Martes, 28 de julio de 2026
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¿Son los mayores del sur de Europa 'different'?

Los mayores de hoy llegaron a la jubilación con una casa pagada, poca deuda y una red pública y familiar que amortiguó el golpe de la vejez. La economista y experta en tendencias globales Sara Baliña explica por qué en el sur de Europa el ahorro de los jubilados resiste mejor que en otros países, pero, al mismo tiempo, se preocupa porque las próximas cohortes quizá no puedan envejecer con las mismas condiciones.

Sara Baliña Sara Baliña 3 de junio de 2026
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Dos personas mayores sentadas junto al mar en Málaga. | Joaquin Carfagna
Dos personas mayores sentadas junto al mar en Málaga. | Joaquin Carfagna
No estaría diciendo nada nuevo al afirmar que el envejecimiento demográfico amenaza con reducir el crecimiento económico a largo plazo, limitar el (tan ansiado) avance de la productividad y poner en jaque la sostenibilidad de los estados de bienestar en muchos países desarrollados. La literatura académica es sumamente extensa al respecto, y el debate económico en torno a ello, también. Pero la moneda demográfica tiene más caras, y algunas, como la de qué ocurre con el ahorro, se observan solo cuando se miran con detalle los cambios en los patrones de comportamiento de los hogares a medida que se hacen mayores.

Según la hipótesis estándar del ciclo vital, los individuos nos endeudamos cuando somos jóvenes y nuestros ingresos son bajos, ahorramos y acumulamos riqueza en los años más activos de nuestra vida laboral, y desahorramos después de jubilarnos porque tenemos menos ingresos y no queremos renunciar a muchas de nuestras decisiones de gasto. Si esto fuese así, en sociedades muy envejecidas o en fases de envejecimiento acelerado, deberíamos ver caídas abultadas del ahorro privado a largo plazo. Los estudios comparados entre países que tratan de cuantificar el efecto del cambio demográfico sobre el ahorro apuntan precisamente a esto. Sin embargo, la causa no sería tanto el desahorro de los mayores como la menor proporción de hogares en edades activas laboralmente y con una capacidad para llenar la hucha, a priori, muy superior (los de entre cuarenta y sesenta años).

"En 2020, los hogares españoles cuyo cabeza de familia tenía más de 65 años ahorraron entre un 38% y un 41% de su renta disponible"
Los datos micro que ofrecen las encuestas nacionales de hogares para las principales economías desarrolladas confirman esta idea: los hogares en edades avanzadas ahorran más de lo previsto (Japón o Estados Unidos) y, en algunos casos, incluso mantienen tasas de ahorro similares o ligeramente superiores a las de los hogares en edades adultas. Entre estos últimos, se encuentran los del sur de Europa. En 2020, los hogares españoles cuyo cabeza de familia tenía más de 65 años ahorraron entre un 38% y un 41% de su renta disponible, cuando los de 45-64 años lo hicieron entre un 28% y un 35%. En Portugal, las tasas de ahorro de los mayores superaron para ese mismo año en diez puntos las de las dos cohortes anteriores, mientras que en Grecia las brechas fueron incluso más amplias. En Francia, tampoco se aprecian diferencias entre lo que ahorran los mayores y los adultos más jóvenes, algo que, en cambio, sí ocurre en Alemania, Austria o Dinamarca, donde las tasas de ahorro caen —aunque de forma moderada— con la edad.

Estas diferencias no parecen ser coyunturales: se mantienen para las dos oleadas anteriores de datos —la de 2015 y la de 2010— y tienen su reflejo en la evolución de la riqueza acumulada por los hogares jubilados en unos y otros países. En aquellos donde el ahorro se resiente, la riqueza también tiende a hacerlo unos pocos años después de la jubilación; un patrón que, al menos hasta el momento, no se observa en España. En 2024, la riqueza bruta de un hogar español típico cuya persona de referencia tenía entre 65 y 74 años superó en 23.000 euros la de un hogar de entre 55 y 64; solo entre los más mayores, los que superan los 75 años, se aprecian ciertas señales de moderación.

"En los países del sur, todavía predominan los cuidados informales en casa, realizados por personas con algún vínculo de parentesco"
Entonces, ¿qué hay detrás de estas diferencias? La respuesta es múltiple. Por un lado, están las pensiones públicas que, con niveles de generosidad relativamente altos, ayudan a amortiguar el escalón de renta que genera la jubilación. Por otro, se encuentra el régimen de vivienda en propiedad sin hipoteca, mayoritario entre los hogares en edades avanzadas del sur, que alivia enormemente sus costes de vida en la vejez. En España, Italia o Grecia, en torno al 85% de los hogares de más de 65 años viven en una casa de su propiedad; un porcentaje que en Alemania o Austria se sitúa entre el 50% y el 60%. A esto hay que añadir que muchos hogares mayores cuentan además con otra propiedad inmobiliaria, de la que pueden obtener un ingreso adicional en caso de que decidan rentarla. En España, son más de la mitad. Un último factor, tanto o más relevante que los anteriores, es cómo se articulan las redes de cuidado y el papel que juega la familia en la atención a la dependencia. En los países del sur, todavía predominan los cuidados informales en casa, realizados por personas con algún vínculo de parentesco; una realidad que contrasta con la de los países del norte de Europa, donde los cuidados están mucho más profesionalizados y es más habitual envejecer en un centro residencial.

Estos patrones de ahorro puede que cambien dentro de unos años. Los mayores de hoy llegaron a la jubilación con una casa pagada, poca deuda y el soporte de las prestaciones públicas. Las próximas cohortes lo harán con carreras laborales más irregulares, dificultades crecientes para acceder a una vivienda y un menor apoyo de las redes de cuidado tradicional. Para entonces, los mayores del sur puede que se parezcan más a los del norte, pero no necesariamente por las mismas razones.
Sara Baliña
Sara Baliña
Economista y experta en tendencias globales
Participación