Jueves, 6 de agosto de 2026
OLA DE CALOR

España debe adaptar sus ciudades al calor extremo: así puede hacerlo

"Una ciudad que solo se puede habitar en verano si puedes pagar aire acondicionado no es una ciudad preparada para el cambio climático". Isabela León Cesín, arquitecta y urbanista, arroja luz sobre la brecha climática, donde barrios sin sombra, viviendas mal aisladas y hogares vulnerables no pueden protegerse del calor. La respuesta, sostiene, pasa por renaturalizar, rehabilitar y planificar la refrigeración urbana por una cuestión de "salud pública".

Isabela León Cesín Isabela León Cesín 28 de mayo de 2026
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A 22 de mayo, un termómetro marcaba 36 ºC en una parada de autobús en Madrid. | Ricardo Rubio / Europa Press
A 22 de mayo, un termómetro marcaba 36 ºC en una parada de autobús en Madrid. | Ricardo Rubio / Europa Press
España y buena parte de Europa viven estos días un episodio de calor excepcionalmente temprano. Temperaturas cercanas a los 40 °C, valores muy por encima de lo habitual para estas fechas y un mes de mayo que empieza a parecerse demasiado a julio de hace unos años.

El último informe sobre el Estado del clima en Europa, de Copernicus y la Organización Meteorológica Mundial, no deja margen a la duda: Europa es el continente que más rápido se calienta, y 2025 volvió a confirmarlo. Lo que esta semana parece una anomalía es, en realidad, una señal cada vez más clara del presente climático en el que ya vivimos.

"El problema es que nuestras ciudades, nuestras viviendas y nuestras políticas públicas no están preparadas para este presente"
Y los datos de España lo confirman con una precisión brutal. El verano de 2025 dejó casi 4.000 muertos por calor según el sistema MoMo, del Instituto de Salud Carlos III, un 88% más que el año anterior, con las primeras víctimas ya en mayo. España es hoy el segundo país de Europa con más fallecimientos por temperaturas extremas. Y el calor llega cada vez antes. Pero el problema no es solo el tiempo. El problema es que nuestras ciudades, nuestras viviendas y nuestras políticas públicas no están preparadas para este presente, y mucho menos para el futuro que ya tenemos encima.

Alrededor del 80% de la población española vive en entornos urbanos, y nuestras ciudades son particularmente vulnerables: el asfalto, el hormigón, la escasa vegetación y la densidad edificatoria crean islas de calor urbanas donde las temperaturas pueden ser entre 10 °C y 15 °C más altas que en las zonas periféricas. Madrid es, según un estudio de Arup, uno de los puntos críticos más intensos de Europa.

En ese contexto, uno de cada tres hogares españoles no puede mantener su vivienda a una temperatura suficientemente fresca. Entre los hogares vulnerables, uno de cada dos. El acceso a temperaturas habitables no es un lujo ni una cuestión de confort: es una necesidad de salud pública que seguimos tratando como secundaria.

"Vivir con temperaturas extremas implica dormir mal, enfermar más, vivir peor y asumir riesgos que no deberían depender del código postal ni del nivel de ingresos"
La pobreza energética es, hoy día, más que la incapacidad de calentar una vivienda en invierno. En un país cada vez más expuesto a estas temperaturas extremas, también significa no poder protegerse del calor en primavera y verano. Esto implica dormir mal, enfermar más, vivir peor y asumir riesgos que no deberían depender del código postal ni del nivel de ingresos.

La evidencia científica tiene claro dónde hay que empezar: reducir la demanda de refrigeración desde el origen. Asimismo, hay que enfriar las ciudades desde la raíz, por ejemplo, mediante la renaturalización, aumentando el arbolado, creando sombra, sustituyendo superficies impermeables por suelos capaces de absorber agua y calor, o transformando el espacio urbano para que deje de comportarse como una trampa térmica.

Los árboles, a través de la sombra y la evapotranspiración, pueden reducir la temperatura del aire entre 2 °C y 5 °C y la de las superficies entre 10 °C y 12 °C en plena ola de calor. En París, la transformación de patios escolares asfaltados en espacios verdes redujo las temperaturas del suelo en torno a 7 °C. En una ola de calor extrema, esa diferencia puede salvar vidas.

Por eso la respuesta tiene que seguir una jerarquía clara: primero, renaturalización urbana; después, rehabilitación eficiente del parque edificado; luego, sistemas colectivos y redes de distrito; y siempre, tecnologías de climatización eficientes, bien instaladas e integradas en ese contexto. Esta es la propuesta central del informe Enfriar el presente, habitar el futuro, publicado por la Plataforma por la Descarbonización del Calor y el Frío.

Mientras España intenta recuperar el aliento en estos días de calor histórico en primavera, coinciden en el calendario dos instrumentos concretos que pueden cambiar la trayectoria. Ninguno de los dos puede seguir esperando.

