo entiende, China lo entiende. Y nosotros deberíamos despertar.

Pero no estamos en una buena posición en términos de soberanía digital.

Cierto. Pero, si hiciéramos esto, se podría entender que, aunque todavía nos queda un poco de tiempo, no significaría tener toda la infraestructura crítica en términos europeos. Tal vez sí la suficiente para no depender totalmente de Estados Unidos y China. Por lo tanto, hay que analizar qué partes son realmente críticas.

Exacto. Y así lo entenderían los gobiernos nacionales que quieren ser soberanos. Nadie puede hacerlo por su cuenta. En consecuencia, necesitaríamos un consorcio europeo para poder siquiera empezar a actuar y hacerlo rápidamente. Y entonces entenderían sus propios intereses y comprenderían que la soberanía europea no es algo malo, sino importante para su propia supervivencia, porque de lo contrario perderían cualquier tipo de independencia a nivel de los Estados miembros.

¿Qué legado le gustaría dejar cuando termines tu mandato como presidenta?

Me gustaría mucho que el instituto volviera a ser un auténtico laboratorio. Un lugar con tiempo y espacio para reflexionar en profundidad, y para invitar a personas del ámbito político o social a dar un paso atrás y pensar más profundamente.

Esto fomentaría la creatividad y la imaginación social y política. Como dije antes: saber cómo pensar sobre las instituciones públicas, cómo pensar sobre la tecnología, de manera que se generen ideas audaces, y hacer del instituto un lugar verdaderamente propicio para las ideas audaces, tal como fue concebido.
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