

"En 2020, los hogares españoles cuyo cabeza de familia tenía más de 65 años ahorraron entre un 38% y un 41% de su renta disponible"Los datos micro que ofrecen las encuestas nacionales de hogares para las principales economías desarrolladas confirman esta idea: los hogares en edades avanzadas ahorran más de lo previsto (Japón o Estados Unidos) y, en algunos casos, incluso mantienen tasas de ahorro similares o ligeramente superiores a las de los hogares en edades adultas. Entre estos últimos, se encuentran los del sur de Europa. En 2020, los hogares españoles cuyo cabeza de familia tenía más de 65 años ahorraron entre un 38% y un 41% de su renta disponible, cuando los de 45-64 años lo hicieron entre un 28% y un 35%. En Portugal, las tasas de ahorro de los mayores superaron para ese mismo año en diez puntos las de las dos cohortes anteriores, mientras que en Grecia las brechas fueron incluso más amplias. En Francia, tampoco se aprecian diferencias entre lo que ahorran los mayores y los adultos más jóvenes, algo que, en cambio, sí ocurre en Alemania, Austria o Dinamarca, donde las tasas de ahorro caen —aunque de forma moderada— con la edad.
"En los países del sur, todavía predominan los cuidados informales en casa, realizados por personas con algún vínculo de parentesco"Entonces, ¿qué hay detrás de estas diferencias? La respuesta es múltiple. Por un lado, están las pensiones públicas que, con niveles de generosidad relativamente altos, ayudan a amortiguar el escalón de renta que genera la jubilación. Por otro, se encuentra el régimen de vivienda en propiedad sin hipoteca, mayoritario entre los hogares en edades avanzadas del sur, que alivia enormemente sus costes de vida en la vejez. En España, Italia o Grecia, en torno al 85% de los hogares de más de 65 años viven en una casa de su propiedad; un porcentaje que en Alemania o Austria se sitúa entre el 50% y el 60%. A esto hay que añadir que muchos hogares mayores cuentan además con otra propiedad inmobiliaria, de la que pueden obtener un ingreso adicional en caso de que decidan rentarla. En España, son más de la mitad. Un último factor, tanto o más relevante que los anteriores, es cómo se articulan las redes de cuidado y el papel que juega la familia en la atención a la dependencia. En los países del sur, todavía predominan los cuidados informales en casa, realizados por personas con algún vínculo de parentesco; una realidad que contrasta con la de los países del norte de Europa, donde los cuidados están mucho más profesionalizados y es más habitual envejecer en un centro residencial.
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