Parece que vivimos inmersos en una
batalla generacional. Escuchamos argumentos sobre
cómo se comportan otras generaciones constantemente. Estas críticas están principalmente enfocadas en
la generación Z, personas nacidas entre 1997 y 2012. El lector se dará cuenta de
las dificultades del análisis generacional de un grupo tan diverso como los nacidos en quince años diferentes. Unos vivieron la crisis económica y de representación con una cierta edad, los otros aún no habían nacido.
Algunos pasaron la pandemia en casa de sus padres, algunos fuera y algunos no tenían diez años.
Esta batalla generacional recuerda a un
sketch de Nochevieja de José Mota en el que
el padre le echa la bronca al hijo y ese mismo padre recibía la bronca cuando era hijo, y esto va remontándose hasta
una relación troglodítica entre padre e hijo.
Gracias a la colaboración de Palumba y Cotec, pudimos
investigar y recopilar todo lo que sabíamos alrededor de la participación de la generación Z en política en España, intentando escapar de aquellas cosas que tienen que ver con la edad y centrarnos en
lo que está pasando concretamente en la generación Z.
Los jóvenes participan menos electoralmente, es cierto, pero también es cierto que siempre ha sido así:
las propias generaciones antecesoras, cuando eran jóvenes, participaban menos electoralmente. Es un efecto de ciclo vital. Se ha ido modulando según el contexto, pero es habitual que
los jóvenes participen menos en las elecciones que generaciones más envejecidas. La confianza en sus opiniones podría ser
un factor clave en la participación. Los datos de Palumba recalcan la tendencia generalizada:
los más jóvenes tienen menor confianza. En realidad, estas diferencias son similares a las de otros países europeos. Se considera que
la adquisición del propio hábito o algunos eventos vitales (empleo, propiedad de vivienda o matrimonio) podrían estar relacionados con la participación electoral. Seguramente, el retraso de estos eventos puede estar también afectando a la participación electoral.
"Los jóvenes participan menos electoralmente, es cierto, pero también es cierto que siempre ha sido así: es un efecto de ciclo vital"
Si adoptamos una mirada más global de la participación política, puede que
hayan cambiado más las formas de participación que la participación en sí. Las redes sociales y los cambios tecnológicos han condicionado
la forma en la que participan, tanto en espacios de participación en sí —donde se debate, discute y opina— como a través de mecanismos con los que coordinar participación presencial. También existen
espacios de organización colectiva. La etapa de estudios tiene
un fuerte impacto en la participación no institucional. Pero recogen más firmas, envían más mensajes a políticos en línea y
participan más en manifestaciones que otros grupos de edad.
Uno de los primeros factores a analizar para entender la participación política en la generación Z es
la privación relativa: la brecha entre expectativas y capacidad, y la cantidad de recursos a los que tienen acceso. Los jóvenes tienen acceso a
recursos de conocimiento y de organización que seguramente no tienen precedentes. Sin embargo, existe una sensación de agravio generacional en la que factores como
el precio de la vivienda les hacen sentir que
su capacidad no se corresponde con sus expectativas.
"Existe una sensación de agravio generacional en la que factores como el precio de la vivienda les hacen sentir que su capacidad no se corresponde con sus expectativas"
La
privación relativa ayuda a explicar
la sensación de agravio y parte de la movilización política de esta generación, pero no determina por sí sola
los canales a través de los cuales participa. Ahí, la segunda gran crisis vivida por la generación Z, la COVID-19, jugó un papel fundamental. Su impacto psicológico y
el marco digital en el que se desarrolló condicionaron las formas de participación política de esta generación en unos años especialmente relevantes para
su socialización política.
Una cosa que parece relativamente clara es
la brecha de género generacional en lo que respecta a la participación política. Los hombres jóvenes tienden a participar menos en casi todas las formas de participación política a pesar de tener un mayor interés. Ellos solo participan más que las mujeres en
protestas ilegales y debates políticos en línea. También
participan más en aquellas actividades relacionadas con los partidos políticos. Lo curioso es que entre los quince y los veinticuatro años hay relativamente pocas diferencias de género en
el interés por la política. En participación electoral, especialmente cuando se pregunta por elecciones generales,
las diferencias también son mínimas o directamente no aparecen entre los grupos jóvenes. El paso del tiempo nos dirá si es el inicio del fin de la brecha de género en el interés por la política o, de nuevo,
una brecha provocada por los efectos vitales. En ese sentido, parece que entre los jóvenes también existe una brecha de género menor por lo que respecta al conocimiento político.
El movimiento feminista ha condicionado de forma indudable la brecha de género en la participación. Las mujeres participan más que los hombres en movilizaciones de tipo feminista, aunque también en las relacionadas con
el cambio climático. Estas dos cuestiones han copado parte importante de las movilizaciones en los últimos años, lo que muestra
un mayor grado de participación de las mujeres de la generación Z en manifestaciones. Además,
la brecha de género respecto al feminismo parece irse ampliando entre los más jóvenes de la generación Z.
La generación Z ha vivido
una serie de eventos únicos e irrepetibles en sus primeros años de vida, los cuales condicionan su socialización política. Como generación, tiene
sus propias características; ahora bien, no se puede afirmar que sea una generación particularmente poco participativa. Otra cosa es que
las formas de participación estén cambiando, porque el mundo lo está haciendo.