El primero es el Plan Social para el Clima, recientemente publicado por el Gobierno. España tiene asignados cerca de 9.000 millones de euros para el periodo 2026-2032 a través del Fondo Social para el Clima europeo, para compensar el impacto del ETS2 —el sistema europeo de comercio de emisiones que se extiende a edificios y transporte— sobre los hogares vulnerables y los más expuestos al encarecimiento de los combustibles fósiles.

"Un edificio bien rehabilitado no solo consume menos energía: también protege a sus habitantes del frío de enero y del calor de mayo"
Pero el Plan Social para el Clima no puede limitarse a amortiguar una subida futura de precios. En España debe leerse también como una política de habitabilidad climática: financiar rehabilitación energética, sustitución de equipos fósiles, soluciones renovables y sistemas de calefacción y refrigeración asequibles para quienes más lo necesitan. Porque una bomba de calor bien instalada no solo calienta en invierno. También enfría en verano. Y un edificio bien rehabilitado no solo consume menos energía: también protege a sus habitantes del frío de enero y del calor de mayo. En un país donde uno de cada dos hogares vulnerables no puede mantener su vivienda a una temperatura suficientemente fresca, eso no es un detalle técnico. Es una cuestión de salud pública.

El plan, apoyado por varias organizaciones integradas en la Alianza por la rehabilitación de viviendas sin dejar a nadie atrás, el grupo de trabajo de ECODES sobre vulnerabilidad y pobreza en transporte y la Alianza por un Plan Social para el Clima justo para usuarios y microempresas vulnerables del transporte, acierta en situar la rehabilitación energética como eje central —con casi 4.700 millones destinados al sector de los edificios, el 52% de los fondos del plan— y en reconocer que proteger el bienestar térmico de los hogares vulnerables debe ser una prioridad. Para que la rehabilitación sirva también como política de adaptación climática, el plan debería incorporar criterios territoriales explícitos: priorizar las zonas más expuestas al calor y los barrios más vulnerables y con mayor riesgo térmico.

A todo esto, hay que sumarle un problema estructural previo: España puede tener un buen Plan Social para el Clima sobre la mesa, pero sin la transposición del ETS2 en el Congreso, el dinero europeo no llega a los hogares. La pelota está en la cámara legislativa.

No podemos permitirnos tener el diagnóstico, el plan y los recursos europeos disponibles, pero dejar bloqueada la herramienta que permite llevarlos a quienes más los necesitan. Transponer el ETS2 no es una discusión técnica más. Es la condición para que el Fondo Social para el Clima se convierta en rehabilitación, equipos eficientes, viviendas habitables y protección real frente al frío y el calor.

"Cada mes de retraso es un municipio que no puede planificar, un barrio vulnerable que sigue sin mapa de riesgo térmico, una ola de calor más que llega sin estrategia"
El segundo instrumento aún no ha arrancado. La Directiva de Eficiencia Energética obliga a los municipios de más de 45.000 habitantes a elaborar planes locales de calefacción y refrigeración. Es el primer mandato en la historia normativa española que reconoce la refrigeración urbana como una responsabilidad pública. Pero el real decreto que tiene que desarrollar este mandato todavía no se ha publicado. Sin él, los municipios no pueden empezar, o empiezan a ciegas. Cada mes de retraso es un municipio que no puede planificar, un barrio vulnerable que sigue sin mapa de riesgo térmico, una ola de calor más que llega sin estrategia.

Si bien son dos oportunidades con dos actores distintos, la urgencia es similar: el Congreso tiene que transponer para que el dinero europeo llegue a los hogares que más lo necesitan; el Gobierno tiene que publicar el real decreto para que los municipios puedan empezar a actuar. Con temperaturas propias del verano en pleno mayo, ninguna de las dos decisiones puede seguir esperando.

Millones de personas pasan calor en sus casas porque no pueden pagar la factura de la luz, porque viven en edificios mal aislados o porque sus barrios no tienen sombra suficiente. Pero la respuesta no puede ser empujar a cada hogar a resolver solo, con más consumo eléctrico, una crisis que es urbana, social y climática.

"Una ciudad que solo se puede habitar en verano si puedes pagar aire acondicionado no es una ciudad preparada para el cambio climático"
Una ciudad que solo se puede habitar en verano si puedes pagar aire acondicionado no es una ciudad preparada para el cambio climático. Lejos de eso, es una ciudad que expulsa. Expulsa de las calles, de las plazas, del descanso, de la salud y, muchas veces, de la propia vivienda. Enfriar el presente es una obligación política, y la ventana para actuar está abierta ahora.
Isabela León Cesín
Isabela León Cesín
Responsable de políticas públicas de descarbonización en ECODES
Arquitecta, posgraduada en paisajismo y con másteres en planificación y gestión urbana y en gobernanza y derechos humanos. Su trayectoria combina gestión de proyectos, docencia y defensa de derechos, orientada a ciudades inclusivas. Como jefa de proyectos del Gobierno de Buenos Aires impulsó iniciativas urbanas sostenibles. Ha dirigido ONG y programas para personas desplazadas. En ECODES, se centra ahora en la urgente tarea de descarbonizar los sistemas de calefacción y refrigeración.
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