

"Una sociedad más envejecida necesita más pensiones, más sanidad, más atención a la dependencia. El gasto sube de forma estructural, no coyuntural"Lo relevante es que todo esto no es una amenaza de futuro. Ha llegado de forma silenciosa y ya está aquí. La generación del baby boom está entrando en la jubilación. Los números que veíamos en los modelos aparecen ahora en las cuentas públicas. Y como suele ocurrir con los problemas que llegan despacio, cuando por fin son visibles ya hay muy poco margen para actuar sin coste.
"Los trabajadores aceptan ceder parte de su salario no porque reciban algo a cambio de inmediato, sino porque confían en que los futuros trabajadores harán lo mismo por ellos"Pero todo contrato tiene condiciones implícitas. Y las condiciones demográficas sobre las que se construyó este pacto han cambiado de forma radical. Sin desmantelar el sistema, hay que reconocer que fue diseñado para un mundo que ya no existe, y que adaptarlo a la longevidad no es un ataque al pacto intergeneracional, sino, precisamente, la condición para que ese pacto siga siendo posible.
"Las condiciones difícilmente podrían haber sido más favorables. Y, sin embargo, el agujero no ha hecho más que crecer"Aquí es donde entra la demografía política. El votante mediano en España tiene hoy 49 años. En 2050, según las proyecciones del INE, tendrá entre 57 y 59 años. Los mayores de 50 ya representan la mayoría del electorado, votan más que los jóvenes y tienen una agenda más homogénea. Para cualquier partido que quiera ganar elecciones, la tentación es evidente: las pensiones son prioritarias, cueste lo que cueste. No hace falta ninguna conspiración para explicarlo. Es simplemente la lógica del sufragio en una sociedad que envejece.
"Los mayores de 50 ya representan la mayoría del electorado, votan más que los jóvenes y tienen una agenda más homogénea"¿Existe entonces una reforma políticamente viable? Sí, pero solo si distribuimos el ajuste entre todas las generaciones. A continuación se propone un conjunto de medidas pensadas para repartir el esfuerzo —entre actuales pensionistas, trabajadores en activo y futuras generaciones— y reducir al máximo el coste político de una reforma inevitable.
"¿Existe entonces una reforma políticamente viable? Sí, pero solo si distribuimos el ajuste entre todas las generaciones"Reducir la generosidad es inevitable; por tanto, la cuestión es cómo hacerlo de forma justa. Hay dos palancas. La primera, computar toda la vida laboral para calcular la pensión, que es ya la tradición española. La segunda, recuperar el factor de sostenibilidad: un mecanismo automático que ajusta la pensión inicial cuando aumenta la esperanza de vida en el momento de jubilarse. La lógica es de sentido común: si dos trabajadores han cotizado lo mismo a lo largo de su vida laboral, lo justo es que reciban lo mismo en total durante su jubilación. Como quien se jubila más tarde vivirá más años, recibirá algo menos cada año. No es un recorte arbitrario; es una adaptación automática a la longevidad.
"La alternativa es una salida gradual del mercado laboral: trabajar a tiempo parcial mientras se cobra una parte de la pensión, haciendo una transición progresiva hasta la jubilación completa"Pero retrasar la jubilación no puede hacerse con el modelo actual de todo o nada: trabajar a jornada completa hasta el último día y pasar a jubilación completa al día siguiente. Eso no funciona ni para los trabajadores ni para las empresas. La alternativa es una salida gradual del mercado laboral: trabajar a tiempo parcial mientras se cobra una parte de la pensión, haciendo una transición progresiva hasta la jubilación completa. En España ya existen figuras para esto —la jubilación activa y la jubilación parcial—, pero apenas se usan. El reto consiste en hacerlas atractivas tanto para el trabajador como para la empresa que retiene o contrata talento sénior.
"Hay quien pasa muchos años en situación de gran dependencia, hay quien necesita pocos cuidados y hay quien no necesita ninguno"Visto así, una cobertura pública sólida de dependencia no es tan cara. El porcentaje de personas que permanece más de un año en situación de gran dependencia es bajo. Lo que hace devastadora la dependencia no es su probabilidad, sino su coste cuando se produce. Es por este motivo por el que el seguro colectivo es más eficiente que el ahorro individual.
"La propuesta, por tanto, no es gastar menos, sino gastar mejor. Reducir algo la generosidad de las pensiones para ofrecer protección real ante la dependencia"El problema del ahorro voluntario es conocido: poca gente ahorra por iniciativa propia, aunque sepa que debería hacerlo. La solución viene de la economía del comportamiento: el autoenrolment o afiliación por defecto. Los trabajadores quedan automáticamente inscritos en un plan de pensiones, pero pueden salirse cuando quieran, ya que no es obligatorio. Lo que cambia es el punto de partida al pasar el ahorro de una decisión activa a la opción por defecto. El cambio no es menor. La evidencia de países que lo han implementado muestra que más del 90% de los trabajadores permanecen en el sistema. Cuando ahorrar es lo normal, la gente ahorra.

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